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06 diciembre 2025

Capítulo 205 Crepúsculo 


Tiempo estimado de lectura: dos horas y diez minutos.


En el capítulo anterior…

Carmen llegó a casa rescatada por Tomás de las garras de Diego. Mario la esperaba en el salón a oscuras, frío como un extraño. Lo que había entre ellos se ha roto; ella lo ha sentido en el abrazo sin fuerza y en sus ojos sin vida.

Se desnudó para enseñarle los tatuajes: tres pentágonos en el pecho, «mi rango»; dos corazones en el pubis, «símbolo de nuestro amor» según Tomás; la flecha atravesando el pezón, «esta vez no estaba drogada»; el gran pentágono en la espalda, «tanto lo deseabas, ya lo tienes». Luego vino la confesión completa: la orgía bajo los efectos de las drogas de la que solo recuerda fragmentos brutales, la pareja de clientes sevillanos y sus perros, el deseo prohibido que la avergonzó y la fascinó, la lengua de Deimos en sus pies, el orgasmo mientras Rosalía era montada por Phobos, al que ella misma rechazó e impidió cruzar la última línea.

Mario escuchó sin consolarla, la juzgó con dureza. Cuando ella entró en la ducha, llamó a Tomás y pactó apartarse de Carmen para siempre: fingiría que no perdona, que lo vivido es intolerable, le pidió que la saque de la prostitución y la cuide. «Solo un estúpido perdería a una mujer como ella», dijo Tomás; él lo reconoció entre lágrimas.

Sola en casa, Carmen abrió la caja con los recuerdos de Luna convertida en caja de Pandora, se puso el viejo collar, extendió la manta en el ático, se arrastró bebiendo de la escudilla como una perra. La vergüenza la golpeó después como un mazazo. Aún con el collar puesto llamó a Rosalía y dejó la puerta entreabierta a volver.

La llegada de Esther, destrozada por el fracaso de su matrimonio, fue el detonante. Carmen vio a Mario consolarla con una ternura que no le daba a ella y lo malinterpretó como prueba de una relación secreta entre ellos. Enloquecida de celos y dolor, decidió sacrificarse, convertirse en la villana de la historia, asumir toda la culpa y empujar a Mario hacia Elvira, su primer amor, para evitar que la relación con Esther destruya a la familia.

Mario, mientras tanto, avanza en su propio plan de abandono convencido de que él es el veneno que la ha destruido y sólo alejándose, Carmen podrá algún día ser feliz.

En medio del caos, la ansiedad la devoró. Desesperada, Carmen acudió a Claudia (su antigua amante, quien la provee de droga) para conseguir algo que mitigue el ruido en su cabeza.


En el próximo capítulo…

Carmen cruza la puerta de la mansión de Claudia. Mario sigue dando pasos hacia la ruptura definitiva. 

Y el collar de Luna sigue guardado en la caja de Pandora.

16 octubre 2025

 Capítulo 204 Entropía

 Tiempo estimado de lectura: setenta y ocho minutos.



Entropía: Es una medida de la magnitud del desorden, también, de la falta de comunicación.

 

La entropía mide cuán impredecible o aleatoria es una fuente de información.

 

"La verdadera Babilonia no fue la torre, sino la renuncia a escuchar. La confusión comenzó en el corazón, antes de llegar a la lengua."

 

04 septiembre 2025

 Capitulo 203 Sacrificio

 Tiempo estimado de lectura: cincuenta y tres minutos.

 

«El padre de Armand entonces se sentó, me tomó la mano y me dijo: 'Marguerite, soy el padre de Armand. Él te ama y tú lo amas. Pero este amor no puede durar. Tengo una hija que debe casarse, y el buen nombre de nuestra familia no puede estar manchado por este escándalo. Sé que eres una mujer de buen corazón y que te sacrificarás por el bien de mi hijo. Si lo amas, lo dejarás. Es el único camino para su salvación y la nuestra.'»

 

La dama de las Camelias. Alejandro Dumas hijo

 

11 agosto 2025

 Capítulo 202 A las puertas del abismo

 Tiempo estimado de lectura: cincuenta y cinco minutos.

 

 

«Aquel que lucha con monstruos, cuide de no convertirse él mismo en un monstruo. Y si miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.»

Friedrich Nietzsche. Más allá del bien y del mal

 

 


No sé nada de Carmen. Le he dejado un sinfín de llamadas, ¿por qué no responde?

