11 agosto 2025

 Capítulo 202 A las puertas del abismo

 Tiempo estimado de lectura: cincuenta y cinco minutos.

 

 

«Aquel que lucha con monstruos, cuide de no convertirse él mismo en un monstruo. Y si miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.»

Friedrich Nietzsche. Más allá del bien y del mal

 

 


No sé nada de Carmen. Le he dejado un sinfín de llamadas, ¿por qué no responde?

 

Estoy hecho polvo. Recuerdo vagamente que me metieron en un taxi, no sé a qué hora. He amanecido tarde, muy tarde, tirado sobre la cama con la ropa de calle y un dolor de cabeza que me martillea las sienes. Después de ducharme, la he llamado, he bajado a desayunar, he vuelto a insistir, he subido a la habitación, tenía varias llamadas perdidas, ninguna de Carmen, todas tratando de localizarme. He faltado a una reunión en la Junta. Mierda. He vuelto a llamarla; nada. Cuando ha sonado el teléfono, he respondido pensando que sería ella, pero no, era Emilio preocupado porque se han puesto en contacto con él preguntando por mí. He llamado a la Junta y me he disculpado, he conseguido que nos veamos esta tarde. He vuelto a intentar dar con ella. ¡Joder, dónde está!

 

Me he presentado en el Penta. Lo más probable es que esté cerrado, aunque sospecho que está allí con el hijoputa de Diego.

 

Voy a tener razón. La puerta está abierta, las luces, apagadas, cruzo el local escuchando mi respiración agitada sobre el profundo silencio, me dirijo al despacho, oigo voces.

 

Entro. El inconfundible olor a hierba inunda el despacho.

 

Diego está al teléfono. Se le cae la sonrisa.

 

La veo. Oh, Dios, ¿qué es esto?

27 julio 2025

 Capítulo 201 Phobos y Deimos

 Tiempo estimado de lectura: cincuenta minutos.

 

 

«El amor no conoce barreras, ni colores, ni especies.

La forma del agua. Guillermo del Toro 2017»

 

 

Día 3 (jueves)

 

A las diez, Candela y yo salimos a la barra, el pub llevaba una hora abierto, las demás chicas ya estaban moviéndose por el local, Deylin, la mulata charlando con una camarera; Martina, sentada en una mesa con dos maduros a los que parecía conocer bien; Andreíta, la nueva, hablaba con Diego inclinada sobre la barra, las piernas rectas, abiertas y el culo empinado llamando la atención de las mesas cercanas, en cuanto acabase tendría asegurada la primera consumición y tal vez el primer servicio, cosas de tener un trasero llamativo. Poco a poco, el local se llenaba. Nos dejábamos ver cogidas del brazo devolviendo saludos, nos deteníamos, me presentaba, era el momento de seguir nuestra ronda.

 

Yo no quería pensar. Candela, experta en tragarse los golpes que le había dado la vida, me lo dijo mientras nos preparábamos antes de salir.

 

—Ahora te olvidas, pones buena cara y miras p’alante, ya tendrás tiempo de llorar y gritar hasta quedarte ronca. Toca ponerse guapa, sonreír y no pensar, sobre todo eso: no pensar. Mañana… ya veremos qué hacer. ¡Vamos! ¡a menear el culo!

26 junio 2025

Capítulo 200  Soledades

Tiempo estimado de lectura: ochenta y cuatro minutos.


La alerta

—Carmen, ¡Carmen, despierta!

—¿Qué pasa?

—Se ha enterado.

—¿Quién?

—Diego, sabe que estás aquí.

—¡Cómo!

—Me lo ha notado.


«—A ver, tú, ven aquí. Qué coño te pasa.

—¿A mí?, nada.

—No me toques los huevos, llevas toda la noche evitándome, no me miras. Venga, coño, qué has hecho.

—Nada, no he hecho nada.

—Estás mintiendo, no hay cosa que me joda más. Suéltalo ya.

—Diego, lo juro, no miento.

—Curro, avisa a Lole, que venga echando humo. Tú, a la puta calle.

—No me hagas esto.

—¡Que te pires de una vez!

—Vale, perdona, me pidió que no te lo dijera.

—Que no me dijeras qué, quién

30 mayo 2025

Capítulo 199 Yo, Hetaira


Tiempo estimado de lectura: setenta y dos minutos.


«Aspasia, una mujer de Mileto. Se decía que tenía a Pericles bajo su influencia, pues poseía una inteligencia extraordinaria y una gran habilidad para la conversación.» 


(Plutarco, Vida de Pericles, XXIV). 


Si bien Plutarco no la llama explícitamente hetaira en este pasaje, la naturaleza de su relación con Pericles y su origen extranjero (Mileto) la sitúan en una categoría cercana a las hetairas influyentes. Su inteligencia y capacidad de conversación eran características valoradas en ellas.


