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17 diciembre 2023

Capítulo 180 Alquimia


 Tiempo aproximado de lectura: sesenta y ocho minutos.


En el capítulo anterior…

Dormí mal, agitada por pesadillas que me expulsaban del sueño al que luego me costaba volver. Al fin caí rendida. La mañana me devolvió a la realidad, tenía que afrontar mis actos sin más demora. En Nueva York serían las tres de la madrugada, aún contaba con cuatro horas para pensar. Después de darme una ducha preparé café y comencé a establecer un argumentario. La primera llamada sería para Ángel antes de que se enterase de mi ausencia, después hablaría con Andrés, asumiría los gastos ocasionados y le explicaría… ¿qué le iba a explicar? Ese era el paso previo, saber la razón que me había llevado a quedarme.

Estaba decidida a dimitir, el proyecto de Ángel me asqueaba, no podía decírselo, tendría que dar alguna otra razón.

¿Y Mario, para cuándo iba a dejarlo? Podía llamarle ya y contarle… ¿qué?, si ni yo misma sabía el motivo.

Renuncié a dar señales de vida, aún contaba con suficiente margen. Me recogí el pelo, busqué un sujetador deportivo, mallas por media pierna, una camiseta, zapatillas de correr y salí con intención de hacer la ruta larga de los domingos. Evité la zona escolar, pronto estaba fuera de la urbanización a buen ritmo. Correr me activa y el viento en la cara terminó de disipar cualquier duda: había tomado la decisión correcta, demasiado tarde pero bien tomada.

11 septiembre 2023


Capítulo 178  Septiembre negro

Tiempo aproximado de lectura: dos horas veintidós minutos.



Te recuerdo Amanda

La calle mojada

Corriendo a la fábrica

Donde trabajaba Manuel

La sonrisa ancha

La lluvia en el pelo

No importaba nada

Ibas a encontrarte con él

Con él, con él, con él, con él, con él

Que partió a la sierra

Que nunca hizo daño

Que partió a la sierra

Y en cinco minutos quedó destrozado

Suena la sirena

De vuelta al trabajo

Muchos no volvieron

Tampoco Manuel


Víctor Jara, 1969



Prólogo 


Creo en pocas cosas. 

No creo en Dios ni en el destino y mucho menos en el karma; por eso, cuando Emilio irrumpió en la sala de reuniones con el rostro demudado pidiendo que encendiéramos el televisor y aparecieron las imágenes de las Torres atravesadas por los aviones y las vi derrumbarse consumidas por el incendio, no pude eludir las del Palacio de la Moneda en llamas otro once de Septiembre. Escuché en mis oídos a Víctor Jara recordarle a Amanda la calle mojada y los que, como su Manuel, en cinco minutos quedaron destrozados. De mi memoria surgió el rostro del atribulado padre norteamericano en busca del hijo desaparecido en el Chile golpeado por la recién nacida dictadura. (1) Esas y otras ideas pasaron a toda velocidad por mi cabeza mientras contemplaba la tragedia en directo y vaticinaba el cataclismo que se avecinaba. 

No creo en el karma ni creo que el horror causado justifique causar otro horror, como pretendía vendernos un compañero al que hicimos callar. 

Salí al exterior, no podía seguir viendo tanta atrocidad. Traté de localizar a Carmen por todos los medios. Llamé a mi hermano; estaba en shock, como Emilio, como yo. Fernando, mi suegro, no conseguía hablar con su hija; procuré tranquilizarlo, él también temía las consecuencias que esos actos iban a provocar. Aquello lo cambiaba todo.

23 diciembre 2022


Capítulo 172  Lo que ocurre en la playa… (2)

Tiempo aproximado de lectura: 48 minutos.