 

Estoy hecho polvo. Recuerdo vagamente que me metieron en un taxi, no sé a qué hora. He amanecido tarde, muy tarde, tirado sobre la cama con la ropa de calle y un dolor de cabeza que me martillea las sienes. Después de ducharme, la he llamado, he bajado a desayunar, he vuelto a insistir, he subido a la habitación, tenía varias llamadas perdidas, ninguna de Carmen, todas tratando de localizarme. He faltado a una reunión en la Junta. Mierda. He vuelto a llamarla; nada. Cuando ha sonado el teléfono, he respondido pensando que sería ella, pero no, era Emilio preocupado porque se han puesto en contacto con él preguntando por mí. He llamado a la Junta y me he disculpado, he conseguido que nos veamos esta tarde. He vuelto a intentar dar con ella. ¡Joder, dónde está!

 

Me he presentado en el Penta. Lo más probable es que esté cerrado, aunque sospecho que está allí con el hijoputa de Diego.

 

Voy a tener razón. La puerta está abierta, las luces, apagadas, cruzo el local escuchando mi respiración agitada sobre el profundo silencio, me dirijo al despacho, oigo voces.

 

Entro. El inconfundible olor a hierba inunda el despacho.

 

Diego está al teléfono. Se le cae la sonrisa.

 

La veo. Oh, Dios, ¿qué es esto?

27 julio 2025

 Capítulo 201 Phobos y Deimos

 Tiempo estimado de lectura: cincuenta minutos.

 

 

«El amor no conoce barreras, ni colores, ni especies.

La forma del agua. Guillermo del Toro 2017»

 

 

Día 3 (jueves)

 

A las diez, Candela y yo salimos a la barra, el pub llevaba una hora abierto, las demás chicas ya estaban moviéndose por el local, Deylin, la mulata charlando con una camarera; Martina, sentada en una mesa con dos maduros a los que parecía conocer bien; Andreíta, la nueva, hablaba con Diego inclinada sobre la barra, las piernas rectas, abiertas y el culo empinado llamando la atención de las mesas cercanas, en cuanto acabase tendría asegurada la primera consumición y tal vez el primer servicio, cosas de tener un trasero llamativo. Poco a poco, el local se llenaba. Nos dejábamos ver cogidas del brazo devolviendo saludos, nos deteníamos, me presentaba, era el momento de seguir nuestra ronda.

 

Yo no quería pensar. Candela, experta en tragarse los golpes que le había dado la vida, me lo dijo mientras nos preparábamos antes de salir.

 

—Ahora te olvidas, pones buena cara y miras p’alante, ya tendrás tiempo de llorar y gritar hasta quedarte ronca. Toca ponerse guapa, sonreír y no pensar, sobre todo eso: no pensar. Mañana… ya veremos qué hacer. ¡Vamos! ¡a menear el culo!

26 junio 2025

Capítulo 200  Soledades

Tiempo estimado de lectura: ochenta y cuatro minutos.


La alerta

—Carmen, ¡Carmen, despierta!

—¿Qué pasa?

—Se ha enterado.

—¿Quién?

—Diego, sabe que estás aquí.

—¡Cómo!

—Me lo ha notado.


«—A ver, tú, ven aquí. Qué coño te pasa.

—¿A mí?, nada.

—No me toques los huevos, llevas toda la noche evitándome, no me miras. Venga, coño, qué has hecho.

—Nada, no he hecho nada.

—Estás mintiendo, no hay cosa que me joda más. Suéltalo ya.

—Diego, lo juro, no miento.

—Curro, avisa a Lole, que venga echando humo. Tú, a la puta calle.

—No me hagas esto.

—¡Que te pires de una vez!

—Vale, perdona, me pidió que no te lo dijera.

—Que no me dijeras qué, quién

30 mayo 2025

Capítulo 199 Yo, Hetaira


Tiempo estimado de lectura: setenta y dos minutos.


«Aspasia, una mujer de Mileto. Se decía que tenía a Pericles bajo su influencia, pues poseía una inteligencia extraordinaria y una gran habilidad para la conversación.» 


(Plutarco, Vida de Pericles, XXIV). 


Si bien Plutarco no la llama explícitamente hetaira en este pasaje, la naturaleza de su relación con Pericles y su origen extranjero (Mileto) la sitúan en una categoría cercana a las hetairas influyentes. Su inteligencia y capacidad de conversación eran características valoradas en ellas.


