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11 julio 2024

Capítulo 189  En el ojo del huracán


Tiempo estimado de lectura: cincuenta y nueve minutos.


Tú juegas a engañarme, 

yo juego a que te creas que te creo, 

escucho tus bobadas 

acerca del amor y del deseo 

y no me importa nada, nada 


Tú juegas a tenerme, 

yo juego a que te creas que me tienes 

serena y confiada 

invento las palabras que te hieren, 

y no me importa nada. 


Tú juegas a olvidarme 

yo juego a que te creas que me importa, 

conozco la jugada 

sé manejarme en las distancias cortas 

y no me importa nada, nada 

Luz Casal 1989

29 enero 2023

Capítulo 174  Lo que ocurre en la playa… (4)

Tiempo aproximado de lectura: 38 minutos.


—¿Seducir a Mageli? 

No pude reprimir el desconcierto al enterarme de la conversación con Gerardo.

—Quién ha dicho que vaya a se-du-cir a Mageli —repitió, machacando cada sílaba—, no soy tan retorcida.

Me contó la estrategia planeada para observar la conducta de su acérrima enemiga; de ese modo, con una mirada objetiva, podría saber si la sospecha de su marido era cierta o tan solo un oscuro deseo. 

—Te desprecia —objeté—, lo vas a tener difícil para acercarte a ella.

—Ya veremos; en cualquier caso habré aclarado el motivo de su aversión

La apoyé, como siempre hago. Tomé la decisión de dejarle el campo libre, allí solo sería un estorbo; además, era una buena ocasión para explorar los alrededores. A las ocho de la tarde, después de una improvisada ruta turística y sin noticias de Carmen, imaginé que le estaba yendo bien. Aparqué donde pude. Cómo me alegré de haber llevado el auto pequeño. Pensé darme un capricho: reservé mesa para las diez en uno de los mejores restaurantes y seguí deambulando por Conil.


25 julio 2021

Capitulo 150  Otra vuelta de tuerca (parte 2)

(Tiempo aproximado de lectura: 53 minutos)


El descenso fue incómodo, mis vecinos se revistieron con la máscara del escándalo propio de la microsociedad en la que vivíamos, matrimonios situados entre los treinta y los cincuenta años, universitarios de renta alta, en general de ideas liberales, con una proporción equilibrada de conservadores y progresistas que nos posicionábamos sobre todo a la hora de tomar decisiones en las juntas de la comunidad. Ellos optaban por una postura ambigua y evitaban significarse. La relación que manteníamos era escasa, vivían en el ático a espaldas del nuestro separados por el patio, los ascensores y el área cubierta por la pérgola que nosotros convertimos en salón poco después de casarnos, ellos en cambio apenas lo usaban lo cual nos daba gran libertad de acción. Alguna vez habíamos sorprendido a José Luis mirando furtivamente cuando tomábamos el sol y se nos pasó por la cabeza instalar una mampara medianera, pero desechamos la idea porque eso nos quitaría parte de la estupenda vista de las montañas.

Estábamos a punto de llegar al garaje cuando Marife no pudo contenerse:

—¿Ese no era Quique, el instructor del gimnasio?

—Marife, por favor —Trató en vano de pararla su marido.

—El mismo, ¿lo conoces?

—Estuve apuntada un semestre el invierno pasado. —dijo y se quedó mirándome con sus ojos de avestruz.

—Es un fisioterapeuta magnífico, tiene una manos increíbles según dice Carmen, deberías probarlo.

—¿Yo? Oh, no, de ninguna manera. —saltó escandalizada.

—¿Sales de viaje? —atajó José Luís.

—Vuelvo a Sevilla, tengo un proyecto con la Junta de Andalucía.

—No sé si te lo debería decir, pero no es la primera vez que este tal Quique, viene a tu casa, incluso de noche.

28 junio 2021

Capitulo 149  Otra vuelta de tuerca (1)

(Tiempo aproximado de lectura: 40 minutos)


 Torco, responsable del buen hacer en los diálogos argentinos.