Yo quisiera saber si tu alma es igual a la de cualquier mujer

Porque a mí me atormenta en el alma

Tu frialdad

Y sueño, con gran pasión, que vives para mí

como yo vivo, niña, por ti

Tu frialdad, Triana 1980   Escuchar


(Veintiuno de Agosto, Martes de madrugada)


Me despertó el calor. Mario dormía profundamente. No lograba conciliar el sueño y abandoné la cama con cuidado. Bajé a la cocina, vacié de un trago un vaso de agua del frigorífico. Se estaba bien, mejor que en la planta de arriba. Oriné y me refresqué toda. Volví a la cocina y bebí con calma otro vaso de agua, luego entré al salón y abrí el mirador; qué noche más buena. Salí al exterior, el aire puro actuó igual que lo haría un bálsamo. 

Cómo habían cambiado las cosas, a estas horas deberíamos estar en la Sierra, sin embargo vivíamos una aventura impredecible en una villa de lujo y yo me llevaba la mejor parte, sin duda, porque Gerardo había resultado ser un amante colosal, un fuera de serie; solo de pensarlo se me erizaba la piel. Y otras cosas.

Mario lo estaba asimilando mejor de lo previsto; al primer contacto entre ellos congeniaron como si fueran a convertirse en amigos. No me confié, faltaba la prueba de fuego: los preparativos para acudir a la primera cita y ahí estuvo genial, pude irme sin el menor remordimiento. Pensaba contárselo cuando despertase, aunque debería suavizarlo, no era prudente que lo supiera todo. ¿Cómo no me lo advirtió Lorena?

«Ya podías haberme avisado, me ha dejado destrozada».

Me había precipitado, si acaso andaba despierta estaría ocupada, seguro.

Unos segundos después, dio señales de vida:

15 marzo 2022

Capítulo 161  Puta de barra de bar (1)

Tiempo aproximado de lectura: 40 minutos


Viernes


—Lo vi por casualidad, no sé cuánto llevaría allí, lo vi y estuve a punto de decirle a mis amigas que nos fuéramos a otro sitio, entonces pensé que no tenía por qué alterarme la vida alguien a quien no le importo una mierda; pero no podía evitarlo, en cuanto me descuidaba estaba pendiente de él. De pronto se volvió como si hubiera sentido mi presencia. Te parecerá una locura.

—Lo entiendo, esas cosas pasan.

—Me habló como si nos hubiésemos visto ayer, ¿te lo puedes creer? No soy de montar escenas, hay muchas maneras de mandar a tomar por culo a una persona sin que los demás se enteren; pero tiene aguante, o yo soy tonta, no lo sé. Seguimos hablando, había demasiado ruido y nos fuimos; al día siguiente me costó dar una explicación coherente a mis amigas por haberlas dejado plantadas. En la calle se comportó como si no hubiera pasado nada ¿me entiendes?, como si no me hubiese dejado colgada después de presentarse en Toledo y… En fin, no sé por qué le hago caso.

16 febrero 2022


Capítulo 160  El congreso 

Tiempo aproximado de lectura: 51 minutos


«Le pregunto y no contesta, me mira y sonríe, es la misma maldita sonrisa de entonces, pero yo no soy la misma»


Fobia 

Nunca se lo he dicho a nadie. No soporto volar. Procuro evitarlo y cuando no tengo otra alternativa voy acumulando tensión gota a gota desde que tomo la decisión. Intento no pensarlo, hago como si no me afectara, convivo con una especie de parásito que de vez en cuando me lo recuerda. De esa forma llega el día, preparo el equipaje, salgo para el aeropuerto y el nivel de ansiedad va creciendo —porque la tensión ya tiene nombre—, paso el control y finjo que soy una persona normal, como las demás que esperan de pie o sentadas, leyendo o enviando mensajes. ¿O es que fingen tan bien como yo?

28 junio 2021

Capitulo 149  Otra vuelta de tuerca (1)

(Tiempo aproximado de lectura: 40 minutos)


 Torco, responsable del buen hacer en los diálogos argentinos.


