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10 junio 2026

 Capítulo 210 Gambito de dama

 Tiempo estimado de lectura: una hora diecinueve minutos.

 

 

«El arte de la seducción, como el arte del ajedrez, no consiste en someter al otro, sino en entregarle el primer peón para obligarle a jugar bajo tus propias reglas»

 

 

11 mayo 2026

 Capítulo 209 Trigo limpio

 Tiempo estimado de lectura: dos horas doce minutos.

 

En el capítulo anterior…

 

Carmen subió al ático buscando distancia tras una conversación devastadora con su hermana que acababa de conocer la decisión de la separación. Mientras Esther se derrumbaba, Carmen presenció cómo Mario la consolaba con una ternura y cercanía excesivas: una mano en el hombro, una voz melosa, una mirada compasiva. Aquella escena encendió la certeza de que entre ellos había surgido algo que amenazaba con destruir a la familia.

 

Decidida a evitarlo a toda costa, tomó una decisión drástica y dolorosa: asumir la culpa de la ruptura para proteger el núcleo familiar. Contactó a Elvira, su primer amor, y le hizo creer que su matrimonio estaba acabado, Mario estaba destrozado y corría el riesgo de caer en brazos de Esther. Tras abrirle el camino, le pidió rescatarlo antes de que fuera demasiado tarde, suplicándole mantener aquella conversación en secreto.

 

Comunicaron la separación a la familia. La reunión fue tensa y dolorosa: el padre se derrumbó, la madre dirigió su decepción contra Carmen, reprochándole la ruptura y dando por sentado que él era la víctima. Esther se dedicó a consolar a todos, especialmente a su padre y a su cuñado. Carmen vio confirmadas sus sospechas sobre la peligrosa cercanía con su cuñado.

12 enero 2026

 Capítulo 206. Soltando amarras I

 Tiempo estimado de lectura: una hora veinticinco minutos.

 

La razón habla en voz baja, pero no descansa hasta que se la escucha.

El porvenir de una ilusión

Sigmund Freud

 

 

Luces de neón y confesiones

 

El sol se ha hundido hace rato tras los tejados dejando un rastro anaranjado que se desvanece lentamente. Dentro del bar, la luz baja y las melodías suaves crean una atmósfera apropiada para las confesiones. De fondo, la voz melancólica de Françoise Hardy rescata una melodía de los sesenta.

 

Tous les garçons et les filles de mon âge

Se promènent dans la rue deux par deux

Tous les garçons et les filles de mon âge

Savent bien ce que c'est d'être heureux

Et les yeux dans les yeux et la main dans la main

Ils s'en vont amoureux sans peur du lendemain

Oui mais moi, je vais seule par les rues, l'âme en peine

 

Todos los chicos y chicas de mi edad pasean por la calle en pareja.

Todos los chicos y chicas de mi edad saben bien lo que significa ser feliz.

Mirándose a los ojos y cogidos de la mano, van enamorados sin miedo al mañana.

Sí, pero yo, yo voy solo por la calle como un alma en pena. (1)

 

06 diciembre 2025

Capítulo 205 Crepúsculo 


Tiempo estimado de lectura: dos horas y diez minutos.


En el capítulo anterior…

Carmen llegó a casa rescatada por Tomás de las garras de Diego. Mario la esperaba en el salón a oscuras, frío como un extraño. Lo que había entre ellos se ha roto; ella lo ha sentido en el abrazo sin fuerza y en sus ojos sin vida.

Se desnudó para enseñarle los tatuajes: tres pentágonos en el pecho, «mi rango»; dos corazones en el pubis, «símbolo de nuestro amor» según Tomás; la flecha atravesando el pezón, «esta vez no estaba drogada»; el gran pentágono en la espalda, «tanto lo deseabas, ya lo tienes». Luego vino la confesión completa: la orgía bajo los efectos de las drogas de la que solo recuerda fragmentos brutales, la pareja de clientes sevillanos y sus perros, el deseo prohibido que la avergonzó y la fascinó, la lengua de Deimos en sus pies, el orgasmo mientras Rosalía era montada por Phobos, al que ella misma rechazó e impidió cruzar la última línea.

