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01 noviembre 2024

Capítulo 192 La propuesta

Tiempo estimado de lectura: cincuenta y tres minutos.


Frau Bauer

Cuando reflexiono sobre lo que he hecho con mi vida en el último año y medio, pienso en mi abuela. Frau Bauer me habría escuchado, siempre lo hizo, habría dicho: keine schuld, evita la culpa. Mi abuela me inculcó que la culpa es una sentencia de cárcel auto impuesta y si no se reacciona a tiempo se convierte en cadena perpetua. 

21 febrero 2023

Capítulo 175  Lo que ocurre en la playa… (5)

Tiempo aproximado de lectura: 64 minutos.


Tormenta

—¿Estás segura?

—Sí, Mario, he recordado el sueño cuando me he ido tranquilizando, al menos una parte. Estoy en el pueblo en las cuadras de mi tío con el caballo que solía montar, un potro muy tranquilo. De repente ha cambiado y estaba pegada a otro, el grande, el negro zaíno y tenía miedo, pero no del caballo. Mi padre se movía como loco y gritaba: «Qué has hecho, te voy a matar». 

—¿Te voy a matar?

—Qué pude haber hecho para enfurecerlo tanto, él no es así. Yo quería hablarle, “Papá, papá», pero era incapaz de articular ni una palabra, de pronto se volvió y me dio un mandoble con el puño cerrado.

—Te voy a matar, ¿estás segura que dijo eso?

—Como si lo estuviera viviendo ahora mismo —dijo conteniendo las lágrimas.

—Qué más.

—Es todo muy confuso, recuerdo mucho miedo y angustia.

—Vamos a ver; se volvió hacia ti y te dio con la mano.

—Hizo un giro y me golpeó con el brazo.

—Es decir, no tenía intención de pegarte, estaba de espaldas.

—«Te voy a matar». ¿Cómo lo explicas?

26 julio 2022

Capítulo 167  De dualidades y dilemas

Tiempo aproximado de lectura: 45 minutos

Tenemos que hablar

—Tú dirás.

—Ven, siéntate.

—¿Tengo qué preocuparme?

—Quería haber hablado contigo antes, si no hubiera sido por el aborto.

—Supongo que es sobre lo que dije de Elena y todo lo demás. Verás…

—No, déjame a mi. He estado pensando mucho, sobre todo en algo que dijiste. Para ti soy un sueño, lo he sido desde que me conociste; has tratado de moldear ese sueño a imagen de un ideal que ha ido creciendo en tu cabeza y has actuado para que no se esfumara costase lo que costase. Ahí está el problema, el coste que acarrea mantener vivo un sueño. Esa obsesión ha provocado un desgaste enorme, tanto que no lo hemos visto hasta que ha sido demasiado tarde. Yo lo he entendido ahora, pero tú lo escondes, te niegas a verlo y solo lo muestras cuando los nervios te traicionan o cuando el alcohol te desata la lengua. 

—No, no es cierto.

—«Carmen y yo formamos una órbita heliocéntrica, si me acerco me quema, si me alejo la añoro», ¿lo recuerdas? Se lo dijiste a Emilio en mitad de una borrachera; admítelo, eras sincero. Y el otro día, en plena explosión de ira, por fin sale a la luz lo que piensas: has sacrificado tu deseo de ser padre con tal de tenerme a tu lado. Sí, Mario, reconócelo. Al mismo tiempo me consideras un obstáculo para el desarrollo de la relación con, las que consideras, tus mujeres. Ese es el dilema que te impide alejarte de mí y que te perjudica si estoy demasiado cerca. Parece ser que has construido un proyecto de vida conmigo sobre una base poco sólida y ahora, cuando lo hemos sometido a una tensión extrema, se tambalea. No podemos continuar así, yo no puedo. 

