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29 noviembre 2024

Capítulo 193 Todo el mundo tiene algo que ocultar


Tiempo estimado de lectura: sesenta y cuatro minutos.


Mi agradecimiento a mi amigo Torco, responsable siempre de la voz y los modales de Guido.


La violencia

No era oficial, pero a una semana de la propuesta ya disponía de despacho en la planta sexta del edificio donde se ubicaba Tándem export. 

Tomás estaba yendo muy deprisa. 

Llegué a las cinco y media, treinta minutos antes de la hora fijada; le había pedido margen para ordenar las conclusiones de la reunión con las chicas y una sala donde hacerlo. Al entrar, la misma secretaria que me atendió en la primera ocasión me recibió muy amable.

—Señora Rojas, bienvenida a Tándem export, soy Carolina Merino, voy a estar a cargo de su integración en la compañía. Acompáñeme, le mostraré su despacho. 

La seguí tratando de asimilar lo que acababa de ocurrir. Carolina Merino era una fuente inagotable de información, no dejaba fisura para preguntas. Así llegamos a mi despacho, ¿eso he dicho? 

Mi supuesto despacho. 

16 mayo 2021

Capitulo 146  Nunca digas nunca jamás 

(Tiempo aproximado de lectura: 21 minutos)


Con la inestimable colaboración de Torco para la adaptación de los diálogos argentinos



Después del oasis del fin de semana me vi abocada a volver a mi particular desierto. A diario procuraba buscar cualquier motivo para extender la jornada o enganchaba a Julia y nos tomábamos algo a la salida hasta que se excusaba y me quedaba sola. Tomás estaba inmerso en la reconciliación con su hija mayor que yo misma había propiciado y no quería estorbarle. Había pasado una tarde por casa de Luca, pero el ambiente familiar con el niño no era lo que necesitaba. Con mi hermana tampoco podía contar porque notaba mi estado de ánimo y trataba de ayudarme hasta la asfixia. 

¿Y mis amigas de la facultad? Desde el otoño había abandonado todo trato con ellas, ¿cómo iba a recuperarlo ahora, en plena crisis personal?

14 septiembre 2009

Capítulo 48 Cómplices

(Tiempo aproximado de lectura: 49 minutos)


Su mirada


Si intento buscar en mi memoria qué es lo primero que recuerdo de Carmen no tengo ninguna duda. Su mirada. 

Aquel verano del noventa y uno en el que se me acercó para conseguir una plaza en mi curso su mirada me arrolló hasta el aturdimiento. Sus ojos negros son bellos pero sin esa pincelada de insolente seguridad, sin esa franqueza que le permite hablar con cualquiera clavando sus ojos en los de su interlocutor no serían ni la mitad de atractivos.

Carmen tiene mil formas de mirar y todas ellas reflejan su intensa vida interior. Sus ojos responden de una forma inmediata e instintiva a sus emociones y pensamientos, algo que otras personas utilizan conscientemente para coquetear y manipular en ella es natural, es así y esa naturalidad trasciende a los demás que intuyen la total ausencia de intención en gestos que, por otra parte, son profundamente sensuales.

Y sus cejas, perfectamente delineadas, dan el toque final para que su mirada adquiera el máximo de expresividad cuando se arquean para mostrar extrañeza o escepticismo o se curvan para mostrar tristeza, empatía, disculpa… o descienden sobre sus hermosos ojos para resaltar la profunda pasión que la domina. Es en esos momentos cuando su mirada me derrumba, me deja sin fuerzas, sin argumentos, sin réplica posible, es entonces cuando me derrota y sé que soy suyo, que haré cualquier cosa que me pida.

10 septiembre 2008

31

Capítulo 31

(Tiempo aproximado de lectura: 34 minutos)


El lunes amaneció nublado y desapacible; tras apagar el despertador me volví hacia Carmen y la besé en el cuello, ella aún amodorrada se volvió buscando mi boca

- “Buenos días cielo” – se desperezó en la cama estirándose como una gata, yo recorrí con mi mano su torso en tensión donde sus pechos parecían desaparecer.

- “Buenos días amor”

Mientras nos besábamos, los recuerdos de la pasada noche se agolparon en mi mente y la incipiente erección creció incontrolable, Carmen notó mi polla clavándose en su muslo.

- “¡Cómo nos hemos despertado!” – dijo bajando una mano y apretándola con fuerza– “pero tendrá que esperar a esta noche o llegaremos tarde”

- “¿Qué me hiciste anoche?” – Carmen se detuvo y me miró con ternura.

- “¿Amarte?”

- “Me follaste” – repliqué, ella entornó los ojos y sonrió.

- “No es la primera vez”

- “Sabes a lo que me refiero”

- “¿Tanto te gustó?”

- “Fue… no sabría describirlo, fue… nuevo, distinto, nunca me había sentido así”

- “Al final va a resultar que eres un poquito maricón”

- “¿Por qué? ¿por el hecho de que me hayas dado por culo con tus dedos? Eres una mujer, no un tío” – protesté intentando asimilar el placer que me había causado que me llamase ‘maricón’.

- “No cielo, lo de menos fue que te follara el culo, pero te tenías que haber visto, fue tu actitud la que me llamó la atención”

- “¿A qué te refieres?” –  sabía lo que quería decir pero necesitaba escuchárselo.

- “Es la primera vez que te he visto dejarte llevar, abandonarte a mis manos y no hacer nada” 

- “¿Y eso me convierte en maricón?” – Carmen negó con la cabeza.

- “No cariño, eso te va a permitir vivir el sexo desde otra perspectiva”