Mario me llamó a las once, estaba en magistratura, luego tenía que ir al despacho y después se quedaba libre. Nos citamos para comer, fue una conversación breve, dejamos en el aire lo que ambos sabíamos que iba a pasar. Nada más colgar salí para casa, tenía que recoger el destrozo que habíamos dejado Guido y yo. Lo que me encontré era mucho peor de lo que recordaba, el sofá tenía una enorme mancha oscura que iba a ser imposible disimular, lo coloqué en su sitio y fui al dormitorio; ventilé, cambié las sábanas y lo dejé presentable. El baño contaba la historia de una intensa batalla de sexo; recogí las toallas esparcidas, me quedé en bragas, entré en la ducha y la limpié a fondo. Cuando acabé me dediqué a la cocina y por último subí al ático, lo regué a manguerazos y le metí presión sobre la tumbona, llena de restos secos de semen y flujo; luego puse la colchoneta al sol. A la una y media salí a su encuentro.

03 abril 2021

Capítulo 144  Al otro lado del espejo

(Tiempo aproximado de lectura: 40 minutos)


Se me dan bien las teorías, me pasé años montando una, hablando sobre ella en cuanto había ocasión, tanto que parecía saber del asunto más de lo que en realidad sabía. Teoría de la bisexualidad evolutiva, un nombre pomposo para algo de lo que en realidad no tenía la menor experiencia. Se formaban corrillos a mi alrededor y me escuchaban con atención, y para cuando decidí ponerla a prueba no se me ocurrió nada mejor que bajar a los infiernos. Patético. Ahora me veía repitiendo la misma jugada, hablando mucho y muy bien del mundo de las relaciones abiertas como si mi experiencia abarcara algo más que un amago de fracaso matrimonial. Ahí estaba, dispuesto a arriesgar el futuro de Maca y Fran con tal de ver mis fantasías hechas realidad. Karajan levantando la batuta.

Hice lo típico en estos casos; comprar una botella del mejor vino. Llegué con diez minutos de antelación, deseaba que fuera ella quien me recibiera y mis deseos se cumplieron, me quedé alelado viendo la transformación que había logrado con algo de maquillaje bien manejado, un recogido de pelo que descubría lo seductor que puede ser un cuello desnudo y un tremendo vestido de noche bien ceñido a su cuerpo. Si me hubiera abierto la puerta en lencería no me habría causado ni la mitad del efecto que me provocó.

15 noviembre 2018

Capítulo 114 Quince de Noviembre, once velas

(Tiempo aproximado de lectura: 79 minutos)


Escribir un libro durante dieciocho años llega a parecerse mucho a compartir su autoría con mis yoes anteriores.

Katherine MacKinnon 

Hacia una teoría feminista del Estado



Un año más; ya son once los que llevo escribiendo este diario que, como le contaba a una buena amiga, nunca pensé que fuera a prolongarse en el tiempo.

Hago un repaso de los primeros años del diario y apenas me reconozco ni como escritor, si es que se me puede atribuir ese título, ni como arquitecto de la estructura que ha surgido de lo que quería contar. 

Era otro yo.

El tiempo transcurrido me enfrenta, como dice MacKinnon, con las diferentes personas que he ido siendo a lo largo del tiempo y que sin ninguna duda han modulado la forma en la que os he contado la historia. No hace falta recurrir a Ortega para concluir que las circunstancias además del medio y la sociedad nos moldean; las vivencias que me acompañaron mientras escribía influyeron en el tono, en los matices y en lo que dije, cómo lo dije y en lo que dejé de decir. ¿Cómo habría sido el diario si el yo que escribió en cada momento hubiera vivido otras experiencias?

12 octubre 2018

Capítulo 113 Lluvia

(Tiempo aproximado de lectura: 107 minutos)


No sé por dónde empezar, creo que de alguna manera ya he ido dejando trazas de lo que ha sido mi vida durante todo este turbulento camino que hemos recorrido por separado. 

Sin embargo ahora Carmen me pide que recoja el testigo y sea el intérprete del drama que desde el lunes ha estado relatando casi en solitario.

—No sé qué decir, no sé por dónde empezar.

—No importa, comienza por aquello que te venga a la memoria.

Pronto atardecerá; me gustaría dar un largo paseo, cogerla de la mano y charlar de otras cosas. Estoy agotado.