25 julio 2021

Capitulo 150  Otra vuelta de tuerca (parte 2)

(Tiempo aproximado de lectura: 53 minutos)


El descenso fue incómodo, mis vecinos se revistieron con la máscara del escándalo propio de la microsociedad en la que vivíamos, matrimonios situados entre los treinta y los cincuenta años, universitarios de renta alta, en general de ideas liberales, con una proporción equilibrada de conservadores y progresistas que nos posicionábamos sobre todo a la hora de tomar decisiones en las juntas de la comunidad. Ellos optaban por una postura ambigua y evitaban significarse. La relación que manteníamos era escasa, vivían en el ático a espaldas del nuestro separados por el patio, los ascensores y el área cubierta por la pérgola que nosotros convertimos en salón poco después de casarnos, ellos en cambio apenas lo usaban lo cual nos daba gran libertad de acción. Alguna vez habíamos sorprendido a José Luis mirando furtivamente cuando tomábamos el sol y se nos pasó por la cabeza instalar una mampara medianera, pero desechamos la idea porque eso nos quitaría parte de la estupenda vista de las montañas.

Estábamos a punto de llegar al garaje cuando Marife no pudo contenerse:

—¿Ese no era Quique, el instructor del gimnasio?

—Marife, por favor —Trató en vano de pararla su marido.

—El mismo, ¿lo conoces?

—Estuve apuntada un semestre el invierno pasado. —dijo y se quedó mirándome con sus ojos de avestruz.

—Es un fisioterapeuta magnífico, tiene una manos increíbles según dice Carmen, deberías probarlo.

—¿Yo? Oh, no, de ninguna manera. —saltó escandalizada.

—¿Sales de viaje? —atajó José Luís.

—Vuelvo a Sevilla, tengo un proyecto con la Junta de Andalucía.

—No sé si te lo debería decir, pero no es la primera vez que este tal Quique, viene a tu casa, incluso de noche.

02 marzo 2021

Capítulo 142 Babel

(Tiempo aproximado de lectura: 38 minutos)


No había vuelto a pensar en él, posiblemente porque mi vida estaba tan repleta de imprevistos que apenas me quedaba espacio para incorporar a nadie más, incluso a veces me daba la impresión de que estaba postergando a mi familia de nuevo. La llamada me sorprendió a punto de cruzar el portal después de almorzar.

—Gabriel, qué sorpresa, ya no te esperaba.

—Te debo una disculpa, quedé en llamarte y ya ves, he dejado pasar quince días, no por falta de interés, te lo puedo asegurar.

—No tienes que explicarme nada, ¿cómo estás?

—Muy bien, acabo de volver de París.

—Qué envidia me das, es mi ciudad favorita.

—Entonces coincidimos, podría vivir allí sin pensármelo dos veces.

12 mayo 2020

Capítulo 131 Sexo, mentiras y coñas marineras

(Tiempo aproximado de lectura: 45 minutos)


Miércoles, diecisiete de Mayo de dos mil


Todo fue por culpa de aquella maldita llamada. Me cambió el humor y alteró la perspectiva con la que enfoqué el resto del día. Estoy convencida de que las cosas hubiesen discurrido de otra manera de no haber sido por aquella maldita llamada. Por muchas vueltas que le di no le encontré ningún sentido. ¿A qué venía después de tanto tiempo?. Esa llamada me afectó más de lo que en un principio creí y varió el curso de los acontecimientos.

—Te ha llamado el doctor Huete, dos veces.

Ni buenos días. Paloma me recibió dándome el aviso; de pie a su lado la secretaría de Andrés y Josefina, de contabilidad, se mantenían con un café en la mano como si fueran espectadoras de un acontecimiento.

Roberto, la última persona a la que esperaba.

—¿Ha vuelto? —Qué tontería, me arrepentí nada más preguntarlo porque denotaba un interés que en absoluto sentía.

—¡Qué va!, lleva dos semanas en Nueva York y el domingo vuelve a Colorado.

Parece que habían estado de charla mientras esperaban mi llegada, seguro que le habían puesto al corriente de mi accidentada trayectoria. No hice ningún otro comentario y seguí hacia el despacho.