Mario escuchó sin consolarla, la juzgó con dureza. Cuando ella entró en la ducha, llamó a Tomás y pactó apartarse de Carmen para siempre: fingiría que no perdona, que lo vivido es intolerable, le pidió que la saque de la prostitución y la cuide. «Solo un estúpido perdería a una mujer como ella», dijo Tomás; él lo reconoció entre lágrimas.

Sola en casa, Carmen abrió la caja con los recuerdos de Luna convertida en caja de Pandora, se puso el viejo collar, extendió la manta en el ático, se arrastró bebiendo de la escudilla como una perra. La vergüenza la golpeó después como un mazazo. Aún con el collar puesto llamó a Rosalía y dejó la puerta entreabierta a volver.

La llegada de Esther, destrozada por el fracaso de su matrimonio, fue el detonante. Carmen vio a Mario consolarla con una ternura que no le daba a ella y lo malinterpretó como prueba de una relación secreta entre ellos. Enloquecida de celos y dolor, decidió sacrificarse, convertirse en la villana de la historia, asumir toda la culpa y empujar a Mario hacia Elvira, su primer amor, para evitar que la relación con Esther destruya a la familia.

Mario, mientras tanto, avanza en su propio plan de abandono convencido de que él es el veneno que la ha destruido y sólo alejándose, Carmen podrá algún día ser feliz.

En medio del caos, la ansiedad la devoró. Desesperada, Carmen acudió a Claudia (su antigua amante, quien la provee de droga) para conseguir algo que mitigue el ruido en su cabeza.


En el próximo capítulo…

Carmen cruza la puerta de la mansión de Claudia. Mario sigue dando pasos hacia la ruptura definitiva. 

Y el collar de Luna sigue guardado en la caja de Pandora.

30 mayo 2025

Capítulo 199 Yo, Hetaira


Tiempo estimado de lectura: setenta y dos minutos.


«Aspasia, una mujer de Mileto. Se decía que tenía a Pericles bajo su influencia, pues poseía una inteligencia extraordinaria y una gran habilidad para la conversación.» 


(Plutarco, Vida de Pericles, XXIV). 


Si bien Plutarco no la llama explícitamente hetaira en este pasaje, la naturaleza de su relación con Pericles y su origen extranjero (Mileto) la sitúan en una categoría cercana a las hetairas influyentes. Su inteligencia y capacidad de conversación eran características valoradas en ellas.


Prólogo 


—Hola, nueve.

Así comenzó Mario la labor de zapa. Tenía que haberlo imaginado, se ilusionó con el tatuaje tanto como con todo lo que habíamos emprendido en nuestra nueva vida, no perdía ocasión para lanzarme una andanada, me llamaba nueve cada vez con más frecuencia, y no es que me molestase, acabé acostumbrándome, le seguí el juego. Tal vez no debí hacerlo.

—Qué pasa con Candela, ¿la llamas siete? —le pregunté una vez que en la cama me dijo, «Cómo me gustas, nueve». 

—No, no es lo mismo. —contestó tras pensarlo detenidamente.

—Claro, porque a ella no intentas pervertirla. Cómo te conozco.

Llegó Agosto, en dos semanas comenzaríamos nuestras vacaciones de ensueño, supuse que cuando estuviéramos navegando a bordo del yate se olvidaría; mientras tanto el asedio continuaba y yo le dejaba hacer porque en el fondo me gustaba, sabía lo que estaba pasando y no le di demasiada importancia; él es así, me decía a mí misma, jugábamos un juego que a los dos nos reportaba momentos de intenso placer, me había acostumbrado a ser la nueve, participaba gustosa en los juegos secretos que se inventaba en las situaciones más insospechadas, con nuestros amigos, con la familia. Como cuando decía sin venir a cuento que habíamos venido oyendo la novena sinfonía, o proponía volver a ver la novena puerta de Polanski solo para sorprenderme y probar a sacarme una sonrisa cómplice. Sabía lo que estaba haciendo, le dejé hacer. 

