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03 mayo 2021

Capitulo 145  La soledad

(Tiempo aproximado de lectura: 46 minutos)


A medida que la estancia de Mario en Sevilla se alargaba comencé a encontrar cada vez más insoportable la soledad. Mi nuevo estatus en el gabinete había creado un muro infranqueable, me recordaba a lo sucedido tras mi reincorporación cuando los rumores sobre Roberto me alejaron de mis compañeros. El lanzamiento de la nueva dirección que iba a liderar estaba pendiente de unas últimas decisiones que debían adoptarse en un próximo consejo, mientras tanto ya había traspasado mi actividad clínica a Itziar y me encontraba con una desagradable sensación de inestabilidad, sin una función específica y ocupando un despacho que ya no sentía como propio. Con Mario las cosas no iban mejor, la comunicación se había estancado, los buenos propósitos de retomar el dialogo pronto hicieron aguas. Elvira volvió a Madrid y en lugar de ser un motivo para acercarnos el efecto fue el contrario; las conversaciones se volvieron vacías, era yo la que solía llamarle, era yo quien buscaba motivos de charla y era él quien caía en monosílabos y frases huecas; terminé por distanciar las llamadas para ver si conseguía motivarlo. Los últimos desencuentros parecían haberse enquistado y decidí dejarlo pasar hasta que pudiéramos hablar con calma cuando estuviera de regreso.

17 junio 2011

Capítulo 51 La ruptura

(Tiempo aproximado de lectura: 16 minutos)


Abrió los ojos desorientada. Una rítmica serie de pulsaciones en progresiva intensidad habían culminado en una fuerte contracción de su coño que la expulsó del profundo sueño en que se había sumido tras acabar con el sándwich y el café que se preparó al llegar a casa.

Aún trataba de despertarse del todo cuando unas leves réplicas empezaron a cobrar fuerza,  la espalda se fue arqueando al ritmo que marcaba la intensa palpitación de su sexo. Las manos, conscientes del huracán a punto de llegar, ocultaron crispadas su rostro intentando dominar el arrebato  que amenazaba con hacerla estallar, sus muslos se apretaron cruzándose unas veces, estirándose otras sellando la grieta por la que habría de surgir el Apocalipsis, la agonía y la resurrección de la petite morte que no sabía cómo controlar.

Se dejó arrastrar sin oponer resistencia, como una muñeca de trapo zarandeada por invisibles hilos, acompañada por las mismas escenas que habían llenado su sueño. Hermosas y turgentes pollas atrapadas por sus ávidas manos deseosas de conocerlas por primera vez… sus dedos acariciando torsos sin rostro vagando inevitablemente hacia unos firmes glúteos en tensión… unas fuertes manos aferrándose a sus pechos… otras ansiosas la despojan sin delicadeza de la ropa… rostros pugnando por abrir un resquicio entre sus muslos, olfateando como lebreles, lamiendo, gruñendo, empujando con la testuz hasta conseguirlo…

Y la imagen suprema, la que provocó el brutal espasmo y ahora la está llevando al clímax: Desnuda sobre un gran lecho con los brazos en cruz y las piernas muy abiertas, las rodillas flexionadas al máximo hasta chocar contra su cuerpo y los talones tocando sus nalgas ofreciendo obscenamente su coño, el ano a seis, siete, quizás diez o más hombres que se disponen a poseerla.

02 julio 2009


Capítulo 46 La rendición

(Tiempo aproximado de lectura: 24 minutos)


JUEVES


La lucha continuó durante toda la jornada del jueves, Carmen intentaba centrarse en su trabajo pero la angustia atenazaba su estómago y le impedía olvidar que se estaban consumiendo las últimas horas de un tiempo en el que tenía una oportunidad irrepetible a corto plazo. 


Hablé con ella un par de veces durante el día y la encontré apagada, no llegaba a estar triste pero la fuerza que desprende incluso por teléfono estaba ausente aunque hacía claros esfuerzos para ocultar su desazón, seguía la conversación con cierto desinterés, como si su pensamiento estuviera en otra parte. ¿Debía intervenir o era mejor que la dejase resolver su dilema sin más interferencias? Decidí que lo que tuviera que suceder ya era decisión de ella, le pertenecía la última reflexión, todo lo que yo tenía que decir ya estaba dicho y entraría en el terreno de la manipulación si insistía más. 


Carmen esperaba tener una nueva oportunidad cuando Carlos la llamase, una oportunidad para la que no tenía decidido nada, no se resignaba a que su decisión de cada instante fuera la última decisión, quería dejar siempre una puerta entreabierta por si a última hora cambiaba de opinión, por si lograba vencer las cadenas que le impedían decirle claramente lo que deseaba.