—¿Si vuelve a llamar te lo paso? —Me volví y la fulminé.

—A ver, piensa.

Ya dentro cerré la puerta y traté de rebajar la ansiedad, ¿qué podía querer Roberto a estas alturas?, lo aparté y me dediqué a inspirar y espirar con calma mientras miraba por la ventana. Poco después el teléfono desbarató ese amago de relajación.

—Te paso al doctor Köhler.

Atendí a mi colega de Berna con el que manteníamos un proyecto de colaboración muy estrecho. Nada más colgar tuve otra entrada de Paloma.

—Te ha vuelto a llamar el doctor Huete, dice que es muy urgente.

—Pásamelo en cuanto llame.

Debía de serlo para estar llamando a las…, hice un cálculo rápido, allí debían de ser las tres y media de la madrugada. ¿Qué estaba ocurriendo? No tuve tiempo de seguir con mis  especulaciones. 

—Te paso a Huete.

Me acodé en la mesa. Respiré, respiré.

—¿Qué quieres?

—Yo también me alegro de oírte. ¿Cuánto hace: cinco, seis meses?

—Dime, qué quieres.

23 mayo 2019


Capítulo 121 Testimonio 

(Tiempo aproximado de lectura: 82 minutos)


Prólogo


Hace dos semanas el capítulo estaba terminado. Fue cuando lo leí, despacio, un par de veces, y sentí que una parte de nosotros no estaba presente en la historia.  Entonces me propuse enfocarlo desde otra perspectiva y para ello no vi más opción que echarlo abajo y comenzar de nuevo, como habíamos hecho con tantas facetas de nuestra vida.

He cambiado la mirada y la voz de quien lo narra. Además he añadido vivencias y puntos de vista que echaba en falta. Puede que sin pretenderlo haya sustituido una subjetividad por otra.

En definitiva: He dado testimonio.

30 junio 2014

Capítulo 78 Despertar en otra cama

(Tiempo aproximado de lectura: 52 minutos)

«No siento nada.

No sé cómo he llegado casa, sé que he debido coger el coche del parking, conducir hasta aquí, aparcar y subir a casa. Ahora estoy tirado sobre la cama, son las… cuatro de la madrugada y no siento nada.

Debería llorar, me vendría bien. Gritar ya he gritado suficiente el otro día, tampoco me apetece.

Tendremos que vender la casa, no me veo viviendo solo aquí, es demasiado grande, además los recuerdos la harían inhabitable.

Luego está la casa de la Sierra. Mis hermanos no la quieren, ya me quedé con su parte y tampoco voy a volver por allí después de esto. La venderé también. No quiero nada que me recuerde a…

Si pudiera mover aquel contacto en Friburgo… Los trabajos que tengo publicados y mi experiencia profesional seguro que me abren puertas. 

Tengo amigos en Upsala, tampoco es mal destino para volver al tipo de investigación que siempre me ha gustado; un lugar donde perderme sin los agobios de quienes buscan éxitos a corto plazo.

No puedo dormir, como siga aquí tumbado voy a acabar por ponerme nervioso y eso es lo último que necesito.» 

31 marzo 2014




Capítulo 69  ¿En qué me estás convirtiendo?


(Tiempo aproximado de lectura: 39 minutos) 


El sonido de un roce en las sábanas tira de mí, me resisto, estoy en algún lugar del que no quiero regresar. 

No quiero despertar. Me sumerjo, me dejo llevar… me hundo en ese agradable sopor.

Otra vez ese roce… Suena de nuevo, como si fueran olas rompiendo en un acantilado. 

No, es más suave que eso, son como olas batiendo mansamente en una playa. 

¡Qué bien estoy! Sé que son pies… o piernas moviéndose bajo unas sábanas… pero prefiero pensar que son olas, y como mi cabeza puede hacer lo que quiera con los sonidos que escucho, con un solo deseo ahora percibo las olas contra la arena y… ahora recupero las percepción de las piernas de Carmen y las de Doménico arrastrándose por la cama, a mi lado, ¡qué divertido!  