Pasó el verano, pasó Gerardo, pasó Santos. El mundo colapsó en Septiembre. Cuando mi vida empezaba a recobrar la normalidad, Mario viajó a Sevilla y regresó eufórico por el éxito del proyecto, por el reencuentro con Candela, por algo más que escondía y tardó en darme a conocer. Llegó Navidad y superamos el desencuentro a causa de la mentira desvelada por Roberto.

Así llegamos al día en que me lo propuso.

09 marzo 2025

Capítulo 196. Los juegos del deseo

 

 Tiempo estimado de lectura: cincuenta y cinco minutos.  


Juego a dos

—¿Me estás escuchando?

—Fíjate, ¿has visto qué tía, qué culito? Estoy convencido de que las tías buenas se ponen cazadoras cortas para lucir el culo, lo hacen a propósito.

Miré donde señalaba: preciosa, un tipazo. Cierto, la cazadora corta realzaba un culo perfecto embutido en un tejano bien ajustado rematado con unas botas marrones de medio tacón; la melena negra, ligeramente ondulada, no llegaba a los hombros y le daba un toque juvenil. Destacaba en la barra, apoyada en un taburete, con la espalda recta, el pecho breve y el vientre plano ceñidos en un jersey de cuello cisne. No pasaba desapercibida,

—Es el complemento adecuado con unos  vaqueros

—Te digo que lo hace para provocar, si lo sabré yo. Tiene un culo divino y lo sabe. 

—Exageras.

— Un poco pequeño, pero bien puesto.

—Para mi, es perfecto. 

—Caderas estrechas y culo respingón, no está mal, aunque prefiero tener dónde agarrarme, un primer plano de un culo potente mientras se la clavas es la mejor viagra. 

09 febrero 2025

Capítulo 195 Caballo de Troya

Tiempo estimado de lectura: sesenta minutos.


—Buenos días, ¿Podemos hablar?

—Buenos días. Sí, claro, dime.

—¿Qué tal las fiestas?

—Lo de siempre: familia, regalos, brindis, ya sabes.

—Cada año me cansa más esta comedia, ¿no te ocurre a ti?

—¿Qué querías?

—Saber si has tenido noticias de nuestro hombre.

—Llamó a Mario para felicitarle el año nuevo, cogí yo la llamada de casualidad.

21 diciembre 2024

 Capítulo 194 Es Navidad

Tiempo estimado de lectura: cincuenta y cinco minutos.


Es Navidad, recuerda machaconamente Rosana por la megafonía del centro comercial. El espíritu navideño, puro marketing, lo impregna todo desde hace meses, el turrón apareció en las estanterías de los comercios cuando aún pensábamos en el verano. ¿Es Navidad? Es el mercado.

—Dentro de unos años sacarán a la venta toda la mercancía navideña en Agosto, ya lo verás.

Carmen sonrió condescendiente, sabe lo poco que me gustan estas fiestas tan manipuladas, ambos añoramos los tiempos cuando todo era más simple, tiempo de encuentro con la familia donde bastaba una cena sencilla, sin excesos, para celebrar que un año más estábamos juntos.

—Hemos pasado de sentar un pobre a la mesa a gastarnos lo que no tenemos para adorar al dios del consumo. (1)

—Estás muy combativo, vamos a terminar de comprar y te invito a comer, hoy eres mi pobre favorito.

Faltaban bastantes días para Navidad, el reparto de fechas con cada familia estaba fijado de antemano: cena de Nochebuena con unos, comida de Navidad con otros y fin de año reservado para nosotros, cenaríamos fuera de casa en algún lugar que Carmen mantenía en secreto. Terminamos de comprar, sin ella no habría sabido qué regalarle a Patri; no nos poníamos de acuerdo en el regalo de Candela y aplazamos la decisión. Salimos a buscar un restaurante, sí, por favor, me agobian las aglomeraciones. 