¿Qué espera de mí? No pretenderá que a punto de acabar la semana reedite lo que a ella le ha llevado cinco días exponer.

Tal vez estoy dando por supuesto algo que no ha dicho, tan solo me ha pedido que aporte mi visión del conflicto. Nunca lo había nombrado de esa manera: «¿Cómo lo has vivido, cómo ha cambiado tu vida este tiempo de conflicto?».

Pienso, hago un esfuerzo.

¿Esfuerzo? No, esa no es la manera; tengo que respirar hondo, aflojar las tensiones. Carmen no me presiona, no hay prisa. 

Calma, calma.

Y sucede, aparece una escena dura, amarga. 

18 abril 2018

Capítulo 107 Sexo, mentiras y lo que pudo ser


(Tiempo aproximado de lectura: 98 minutos)



Jueves, 13:30


—Lo primero que debemos hacer al volver a Madrid son unos análisis. Tanto tú como yo hemos estado expuestos a un riesgo importante, sobre todo tú, pero no eludo mi responsabilidad. Pongo la mano en el fuego por Carlos y por Doménico, quizá por Tomás, no puedo estar nada segura del resto.

—¿Del resto? ¿Puedes ser más concreta?

Sus ojos me traspasaron.

—¿Necesitas ese dato ahora o es solo para joder?

Desvié la mirada, tenía razón, había sido una salida fuera de tono.

—Disculpa, no tiene sentido. El mayor riesgo lo he asumido yo, debería haber pensado en hacerme un control hace tiempo.

«Y tú» pensé, pero no era momento para abrir un nuevo frente.

—No solo me has puesto en riesgo a mí, piensa en Graciela o en Elvira ¿En qué estabas pensando?

En qué estaba pensando, dice. ¡En qué estábamos pensando! Ambos hemos ignorado las más mínimas normas de seguridad, esas que estamos hartos de repetir a diario. ¿Qué ha sucedido para que nos hayamos lanzado a actuar a ciegas de una forma casi suicida?

—Tema cerrado. Punto dos: La mentira es una apuesta que tiene sus costes, has dilapidado un capital que te va a costar recuperar, Mario, y eso solo se consigue con tiempo y con esfuerzo. Lo siento pero es así.

21 febrero 2018

Capítulo 105 Sanación

(Tiempo aproximado de lectura: 87 minutos)


—Papá, hola… si bien… aquí en la sierra… si, al final decidimos quedarnos… No, no nos apetecía este año salir… porque no… no, no pasa nada ¿qué iba a pasar?

Escucho a Carmen hablar con su padre y percibo la desconfianza que llega del otro lado de la línea. ¿Por qué hemos cambiado repentinamente los planes cuando lo habitual es que salgamos fuera en estas fechas? Si ya resultó complicado aparentar normalidad en el cumpleaños de mi suegra ahora este cambio se suma para romper con las costumbres tan arraigadas.

—Sí, está aquí ahora te lo paso ¿Y mamá, está bien?

Le he pedido que les llame, no sé desde cuando no habla con ellos y eso en esta familia no es normal.

Normalidad, algo que le debemos a la familia. No se han entrometido pero me consta que están preocupados y en algunos casos han sufrido.

Hablo con mi suegro sobre todo para darle seguridad. Estamos juntos, estamos bien. Le prometemos una visita pero no ahora, no en esta semana. Noto recelo y trato de sofocarlo. En quince días comida en nuestra casa, prometido.

Hace un sol de justicia, cualquiera diría  que estamos en verano. Ya es miércoles y para mañana esto se va a llenar. Estamos comiendo en la terraza de uno de los restaurantes de la plaza del pueblo. Son las tres de la tarde; después de hacer el amor, ducharnos y perder otra media hora bajo el agua salimos con prisas hacia el pueblo. Menos mal que a última hora se me ocurrió reservar.

