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20 junio 2024

Capítulo 188 La tempestad


Tiempo estimado de lectura: ochenta y siete minutos.


¡Silencio! Si dices otra palabra, 

te reñiré, y aun te odiaré.

¡Cómo! ¿Abogada de impostor? ¡Calla!

Porque solo has visto a él y a Calibán 

te crees que no hay otros como él. ¡Necia! 

Al lado de otros hombres, él es un Calibán, 

y a su lado, ellos son ángeles.


La tempestad. William Shakespeare 



Caza mayor 


(La mañana posterior a los atentados…)

«—La doctora Rojas me informó en detalle y acordamos que, hasta que hablase con el doctor Álvarez Atienza, se abstuviera de aparecer por aquí. 

Hubo algunos murmullos y gestos de confusión. Estaba sorprendida por el revés dado a la historia, Andrés me había sacado del foco de las críticas, todo el interés se centró en poner los medios para localizar a Ángel. Lo que ocurrió después fue algo previsible, una retirada en toda regla de los inquisidores sin mediar disculpa, tampoco la quería. Una vez solventado el primer acto, le acompañé al despacho.

—No sé cómo darte las gracias.

—Procura no dar motivos para que tenga que volver a acudir en tu auxilio.

Le sonreí, hubiera querido abrazarle, pero ni era el lugar ni el momento oportuno.

—¿Llegaste bien anoche a tu casa?

—Ah, sí. Por cierto, espero que no tengas en cuenta…

—Olvídalo.

Hubo un silencio incómodo, podríamos habernos dicho tantas cosas, sin embargo, Andrés salió por la vía más fácil, o más cobarde.

—Será mejor que salgamos y nos enteremos si hay noticias.» (1)

12 septiembre 2018

Capítulo 112 Mujeres


(Tiempo aproximado de lectura: 75 minutos) 


Me disponía a hablarle sobre Graciela, la mujer que había compartido mi vida durante su ausencia; Carmen estaba en lo cierto, no le había contado cuánto había influido en mí.

¿Pero Elena? En ningún momento se me había pasado por la cabeza incorporarla a este proceso, no le encontraba ningún sentido.

—¿Elena? ¿por qué?

Mi perplejidad debía ser tan patente que Carmen se fue contagiando y al poco mostró la misma expresión de asombro. No entendía que yo la excluyese.

—Elena sí, Elena; la mujer que te follaste en el césped del hotel de Sevilla ¿te acuerdas? La amiga de Carlos, la carabina que trajo para entretenerte mientras trataba de llevarme a la cama; esa Elena.

—Ya, ya sé quien es, no necesitas recordármelo.

—Entonces no sé de qué te sorprendes; si vamos a hacer un recorrido por “tus” mujeres es justo que comiences por ella ¿no crees?

19 octubre 2016

Capítulo 98 Tiempo de cambios


(Tiempo aproximado de lectura: 33 minutos)

 

—Bueno, ha sido un placer

—¿Ya te vas?

—Es tarde, todavía tengo que organizarme.

Percibió un gesto de extrañeza.

—Como te dije, mis días en la montaña acabaron hoy. Se me ha ido el santo al cielo y aún no he previsto dónde pasar la noche.

—¿A estas horas? Yo, si quieres, tengo un apartamento que...

Carmen sonrió escéptica.

—¿Tu picadero?

—No te ofendas, creo que somos mayorcitos para entender de lo que estamos hablando. Tú necesitas una solución para esta noche y yo la tengo; te dejo las llaves y te arreglas, mañana te organizas y en paz. Eres psicóloga, creo que en el tiempo que hemos estado hablando habrás tenido ocasión de calibrar si en mitad de la noche voy a aparecer para violarte.

—No, no creo. Gracias de todas formas.

Tomás desistió. Carmen miró el reloj, se le había hecho muy tarde.

—¿Ya os vais?

Álvaro se había acercado al verlos levantarse.

—Carmen se marcha, parece que tiene que buscar alojamiento ya que ha rechazado mi oferta.

En un instante se estaba viendo envuelta en una conversación que no deseaba.

—Si, Álvaro, me marcho ya —concluyó con decisión.

—¿Qué es eso de que necesitas alojamiento? —preguntó extrañado.