Mario me llamó a las once, estaba en magistratura, luego tenía que ir al despacho y después se quedaba libre. Nos citamos para comer, fue una conversación breve, dejamos en el aire lo que ambos sabíamos que iba a pasar. Nada más colgar salí para casa, tenía que recoger el destrozo que habíamos dejado Guido y yo. Lo que me encontré era mucho peor de lo que recordaba, el sofá tenía una enorme mancha oscura que iba a ser imposible disimular, lo coloqué en su sitio y fui al dormitorio; ventilé, cambié las sábanas y lo dejé presentable. El baño contaba la historia de una intensa batalla de sexo; recogí las toallas esparcidas, me quedé en bragas, entré en la ducha y la limpié a fondo. Cuando acabé me dediqué a la cocina y por último subí al ático, lo regué a manguerazos y le metí presión sobre la tumbona, llena de restos secos de semen y flujo; luego puse la colchoneta al sol. A la una y media salí a su encuentro.

03 abril 2021

Capítulo 144  Al otro lado del espejo

(Tiempo aproximado de lectura: 40 minutos)


Se me dan bien las teorías, me pasé años montando una, hablando sobre ella en cuanto había ocasión, tanto que parecía saber del asunto más de lo que en realidad sabía. Teoría de la bisexualidad evolutiva, un nombre pomposo para algo de lo que en realidad no tenía la menor experiencia. Se formaban corrillos a mi alrededor y me escuchaban con atención, y para cuando decidí ponerla a prueba no se me ocurrió nada mejor que bajar a los infiernos. Patético. Ahora me veía repitiendo la misma jugada, hablando mucho y muy bien del mundo de las relaciones abiertas como si mi experiencia abarcara algo más que un amago de fracaso matrimonial. Ahí estaba, dispuesto a arriesgar el futuro de Maca y Fran con tal de ver mis fantasías hechas realidad. Karajan levantando la batuta.

Hice lo típico en estos casos; comprar una botella del mejor vino. Llegué con diez minutos de antelación, deseaba que fuera ella quien me recibiera y mis deseos se cumplieron, me quedé alelado viendo la transformación que había logrado con algo de maquillaje bien manejado, un recogido de pelo que descubría lo seductor que puede ser un cuello desnudo y un tremendo vestido de noche bien ceñido a su cuerpo. Si me hubiera abierto la puerta en lencería no me habría causado ni la mitad del efecto que me provocó.

19 marzo 2021

Capítulo 143  Exilio


(Tiempo aproximado de lectura: 38 minutos)


Los días corrían y el exilio forzado al que me tenía sometido Santiago comenzaba a pasarme factura. No se podía decir que estuviese aislado, en poco tiempo había logrado formar un equipo cohesionado con el que mantenía una relación cordial incluso fuera de la Junta; había hecho amistad con dos o tres de los funcionarios más cercanos, algún comentario lanzado al vuelo nos había dado pistas de que coincidíamos en ideas, gustos y aversiones y en ocasiones tirábamos hacia el centro para tomar algo y hablar de cualquier cosa menos del trabajo. ¿Amistad? Algo parecido.

02 marzo 2021

Capítulo 142 Babel

(Tiempo aproximado de lectura: 38 minutos)


No había vuelto a pensar en él, posiblemente porque mi vida estaba tan repleta de imprevistos que apenas me quedaba espacio para incorporar a nadie más, incluso a veces me daba la impresión de que estaba postergando a mi familia de nuevo. La llamada me sorprendió a punto de cruzar el portal después de almorzar.

—Gabriel, qué sorpresa, ya no te esperaba.

—Te debo una disculpa, quedé en llamarte y ya ves, he dejado pasar quince días, no por falta de interés, te lo puedo asegurar.

—No tienes que explicarme nada, ¿cómo estás?

—Muy bien, acabo de volver de París.

—Qué envidia me das, es mi ciudad favorita.

—Entonces coincidimos, podría vivir allí sin pensármelo dos veces.

08 junio 2018

Capítulo 108 Viernes de pasiones (1)

(Tiempo aproximado de lectura: 135 minutos)


“Todos los hombres tienen algún lugar, alguna aventura o alguna fotografía que son la imagen de su vida secreta.”


W. B. Yeats


Desayunamos. Carmen se ha preparado para salir a correr. La veo ensimismada dando vueltas a la cucharilla.

—Tienes mala cara.

—¿Eh? Sí, no he dormido nada bien.