Carmen luce espléndida. Un vestido veraniego, estampado en tonos rojos y verdes claros con motivos florales sobre fondo blanco anudado al cuello con escote en pico por medio muslo, sandalias planas para caminar cómoda por el empedrado del pueblo y uno de los bolsos grandes de este verano pasado que como el resto de la ropa de temporada también guarda en los armarios de aquí. Brutal. 

11 enero 2018

Capítulo 103 Salté de la cornisa


(Tiempo aproximado de lectura: 52 minutos)


—Nada sucedió como esperaba, nada. Empezando por la droga ¿por qué aceptaste dime, por qué? ¿qué necesidad había de tomarla?

Si me hubiera recriminado, si hubiera elevado el tono de voz habría tenido una posibilidad de escape por la vía de la ira, del reproche, «tampoco tú le hiciste ascos». De inmediato rechacé entrar en esa dinámica. Por el contrario Carmen hablaba desde la calma, desde la perplejidad que le producía no entender cómo su compañero al que creía conocer, ese que había compartido su pena, su tristeza al perder amigos consumidos por la droga, el que la había acompañado al duelo de padres y hermanos muy queridos había tirado en un instante todo nuestro ideario sobre la droga.

—Yo, me sentí…

Mayor, viejo sí, por primera vez me había sentido viejo en comparación con su rabiosa juventud. Absurdo lo sé pero me dominó una cruel sensación de ser el perdedor en una ficticia carrera sexual en la que Doménico ganaba por goleada.

No, no podía decirle eso.

Agité la cabeza como si pudiera vaciar la mente y buscar nuevos argumentos.

15 noviembre 2017

Capítulo 101 El regreso (2)

(Tiempo aproximado de lectura: 105 minutos)



Prólogo. Ten years after.


Todo comenzó aquí 


Quince de Noviembre de dos mil siete.

Conocí a Carmen el verano de 1991; Dirigía yo entonces un curso de verano en la facultad y ella era una de las alumnas recién licenciadas que se había matriculado a última hora, casi fuera de plazo, lo cual me había dado la oportunidad de conocer las razones que la traían a mi curso. Entonces tenía veintiún años y yo acababa de cumplir treinta y cuatro; Era una chica alegre, espontánea, segura de si misma o al menos lo aparentaba muy bien; hermosa, fresca, con una elegancia natural que la hacía más atractiva ante la ausencia de sofisticación y la nula intención de presumir de una figura perfecta. Alta, morena, de ojos profundos y oscuros, delgada sin perder la formas, piernas largas, espalda muy recta que, cuando llevaba su largo pelo negro recogido en un moño le daba un aire de bailarina de ballet…

Así comenzaba este diario hace hoy diez años, un diario que ni por asomo pensé que duraría lo que está durando. Un diario que inicié, como ya dije entonces, para mí y para exponer unas vivencias que quería compartir  por si encontraba, sobre todo solidaridad.

Los años me han mostrado mi ingenuidad y mi falta de profesionalidad en esto de escribir. He intentado corregir lo uno y lo otro. He procurado mantener un continuidad cuando mi tiempo me lo ha permitido y, a pesar de algunas profundas ausencias, aquí me habéis tenido durante más de cien capítulos y multitud de comentarios, algunos de ellos desafortunados que me han costado el abandono de varios lectores. Mea culpa.

El diario siguió mostrando la evolución de una pareja, sus aciertos y sus errores. Y en el camino se llegó al desencuentro. 

La fractura se hizo patente y la publiqué este día.

04 febrero 2017

Capítulo 99 Juntando las piezas


(Tiempo aproximado de lectura: 71 minutos) 


Mullido. Es la palabra que se le viene a la cabeza para definir las sensaciones que tiene en ese momento. Refugiada en el costado de Tomás apoya la mejilla en su pecho. Está recostada, descansa el brazo en su estómago y ha subido el muslo sobre el de él. De ese modo consigue un precario equilibrio que le evita caer de vuelta a la cama.