01 noviembre 2024

Capítulo 192 La propuesta

Tiempo estimado de lectura: cincuenta y tres minutos.


Frau Bauer

Cuando reflexiono sobre lo que he hecho con mi vida en el último año y medio, pienso en mi abuela. Frau Bauer me habría escuchado, siempre lo hizo, habría dicho: keine schuld, evita la culpa. Mi abuela me inculcó que la culpa es una sentencia de cárcel auto impuesta y si no se reacciona a tiempo se convierte en cadena perpetua. 

30 agosto 2024

Capítulo 191 El futuro nos lo dirá 

Tiempo estimado de lectura: ochenta y cuatro minutos.


Con la inestimable colaboración de Torco en los diálogos argentinos y el diccionario de términos adjunto.


Londres: Indolencia

Aterricé en Heathrow a las once, un Mercedes enviado por Tomás me llevó directamente al hotel, a unos diez minutos de donde se alojaba. Viajaba ligera de equipaje, lo justo para pasar unos días de turista, quería aprovechar este viaje, entre otras cosas, para contemplar las vistas del London Eye, desde que lo inauguraron sentía curiosidad por ascender a lo alto del cielo de Londres. Tenía pensado encontrarme con una compañera de facultad que, recién doctorada, aceptó una oferta en una prestigiosa clínica, no la veía desde entonces, aunque manteníamos el contacto inquebrantable a través del tiempo. Había hecho el propósito de visitar a mi tía Frauke, llevábamos dos años sin vernos. Tenía una preciosa casa en Candem Town en la que me había alojado en numerosas ocasiones. Frauke era la hija menor de unos primos de mi madre, de niñas pasábamos las vacaciones con ellos en Alemania, era como una hermana. El Covid pudo con ella.

20 junio 2024

Capítulo 188 La tempestad


Tiempo estimado de lectura: ochenta y siete minutos.


¡Silencio! Si dices otra palabra, 

te reñiré, y aun te odiaré.

¡Cómo! ¿Abogada de impostor? ¡Calla!

Porque solo has visto a él y a Calibán 

te crees que no hay otros como él. ¡Necia! 

Al lado de otros hombres, él es un Calibán, 

y a su lado, ellos son ángeles.


La tempestad. William Shakespeare 



Caza mayor 


(La mañana posterior a los atentados…)

«—La doctora Rojas me informó en detalle y acordamos que, hasta que hablase con el doctor Álvarez Atienza, se abstuviera de aparecer por aquí. 

Hubo algunos murmullos y gestos de confusión. Estaba sorprendida por el revés dado a la historia, Andrés me había sacado del foco de las críticas, todo el interés se centró en poner los medios para localizar a Ángel. Lo que ocurrió después fue algo previsible, una retirada en toda regla de los inquisidores sin mediar disculpa, tampoco la quería. Una vez solventado el primer acto, le acompañé al despacho.

—No sé cómo darte las gracias.

—Procura no dar motivos para que tenga que volver a acudir en tu auxilio.

Le sonreí, hubiera querido abrazarle, pero ni era el lugar ni el momento oportuno.

—¿Llegaste bien anoche a tu casa?

—Ah, sí. Por cierto, espero que no tengas en cuenta…

—Olvídalo.

Hubo un silencio incómodo, podríamos habernos dicho tantas cosas, sin embargo, Andrés salió por la vía más fácil, o más cobarde.

—Será mejor que salgamos y nos enteremos si hay noticias.» (1)

25 abril 2024

Capítulo 186  Fuego cruzado (2) 


Tiempo aproximado de lectura: cuarenta y dos minutos.


Subí a la sala del crimen

le pregunté al presidente

que si es delito el quererte,

que me sentencien a muerte.


Pedro Infante



«No me llames si es lo que quieres, pero dime qué excusa has puesto para justificar mi ausencia»

Envié el sms y me tiré en la cama, el efecto de toda una noche de excesos cayó a plomo sobre mí. De camino había previsto cambiarme de ropa, maquillarme para ocultar los estragos y salir de inmediato hacia el gabinete. Nada de eso. Estaba anulada, sin fuerza ni ganas de moverme. Diez minutos, pensé, solo necesito diez minutos.

