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13 mayo 2014

Capítulo 72 Cosas que nunca debieron haberse dicho

(Tiempo aproximado de lectura: 54 minutos)


Quien esté acostumbrado a dormir en compañía me comprenderá. 

Abrí los ojos totalmente alerta, vigilante, sin rastro del sueño del que acaba de emerger. Nada me había alterado, nada me había sacado del cómodo estado en el que me encontraba, ningún ruido, ninguna molestia, tan solo una sensación de ausencia. La falta de su respiración, del calor tibio de su cuerpo, de la cercanía de sus movimientos al cambiar de postura… La cama sin ella producía un estruendoso silencio que me había arrancado del sueño. 

Las ocho de la mañana, me mostró el reloj de la mesita de noche. 

Tras orinar me lavé en el bidet; el espejo me devolvió un rostro cansado, las ojeras marcadas bajo mis ojos eran las huellas que quedaban de la batalla. Me refresqué la cara, me arreglé el pelo con los dedos y volví a la habitación, recogí las bragas que estaban tiradas en el suelo al lado de la cama, ¿qué hacían allí? Camino del cuarto de servicio recuperé las imágenes de unos cuerpos enredados, ansiosos por encontrarse, por descubrirse como si fuera la primera vez que se tocaban, dos personas haciendo el amor con infinita ternura, como si la pasión necesitase dejar paso al tacto, a las caricias. Y de pronto la repentina tensión, el desasosiego, la frustración, la pena.  

21 mayo 2009

Capítulo 44   Desilusiones

(Tiempo aproximado de lectura: 26 minutos)


La fría lluvia no consiguió despejarme y tan solo reavivó un intenso dolor de cabeza que me había acompañado desde la segunda copa. Cuando entré en la habitación del hotel eran ya las once de la noche ¿Cuánto tiempo había durado la paliza a la que me había sometido Roberto? 


Dejé el abrigo sobre la cama y me vi reflejado en el espejo del armario, una enorme mancha oscura se extendía hacia abajo abarcando medio muslo, sentí la pegajosa humedad que adhería la tela a mi piel y me despojé de toda la ropa dejándola esparcida por la habitación. Entré en la ducha y dejé que el chorro cayera sobre mi cabeza durante mucho tiempo, el agua templada me relajaba y parecía calmar el desprecio que sentía por mí mismo, luego me froté el muslo con la esponja compulsivamente, como si quisiese borrar hasta el último rastro de aquella indigna polución.


“Tu mujer es una puta… se comportó como una golfa… no esperaba nada decente de ella…” las palabras de Roberto se repetían machaconamente en mi cabeza, “…gana mucho en pelotas… vaya tetas que tiene…” 


No lograba arrojar de mi cabeza la voz de Roberto que se repetía machaconamente y sentí asco de mí cuando noté como mi polla comenzaba a crecer. A medida que el agua me rescataba de la ebriedad la vergüenza se fue apoderando de mi mente. Ya tenía lo que deseaba ¿no quería ser reconocido como cornudo? pues ahí estaba, Roberto lo había dicho muy claro “No, si al final me vas a dar las gracias por atender a tu mujer”.


Salí de la ducha, una violenta nausea me hizo correr hasta la taza y eché todo el alcohol que había consumido.

02 marzo 2009

Capítulo 39  El día después (1)

(Tiempo aproximado de lectura: 19 minutos)


El radio despertador sonó lejanamente y durante un tiempo que me pareció muy largo intenté ignorarlo; Soñé que lo apagaba, me metía en la ducha y después, como cada mañana, preparaba el desayuno mientras Carmen terminaba de arreglarse, pero el ritmo machacón de la emisora me devolvió a la realidad a los pocos minutos.


Y la realidad, la abrumadora realidad que hacia totalmente diferente aquel amanecer me despejó como si hubiera metido la cabeza en agua fría. 


Miré a mi derecha, Carmen dormía profundamente vuelta hacia mí; lancé el brazo hacia la mesita de noche y palpé con cuidado de no derramar el vaso de agua hasta encontrar a ciegas el interruptor del despertador. 


Estaba hermosa, con esa cara de niña que tiene mientras duerme nadie diría que acaba de vivir su mayor aventura, se había acostado con otro hombre, hoy amanecía una mujer adúltera.


El brusco silencio tras apagar el despertador hizo el efecto contrario al que yo pretendía y alertó a Carmen, intentó abrir los ojos que por dos veces consecutivas se negaron a obedecer, por fin me miró y me lanzó una de sus más hermosas sonrisas.


- “Tengo mucho sueño” – dijo mimosa, volviendo a cerrar los ojos y refugiándose en mi hombro.


Una inmensa emoción de amor  me hizo estrecharla con mi brazo, la sorpresa que me produjo sentir como dos lagrimas brotaban de mis ojos y rodaban por  mis sienes me desconcertó; ¿era emoción? ¿Era tristeza? ¿Acaso era arrepentimiento?


