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19 marzo 2023

Capítulo 176  Lo que ocurre en la playa… (6)

Tiempo aproximado de lectura: 45 minutos.


Yo no te pido que me firmes

diez papeles grises para amar.

Solo te pido que tú quieras

las palomas que suelo mirar.

De lo pasado, no lo voy a negar,

el futuro algún día llegará

Y del presente,

qué me importa la gente

si es que siempre van a hablar.

Pablo Milanés, 1978

Pablo Milanes y Silvio Rodríguez en Argentina (escuchar)


Veintinueve de Agosto, dos mil uno

—¿Quién era?

—Emilio. 

—¿No ha querido hablar conmigo?, qué raro.

—Estaba reunido.

—¿Qué quería?

—Pedirme un favor. Lleva hablando con los inversores varios días, le corre prisa cerrar un acuerdo con Esteve; le conociste en el simposium.

—Puede ser, no me suena.

—Está aquí, tiene casa en Sancti Petri. Ha pensado que, como le conozco, podría hacerme cargo, así evita desplazarse a Sevilla; se lo dijo y le pareció perfecto. En una hora como mucho lo resuelvo.

—Todo eso sin contar contigo.

—Mujer…

—Lo veo muy precipitado, Mario. ¿Precisamente hoy?

—Una hora. A ver si vas a ser la única que trabaje en vacaciones. 

—Eso es un golpe bajo. —protesté.

Se marchó, tampoco sería tanto tiempo; quién era yo para reprocharle nada. Hacía una mañana espléndida, me puse un short de algodón y una camiseta, recogí las tazas del desayuno y descolgué la ropa del tendedero. A la sombra de la fachada trasera incluso hacía fresco. Clasifiqué la ropa en montones y entré al cuarto de servicio a sacar la carga de la lavadora. Desde allí escuché el móvil.

21 febrero 2023

Capítulo 175  Lo que ocurre en la playa… (5)

Tiempo aproximado de lectura: 64 minutos.


Tormenta

—¿Estás segura?

—Sí, Mario, he recordado el sueño cuando me he ido tranquilizando, al menos una parte. Estoy en el pueblo en las cuadras de mi tío con el caballo que solía montar, un potro muy tranquilo. De repente ha cambiado y estaba pegada a otro, el grande, el negro zaíno y tenía miedo, pero no del caballo. Mi padre se movía como loco y gritaba: «Qué has hecho, te voy a matar». 

—¿Te voy a matar?

—Qué pude haber hecho para enfurecerlo tanto, él no es así. Yo quería hablarle, “Papá, papá», pero era incapaz de articular ni una palabra, de pronto se volvió y me dio un mandoble con el puño cerrado.

—Te voy a matar, ¿estás segura que dijo eso?

—Como si lo estuviera viviendo ahora mismo —dijo conteniendo las lágrimas.

—Qué más.

—Es todo muy confuso, recuerdo mucho miedo y angustia.

—Vamos a ver; se volvió hacia ti y te dio con la mano.

—Hizo un giro y me golpeó con el brazo.

—Es decir, no tenía intención de pegarte, estaba de espaldas.

—«Te voy a matar». ¿Cómo lo explicas?

29 enero 2023

Capítulo 174  Lo que ocurre en la playa… (4)

Tiempo aproximado de lectura: 38 minutos.


—¿Seducir a Mageli? 

No pude reprimir el desconcierto al enterarme de la conversación con Gerardo.

—Quién ha dicho que vaya a se-du-cir a Mageli —repitió, machacando cada sílaba—, no soy tan retorcida.

Me contó la estrategia planeada para observar la conducta de su acérrima enemiga; de ese modo, con una mirada objetiva, podría saber si la sospecha de su marido era cierta o tan solo un oscuro deseo. 

—Te desprecia —objeté—, lo vas a tener difícil para acercarte a ella.

—Ya veremos; en cualquier caso habré aclarado el motivo de su aversión

La apoyé, como siempre hago. Tomé la decisión de dejarle el campo libre, allí solo sería un estorbo; además, era una buena ocasión para explorar los alrededores. A las ocho de la tarde, después de una improvisada ruta turística y sin noticias de Carmen, imaginé que le estaba yendo bien. Aparqué donde pude. Cómo me alegré de haber llevado el auto pequeño. Pensé darme un capricho: reservé mesa para las diez en uno de los mejores restaurantes y seguí deambulando por Conil.