Lo sé, yo tampoco. Cuando regresó a la cama fingí dormir, ella se acostó con sigilo y permaneció quieta intentando conciliar el sueño; enseguida noté que, como a mí, le resultaba imposible, no conseguía encontrar la postura, estaba intranquila aunque procuraba no molestarme. Así llegó el alba y ambos interpretamos la comedia de un amanecer cotidiano.

—Vaya.

—No sé, el caso es que me desperté muchas veces y ya de madrugada me despejé. No te enteraste cuando bajé a beber y me quedé en el salón, no quería despertarte dando vueltas; me arropé con una manta y salí al jardín, se estaba bien pero al rato me quedé fría; volví dentro me tumbé en el sofá y estuve leyendo un rato, pensando. Al final hice una locura —entornó los ojos y sonrió—, cogí el móvil y…

—Lo sé.

Me he precipitado, ha sido un impulso irrefrenable. «Justo cuando iba a descubrir al interlocutor», me reprocho.

—¿Lo sabes, cómo que lo sabes? —pregunta asombrada.

13 marzo 2018

Capítulo 106 Es mi momento

(Tiempo aproximado de lectura: 67 minutos)


Jueves


—¿Sabes?

Ese momento dulce que precede al sueño, ese instante en el que la conciencia se va diluyendo en la bruma de una manera difusa, placentera hasta que desapareces quedó interrumpido por la voz de Carmen que susurraba una breve pregunta. No moví un músculo; estaba tan bien pegado a su cuerpo que interrumpí la inminente caída a la profundidad y mi boca musitó algo parecido a una respuesta.

—Estabas dormido, perdona.

—No, dime —giré el cuello para buscar en la oscuridad su rostro que me rozó la mejilla.

—Anda duerme —insistió con un dulce beso.

Deslicé el brazo hasta alcanzar su cadera, seguí la curva hacia atrás y le propiné un suave cachete.

—Si me dejas con la duda ya no me voy a poder dormir.

Me apretó con el brazo que rodeaba mi cintura, noté su sonrisa pegada a mi cuello.

—Estaba pensando…

Me giré hasta quedar boca arriba, inmediatamente ella se refugió en mi pecho, a medio camino de abalanzarse sobre mí; un muslo encima de los míos, su brazo sobre mi estómago. Una de nuestras posturas favoritas tan habitual que la ejecutamos sin pensar.

—No sé si todo esto nos va a pasar factura Mario. 

—¿A qué te refieres?

—Pues que una cosa es verlo aquí, en terapia, de una manera aséptica, fría, casi impersonal. Pero quizá cuando estemos en casa, dentro de un mes, un año —Un corto suspiro me transmitió su desasosiego—. Algún día me mirarás y… no sé.

—¿Qué es lo que no sabes?

Sentí como se apretaba a mi cuerpo buscando cobijo; respondí a la llamada y la recogí entre mis brazos.

—Han sido tantas cosas, tantas. Un día puede que lo recuerdes y entonces..

Esperé, todavía tenía que mucho decir, no era el momento para interrumpirla.

—Puede que te preguntes ¿de dónde vendrá? ¿con quién habrá estado? ¿habrá vuelto a ver a…? Y es lógico, he hecho cosas para las que no hay justificación alguna.

21 febrero 2018

Capítulo 105 Sanación

(Tiempo aproximado de lectura: 87 minutos)


—Papá, hola… si bien… aquí en la sierra… si, al final decidimos quedarnos… No, no nos apetecía este año salir… porque no… no, no pasa nada ¿qué iba a pasar?

Escucho a Carmen hablar con su padre y percibo la desconfianza que llega del otro lado de la línea. ¿Por qué hemos cambiado repentinamente los planes cuando lo habitual es que salgamos fuera en estas fechas? Si ya resultó complicado aparentar normalidad en el cumpleaños de mi suegra ahora este cambio se suma para romper con las costumbres tan arraigadas.

—Sí, está aquí ahora te lo paso ¿Y mamá, está bien?

Le he pedido que les llame, no sé desde cuando no habla con ellos y eso en esta familia no es normal.

Normalidad, algo que le debemos a la familia. No se han entrometido pero me consta que están preocupados y en algunos casos han sufrido.

Hablo con mi suegro sobre todo para darle seguridad. Estamos juntos, estamos bien. Le prometemos una visita pero no ahora, no en esta semana. Noto recelo y trato de sofocarlo. En quince días comida en nuestra casa, prometido.