Prólogo 


—Hola, nueve.

Así comenzó Mario la labor de zapa. Tenía que haberlo imaginado, se ilusionó con el tatuaje tanto como con todo lo que habíamos emprendido en nuestra nueva vida, no perdía ocasión para lanzarme una andanada, me llamaba nueve cada vez con más frecuencia, y no es que me molestase, acabé acostumbrándome, le seguí el juego. Tal vez no debí hacerlo.

—Qué pasa con Candela, ¿la llamas siete? —le pregunté una vez que en la cama me dijo, «Cómo me gustas, nueve». 

—No, no es lo mismo. —contestó tras pensarlo detenidamente.

—Claro, porque a ella no intentas pervertirla. Cómo te conozco.

Llegó Agosto, en dos semanas comenzaríamos nuestras vacaciones de ensueño, supuse que cuando estuviéramos navegando a bordo del yate se olvidaría; mientras tanto el asedio continuaba y yo le dejaba hacer porque en el fondo me gustaba, sabía lo que estaba pasando y no le di demasiada importancia; él es así, me decía a mí misma, jugábamos un juego que a los dos nos reportaba momentos de intenso placer, me había acostumbrado a ser la nueve, participaba gustosa en los juegos secretos que se inventaba en las situaciones más insospechadas, con nuestros amigos, con la familia. Como cuando decía sin venir a cuento que habíamos venido oyendo la novena sinfonía, o proponía volver a ver la novena puerta de Polanski solo para sorprenderme y probar a sacarme una sonrisa cómplice. Sabía lo que estaba haciendo, le dejé hacer. 

Pasó el verano, pasó Gerardo, pasó Santos. El mundo colapsó en Septiembre. Cuando mi vida empezaba a recobrar la normalidad, Mario viajó a Sevilla y regresó eufórico por el éxito del proyecto, por el reencuentro con Candela, por algo más que escondía y tardó en darme a conocer. Llegó Navidad y superamos el desencuentro a causa de la mentira desvelada por Roberto.

Así llegamos al día en que me lo propuso.

24 abril 2025

Capítulo 198  Vía Láctea (y 2)

Tiempo estimado de lectura: sesenta y seis minutos.  (sin citas)


«Hoy, como ayer, como entonces, mi piel es un campo sembrado por otros que germina al contacto de la brisa que mueve tus manos.»

Ella, 2025



No logré dormir, estaba enfadada, triste, defraudada y sobre todo, preocupada, si le daba por aparecer me pondría en una situación muy difícil, ¿qué pensaría Andrés de mí si se enteraba de lo que había hecho para Diego? Yo, convertida en la puta de un vulgar barman venido a más por traficar con mujeres, qué vergüenza.

Andrés notó los efectos de haber pasado la noche en vela, lo achaqué a una mala digestión. La mañana transcurrió según lo planeado, pasé por el despacho del jefe de departamento encargado de los eventos, iba dispuesta a todo con tal de conseguir que el seminario volviera a estar incluido en la planificación de los actos del mes, mi sutil manera de ofrecer a la vista “mis encantos“ junto a una buena argumentación surtió efecto. A la salida, Andrés me esperaba, ambas reuniones habían dado sus frutos y decidimos celebrarlo a lo grande.

—Te voy a llevar a comer a Santillana, conozco un sitio que te va a encantar.

No llegué a preguntarle nada, desde lo alto de la ancha escalera de piedra, lo vi.

—Qué cara te vendes, chiquilla. —dijo cuando terminamos de descender, nos miró a ambos y le ofreció la mano a Andrés—. Diego, un amigo de Carmen.

—Andrés Arjona es el presidente del gabinete. ¿Qué haces aquí?

—Voy de camino a Bilbao —contestó soltando el apretón de manos—, me dijo tu marido que estabas aquí.

Hubo un incómodo silencio que Andrés resolvió.

—Os dejaré que os pongáis al día. Recuerda, a las cinco tenemos otra reunión.

—Te la devolveré a tiempo. ¿Nos vamos?

Me sacó del recinto cogida del brazo sin darme ocasión a reaccionar. Cuando estuve segura de que Andrés estaba lejos, le increpé.

—¿Se puede saber qué haces aquí?

