Mostrando entradas con la etiqueta Ismael. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ismael. Mostrar todas las entradas

20 junio 2024

Capítulo 188 La tempestad


Tiempo estimado de lectura: ochenta y siete minutos.


¡Silencio! Si dices otra palabra, 

te reñiré, y aun te odiaré.

¡Cómo! ¿Abogada de impostor? ¡Calla!

Porque solo has visto a él y a Calibán 

te crees que no hay otros como él. ¡Necia! 

Al lado de otros hombres, él es un Calibán, 

y a su lado, ellos son ángeles.


La tempestad. William Shakespeare 



Caza mayor 


(La mañana posterior a los atentados…)

«—La doctora Rojas me informó en detalle y acordamos que, hasta que hablase con el doctor Álvarez Atienza, se abstuviera de aparecer por aquí. 

Hubo algunos murmullos y gestos de confusión. Estaba sorprendida por el revés dado a la historia, Andrés me había sacado del foco de las críticas, todo el interés se centró en poner los medios para localizar a Ángel. Lo que ocurrió después fue algo previsible, una retirada en toda regla de los inquisidores sin mediar disculpa, tampoco la quería. Una vez solventado el primer acto, le acompañé al despacho.

—No sé cómo darte las gracias.

—Procura no dar motivos para que tenga que volver a acudir en tu auxilio.

Le sonreí, hubiera querido abrazarle, pero ni era el lugar ni el momento oportuno.

—¿Llegaste bien anoche a tu casa?

—Ah, sí. Por cierto, espero que no tengas en cuenta…

—Olvídalo.

Hubo un silencio incómodo, podríamos habernos dicho tantas cosas, sin embargo, Andrés salió por la vía más fácil, o más cobarde.

—Será mejor que salgamos y nos enteremos si hay noticias.» (1)

27 septiembre 2021

Capitulo 153  Vendida


(Tiempo aproximado de lectura: 45 minutos)



—Hola, putita.

Me volví a todos lados.

—¡Estás loco! ¿cómo se te ocurre?

—Tranquila, putita, lo tengo todo controlado.

—No vuelvas a llamarme así y menos en el portal. —le amenacé.

—¿O qué? ¿se lo vas a decir al señor? Venga, sube, ya ha llegado, dile que te he llamado putita. Y cuando me mande llamar le contaré algunas cosas —le hice gestos de que se callara, pero me ignoró—: que me gustan los anillos que llevas en los pitones, o que el lunar que tienes en la teta se pone muy durito cuando te lo chupo; ¿quieres que siga?

Lo dejé con la palabra en la boca y fui hacia el ascensor.

—Espera, todavía no he terminado.

—¿Qué quieres?

—Hay un vecino que está muy interesado en ti.

—Qué dices.

—Don Jaime, el estirado del sexto, lo conoces pero como vas siempre con esos aires… Se fijó en ti desde que estuviste viviendo aquí. Me preguntó quién eras, le fui contando lo que sabía, que eres psicóloga, doctora en psicología nada menos, que no eras como las demás sino una amiga del señor Rivas y que eras su huésped porque necesitabas un lugar para aislarte y trabajar en un caso difícil. Vamos, lo que me dijo el señor. No ha parado de interesarse desde entonces aunque con el tiempo ha deducido que esa historia es una tapadera, lo mismo que piensan todos en el edificio. Y aquí viene el asunto: quiere que me encargue de conseguir tus servicios.

12 septiembre 2021

Capitulo 152 Malentendidos

(Tiempo aproximado de lectura: 25 minutos)


Tomás

Habíamos hablado largo y tendido, daba la sensación de sentirse solo porque cada vez me retenía más al teléfono o llamaba sin ningún motivo concreto. No, las cosas no debían de estar yendo tan bien como contaba. 

—¡Hola, qué sorpresa! —respondí con un poquito de guasa cuando apenas habían pasado quince minutos de su anterior llamada. 

—Eso es lo que quería, darte una sorpresa, pero no he podido resistirme: vuelvo a Madrid.