Tomás es más grueso de lo que aparenta vestido pero es mullido, blando, de tacto suave y agradable. Tiene una capa de vello corto, seguramente se lo arregla con regularidad. Sus axilas aparecen cuidadas, exentas de antiestéticas melenas. Huele bien, no identifica la colonia que usa pero más allá percibe el aroma masculino, olor a hombre, limpio, excitante. 

Le sorprendió desde el primer instante. Los besos en el hall parecían no pedir nada más, solo caricias suaves, sensuales. Caricias expertas que buscaban agradar, excitar la piel sin buscar lo obvio, lo que la mayoría de los hombres pretenden en segundos. No, Tomás no tenía prisa, parecía estar más preocupado por dar placer, por conocer su silueta. No, definitivamente no tenía prisa por salir de aquel pequeño hall.

22 octubre 2014

Capítulo 85 Mea culpa

(Tiempo aproximado de lectura: 49 minutos)



(Viernes mediodía)




“Jean-Marc tuvo un sueño: siente miedo por Chantal, la busca, corre por las calles y, por fin, la ve, de espaldas, mientras camina y se aleja. Corre tras ella y grita su nombre. Está ya a pocos pasos cuando ella vuelve la cabeza, y Jean-Marc, estupefacto, tiene ante sí otra cara, una cara ajena y desagradable. No obstante, no es otra persona, es Chantal, su Chantal, no le cabe la menor duda, pero su Chantal con la cara de una desconocida, y eso es atroz, insoportablemente atroz. La abraza, la estrecha entre sus brazos y le repite entre sollozos: ¡Chantal, mi pequeña Chantal, mi pequeña Chantal!, como si quisiera, al repetir esas palabras, insuflar su antiguo aspecto perdido, su identidad perdida, a aquella cara transformada.”


Milan Kundera, La identidad




Carmen conduce en silencio por la carretera de la Coruña haciendo de una manera automática la ruta hacia su casa, esa ruta que ha hecho tantas veces y hoy recorre sin ilusión, porque no va hacia su hogar. Desea llegar antes que Mario, prefiere recoger sus cosas en soledad y evitar un encuentro incómodo en el que podrían volver a saltar los desencuentros. No tiene fuerzas para discutir, está muy cansada, tan solo desea recoger algo de ropa, unos cuantos objetos personales y algunos recuerdos, estar el mínimo tiempo posible en un entorno que le duele y volver a casa de Irene.

Al enfilar la avenida que conduce al edificio en el que ha vivido tantos años se le encoge el corazón, tan solo una semana antes ese recorrido la hubiera llevado a su refugio, al confort de su hogar. Ahora la guía a un espacio ajeno en el que está de paso, en el que sabe que se va a sentir como si fuera una extraña.

13 diciembre 2013

Cap 63 Enroque corto

(Tiempo aproximado de lectura: 63 minutos)


-        “Todo empezó como una broma”

Carmen no ahorró detalle en su relato aunque evitó entrar en descripciones escabrosas. Comenzó a describir la trastada, - así la definió -, que me inventé camino de Sevilla y cómo le fuimos dando forma kilómetro a kilómetro hasta construir unos personajes que nos iban a servir para llenar de morbo y aventura el tiempo libre que nos quedaría durante aquel congreso. Se trataba de un juego inocente en el que nos comportaríamos como si fuéramos  amantes ante otra persona, nada más. Pero ella descubrió algo nuevo; la insoportable excitación, nunca imaginada hasta entonces, que le supuso presentarse ante un desconocido como si no fuese ella, usando una personalidad diferente, protegida tras un anonimato que le permitía ser, decir y hacer cosas que jamás se hubiera atrevido bajo la piel de Carmen. Descubrió que esa libertad para transgredir le gustaba más, mucho más de lo que había llegado a apreciar en un primer momento.

Representar nuestros papeles ante Carlos nos excitaba, jugábamos a ver quién era el más atrevido de los dos, el que llevaba su personaje más lejos. Carmen me describió como un jugador siempre dispuesto a echar un pulso más osado, arriesgando, siempre subiendo las apuestas, y a ella misma como la perfecta compañera de juego, lanzada, dispuesta a asumir el riesgo, lista para responder “lo veo” a todas las propuestas por fuertes que fueran,  disfrutando con el morbo hasta el punto de ser ella la que, dejándose llevar del impulso por lanzarme un órdago ganador, se inventó la historia de la orgía sin calcular que en aquella partida se estaba jugando con los sentimientos de una tercera persona.

