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12 mayo 2020

Capítulo 130 Dueña de mis actos

(Tiempo aproximado de lectura: 52 minutos)



I'm looking through you, where did you go 

I thought I knew you, what did I know

You don't look different, but you have changed 

I'm looking through you, you're not the same 


Lennon & McCartney 1965


El puente de San Isidro transcurrió de una manera muy diferente a lo que debía haber sido. No hicimos planes, ¿para qué si en el aire estaba la duda?. Doménico no apareció, sin embargo su presencia se notaba como si estuviera entre nosotros.

Entre nosotros, marcando límites, haciendo que fuera difícil establecer un diálogo.

Teníamos tres días por delante; podían convertirse en una cárcel si no empezaba a bajar la tensión aquella mañana soleada que invitaba a escapar de casa. Ella, ignorante de mi estado de ánimo, seguía la rutina de cualquier otro sábado; si no cambiaba de actitud pronto se daría cuenta. Subí al ático y me dispuse a limpiar las jardineras que rodean el perímetro de la terraza. Cuando bajé a ducharme Carmen estaba en la terraza al teléfono, ni me vio entrar en el salón; apuré unos segundos tratando de adivinar, por los escasos gestos que hacía, con quién hablaba pero era inútil y me fui al baño comido por la duda. Cuando salí la encontré en el salón, seguía hablando, me miró y dijo:

—Mira, aquí está, díselo tú.

Me ofreció el teléfono sin darme pista alguna. Tuvo que insistir para que lo cogiera. 

Juanjo joder, era Juanjo. Respiré aliviado, ¿a quién esperaba encontrar al otro lado?. Hacían planes para ir a comer al Pardo, apenas puse inconvenientes y quedamos en Moncloa para ir todos juntos.

—¿Qué te ha pasado? estabas pálido.

Me excusé como pude y no insistió, nos quedaba un hora escasa para arreglarnos. Dediqué diez minutos a recoger el baño y para cuando entré en la alcoba ya se había desnudado y elegía qué ponerse. Sobre la cama, vestida en azules pastel, una prenda desentonaba, unas bragas color naranja, unas bragas que no podían ser de Carmen. Carmen, que seguía ajena buscando en el armario. Las cogí, se veían usadas, descoloridas por la parte inferior, En ese momento sacó del armario un vaquero y me encontró palpándolas.

20 agosto 2014

Capítulo 81 Cristales rotos

(Tiempo aproximado de lectura: 36 minutos)



(jueves)


- ¡Chica estás que lo tiras!

Carmen dejó el bolso en el sillón de su despacho y se volvió al escuchar a Julia que acababa de entrar.

- Buenos días, ¿y eso, a qué viene?

- Mírate: si pretendías tener a todos los tíos del gabinete babeando lo vas a conseguir sin ninguna duda.

- ¡Serás boba!

Julia entró y cerró la puerta, Carmen se había desecho de la cazadora de piel vuelta y la miraba recelosa mientras su amiga la inspeccionaba detenidamente.

- Mini ajustadita, marcando culo… ¡eso, que se note que te has puesto tanga, sí señora! – Carmen se contorsionó para intentar ver el efecto indeseado – blusa ligerita… con escote de vértigo… no te  la conocía; regalo de Mario, seguro, a él estas cosas le ponen pero… ¡mira que traerla para trabajar! Y ese sujetador… podías haber elegido uno más clarito, digo yo, que combinase algo mejor con el estampado porque se te transparenta de una manera…

18 junio 2014

Capítulo 77 Descubierta 

(Tiempo aproximado de lectura: 13 minutos)


No eran aún las dos de la tarde cuando recogí mis cosas y salí del gabinete. Había sido una mañana bastante incómoda teniendo que lidiar con las preguntas sobre mi salud; inventar respuestas ambiguas no es sencillo sobre todo cuando presentas un aspecto poco saludable más propio de un alcohólico recién salido de una borrachera, con una voz que apenas se hace entender, ojeras de haber dormido poco y mal y una gran tirita ocultando una brecha en tu ceja. Menos mal que uno tiene una reputación intachable y cualquier excusa, por ser la primera en toda una vida, no se pone en cuestión.

Tantos años de matrimonio crean un sexto sentido. Nada más abrir la puerta de casa noté algo, ¿feromonas en el ambiente? Quizás, o puede que algo más simple, su perfume flotando todavía en el aire, el caso es que supe que ella estaba o había estado allí.

Y se me dispararon las pulsaciones.

Ella, mi mujer, la parte de mí amputada, ese trozo de aliento que me falta para que mi respiración sea completa. 

Apreté el paso, no quise llamarla, no quise encontrarme con el fracaso de no recibir respuesta. Abrí la cocina, entré en el salón, recorrí el pasillo abriendo cada puerta… no, no está.

¡Pero ha estado, si ha estado! En el aseo falta su rímel, ese que miro cada mañana porque me recuerda a ella. 

Abro los cajones… se ha llevado más cosas, maquillaje sombra de ojos. Veo huecos… ¡ sí, ha estado!  Y miro como si pudiera verla, como si ella fuera visible y aún estuviera aquí, como si pudiera ver el rastro de sus movimientos abriendo cajones, inclinándose para escoger qué llevarse, qué dejar, girando, saliendo, caminando por el pasillo hacia nuestra alcoba…. La sigo, sigo el halo de su cuerpo, voy yo también hacia allá.