Algo oculto para ella misma le decía que no debía ceder, normalmente no se deja llevar de presentimientos, su racionalidad se lo impide. Esta vez rompía esa norma y ese “algo” más emocional que racional que no había entrado aún en el terreno de las palabras le impedía dar el paso.


Cuando le sucedía esto, cuando perdía el ritmo de su trabajo y se sumía en la contradicción se intentaba refugiar en nuestro proyectado viaje de Semana Santa. Pero ya no brillaba tanto como lo hizo cuando lo planeamos, ahora apenas era un frágil salvavidas que se deshinchaba  con rapidez.


…..

21 mayo 2009

Capítulo 44   Desilusiones

(Tiempo aproximado de lectura: 26 minutos)


La fría lluvia no consiguió despejarme y tan solo reavivó un intenso dolor de cabeza que me había acompañado desde la segunda copa. Cuando entré en la habitación del hotel eran ya las once de la noche ¿Cuánto tiempo había durado la paliza a la que me había sometido Roberto? 


Dejé el abrigo sobre la cama y me vi reflejado en el espejo del armario, una enorme mancha oscura se extendía hacia abajo abarcando medio muslo, sentí la pegajosa humedad que adhería la tela a mi piel y me despojé de toda la ropa dejándola esparcida por la habitación. Entré en la ducha y dejé que el chorro cayera sobre mi cabeza durante mucho tiempo, el agua templada me relajaba y parecía calmar el desprecio que sentía por mí mismo, luego me froté el muslo con la esponja compulsivamente, como si quisiese borrar hasta el último rastro de aquella indigna polución.


“Tu mujer es una puta… se comportó como una golfa… no esperaba nada decente de ella…” las palabras de Roberto se repetían machaconamente en mi cabeza, “…gana mucho en pelotas… vaya tetas que tiene…” 


No lograba arrojar de mi cabeza la voz de Roberto que se repetía machaconamente y sentí asco de mí cuando noté como mi polla comenzaba a crecer. A medida que el agua me rescataba de la ebriedad la vergüenza se fue apoderando de mi mente. Ya tenía lo que deseaba ¿no quería ser reconocido como cornudo? pues ahí estaba, Roberto lo había dicho muy claro “No, si al final me vas a dar las gracias por atender a tu mujer”.


Salí de la ducha, una violenta nausea me hizo correr hasta la taza y eché todo el alcohol que había consumido.

10 septiembre 2008

31

Capítulo 31

(Tiempo aproximado de lectura: 34 minutos)


El lunes amaneció nublado y desapacible; tras apagar el despertador me volví hacia Carmen y la besé en el cuello, ella aún amodorrada se volvió buscando mi boca

- “Buenos días cielo” – se desperezó en la cama estirándose como una gata, yo recorrí con mi mano su torso en tensión donde sus pechos parecían desaparecer.

- “Buenos días amor”

Mientras nos besábamos, los recuerdos de la pasada noche se agolparon en mi mente y la incipiente erección creció incontrolable, Carmen notó mi polla clavándose en su muslo.

- “¡Cómo nos hemos despertado!” – dijo bajando una mano y apretándola con fuerza– “pero tendrá que esperar a esta noche o llegaremos tarde”

- “¿Qué me hiciste anoche?” – Carmen se detuvo y me miró con ternura.

- “¿Amarte?”

- “Me follaste” – repliqué, ella entornó los ojos y sonrió.

- “No es la primera vez”

- “Sabes a lo que me refiero”

- “¿Tanto te gustó?”

- “Fue… no sabría describirlo, fue… nuevo, distinto, nunca me había sentido así”

- “Al final va a resultar que eres un poquito maricón”

- “¿Por qué? ¿por el hecho de que me hayas dado por culo con tus dedos? Eres una mujer, no un tío” – protesté intentando asimilar el placer que me había causado que me llamase ‘maricón’.

- “No cielo, lo de menos fue que te follara el culo, pero te tenías que haber visto, fue tu actitud la que me llamó la atención”

- “¿A qué te refieres?” –  sabía lo que quería decir pero necesitaba escuchárselo.

- “Es la primera vez que te he visto dejarte llevar, abandonarte a mis manos y no hacer nada” 

- “¿Y eso me convierte en maricón?” – Carmen negó con la cabeza.

- “No cariño, eso te va a permitir vivir el sexo desde otra perspectiva”