Media hora después, arrastré mi cuerpo hasta el borde de la cama y conseguí sentarme, otro empujón y estaba en pie dispuesta a ducharme, comer cualquier cosa y arreglarme para hacer acto de presencia.

Al salir de la ducha escuché el teléfono. Llegué a tiempo antes de que, quien fuera, colgase.

05 abril 2024

Capítulo 185  Fuego cruzado (1)


Tiempo aproximado de lectura: cuarenta y un minutos.


«El tiempo escapa como la arena entre los dedos.»

(Meine liebe Oma)



Llegué a la Sierra pasadas las doce del mediodía porque quise darles margen a la despedida. Carmen me recibió radiante, como suele estar después de una noche en la que ha habido buen sexo. Teníamos por delante todo el fin de semana, nos acercamos al pueblo, tomamos el aperitivo, comimos en el restaurante de su tocaya. Entre plato y plato me contó los recortes aprobados en la reunión del consejo; la economía se enfriaba, yo le expresé mis temores por el futuro de la fusión. ¿Qué hacíamos hablando de trabajo? Nos trajeron los postres y atacamos otros temas: la familia, Emilio. Paseando por el parque hacia casa preguntó por Elvira, por Candela, yo me mordí la lengua y evité mentar la soga en casa del ahorcado. Subiendo la última cuesta sucumbí a la curiosidad por saber qué tal le estaba yendo con Jacobo.

—¿Volverá?

Carmen se asomó a la cocina.

—Estoy segura, en cuanto arregle las cosas con Reyes.

07 marzo 2024

Capítulo 184 Fuego


Tiempo aproximado de lectura: treinta y cinco minutos.


Espera un poco, un poquito más

Para llevarte mi felicidad

Espera un poco, un poquito más

Me moriría si te vas


(La nave del olvido, 1970)



¿Qué hacía todo el mundo en el hall?

No sé cómo fui capaz de mantener el aplomo y mostrar solo una expresión de sorpresa. Tampoco me dedicaron demasiada atención, estaban ocupados en difundir la noticia. ¿Había oído bien? Ángel estaba vivo. Fingí escuchar cuando en realidad trataba de contener el aluvión de emociones. ¿Cómo debía afrontar el reencuentro?, ¿cuál sería su reacción al verme? No conseguía librarme de un lastre de culpabilidad acentuado por algunos gestos de mis compañeros y del propio Ángel, el cual había hablado con Andrés y con diversos jefes de departamento, sin embargo no había hecho intención de ponerse en contacto conmigo; era una señal indiscutible de lo que pensaba sobre mi cambio de decisión. Pasé el fin de semana buscando motivos para estar activa y no pensar, Mario estaba al tanto y con buen criterio dejó que la montaña rusa emocional siguiera su curso. El domingo a última hora había alcanzado la fase de aceptación, estaba dispuesta a afrontar el encuentro.

17 diciembre 2023

Capítulo 180 Alquimia


 Tiempo aproximado de lectura: sesenta y ocho minutos.


En el capítulo anterior…

Dormí mal, agitada por pesadillas que me expulsaban del sueño al que luego me costaba volver. Al fin caí rendida. La mañana me devolvió a la realidad, tenía que afrontar mis actos sin más demora. En Nueva York serían las tres de la madrugada, aún contaba con cuatro horas para pensar. Después de darme una ducha preparé café y comencé a establecer un argumentario. La primera llamada sería para Ángel antes de que se enterase de mi ausencia, después hablaría con Andrés, asumiría los gastos ocasionados y le explicaría… ¿qué le iba a explicar? Ese era el paso previo, saber la razón que me había llevado a quedarme.

Estaba decidida a dimitir, el proyecto de Ángel me asqueaba, no podía decírselo, tendría que dar alguna otra razón.

¿Y Mario, para cuándo iba a dejarlo? Podía llamarle ya y contarle… ¿qué?, si ni yo misma sabía el motivo.