Doménico escuchaba atentamente sin interrumpirla. A veces Carmen se demoraba en una pausa eligiendo las palabras adecuadas o poniendo orden en sus recuerdos, como cuando tuvo que explicar las contradicciones que experimentó cuando tras haberse declarado libertina se quedó sin argumentos para frenar los avances de Carlos.

Acompañó otro largo silencio mientras mi mujer se perdió rememorando la huida de Sevilla antes de poder expresarla en palabras, una huida que la hizo sentirse cobarde, ruin.

A pesar de todo, a medida que el relato avanzaba Doménico veía perfilarse una pareja enamorada. Meses después me contaría que lejos de encontrar una historia sórdida o vulgar en la que el argumento principal era el sexo y la lujuria, lo que Carmen le describió aquella tarde fue una historia de amor, compleja y poco ortodoxa, pero muy profunda.

26 diciembre 2011

Capítulo 52 Mudando la piel

(Tiempo aproximado de lectura: 22 minutos)


Café con leche; la leche bien echada, con arte, haciendo círculos lentamente para provocar una abundante espuma blanca.  Agradecí con un gesto  al camarero su buen hacer y eché medio sobrecito de azúcar.  Mientras daba vueltas al café no pude evitar volver la vista a la mesa que quedaba detrás a mi izquierda y cuya ocupante había llamado mi atención al entrar.

Pelo castaño claro recogido en un moño alto, delgada hasta marcar los pómulos y dibujar suavemente las mandíbulas en su rostro. Cuello esbelto en el que se insinúan las vértebras que se pierden bajo el negro suéter de escote ovalado que deja ver sus clavículas. Espalda recta a pesar de que apoya sus codos en la mesa mientras lee un libro

Cuando entré, de alguna manera debió notar mi mirada pues sus ojos abandonaron la lectura para cruzarse brevemente con los míos. Ojos de un verde intenso que ahora, al volver la vista atrás mientras removía mi café, respondieron a mi insistencia con un aire de altiva interrogación.

Juro por esos dioses en los que no creo que jamás me comporto así. Quizás fue la necesidad de resarcir al varón malherido que acababa de poner en tela de juicio en la sauna de la que apenas salí cinco minutos antes, lo cierto es que mis pasos me dirigieron con una seguridad que no era mía hacia la mesa de aquella hermosa mujer, con la taza en la mano, mientras ella no dejaba de desafiarme con el magnetismo de sus ojos.

17 junio 2011

Capítulo 51 La ruptura

(Tiempo aproximado de lectura: 16 minutos)


Abrió los ojos desorientada. Una rítmica serie de pulsaciones en progresiva intensidad habían culminado en una fuerte contracción de su coño que la expulsó del profundo sueño en que se había sumido tras acabar con el sándwich y el café que se preparó al llegar a casa.

Aún trataba de despertarse del todo cuando unas leves réplicas empezaron a cobrar fuerza,  la espalda se fue arqueando al ritmo que marcaba la intensa palpitación de su sexo. Las manos, conscientes del huracán a punto de llegar, ocultaron crispadas su rostro intentando dominar el arrebato  que amenazaba con hacerla estallar, sus muslos se apretaron cruzándose unas veces, estirándose otras sellando la grieta por la que habría de surgir el Apocalipsis, la agonía y la resurrección de la petite morte que no sabía cómo controlar.