Prólogo 


—Hola, nueve.

Así comenzó Mario la labor de zapa. Tenía que haberlo imaginado, se ilusionó con el tatuaje tanto como con todo lo que habíamos emprendido en nuestra nueva vida, no perdía ocasión para lanzarme una andanada, me llamaba nueve cada vez con más frecuencia, y no es que me molestase, acabé acostumbrándome, le seguí el juego. Tal vez no debí hacerlo.

—Qué pasa con Candela, ¿la llamas siete? —le pregunté una vez que en la cama me dijo, «Cómo me gustas, nueve». 

—No, no es lo mismo. —contestó tras pensarlo detenidamente.

—Claro, porque a ella no intentas pervertirla. Cómo te conozco.

Llegó Agosto, en dos semanas comenzaríamos nuestras vacaciones de ensueño, supuse que cuando estuviéramos navegando a bordo del yate se olvidaría; mientras tanto el asedio continuaba y yo le dejaba hacer porque en el fondo me gustaba, sabía lo que estaba pasando y no le di demasiada importancia; él es así, me decía a mí misma, jugábamos un juego que a los dos nos reportaba momentos de intenso placer, me había acostumbrado a ser la nueve, participaba gustosa en los juegos secretos que se inventaba en las situaciones más insospechadas, con nuestros amigos, con la familia. Como cuando decía sin venir a cuento que habíamos venido oyendo la novena sinfonía, o proponía volver a ver la novena puerta de Polanski solo para sorprenderme y probar a sacarme una sonrisa cómplice. Sabía lo que estaba haciendo, le dejé hacer. 

Pasó el verano, pasó Gerardo, pasó Santos. El mundo colapsó en Septiembre. Cuando mi vida empezaba a recobrar la normalidad, Mario viajó a Sevilla y regresó eufórico por el éxito del proyecto, por el reencuentro con Candela, por algo más que escondía y tardó en darme a conocer. Llegó Navidad y superamos el desencuentro a causa de la mentira desvelada por Roberto.

Así llegamos al día en que me lo propuso.

24 abril 2025

Capítulo 198  Vía Láctea (y 2)

Tiempo estimado de lectura: sesenta y seis minutos.  (sin citas)


«Hoy, como ayer, como entonces, mi piel es un campo sembrado por otros que germina al contacto de la brisa que mueve tus manos.»

Ella, 2025



No logré dormir, estaba enfadada, triste, defraudada y sobre todo, preocupada, si le daba por aparecer me pondría en una situación muy difícil, ¿qué pensaría Andrés de mí si se enteraba de lo que había hecho para Diego? Yo, convertida en la puta de un vulgar barman venido a más por traficar con mujeres, qué vergüenza.

Andrés notó los efectos de haber pasado la noche en vela, lo achaqué a una mala digestión. La mañana transcurrió según lo planeado, pasé por el despacho del jefe de departamento encargado de los eventos, iba dispuesta a todo con tal de conseguir que el seminario volviera a estar incluido en la planificación de los actos del mes, mi sutil manera de ofrecer a la vista “mis encantos“ junto a una buena argumentación surtió efecto. A la salida, Andrés me esperaba, ambas reuniones habían dado sus frutos y decidimos celebrarlo a lo grande.

—Te voy a llevar a comer a Santillana, conozco un sitio que te va a encantar.

No llegué a preguntarle nada, desde lo alto de la ancha escalera de piedra, lo vi.

—Qué cara te vendes, chiquilla. —dijo cuando terminamos de descender, nos miró a ambos y le ofreció la mano a Andrés—. Diego, un amigo de Carmen.

—Andrés Arjona es el presidente del gabinete. ¿Qué haces aquí?

—Voy de camino a Bilbao —contestó soltando el apretón de manos—, me dijo tu marido que estabas aquí.

Hubo un incómodo silencio que Andrés resolvió.

—Os dejaré que os pongáis al día. Recuerda, a las cinco tenemos otra reunión.

—Te la devolveré a tiempo. ¿Nos vamos?

Me sacó del recinto cogida del brazo sin darme ocasión a reaccionar. Cuando estuve segura de que Andrés estaba lejos, le increpé.

—¿Se puede saber qué haces aquí?

—Reclamar lo que es mío, morena, no puedes torearme como si fuera un pringao de esos que te follas a diario.

—Haz el favor de bajar la voz.

Me dejé llevar con tal de alejarme de allí donde nos podían escuchar.

—¿Te contó Mario mi propuesta?

—No puedes presentarte así, de improviso y trastocar mis planes.

—Contesta, joder, ¿te lo contó?