—Reclamar lo que es mío, morena, no puedes torearme como si fuera un pringao de esos que te follas a diario.

—Haz el favor de bajar la voz.

Me dejé llevar con tal de alejarme de allí donde nos podían escuchar.

—¿Te contó Mario mi propuesta?

—No puedes presentarte así, de improviso y trastocar mis planes.

—Contesta, joder, ¿te lo contó?

04 abril 2025

Capítulo 197 Vía Láctea (1)

Tiempo estimado de lectura: treinta y cuatro minutos.  


Mi agradecimiento al artífice del acento y el alma de Guido: mi amigo Torco.


Presentimiento 

No soy de las que se quedan quietas a la espera de que los acontecimientos se precipiten. La llamé. Nada más responder, noté que algo iba mal.

—Virginia, soy Carmen.

—Dime.

—Te llamo porque, como quedamos en vernos, me ha extrañado no saber nada de ti. 

—Olvídalo, lo he estado pensando; la verdad, no es para tanto.

—¿Seguro? Si necesitas hablar, aquí estoy.

—Tengo un poco de prisa. Adiós.

Me invadió el temor que se experimenta ante un peligro inminente. No pude apartarlo de mi cabeza en toda la mañana y acabé llamando a Ramiro.

—¿Qué te pasa?, dice Ángela que es urgente.

—He hablado con Virginia, como no tenía noticias suyas la he llamado. Está rara, no sabría decirte por qué, es una impresión.

—¡Cómo se te ocurre llamarla!, va a pensar que es cosa mía, ¡joder, la que has liado!

—¿Me puedes explicar qué está pasando?

—Se ha jodido.

—Qué se ha jodido.

—¡Todo! La convivencia se ha vuelto insoportable, sospecha de todo, no sé qué conclusión ha sacado de vuestra charla, cada vez está más desconfiada, anoche tuvimos una bronca descomunal.

09 febrero 2025

Capítulo 195 Caballo de Troya

Tiempo estimado de lectura: sesenta minutos.


—Buenos días, ¿Podemos hablar?

—Buenos días. Sí, claro, dime.

—¿Qué tal las fiestas?

—Lo de siempre: familia, regalos, brindis, ya sabes.

—Cada año me cansa más esta comedia, ¿no te ocurre a ti?

—¿Qué querías?

—Saber si has tenido noticias de nuestro hombre.

—Llamó a Mario para felicitarle el año nuevo, cogí yo la llamada de casualidad.

30 agosto 2024

Capítulo 191 El futuro nos lo dirá 

Tiempo estimado de lectura: ochenta y cuatro minutos.


Con la inestimable colaboración de Torco en los diálogos argentinos y el diccionario de términos adjunto.


Londres: Indolencia

Aterricé en Heathrow a las once, un Mercedes enviado por Tomás me llevó directamente al hotel, a unos diez minutos de donde se alojaba. Viajaba ligera de equipaje, lo justo para pasar unos días de turista, quería aprovechar este viaje, entre otras cosas, para contemplar las vistas del London Eye, desde que lo inauguraron sentía curiosidad por ascender a lo alto del cielo de Londres. Tenía pensado encontrarme con una compañera de facultad que, recién doctorada, aceptó una oferta en una prestigiosa clínica, no la veía desde entonces, aunque manteníamos el contacto inquebrantable a través del tiempo. Había hecho el propósito de visitar a mi tía Frauke, llevábamos dos años sin vernos. Tenía una preciosa casa en Candem Town en la que me había alojado en numerosas ocasiones. Frauke era la hija menor de unos primos de mi madre, de niñas pasábamos las vacaciones con ellos en Alemania, era como una hermana. El Covid pudo con ella.

02 febrero 2024

Capítulo 182  Los retos abiertos 


Tiempo aproximado de lectura: treinta y seis minutos.


Días del futuro pasado 

Acompañadme, demos un salto en el pasado hacia el futuro que ya está en el pasado.


Verano del dos mil tres, una noche cualquiera del mes de Agosto. 

Me hubiera gustado despertar entre sábanas de satén blanco, la noche lo había merecido, pero nos alojábamos en un complejo hotelero, hubiera sido mucho pedir. Nos despejamos con una larga ducha y bajamos a desayunar apurados de tiempo a punto de encontrar cerrado el comedor. Después, nos preparamos y salimos a pasar una mañana tranquila de playa.