Hace un sol de justicia, cualquiera diría  que estamos en verano. Ya es miércoles y para mañana esto se va a llenar. Estamos comiendo en la terraza de uno de los restaurantes de la plaza del pueblo. Son las tres de la tarde; después de hacer el amor, ducharnos y perder otra media hora bajo el agua salimos con prisas hacia el pueblo. Menos mal que a última hora se me ocurrió reservar.

Carmen luce espléndida. Un vestido veraniego, estampado en tonos rojos y verdes claros con motivos florales sobre fondo blanco anudado al cuello con escote en pico por medio muslo, sandalias planas para caminar cómoda por el empedrado del pueblo y uno de los bolsos grandes de este verano pasado que como el resto de la ropa de temporada también guarda en los armarios de aquí. Brutal. 

31 enero 2018

Capítulo 104 La impúdica verdad


(Tiempo aproximado de lectura: 62 minutos)



He intentado subvertir su plan pero es implacable. Tiene un orden establecido y debemos mantenerlo, dice. No entiende mi interés en remontarme hacia atrás y tampoco puedo presionar demasiado. Debo encontrar el momento para mi confesión.

Encauza la sesión. Hace un quiebro que no esperaba. Claro, es muy hábil; cada vez la respeto más como profesional. Me cede la palabra, me deja al borde de otro abismo.

Cómo me enteré de que estaba en casa de Doménico. 

Se está soltando la mampostería de la chimenea.

Hay tanto que arreglar en esta casa…

Que cómo me enteré. 

No sé si necesito volver a pasar por esto.

—¿Cómo lo supiste?

Me ha concedido tiempo. Puede que haya seguido la deriva de mis ojos, que se haya fijado en cómo he acariciado la piel gastada del sillón, cómo he mirado al techo con ojos de Serrat. Sí, la verdad es que al techo le hace falta una mano de pintura. Y en cuanto al sillón, no lo pienso tirar, lleva tanto tiempo conmigo que es más que un viejo mueble, tiene mucha historia.

Que cómo me enteré.

08 marzo 2014

 Capítulo 68 Sodomización

(Tiempo aproximado de lectura: 35 minutos)


Abro los ojos. 

….


No sé qué hora es. Miro hacia la ventana, parece que comienza a clarear. A mi lado Carmen duerme. Me levanto procurando no despertarla. Estamos solos. Bajo a la cocina, tengo mucha sed. Allí me encuentro a Doménico mirando por la ventana  con un vaso en la mano. Tiene un buen culo, pienso y sonrío sin poder evitarlo. Hace unos meses habría expulsado ese pensamiento de mi cabeza de una patada. Al escucharme se vuelve, veo que bebe whisky. Me ofrece. Acepto.

22 enero 2014

Capítulo 65 La droga

(Tiempo aproximado de lectura: 47 minutos)



La ducha me ha despejado, me siento bien. Mientras termino de secarme echo un vistazo a la ropa que me ha prestado, un blusón de lino beige, pantalón oscuro y un bóxer que a simple vista me parece algo estrecho. Me pruebo las zapatillas y resultan muy cómodas, es como estar en casa. Salgo del dormitorio y veo a Doménico al fondo, en la cocina, sentado en una banqueta alta enfrascado en el móvil. Levanta la vista cuando me acerco.

-        “¿Mejor?” – su tono es cordial, viste de forma parecida a la mía, tiene el pelo húmedo, señal de que también él ha aprovechado para refrescarse. ¿Solo? Desecho esa idea de mi cabeza.

-        “Mucho mejor, fuiste demasiado generoso con el whisky en el pub, pensé que intentabas noquearme”

-        “Por cierto, no te he dado las gracias… por lo del pantalón”

Hago un gesto con la mano dando por zanjado el asunto pero continúa

-        “En serio, me pareció increíble por tu parte; sin tu ayuda no hubiera conseguido llegar… ya sabes”

La escena se me presenta vívida, fresca, al detalle. Quizás en el fragor de la batalla, cargado de morbo y alcohol me pareció coherente. Ahora, despejado tras la ducha, frente al hombre al que le había facilitado el camino hacia el coño de mi esposa… desvío la mirada sin darme cuenta, como si me avergonzase.