Volví mi rostro hacia ella y besé su pelo. Mi niña preciosa acababa de follar con otro hombre, la había visto besarle con pasión, con auténtico deseo, había escuchado sus gemidos de placer, había vivido sus orgasmos tremendamente intensos mientras se abrazaba con fuerza al hombre que la penetraba con un vigor envidiable.


- “Vamos perezosa, se nos va a hacer tarde”

- “Me da igual” – remoloneaba juguetona, de pronto abrió los ojos, su expresión cambió y comprendí que acababa de aterrizar en la realidad.


Me miró buscando conocer mi estado de ánimo, le sonreí pero me di cuenta de que mi sonrisa transmitía toda la ambigüedad de mis sentimientos.


- “¿Cómo estás?”

- “Bien cariño, estoy bien ¿y tú, cómo estás?” – Carmen bajó la mirada y suspiró.

- “No estoy segura, aun no lo sé”

- “Supongo que te pasa como a mí, todo ha sido tan… intenso” 


Me moví para quedar de lado, frente a ella; mi brazo derecho recogía su cuello, como una almohada y mi mano izquierda se posó en su cintura que, estando de lado, marcaba con rotundidad la curva de su cadera. Mis dedos ascendieron lentamente por la ladera de aquella hermosa colina hasta alcanzar la cima, luego avancé por su muslo suave y prieto, Carmen se mantuvo en silencio y yo proseguí.


- “Lo hemos imaginado tantas veces que me resulta difícil no pensar que lo de ayer no haya sido una fantasía mas”

- “Eso me pasa a mi”

- “¿Estás contenta?” – Carmen dudó, me miró un par de veces a los ojos.

- “Sí, creo que sí, pero estoy preocupada”

04 julio 2008

Capítulo 24  El reto

(Tiempo aproximado de lectura: 11 minutos)


La semana transcurrió con una falsa normalidad en la que ambos nos desenvolvíamos intentando ver quien aguantaba más, quien se rendía antes; No me creía su versión sobre su plan con Ángela pero me molestaba que una tercera persona estuviera involucrada de alguna manera en nuestra prueba. Carmen por su parte aparentaba que mi silencio no le afectaba; estaba convencido de que ella esperaba otra reacción por mi parte y yo no estaba dispuesto a dársela. Tras la primera sorpresa cuando desveló aquella supuesta trama no había dudado en ningún momento de que se trataba de una treta para poner en evidencia mis inseguridades.

Día a día me fue poniendo al corriente sobre los planes del nuevo departamento que iba a dirigir, sus comentarios iban impregnados de una cierta ambigüedad calculada que yo interpretaba como una artimaña para hacerme pensar que Roberto estaba intentando algo, ante lo cual mantenía una actitud displicente que Carmen ignoraba, ninguno de los dos estábamos dispuestos a ceder y el juego, además de morboso, se había convertido en una especie de competición entre ambos. Yo, por mi parte, evité hacer la más mínima alusión a su falsa salida con Ángela.

No obstante, había algo que me inquietaba y excitaba simultáneamente, Carmen había pasado de mantener una actitud pasiva ante mis insistentes insinuaciones sobre el sexo compartido a adoptar un rol diferente, ahora era ella la que creaba situaciones en las que la ambigüedad generaba más tensión que cualquier declaración explícita que, sin duda, me habría llevado al terreno de la fantasía; La ambigüedad, el decir sin decirlo todo, la insinuación velada, el gesto descuidado… hacían más efecto, mucho más, que el erotismo explicito que habíamos usado hasta entonces en nuestras fantasías compartidas.

"Mañana por la noche se cumple el plazo" – Estábamos cenando cuando rompí el silencio con esta frase, me miró largamente sin responder nada. -"¿Algún plan en concreto?" – Sonrió al descubrir en mi insistencia la debilidad de mi aparente aplomo.

"Hablar, salir de la cancha, dejar de competir, volver a ser nosotros mismos y comparar" – dijo con una preciosa sonrisa en su boca, su expresión de sosegada calma me dio a entender que, al igual que yo, estaba deseando acabar con aquello.

"¿Comparar? Creo que no te sigo"

"Yo creo que me sigues perfectamente, supongo que cuando terminemos el… ¿partido? ¿o debería decir ‘combate’?"

"Dejémoslo en partido" – dije sonriendo.

"Bien, pues cuando dejemos el partido, podremos relajarnos un poquito, rebobinar la película de estas dos semanas y valorar lo que tenemos" – Tenía la impresión cada vez más firme de que Carmen estaba cansada de mantener este juego y me alegró porque yo sentía eso mismo: deseaba volver a nuestra vida, no me gustaban las incógnitas que se habían creado estos días. Echaba de menos la transparencia que siempre hay entre nosotros y aunque se tratase de un juego, me generaba una molesta desazón.

"Perfecto, ¿después del gimnasio?" – Carmen asintió con la cabeza. Continuamos cenando en silencio.