—¿Qué quieres?

—Zumo de piña.

—Ahora vuelvo.

Esperé en la tumbona a resguardo del sol bajo un gran toldo. No le había querido decir nada a Mario, aquel hombre no me quitaba ojo desde que llegó. Da igual, estoy acostumbrada y más haciendo top less como la mayoría de las chicas a mi alrededor. Lo que nos diferenciaba eran los aros en mis pezones, unos aros idénticos al del ombligo y a los pendientes. Había ignorado los reiterados toques de atención de mi conciencia que exigía prescindir de la parte más llamativa de aquel precioso juego de seis piezas antes de bajar a la playa, un valioso regalo de… dejémoslo ahí. No había motivo, salvo librarme del insistente acoso de algún que otro mirón como este, pesado e impertinente. Nos habíamos cruzado. No exactamente: yo fui a refrescarme a la orilla, pasé cerca, al llegar esquivé unos niños y me entretuve con la marea empeñada en robarme la arena bajo los talones. Lo vi a pocos metros, ¿me había seguido?, miraba hacia mí con descaro, como si nos conociéramos. No le di mayor importancia, nadé un rato y volví al toldo, me sequé aún de pie y al levantar la vista lo encontré observándome. Sí, me conocía, sin embargo yo no recordaba haberle visto jamás. Esto sucedió diez o quince minutos antes de que Mario propusiera ir a por algo de beber y, durante ese tiempo, caí en la tentación de dar alguna ojeada. Siempre lo encontraba esperándome, declarando que él sí me conocía.

A poco de irse Mario, el desconocido se acercó, miró alrededor y se puso en cuclillas.

18 abril 2023

Capítulo 177  Lo que ocurre en la playa… (7)

Tiempo aproximado de lectura: 63 minutos.


El patrón 

—Santos.

Por fin, después de dos llamadas perdidas, contesta; escueto como siempre.

—Buenos días, soy Carmen Rojas. — No dice nada; espero un tiempo prudencial e insisto—. ¿Sabe quién soy?

—La… invitada de Don Gerardo.

—Llamo para despedirme, volvemos a casa pasado mañana; quería… verá, he pensado hacerle un regalo de despedida.

—No es necesario, señora.

—Se ha portado muy bien con nosotros, ha sido muy atento; permítame corresponder.

—Está bien, como quiera.

—Supongo que conoce la Villa donde nos alojamos.

—Torre Alta. 

—Eso es. Mi marido no podrá despedirse pero le agradece igualmente sus atenciones. ¿Sobre las seis le parece bien?

—A esa hora llego a puerto, necesito pasar por casa para asearme, mejor a las ocho.

—Demasiado tarde; puede ducharse aquí, si quiere, ¿de acuerdo?

—Como usted diga.

—Entonces, a las seis. —dice Mario algo confuso, ha escuchado la conversación y es de la misma opinión: trata de mantenerme a raya—. Me iré antes, por si acaso se adelanta.

—Sí, será mejor.

—Avísame cuando pueda volver.

14 noviembre 2022


Capítulo 170  No mires atrás

Tiempo aproximado de lectura: 65 minutos.


Parecíamos dos irracionales

que se iban a morir mañana

(Derroche,  Ana Belén Víctor Manuel, 1994)

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Prólogo: Quince años, seguimos


Cuando el diario empieza a publicarse en dos mil siete, Carmen cumple treinta y seis y yo cuarenta y nueve, han pasado seis años desde el inicio de todo y la vida sigue su curso. Habría tanto que contar… sin embargo lo más probable es que no llegue a escribir sobre esa etapa. El tiempo avanza como la lengua de un volcán. Que nos quiten lo bailao.

Esto es lo que redactaría el autor primerizo que comenzó sin saber en lo que se estaba metiendo. Si continúo, me va a caer la del pulpo. Mejor tiro ese párrafo a la papelera y lo intento de nuevo.

Vamos allá.

El diario nació en dos mil siete, en él se narra una historia ambientada en Madrid seis años antes, una historia de sexo y ternura, de derroche de amor y mucha, mucha locura. Lo más probable es que no alcance a cubrir la época en la que comenzó a publicarse. No importa, lo esencial está dicho y espero llegar al desenlace de lo fundamental. Lo demás, lo que no se publique y quede escrito, flotará olvidado en la nube. El tiempo es como la pleamar, va borrando la huella de las personas que pasaron por la orilla. 