-        “Lo siento, no pretendía molestarte”

¡Mal jugado! Lo último que quería es situarme en el papel de marido cornudo pasivo que juega el rol de consentidor-sufridor  y que se limita a mirar cómo su esposa se entrega al amante de turno. Me irrité conmigo mismo, tenía dos segundos para corregir el error.

13 diciembre 2013

Cap 63 Enroque corto

(Tiempo aproximado de lectura: 63 minutos)


-        “Todo empezó como una broma”

Carmen no ahorró detalle en su relato aunque evitó entrar en descripciones escabrosas. Comenzó a describir la trastada, - así la definió -, que me inventé camino de Sevilla y cómo le fuimos dando forma kilómetro a kilómetro hasta construir unos personajes que nos iban a servir para llenar de morbo y aventura el tiempo libre que nos quedaría durante aquel congreso. Se trataba de un juego inocente en el que nos comportaríamos como si fuéramos  amantes ante otra persona, nada más. Pero ella descubrió algo nuevo; la insoportable excitación, nunca imaginada hasta entonces, que le supuso presentarse ante un desconocido como si no fuese ella, usando una personalidad diferente, protegida tras un anonimato que le permitía ser, decir y hacer cosas que jamás se hubiera atrevido bajo la piel de Carmen. Descubrió que esa libertad para transgredir le gustaba más, mucho más de lo que había llegado a apreciar en un primer momento.

Representar nuestros papeles ante Carlos nos excitaba, jugábamos a ver quién era el más atrevido de los dos, el que llevaba su personaje más lejos. Carmen me describió como un jugador siempre dispuesto a echar un pulso más osado, arriesgando, siempre subiendo las apuestas, y a ella misma como la perfecta compañera de juego, lanzada, dispuesta a asumir el riesgo, lista para responder “lo veo” a todas las propuestas por fuertes que fueran,  disfrutando con el morbo hasta el punto de ser ella la que, dejándose llevar del impulso por lanzarme un órdago ganador, se inventó la historia de la orgía sin calcular que en aquella partida se estaba jugando con los sentimientos de una tercera persona.

Doménico escuchaba atentamente sin interrumpirla. A veces Carmen se demoraba en una pausa eligiendo las palabras adecuadas o poniendo orden en sus recuerdos, como cuando tuvo que explicar las contradicciones que experimentó cuando tras haberse declarado libertina se quedó sin argumentos para frenar los avances de Carlos.

Acompañó otro largo silencio mientras mi mujer se perdió rememorando la huida de Sevilla antes de poder expresarla en palabras, una huida que la hizo sentirse cobarde, ruin.

A pesar de todo, a medida que el relato avanzaba Doménico veía perfilarse una pareja enamorada. Meses después me contaría que lejos de encontrar una historia sórdida o vulgar en la que el argumento principal era el sexo y la lujuria, lo que Carmen le describió aquella tarde fue una historia de amor, compleja y poco ortodoxa, pero muy profunda.

19 octubre 2013

Capítulo 60 Liberada

(Tiempo aproximado de lectura: 19 minutos)


Sus ojos me escrutaban cada vez que se llevaba a la boca un poco de ensalada. Buscaba en mi rostro la más mínima reacción, cualquier gesto que delatara mis emociones, ¡Cómo si no fuera suficiente con ver mi verga oscilando al ritmo que marcaba mi acelerado pulso y que la mantenía erguida y dura como una roca! 

Apenas vestidos, - ella con la bata de baño sobre los hombros mostrándome su desnudez  y yo con la sudadera -, cenamos en la cocina, uno frente a otro en el mismo lado de la mesa para exhibirnos, para mostrarnos lo más indecentes y obscenos que pudimos. Carmen no dejaba de mirar mi palpitante polla, rezumando flujo y a la que no me había permitido cubrir el glande. Mantenía una postura provocativa. Con un pie apoyado en el travesaño central de la mesa de cocina me ofrecía a la vista su sexo entreabierto, de un brillante color rosáceo que evidenciaba su excitación. Había tomado el control desde que salió de la ducha y entró en la cocina arrollándome, a mí me excitaba verla tan abiertamente sexual y la dejé hacer a su antojo.

