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21 julio 2014

Capítulo 80 Sobre el dolor

(Tiempo aproximado de lectura: 29 minutos)



Miércoles


El chirrido de un cierre metálico me saca de mis pensamientos, me vuelvo y me encuentro con los ojos del dueño del bar en el que estuve anoche que me observa con recelo. Debe estar pensando ¿Qué hace éste otra vez aquí, a estas horas de la mañana medio oculto en el hueco de un escaparate?.  Soy de la opinión de que la mejor defensa es un buen ataque y me voy de frente hacia él.

- ¿Va a abrir ya? – No le gusto, es evidente

- Todavía no – capta mi incertidumbre al vuelo, de cerca le debo parecer inofensivo porque suaviza el gesto, incluso puede que recuerde la generosa propina que le dejé anoche – ande, pase.

Me siento en la misma mesa, el local está frío y huele mal, a grasa refrita una y mil veces. El dueño da las luces, enciende aparatos; no sé por qué lo hago pero cojo el móvil y otra vez como anoche finjo una llamada, hablo de negocios, “¿vas a venir? trae los contratos”, añado; digo algo sobre un atasco en el que supuestamente anda metido mi interlocutor; improviso pero no sé si parezco creíble, de todas formas el hombre se afana con su trabajo, tampoco creo que le preocupe demasiado mi coartada. 

Me ofrece el periódico del día mientras se calienta la cafetera, lo acepto, es una buena excusa para estar ocupado y disimular las miradas al portal.

Aquí estoy otra vez, haciendo guardia en este bar andrajoso, frente a la casa  de Doménico, tomando un café mediocre.

30 junio 2014

Capítulo 78 Despertar en otra cama

(Tiempo aproximado de lectura: 52 minutos)

«No siento nada.

No sé cómo he llegado casa, sé que he debido coger el coche del parking, conducir hasta aquí, aparcar y subir a casa. Ahora estoy tirado sobre la cama, son las… cuatro de la madrugada y no siento nada.

Debería llorar, me vendría bien. Gritar ya he gritado suficiente el otro día, tampoco me apetece.

Tendremos que vender la casa, no me veo viviendo solo aquí, es demasiado grande, además los recuerdos la harían inhabitable.

Luego está la casa de la Sierra. Mis hermanos no la quieren, ya me quedé con su parte y tampoco voy a volver por allí después de esto. La venderé también. No quiero nada que me recuerde a…

Si pudiera mover aquel contacto en Friburgo… Los trabajos que tengo publicados y mi experiencia profesional seguro que me abren puertas. 

Tengo amigos en Upsala, tampoco es mal destino para volver al tipo de investigación que siempre me ha gustado; un lugar donde perderme sin los agobios de quienes buscan éxitos a corto plazo.

No puedo dormir, como siga aquí tumbado voy a acabar por ponerme nervioso y eso es lo último que necesito.» 

18 junio 2014

Capítulo 77 Descubierta 

(Tiempo aproximado de lectura: 13 minutos)


No eran aún las dos de la tarde cuando recogí mis cosas y salí del gabinete. Había sido una mañana bastante incómoda teniendo que lidiar con las preguntas sobre mi salud; inventar respuestas ambiguas no es sencillo sobre todo cuando presentas un aspecto poco saludable más propio de un alcohólico recién salido de una borrachera, con una voz que apenas se hace entender, ojeras de haber dormido poco y mal y una gran tirita ocultando una brecha en tu ceja. Menos mal que uno tiene una reputación intachable y cualquier excusa, por ser la primera en toda una vida, no se pone en cuestión.

Tantos años de matrimonio crean un sexto sentido. Nada más abrir la puerta de casa noté algo, ¿feromonas en el ambiente? Quizás, o puede que algo más simple, su perfume flotando todavía en el aire, el caso es que supe que ella estaba o había estado allí.

Y se me dispararon las pulsaciones.

Ella, mi mujer, la parte de mí amputada, ese trozo de aliento que me falta para que mi respiración sea completa. 

Apreté el paso, no quise llamarla, no quise encontrarme con el fracaso de no recibir respuesta. Abrí la cocina, entré en el salón, recorrí el pasillo abriendo cada puerta… no, no está.

¡Pero ha estado, si ha estado! En el aseo falta su rímel, ese que miro cada mañana porque me recuerda a ella. 

Abro los cajones… se ha llevado más cosas, maquillaje sombra de ojos. Veo huecos… ¡ sí, ha estado!  Y miro como si pudiera verla, como si ella fuera visible y aún estuviera aquí, como si pudiera ver el rastro de sus movimientos abriendo cajones, inclinándose para escoger qué llevarse, qué dejar, girando, saliendo, caminando por el pasillo hacia nuestra alcoba…. La sigo, sigo el halo de su cuerpo, voy yo también hacia allá.