Me dio un vuelco el corazón.

—¿Cuándo?

—Estoy saliendo para Heathrow.

—Voy a recogerte.

—No seas loca, no te voy a poder dedicar mucho tiempo.

—Me da igual, dime tu vuelo.

Llegué a Barajas con la hora justa, menos mal que sufrió un pequeño retraso. Lo vi aparecer por la puerta entre el resto de pasajeros y tuve que contenerme para no echarme al cuello. Lo notó y se emocionó. Qué dos tontos. Aguantamos hasta que estuvimos a resguardo dentro de mi auto, entonces me volqué hacia él y lo besé sin medida.

27 agosto 2021

Capitulo 151  Un ogro detrás de la puerta

(Tiempo aproximado de lectura: 33 minutos)


Guido se fue pronto, nos dimos un buen revolcón y a las cinco volvió al gimnasio. Me vino bien porque no quería tenerlo toda la tarde en casa y no sé cómo me las hubiera arreglado para hacerlo marchar. Ni siquiera lo acompañé, le escuché asearse, se vistió y me dio un beso de despedida convencido de que me había dejado agotada. Le oí cerrar la puerta y me quedé en la cama pensando en mis sentimientos, una mezcolanza de emociones desbordadas por el regreso de Mario en el que nos reencontramos tal y como éramos entonces, nos abrimos con total sinceridad y nos entregamos con el deseo fresco y renovado. Guido fue la culminación, el regalo de despedida de Mario. Sin embargo no podía obviar los silencios y las sombras que provocó una explicación vaga y retorcida. Elena, ¿qué pasó con Elena? Me dejó una sensación parecida al reflujo de las olas cuando llega la bajamar.

Me gusta acodarme en el muro a ver el cambio de la marea en las costas del norte. El mar se resiste a abandonar la playa conquistada y a veces lanza un ataque agonizante tratando de recuperar el terreno que sabe perdido. Así me sentía intentando mantener la euforia del fin de semana. Terreno perdido. Mario no estaba y yo trataba de apuntalar las emociones que cultivamos aún a costa de ocultar la amarga sensación de estar viviendo silencios ya vividos. Hablamos, escuché, quise creer para no estorbar la marea crecida. Pero ahora, en pleno declive, no pude negar lo evidente: algo no había ido bien, no conseguía dejar de pensar en el desencuentro que a duras penas logré evitar. Otra vez no, otro engaño no. Qué ocurrió con Elena, qué hablaron, lo que fuera que hubo no fue capaz de compartirlo conmigo. 

Y tenía relación con Carlos.

No iba a amargarme el resto del Domingo, preparé una bolsa de deporte y me fui a las piscinas del club, poco después estaba nadando. 

12 junio 2021

Capitulo 148   Déjà vu

(Tiempo aproximado de lectura: 32 minutos)


Mi colega Torco, desde el café La Humedad, a cargo de los diálogos argentinos.



—Ahora voy, id pidiéndome una tónica. —les dije a las chicas que ya salían por el portal y me quedé rezagada.

—Ismael, ¿Se puede saber qué está pasando?

—No sé de qué me hablas.

—Las chicas están sorprendidas, dicen que últimamente ni te acercas a ellas, ¿qué coño haces?

—Bah, no pasa nada. De todas formas, ¿no es lo que querías, que me portara bien?

—No, joder, no; se van a dar cuenta de que hay algo; tienes que seguir actuando como siempre.

—¿Quieres que les siga metiendo mano?

—Quiero que seas el mismo, que no cambies, ¿me has entendido?

—Vale, doctora; la próxima vez les tocaré el culo, pero porque me lo has pedido tú.

—¡Vete a la mierda!

—Esa lengua, doctora. Espera, no tengas tanta prisa.

—¿Qué quieres?

—¿Cuándo vas a venir tú solita?, ya sabes que la viagra necesita un tiempo para hacer efecto.

