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07 marzo 2024

Capítulo 184 Fuego


Tiempo aproximado de lectura: treinta y cinco minutos.


Espera un poco, un poquito más

Para llevarte mi felicidad

Espera un poco, un poquito más

Me moriría si te vas


(La nave del olvido, 1970)



¿Qué hacía todo el mundo en el hall?

No sé cómo fui capaz de mantener el aplomo y mostrar solo una expresión de sorpresa. Tampoco me dedicaron demasiada atención, estaban ocupados en difundir la noticia. ¿Había oído bien? Ángel estaba vivo. Fingí escuchar cuando en realidad trataba de contener el aluvión de emociones. ¿Cómo debía afrontar el reencuentro?, ¿cuál sería su reacción al verme? No conseguía librarme de un lastre de culpabilidad acentuado por algunos gestos de mis compañeros y del propio Ángel, el cual había hablado con Andrés y con diversos jefes de departamento, sin embargo no había hecho intención de ponerse en contacto conmigo; era una señal indiscutible de lo que pensaba sobre mi cambio de decisión. Pasé el fin de semana buscando motivos para estar activa y no pensar, Mario estaba al tanto y con buen criterio dejó que la montaña rusa emocional siguiera su curso. El domingo a última hora había alcanzado la fase de aceptación, estaba dispuesta a afrontar el encuentro.

22 septiembre 2008

Capítulo 32  Alienación

(Tiempo aproximado de lectura: 23 minutos)


Las lágrimas brotaban entre incontenibles sollozos que convulsionaban todo su cuerpo, apoyada en la piedra  del muro que da acceso a nuestra urbanización Carmen lloraba desconsoladamente.

El llanto cesó de improviso, en un instante toda la agitación que la sacudía dejó paso a una extraña calma que apagó el temblor que acompañaba sus sollozos anteriores, su respiración se fue normalizando, Carmen se irguió.

- “No puedo entrar así” – dijo en voz baja, respiró profundamente varias veces, de nuevo su fuerza de voluntad la recuperaba antes de hundirse del todo.


Buscó en su bolso un pañuelo con el que secar sus ojos y pudo comprobar que el rímel surcaba su cara, se limpió como pudo en la penumbra del jardín ayudada por un pequeño espejo que le devolvía la imagen de una mujer desolada que no era ella y a la que rechazó visceralmente; Después, cuando creyó haber paliado las huellas de su llanto, en lugar de entrar por el portal lo hizo por el portón del garaje; accionó el mando que llevaba en el bolso y se dirigió directamente a la plaza que ocupo yo con mi coche; comprobó aliviada que aun no había regresado, entonces aceleró el paso y tomó el ascensor esperando no encontrarse con nadie.


Al entrar en casa se terminó de producir la transformación, la serenidad que la había invadido eliminó todos los síntomas de la ansiedad anterior, era como si nada hubiera sucedido, su cuerpo reaccionó como si un interruptor hubiera desconectado todas las alarmas que la habían mantenido en estado de stress durante toda la jornada, Carmen se movía por casa como si regresara de un día normal, como cualquier otro; Se quitó la ropa tarareando una canción y la guardó cuidadosamente, entró en el baño, orinó y se lavó en el bidet,  cogió sus bragas del suelo y antes de echarlas al cesto de la ropa sucia las dobló, sus ojos se fijaron en la mancha dejada por la humedad que marcaba la parte interior, era la huella del abuso pero no la alteró. Se miró al espejo y se lavó la cara eliminando cualquier rastro del llanto. Su mente estaba en otra parte, decidiendo que hacer de cena, calculando cuantos días le quedaban para comprar los regalos de Navidad para las dos familias.

24 junio 2008

Capítulo 23  Las dudas

(Tiempo aproximado de lectura: 21 minutos)


¿Dónde estaba yo mientras se consumaba esta transición en mi esposa?

Yo estaba en otra onda, ofuscado por mis deseos; desconcertado por mis inesperadas reacciones ante la prueba a la que suponía que Carmen me sometía, era incapaz de ver con claridad lo que le sucedía a mi mujer.

Desde aquella noche, tras su primera reunión con Carlos, perdí mi capacidad para sintonizar con sus estados de ánimo y con sus emociones y todo lo filtré desde la perspectiva de una competición en la que veía a Carmen como la maquiavélica autora de una conspiración cuyo objetivo era demostrarme mi incapacidad para asumir una infidelidad consentida.

Aquel día en el que, por primera vez en nuestro matrimonio, Carmen se había sentido sola, sin mi ayuda, marcó un punto de inflexión en nuestra relación; mi ausencia en esos momentos críticos, mi insistencia en analizarlo todo desde el prisma del juego erótico hicieron que Carmen tuviera que afrontar en soledad decisiones que, si me hubiera tenido a su lado, habría resuelto de otra manera.

Mi comportamiento en esos primeros días le ofreció también la excusa perfecta para no afrontar ante mí su dilema; Temía ver en mis ojos el reproche por su claudicación y le serví en bandeja la oportunidad de moldear lo que le estaba sucediendo y vendérmelo como si fuera mitad fantasía, mitad juego. Sus comentarios del día a día y también sus omisiones eran interpretados por mí de acuerdo al sentido de la prueba que estaba en juego, lo cual le permitía no decir sin sentirse culpable y decir sin sentirse humillada.

Carmen durmió poco aquella noche tras nuestra fogosa descarga durante la que la había acribillado a preguntas sobre su reunión con Roberto y le había dado la pauta de lo que esperaba oír. Estaba nerviosa por todo lo sucedido; las expectativas profesionales que se le presentaban la tenían en una estado de intensa euforia; al mismo tiempo su preocupación se centraba en cómo controlar a Roberto; Seguía experimentando esa especie de insensibilidad que le permitía no sentirse mal por lo sucedido. Sabía perfectamente lo que significaba esa anhedonía que la invadía; básicamente, no sentir nada es preferible a sentirse mal. Había visto esa misma reacción en tantas mujeres maltratadas en tanta chica violada, en tantos niños abusados… Su situación no era comparable en magnitud pero la reacción que experimentaba era la misma.

De madrugada me desperté; por su respiración supe que no dormía, noté sus nalgas rozando las mías, siempre nos une un punto de contacto cuando estamos en la cama, pueden ser los pies, una mano que descansa en su vientre, una pierna sobre las mías…