Renuncié a dar señales de vida, aún contaba con suficiente margen. Me recogí el pelo, busqué un sujetador deportivo, mallas por media pierna, una camiseta, zapatillas de correr y salí con intención de hacer la ruta larga de los domingos. Evité la zona escolar, pronto estaba fuera de la urbanización a buen ritmo. Correr me activa y el viento en la cara terminó de disipar cualquier duda: había tomado la decisión correcta, demasiado tarde pero bien tomada.

12 octubre 2023

Capítulo 179 ¿Dónde está Carmen?


 Tiempo aproximado de lectura: treinta y un minutos.

«En tiempo de desolación nunca hacer mudanza, mas estar firme y constante en los propósitos y determinación en que estaba el día antecedente a la tal desolación.»

 

Ignacio de Loyola 

 

Lunes, diez de Septiembre

Las despedidas no son su fuerte, siempre me toca arrimar el hombro para endulzar el mal trago, siempre consigo sacarle una sonrisa y hacerle pensar en la vuelta. Esta vez estuvimos a punto de separarnos enfadados por una simpleza. Yo llevaba unos días que no era yo, me lo había dicho varias veces, y aunque trataba de evitarlo terminaba por caer en silencios y en ese —¿cómo lo llamó?— decaimiento que me hacía parecer un alma en pena, otra frase suya.

Si sólo fuera por haber cortado con Tomás podría haberlo superado. Había otros motivos que ocupaban mi cabeza: el rumbo que estaba tomando mi posición en el gabinete; los sucesos del fin de semana en el chalet de mis padres; el encontronazo con nuestra vecina.  

Y Mahmud, ¿por qué aparecía cuando ya ni lo recordaba? Todo esto me estaba minando y no le encontraba sentido compartirlo con Mario, solo serviría para aumentar el desasosiego. 

—Todavía estás a tiempo. —dijo tomándome por los hombros.

—¿De qué estás hablando?

—Cancela el viaje, no te veo en condiciones.

11 septiembre 2023


Capítulo 178  Septiembre negro

Tiempo aproximado de lectura: dos horas veintidós minutos.



Te recuerdo Amanda

La calle mojada

Corriendo a la fábrica

Donde trabajaba Manuel

La sonrisa ancha

La lluvia en el pelo

No importaba nada

Ibas a encontrarte con él

Con él, con él, con él, con él, con él

Que partió a la sierra

Que nunca hizo daño

Que partió a la sierra

Y en cinco minutos quedó destrozado

Suena la sirena

De vuelta al trabajo

Muchos no volvieron

Tampoco Manuel


Víctor Jara, 1969



Prólogo 


Creo en pocas cosas. 

No creo en Dios ni en el destino y mucho menos en el karma; por eso, cuando Emilio irrumpió en la sala de reuniones con el rostro demudado pidiendo que encendiéramos el televisor y aparecieron las imágenes de las Torres atravesadas por los aviones y las vi derrumbarse consumidas por el incendio, no pude eludir las del Palacio de la Moneda en llamas otro once de Septiembre. Escuché en mis oídos a Víctor Jara recordarle a Amanda la calle mojada y los que, como su Manuel, en cinco minutos quedaron destrozados. De mi memoria surgió el rostro del atribulado padre norteamericano en busca del hijo desaparecido en el Chile golpeado por la recién nacida dictadura. (1) Esas y otras ideas pasaron a toda velocidad por mi cabeza mientras contemplaba la tragedia en directo y vaticinaba el cataclismo que se avecinaba. 

No creo en el karma ni creo que el horror causado justifique causar otro horror, como pretendía vendernos un compañero al que hicimos callar. 

Salí al exterior, no podía seguir viendo tanta atrocidad. Traté de localizar a Carmen por todos los medios. Llamé a mi hermano; estaba en shock, como Emilio, como yo. Fernando, mi suegro, no conseguía hablar con su hija; procuré tranquilizarlo, él también temía las consecuencias que esos actos iban a provocar. Aquello lo cambiaba todo.

