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04 septiembre 2025

 Capitulo 203 Sacrificio

 Tiempo estimado de lectura: cincuenta y tres minutos.

 

«El padre de Armand entonces se sentó, me tomó la mano y me dijo: 'Marguerite, soy el padre de Armand. Él te ama y tú lo amas. Pero este amor no puede durar. Tengo una hija que debe casarse, y el buen nombre de nuestra familia no puede estar manchado por este escándalo. Sé que eres una mujer de buen corazón y que te sacrificarás por el bien de mi hijo. Si lo amas, lo dejarás. Es el único camino para su salvación y la nuestra.'»

 

La dama de las Camelias. Alejandro Dumas hijo

 

12 octubre 2023

Capítulo 179 ¿Dónde está Carmen?


 Tiempo aproximado de lectura: treinta y un minutos.

«En tiempo de desolación nunca hacer mudanza, mas estar firme y constante en los propósitos y determinación en que estaba el día antecedente a la tal desolación.»

 

Ignacio de Loyola 

 

Lunes, diez de Septiembre

Las despedidas no son su fuerte, siempre me toca arrimar el hombro para endulzar el mal trago, siempre consigo sacarle una sonrisa y hacerle pensar en la vuelta. Esta vez estuvimos a punto de separarnos enfadados por una simpleza. Yo llevaba unos días que no era yo, me lo había dicho varias veces, y aunque trataba de evitarlo terminaba por caer en silencios y en ese —¿cómo lo llamó?— decaimiento que me hacía parecer un alma en pena, otra frase suya.

Si sólo fuera por haber cortado con Tomás podría haberlo superado. Había otros motivos que ocupaban mi cabeza: el rumbo que estaba tomando mi posición en el gabinete; los sucesos del fin de semana en el chalet de mis padres; el encontronazo con nuestra vecina.  

Y Mahmud, ¿por qué aparecía cuando ya ni lo recordaba? Todo esto me estaba minando y no le encontraba sentido compartirlo con Mario, solo serviría para aumentar el desasosiego. 

—Todavía estás a tiempo. —dijo tomándome por los hombros.

—¿De qué estás hablando?

—Cancela el viaje, no te veo en condiciones.

10 marzo 2020

Capítulo 129 Mi vida con Luca

(Tiempo aproximado de lectura: 69 minutos)


«Así que vas en serio?» 

«A estas alturas deberías saberlo, siempre que me meto en algo voy en serio.»

«Eso ya lo sé, pensaba que con lo que ya has pasado y alguna otra experiencia más te bastaría para evaluar tu experimento.»

«Estás deseando que lo deje. Pareces el típico padre angustiado por las primeras salidas nocturnas de su hija; lo tolera, hace como que está de acuerdo pero si pudiera la mantendría en casita a buen recaudo.»

«¿Así es como me ves, cómo un padre temeroso?»

Fue lo último que nos dijimos, si le hubiera respondido nos habríamos hecho un daño innecesario; menos mal que no suelo dejarme llevar por el primer impulso. Pero se dio cuenta, es inevitable, nos conocemos demasiado bien. Hoy apenas hemos hablado durante el desayuno, qué pena. 

Me desconciertan estos cambios de humor. Si lo que sucedió el viernes hubiese sido más… convencional, suponiendo que cobrar por tener sexo se pueda definir de ese modo, anoche habría reaccionado de otra manera. Sigue afectado por lo que me hizo Javier y no lo culpo. Tenemos que volver a hablarlo.

—Vaya, me has leído el pensamiento, iba a llamarte en cuanto llegase.

—Estupendo porque tengo una noticia que darte.

—Ah, hola Tomás, buenos días; creí que eras mi marido.

—Buenos días, ya lo supuse. Tengo algo que te va a alegrar el día; te invito a desayunar.

12 junio 2019


Capítulo 122 Testimonio II

(Tiempo aproximado de lectura: 67 minutos)


When you're down and troubled

And you need some love and care

And nothing, nothing is going right

Close your eyes and think of me

And soon I will be there

To brighten up even your darkest night


You just call out my name

And you know wherever I am

I'll come running, to see you again

Winter, spring, summer or fall

All you have to do is call

And I'll be there

You've got a friend


Carole King




El encuentro


—¿Cuándo nos vemos?

Le miré sin saber qué decir; no parecía una pregunta y dejé que tomase la iniciativa.

—No sé, cuando te parezca.

—Un par de días antes te llamo.

Me cogió por la cintura con energía y me besó; Si algún vecino fisgaba al crápula por la mirilla, si abrían una puerta…  Me soltó con la misma firmeza con que se había apoderado de mí.

—Venga vete ya, se te está haciendo tarde. —Me acarició el culo, no se resistió a darme otro beso y me despidió con un azote.

Bajé en el ascensor con el corazón en la boca intentando asimilar el torrente de imágenes que se atropellaban en mi cabeza; al salir me encontré con Ismael, haciendo guardia en su trinchera.

—Adiós bonita. —dijo recorriéndome de arriba abajo.

—Adiós Ismael.

—Espera. —dijo cuando le estaba sobrepasando—. Ven.