- “¿Sabes una cosa? Creo que me lo voy a tirar. Me apetece, está muy bueno”

¿Mera fantasía o decisión recién asumida? ¿Provocación? Sí. Me provocaba con sus palabras, con su sonrisa lasciva, con su mirada descarada, me provocaba cada vez que escogía las partes de la ensalada salpicadas con mi semen y se las llevaba a la boca para deleitarse exageradamente o me las ofrecía para que fuera yo quien las saboreara. No era la primera vez que hacíamos algo así pero nunca había sido tan intensamente erótico como esa noche.

- “¿Sí?, ¿eso es lo que quieres, follártelo?, ¿eh, zorra?”

- “Sí, y tú también estás muerto de ganas por que me acueste con él”

Asentí con la cabeza sin dejar de mirarla. Sabía que estaba escenificando su fantasía, esa forma soez de hablar y esos gestos obscenos eran un juego, sí, pero la veía… quizás demasiado metida en su papel, como si estuviera viviendo con excesivo realismo la historia que nos estábamos montando.

- “Sí, sí, cielo; quiero verte follando otra vez”

- “Eres un cornudo compulsivo cariño. Entonces, ¿qué hago? ¿le provoco, dejo que me meta mano, le traigo a casa?

No había parado de azuzarme desde que nos sentamos a cenar, estaba tan excitada que a veces parecía a punto de caer en un orgasmo.  Cornudo, sí; pocas veces me lo llamaba y cuando lo hacía casi siempre era porque yo la instaba a hacerlo. Esa palabra había salido de su boca porque sabía que me excita escucharla, entonces además noté matices nuevos en la forma que tuvo de lanzármela, desprecio calculado en sus ojos, un tono algo paternalista e indulgente en su voz. No le di más vueltas, aquello era lo que quería escuchar en su boca, formaba parte del juego, ella despreciativa, yo sumiso. 

- “Hazlo como tú quieras” 

No lograba apartar mis ojos de su sexo, tan expuesto ante mí, tan tentador.

- “¿Te gusta lo que ves?” – dijo al ver mi fijación.

- “Me encanta, sabes que me vuelve loco” – Se acarició el pubis, dejando que su dedo medio dibujara el surco húmedo. Una intensa sacudida de placer la obligó a cerrar los ojos.

- “¿Más que el de Graciela?” – gimió.

- “No lo sé, aún”

- “Ya se lo verás ¿Y el coño de Elena, te gusta más que el mío?”

- “No, tú me gustas más, mucho más”

- “Mi coño,” -  me corrigió – “¿te gusta más mi coño o el de Elena?”

- “El tuyo, siempre el tuyo” – Me miró con escepticismo.

- “¿Tú qué sabes? A lo mejor cuando se lo comas a Graciela resulta que te gusta más”

17 agosto 2009

Capítulo 47 La entrega

(Tiempo aproximado de lectura: 63 minutos)


VIERNES


El sueño la venció cerca de las tres de la madrugada. Pasó la noche en un duermevela, inquieta, se levantó varias veces a beber y cuando sonó el despertador la encontró despierta.

Se duchó rápidamente y se entretuvo más de la cuenta  eligiendo la ropa adecuada, si iba a ir en moto mejor sería usar pantalones. Escogió un vaquero negro ajustado que le iría bien para llevar por dentro de unas botas altas. Una camisa roja y una cazadora de piel completaron el conjunto al que añadió un pañuelo al cuello. Cambió de bolso por uno más manejable y guardó además varios salvaslips y unas braguitas. Se estaba preparando para acostarse con su amante y lo hacía con una tranquilidad pasmosa, como si estuviera acostumbrada a realizar estos preparativos habitualmente.

Quizás se volviera habitual con el tiempo, - pensó -, quizás en el transcurso de los próximos meses estos preparativos se convirtieran en rutina. En ese momento supo que estaba comenzando una nueva etapa en su relación con Carlos, aquella cita en pareja marcaba el inicio de una relación estable en la que ellos dos y solo ellos tenían cabida, no se imaginó cómo forzar las cosas para que en el futuro volviéramos a ser tres.

…..

11 mayo 2009

Capítulo 43   La humillación

(Tiempo aproximado de lectura: 30 minutos)


No lo vi hasta el break de las diez y media, yo estaba sentado en una de las primeras filas y me levanté con calma, esperando que salieran antes las filas posteriores. Fue entonces cuando le reconocí caminando hacia la puerta; había olvidado por completo que fui yo mismo quien le puso al tanto del programa, los ponentes y  los trámites para la inscripción aquella vez que Carmen le pasó el teléfono para despejar mi incredulidad ante la idea de que estuvieran almorzando juntos.