Sigamos, no sé hasta cuándo. He redactado textos para conmemorar otros aniversarios sin saber qué futuro tenía. Sigamos, mientras la ilusión permanezca encendida, mientras las horas que dedico al diario me produzcan placer. Sigamos, mientras los lectores aparezcan como las perseidas para dar su opinión, ofrecer un consejo o plantear una crítica, y los hooligans lo ensucien con sus pintadas sin producir más ruido del que necesitan para hacerse oír. 

Quince años, seguimos.

15 junio 2022

Capítulo 165  El retorno 


Tiempo aproximado de lectura: 60 minutos


La mujer que yo quiero no necesita

bañarse cada noche en agua bendita.

(Joan Manuel Serrat)


I El retorno


—Te esperaba ayer. 

Ángel se ha levantado a recibirme; dejo el bolso en un sillón y camino decidida a su encuentro. Entiendo el reproche, tenía que haber aparecido por el gabinete aunque fuera unas horas. Le compenso con un beso largo e intenso que no desaprovecha; en un abrir y cerrar de ojos tengo la blusa abierta, los hombros desnudos, el sujetador suelto y me devora las tetas como si le fuera la vida en ello. Qué cabrón, cómo sabe ganarme. Nos desfogamos un rato y le paro antes de que vayamos a más. 

20 mayo 2022

 Capítulo 163 Lo recordaremos toda la vida 


Tiempo aproximado de lectura: 60 minutos


Love, love is a verb

Love is a doing word

Feathers on my breath

Gentle impulsion

Shakes me, makes me lighter

Feathers on my breath

Teardrop on the fire

Feathers on my breath


Massive attack, Teardrop



Ahí está, en la terraza del restaurante. Aún no me ha localizado y se mueve con esa soltura que lo hace tan atractivo. Al fin me ve, sonríe y se recrea en contemplar su pieza más valiosa. Disfruta conmigo como lo hacen los niños con su mejor juguete, no aparta la vista, no pierde detalle de mis andares; de ese que ha pasado por mi lado, muy cerca y seguro que se ha vuelto a mirarme; de los dos que han dejado de hablar para verme pasar. Los niños pueden ser dulces, imprevisibles, mentirosos, caprichosos hasta el punto de llegar a romper su más preciado juguete. Qué hago con él si mi vida no tiene sentido si no es a su lado.

02 abril 2022

    Capítulo 162  Puta de barra de bar segunda parte


Tiempo aproximado de lectura: 34 minutos


She says, "Hey, babe
Take a walk on the wild side”
Lou Reed 

 

Sábado


Me he levantado más tarde de lo habitual. Al despertar lo primero que sentí fue satisfacción. Dicen que la primera impresión es la que cuenta, si eso es cierto debo guiarme por la intuición. He bajado a desayunar y he llamado a Candela.

—No sabía si era pronto para llamarte. —contesta al ver que soy yo.

—¿Por qué no? anoche me pareció un poco tarde para darte novedades.

—No tienes por qué hacerlo.

—Al fin y al cabo Paco es tu cliente, creo que es lo mínimo. ¿Te apetece que nos veamos?

15 marzo 2022

Capítulo 161  Puta de barra de bar (1)

Tiempo aproximado de lectura: 40 minutos


Viernes


—Lo vi por casualidad, no sé cuánto llevaría allí, lo vi y estuve a punto de decirle a mis amigas que nos fuéramos a otro sitio, entonces pensé que no tenía por qué alterarme la vida alguien a quien no le importo una mierda; pero no podía evitarlo, en cuanto me descuidaba estaba pendiente de él. De pronto se volvió como si hubiera sentido mi presencia. Te parecerá una locura.

—Lo entiendo, esas cosas pasan.

—Me habló como si nos hubiésemos visto ayer, ¿te lo puedes creer? No soy de montar escenas, hay muchas maneras de mandar a tomar por culo a una persona sin que los demás se enteren; pero tiene aguante, o yo soy tonta, no lo sé. Seguimos hablando, había demasiado ruido y nos fuimos; al día siguiente me costó dar una explicación coherente a mis amigas por haberlas dejado plantadas. En la calle se comportó como si no hubiera pasado nada ¿me entiendes?, como si no me hubiese dejado colgada después de presentarse en Toledo y… En fin, no sé por qué le hago caso.