Entreabro los ojos, un resquicio, lo justo para comprobar que mi intuición no me engaña. Carmen está a mi lado sentada, apoyada en sus manos. Me mira. Cree que sigo dormido y la verdad es que no estoy seguro de no estarlo aún. Necesitaré algún tiempo para salir de este estado en el que estoy tan, tan, tan bien. ¿Necesito despertar?

Doménico  emerge al otro lado, la mira y pone una mano sobre uno de sus pechos. Carmen reacciona a la caricia. Su cuello cede levemente, los párpados aletean, las comisuras de su boca inician el esbozo de una sonrisa… todo ello en un solo segundo; luego  se vuelve hacia él y se inclina para atender el beso que le pide. El italiano brinca con algo de brusquedad para ponerse boca arriba y ella le reprende.

08 marzo 2014

 Capítulo 68 Sodomización

(Tiempo aproximado de lectura: 35 minutos)


Abro los ojos. 

….


No sé qué hora es. Miro hacia la ventana, parece que comienza a clarear. A mi lado Carmen duerme. Me levanto procurando no despertarla. Estamos solos. Bajo a la cocina, tengo mucha sed. Allí me encuentro a Doménico mirando por la ventana  con un vaso en la mano. Tiene un buen culo, pienso y sonrío sin poder evitarlo. Hace unos meses habría expulsado ese pensamiento de mi cabeza de una patada. Al escucharme se vuelve, veo que bebe whisky. Me ofrece. Acepto.

17 marzo 2009

Capítulo 40  El día después (2)

(Tiempo aproximado de lectura: 49 minutos)


Cerró los ojos mientras intentaba que su respiración volviera a la normalidad, se sabía observada por Carlos que acostado a su lado no dejaba de mirarla en silencio. Le resultaba tan deliciosamente agradable esa mirada casi reverencial con la que recorría su cuerpo… era como una caricia, sus ojos aun mantenían la misma expresión de sorpresa de la primera vez y no podía por menos que sentirse profundamente halagada por esa mirada que siempre la descubría como un tesoro. 


Esa sensación era quizás lo que más intensidad le daba a aquella aventura: Entregarse por primera vez, mostrarse desnuda por primera vez,  ver el asombro en los ojos de un hombre por primera vez.  La relación con Carlos le había devuelto a un tiempo único, a un instante irrepetible en el que la joven aun virgen se presenta ante el varón, ignorante del poder que su cuerpo tiene sobre el hombre, sorprendida ante el fulminante efecto que su desnudez causa en él.


De su coño brotó un reguero de semen que descendió entre sus nalgas, no se movió, estaba tan relajada, tan absorta en esos pensamientos…



 Abrió los ojos y se encontró el rostro de Carlos sonriéndola; se sentía más descansada aunque le dolía ligeramente la cabeza a causa del intenso y seco calor del aire acondicionado; una uña rozó su ingle siguiendo la línea producida por su muslo flexionado y su piel se erizó instantáneamente. La luz que atravesaba el ventanal dibujaba en el techo figuras irreales y Carmen se quedó mirándolas, siguiendo su curso errático mientras disfrutaba de la suave caricia que vagaba por su vientre lanzando oleadas de placer hacia su sexo y sus pezones.


La claridad que bañaba la habitación le pareció entonces diferente, demasiado intensa, el murmullo del tráfico, amortiguado por el doble cristal, contrastaba con el absoluto silencio que reinaba en la habitación, entonces sintió algo indefinido que la inquietó, aquel ruido, aquella claridad le producían una sensación discordante, el tráfico que escuchaba parecía demasiado fluido para ser... De repente surgió la alarma, de un salto se incorporó en la cama y buscó un reloj: ¡las once y cuarto!


- “¿Cómo no me has despertado?” – le reprochó mientras se dirigía al baño, Carlos se sintió culpable.

- “Lo siento, estabas tan dormida que quise dejarte descansar”