De repente me encontré envuelto en una desagradable sensación de inseguridad, por un segundo me descubrí sopesando la absurda posibilidad de salir sin ser visto, abandonar el curso y volver a Madrid, cosa que inmediatamente rechacé de plano, aquella insólita reacción me sorprendió, no soy persona que rehúya los enfrentamientos, aun así me molestaba tener que  cruzar una sola palabra con Roberto. Asumí que era inevitable el encuentro y que lo debía enfocar de la mejor manera posible, pero… ¿Cuál era esa manera?


Le despreciaba profundamente, era difícil que no se me transparentara con claridad, tampoco tenía por qué ocultarlo, ¿debía mostrarme como el esposo ofendido o quizás era preferible aparentar que desconocía hasta dónde había llegado su abuso?


Decidí no aplazarlo más, no iba a mostrarme cordial pero tampoco pondría mis cartas sobre la mesa, le dejaría moverse en el terreno inestable de la duda,  Roberto no tenía por qué conocer lo que yo sabía.


Cuando entré en la sala habilitada para el break no le esquivé, me preparé un café y tomé dos pastas; enseguida me localizó, supuse que él si había ojeado la lista de asistentes y conocía mi presencia allí, me dirigió un leve saludo con la cabeza, yo le respondí de la misma manera, estaba en la zona de los zumos a donde yo me dirigía. Fue él quien inició el saludo.


- “Hola Mario, sabía que andabas por aquí”

- “Hola Roberto”  

05 febrero 2009

Capítulo 38  La entrega(II)

(Tiempo aproximado de lectura: 67 minutos)


Recorrimos el largo pasillo en un silencio tal que nuestra respiración se podía escuchar claramente, los tacones de Carmen resonaban en el parquet marcando un ritmo lento; detrás, los pies descalzos de Carlos parecían responder a contratiempo. 


Entramos en la alcoba que el día anterior habíamos preparado cuidadosamente; Observé que  la persiana había quedado levantada y tan solo un leve visillo cubría el cristal, era ya de noche y me inquietó que alguien pudiera vernos; Apenas tuve tiempo para pensar en ello, la tensión que vivíamos me hizo centrarme en lo que estaba sucediendo. 


Durante unos segundos se produjo un vacío, un instante de vacilación, un momento de duda en el que faltaba alguien que diera el siguiente paso; inesperadamente fue Carmen quien rompió ese bloqueo. Cuando volvió su mirada hacia Carlos y le vio casi desnudo pareció  sorprendida, luego se llevó una mano a la boca, parecía abrumada por la inminencia del desenlace, era como si no hubiera pasado una hora desde que estuvo en la habitación del hotel en sus brazos, casi desnudo también. Aquella sensación actuó como un detonante que liberó lo que había conseguido refrenar en el hotel, se soltó de mí y se arrojó a los brazos de Carlos, sus manos recorrían con deseo desatado el cuerpo masculino, corrían por su piel hambrientas de sensaciones, él estaba tan sorprendido como yo y se dejaba hacer sin poder reaccionar. Carmen le besaba con ansia las mejillas, los ojos, la boca, el cuello, le acariciaba nerviosamente el rostro con una mano, mientras con la otra recorría su pecho, los costados, la espalda, las nalgas; su respiración agitada se asemejaba a un jadeo que iba aumentando en ritmo e intensidad.


Necesitaba ver la escena con claridad y me situé a su lado, justo en ese momento la mano que vagabundeaba por el cuerpo de Carlos  y acariciaba su vientre se deslizó ante mis ojos hacia abajo hasta recoger en la palma ahuecada el gran bulto que se marcaba en su slip, él reaccionó a ese gesto besándola con más intensidad, Carmen acariciaba su polla a través del boxer y yo no salía de mi asombro ante la insólita conducta de mi esposa. 


Carlos estaba sobrepasado, apenas podía reaccionar ante aquella mujer que dominaba la situación y dejaba poco espacio para que pudiera tomar la iniciativa, nunca había visto ese furor en Carmen, jamás, ni en sus momentos de mayor excitación se había comportado como lo estaba haciendo ahora; “como una ninfómana”, pensé, parecía una ninfómana descontrolada.