27 agosto 2021

Capitulo 151  Un ogro detrás de la puerta

(Tiempo aproximado de lectura: 33 minutos)


Guido se fue pronto, nos dimos un buen revolcón y a las cinco volvió al gimnasio. Me vino bien porque no quería tenerlo toda la tarde en casa y no sé cómo me las hubiera arreglado para hacerlo marchar. Ni siquiera lo acompañé, le escuché asearse, se vistió y me dio un beso de despedida convencido de que me había dejado agotada. Le oí cerrar la puerta y me quedé en la cama pensando en mis sentimientos, una mezcolanza de emociones desbordadas por el regreso de Mario en el que nos reencontramos tal y como éramos entonces, nos abrimos con total sinceridad y nos entregamos con el deseo fresco y renovado. Guido fue la culminación, el regalo de despedida de Mario. Sin embargo no podía obviar los silencios y las sombras que provocó una explicación vaga y retorcida. Elena, ¿qué pasó con Elena? Me dejó una sensación parecida al reflujo de las olas cuando llega la bajamar.

Me gusta acodarme en el muro a ver el cambio de la marea en las costas del norte. El mar se resiste a abandonar la playa conquistada y a veces lanza un ataque agonizante tratando de recuperar el terreno que sabe perdido. Así me sentía intentando mantener la euforia del fin de semana. Terreno perdido. Mario no estaba y yo trataba de apuntalar las emociones que cultivamos aún a costa de ocultar la amarga sensación de estar viviendo silencios ya vividos. Hablamos, escuché, quise creer para no estorbar la marea crecida. Pero ahora, en pleno declive, no pude negar lo evidente: algo no había ido bien, no conseguía dejar de pensar en el desencuentro que a duras penas logré evitar. Otra vez no, otro engaño no. Qué ocurrió con Elena, qué hablaron, lo que fuera que hubo no fue capaz de compartirlo conmigo. 

Y tenía relación con Carlos.

No iba a amargarme el resto del Domingo, preparé una bolsa de deporte y me fui a las piscinas del club, poco después estaba nadando. 

18 abril 2018

Capítulo 107 Sexo, mentiras y lo que pudo ser


(Tiempo aproximado de lectura: 98 minutos)



Jueves, 13:30


—Lo primero que debemos hacer al volver a Madrid son unos análisis. Tanto tú como yo hemos estado expuestos a un riesgo importante, sobre todo tú, pero no eludo mi responsabilidad. Pongo la mano en el fuego por Carlos y por Doménico, quizá por Tomás, no puedo estar nada segura del resto.

—¿Del resto? ¿Puedes ser más concreta?

Sus ojos me traspasaron.

—¿Necesitas ese dato ahora o es solo para joder?

Desvié la mirada, tenía razón, había sido una salida fuera de tono.

—Disculpa, no tiene sentido. El mayor riesgo lo he asumido yo, debería haber pensado en hacerme un control hace tiempo.

«Y tú» pensé, pero no era momento para abrir un nuevo frente.

—No solo me has puesto en riesgo a mí, piensa en Graciela o en Elvira ¿En qué estabas pensando?

En qué estaba pensando, dice. ¡En qué estábamos pensando! Ambos hemos ignorado las más mínimas normas de seguridad, esas que estamos hartos de repetir a diario. ¿Qué ha sucedido para que nos hayamos lanzado a actuar a ciegas de una forma casi suicida?

—Tema cerrado. Punto dos: La mentira es una apuesta que tiene sus costes, has dilapidado un capital que te va a costar recuperar, Mario, y eso solo se consigue con tiempo y con esfuerzo. Lo siento pero es así.

13 junio 2014

Capítulo 76 Carmentxu


(Tiempo aproximado de lectura: 52 minutos)


- ¿Si, dígame?

- Gonzalo, soy Carmen – un disparo de placer recorre su cuerpo y alcanza su nuca, entorna los ojos, ahora siente cada poro de su piel en contacto con la ropa.

- ¡Carmen, qué agradable sorpresa! Precisamente estaba pensando en ti.

- ¡Anda mentiroso! ¿Sigue en pie esa copa que me ofreciste esta tarde?

- ¡Por supuesto! ¿Dónde estás? Paso a recogerte.

- No hace falta, podemos quedar en algún sitio