No sabía si había habido rumores entre el vecindario por causa de la revista; por si acaso me estaba dando a entender que se había encargado de sofocarlos y ahora me exigía cumplir mi parte del trato. Mario me había anunciado que volvía por un asunto en magistratura y podría pasar el fin de semana en casa, la noticia me dio oxígeno pero ahora se me complicaban las cosas.

29 mayo 2021

Capítulo 147  Horríbilis

 (Tiempo aproximado de lectura: 54 minutos)


Tenía dos llamadas perdidas y seguía callada. No sabía cómo encauzar lo que fuéramos a hablar hasta llegar al motivo que me acercaba a Sara, un motivo que podía parecer interesado y que desdibujaría cualquier cosa que estuviera por llegar. Dios, ¿en eso estaba pensando?

Porque esa era la realidad, Sara me atraía desde el mismo día en que me sacó a bailar con Sade, con Tino Casal y llovieron hombres, aleluya. ¿Y qué, si me atraía? yo por entonces estaba ciega, aunque tal vez no fue entonces sino mucho antes y no me di cuenta hasta mi despertar. Y si ahora descubría el trasfondo de mi interés por ella, qué podía pensar. Todo pendía de un hilo, el hilo transmisor que debía construir para explicarme. Y aún no había dado con él.

12 junio 2019


Capítulo 122 Testimonio II

(Tiempo aproximado de lectura: 67 minutos)


When you're down and troubled

And you need some love and care

And nothing, nothing is going right

Close your eyes and think of me

And soon I will be there

To brighten up even your darkest night


You just call out my name

And you know wherever I am

I'll come running, to see you again

Winter, spring, summer or fall

All you have to do is call

And I'll be there

You've got a friend


Carole King




El encuentro


—¿Cuándo nos vemos?

Le miré sin saber qué decir; no parecía una pregunta y dejé que tomase la iniciativa.

—No sé, cuando te parezca.

—Un par de días antes te llamo.

Me cogió por la cintura con energía y me besó; Si algún vecino fisgaba al crápula por la mirilla, si abrían una puerta…  Me soltó con la misma firmeza con que se había apoderado de mí.

—Venga vete ya, se te está haciendo tarde. —Me acarició el culo, no se resistió a darme otro beso y me despidió con un azote.

Bajé en el ascensor con el corazón en la boca intentando asimilar el torrente de imágenes que se atropellaban en mi cabeza; al salir me encontré con Ismael, haciendo guardia en su trinchera.

—Adiós bonita. —dijo recorriéndome de arriba abajo.

—Adiós Ismael.

—Espera. —dijo cuando le estaba sobrepasando—. Ven.

19 octubre 2016

Capítulo 98 Tiempo de cambios


(Tiempo aproximado de lectura: 33 minutos)

 

—Bueno, ha sido un placer

—¿Ya te vas?

—Es tarde, todavía tengo que organizarme.

Percibió un gesto de extrañeza.

—Como te dije, mis días en la montaña acabaron hoy. Se me ha ido el santo al cielo y aún no he previsto dónde pasar la noche.

—¿A estas horas? Yo, si quieres, tengo un apartamento que...

Carmen sonrió escéptica.

—¿Tu picadero?

—No te ofendas, creo que somos mayorcitos para entender de lo que estamos hablando. Tú necesitas una solución para esta noche y yo la tengo; te dejo las llaves y te arreglas, mañana te organizas y en paz. Eres psicóloga, creo que en el tiempo que hemos estado hablando habrás tenido ocasión de calibrar si en mitad de la noche voy a aparecer para violarte.

—No, no creo. Gracias de todas formas.

Tomás desistió. Carmen miró el reloj, se le había hecho muy tarde.

—¿Ya os vais?

Álvaro se había acercado al verlos levantarse.

—Carmen se marcha, parece que tiene que buscar alojamiento ya que ha rechazado mi oferta.

En un instante se estaba viendo envuelta en una conversación que no deseaba.

—Si, Álvaro, me marcho ya —concluyó con decisión.

—¿Qué es eso de que necesitas alojamiento? —preguntó extrañado.