26 julio 2022

Capítulo 167  De dualidades y dilemas

Tiempo aproximado de lectura: 45 minutos

Tenemos que hablar

—Tú dirás.

—Ven, siéntate.

—¿Tengo qué preocuparme?

—Quería haber hablado contigo antes, si no hubiera sido por el aborto.

—Supongo que es sobre lo que dije de Elena y todo lo demás. Verás…

—No, déjame a mi. He estado pensando mucho, sobre todo en algo que dijiste. Para ti soy un sueño, lo he sido desde que me conociste; has tratado de moldear ese sueño a imagen de un ideal que ha ido creciendo en tu cabeza y has actuado para que no se esfumara costase lo que costase. Ahí está el problema, el coste que acarrea mantener vivo un sueño. Esa obsesión ha provocado un desgaste enorme, tanto que no lo hemos visto hasta que ha sido demasiado tarde. Yo lo he entendido ahora, pero tú lo escondes, te niegas a verlo y solo lo muestras cuando los nervios te traicionan o cuando el alcohol te desata la lengua. 

—No, no es cierto.

—«Carmen y yo formamos una órbita heliocéntrica, si me acerco me quema, si me alejo la añoro», ¿lo recuerdas? Se lo dijiste a Emilio en mitad de una borrachera; admítelo, eras sincero. Y el otro día, en plena explosión de ira, por fin sale a la luz lo que piensas: has sacrificado tu deseo de ser padre con tal de tenerme a tu lado. Sí, Mario, reconócelo. Al mismo tiempo me consideras un obstáculo para el desarrollo de la relación con, las que consideras, tus mujeres. Ese es el dilema que te impide alejarte de mí y que te perjudica si estoy demasiado cerca. Parece ser que has construido un proyecto de vida conmigo sobre una base poco sólida y ahora, cuando lo hemos sometido a una tensión extrema, se tambalea. No podemos continuar así, yo no puedo. 

15 junio 2022

Capítulo 165  El retorno 


Tiempo aproximado de lectura: 60 minutos


La mujer que yo quiero no necesita

bañarse cada noche en agua bendita.

(Joan Manuel Serrat)


I El retorno


—Te esperaba ayer. 

Ángel se ha levantado a recibirme; dejo el bolso en un sillón y camino decidida a su encuentro. Entiendo el reproche, tenía que haber aparecido por el gabinete aunque fuera unas horas. Le compenso con un beso largo e intenso que no desaprovecha; en un abrir y cerrar de ojos tengo la blusa abierta, los hombros desnudos, el sujetador suelto y me devora las tetas como si le fuera la vida en ello. Qué cabrón, cómo sabe ganarme. Nos desfogamos un rato y le paro antes de que vayamos a más. 

29 octubre 2021

Capítulo 155  Reproches

(Tiempo aproximado de lectura: 32 minutos)


—Dime.

—Ya estoy fuera.

—Voy a por ti.

—No hace falta, dime dónde.

Llegué en veinte minutos a un local que ya conocía cerca de Plaza de España; me costó localizarlo, había demasiado humo y demasiada oscuridad. Rechacé el beso, estaba enfadada con él, con su mujer, con Sara y conmigo misma por haber accedido a todo; a montar la encerrona a Claudia y a interpretar el numerito de mi mamá está enferma.

—Cuéntame: quién es esa bollera.

—Si vas a empezar con esas me marcho.

—Tranquila, respira hondo, ya pasó.

—Ya pasó,  qué. Te crees muy listo.

Me robó un beso en un descuido, retiré la cara y pronuncié un «déjame» tan débil que no resultó creíble; me rodeó los hombros y lo volvió a intentar, hice ademán de evitarle pero le dejé, claro que le dejé, necesitaba consuelo y el olor de su piel a crema de afeitar y tabaco era lo menos dañino que podía chutarme; me morreó todo lo que quiso y más, se apoderó de mi culo y dejamos que el camarero se fuera sin saber qué es lo que iba a tomar.