Se dejó arrastrar sin oponer resistencia, como una muñeca de trapo zarandeada por invisibles hilos, acompañada por las mismas escenas que habían llenado su sueño. Hermosas y turgentes pollas atrapadas por sus ávidas manos deseosas de conocerlas por primera vez… sus dedos acariciando torsos sin rostro vagando inevitablemente hacia unos firmes glúteos en tensión… unas fuertes manos aferrándose a sus pechos… otras ansiosas la despojan sin delicadeza de la ropa… rostros pugnando por abrir un resquicio entre sus muslos, olfateando como lebreles, lamiendo, gruñendo, empujando con la testuz hasta conseguirlo…

Y la imagen suprema, la que provocó el brutal espasmo y ahora la está llevando al clímax: Desnuda sobre un gran lecho con los brazos en cruz y las piernas muy abiertas, las rodillas flexionadas al máximo hasta chocar contra su cuerpo y los talones tocando sus nalgas ofreciendo obscenamente su coño, el ano a seis, siete, quizás diez o más hombres que se disponen a poseerla.

05 noviembre 2010

Capítulo 49 El italiano

(Tiempo aproximado de lectura: 23 minutos)


Lluvia y frío, Febrero agonizaba y el invierno se resistía a morir. 

Durante un instante me detuve en el portal observando cómo la gente apretaba el paso intentando huir de las finas gotas que se clavaban como agujas en el rostro. Al fin me decidí a salir a la calle y caminé hacia el café donde acostumbro desayunar.

Agradecí el cálido ambiente, la suave música y el murmullo de los escasos clientes. Si algo me gusta de este lugar es la ausencia del sempiterno televisor vomitando basura aunque nadie le haga caso, solo por eso merece la pena tomar su más que mediocre café.

Respondí con un gesto al saludo de Julián, el dueño del local, y me dirigí a la misma mesa que aun hoy suelo ocupar cerca del ventanal en una esquina, protegiendo mi espalda contra la pared forrada de madera, arropado por un perchero a mi derecha que me da una sensación de confort inexplicable.

Miré a mi alrededor. Apenas tres mesas ocupadas y cinco o seis personas compartiendo en silencio la vieja barra de madera desgastada, memoria de tiempos mejores.

Julián me sacó de mi ensimismamiento con una rutinaria alusión al mal tiempo mientras dejaba sobre la mesa el café y “El País”. Repasé los titulares del día de un vistazo  mientras abría el sobrecito de azúcar.

Me eternicé dando vueltas a la cucharilla mientras mi mente viajaba en el tiempo. Formaba parte ya de mis hábitos, era inevitable para mi caer día tras día en la minuciosa revisión de las escenas en las que Carmen y yo dábamos un vuelco trascendental a nuestra vida. Había imágenes que me asaltaban con una fuerza arrolladora sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Al principio trataba de contenerlas, intentaba volver a mi trabajo y apartarlas de mi cabeza, pero era imposible, cada vez me dominaban mas y acabé renunciando a luchar contra ellas. 

17 agosto 2009

Capítulo 47 La entrega

(Tiempo aproximado de lectura: 63 minutos)


VIERNES


El sueño la venció cerca de las tres de la madrugada. Pasó la noche en un duermevela, inquieta, se levantó varias veces a beber y cuando sonó el despertador la encontró despierta.

Se duchó rápidamente y se entretuvo más de la cuenta  eligiendo la ropa adecuada, si iba a ir en moto mejor sería usar pantalones. Escogió un vaquero negro ajustado que le iría bien para llevar por dentro de unas botas altas. Una camisa roja y una cazadora de piel completaron el conjunto al que añadió un pañuelo al cuello. Cambió de bolso por uno más manejable y guardó además varios salvaslips y unas braguitas. Se estaba preparando para acostarse con su amante y lo hacía con una tranquilidad pasmosa, como si estuviera acostumbrada a realizar estos preparativos habitualmente.

Quizás se volviera habitual con el tiempo, - pensó -, quizás en el transcurso de los próximos meses estos preparativos se convirtieran en rutina. En ese momento supo que estaba comenzando una nueva etapa en su relación con Carlos, aquella cita en pareja marcaba el inicio de una relación estable en la que ellos dos y solo ellos tenían cabida, no se imaginó cómo forzar las cosas para que en el futuro volviéramos a ser tres.

…..