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26 julio 2024

Capítulo 190 La calma

Tiempo estimado de lectura: cincuenta y cuatro minutos.


Haz lo que quieras. Yo, en tu lugar, antes de seguir leyendo buscaría en Spotify, YouTube o donde sea, «Believe, beleft, below» de Esbjörn Svensson. Sírvete un whisky, un coñac, ron con coca o un zumo, lo que te apetezca. Baja las persianas, apaga la luz, no la necesitas, recuerda: estás leyendo en un smartphone o en una tablet. Acomódate en tu sillón favorito junto a tu pareja, si la tienes, o con tu mascota, si la tienes. En cambio, si eres de los que les gusta leer a solas, dile: Cariño, dame una hora, voy a ponerte los cuernos con Mario, o con Carmen; si sabe de tu afición te dará por imposible, si no, mejor cállate. Cuando tengas todo listo, dale al play. 🎙

Ahora ya puedes comenzar a leer.

11 julio 2024

Capítulo 189  En el ojo del huracán


Tiempo estimado de lectura: cincuenta y nueve minutos.


Tú juegas a engañarme, 

yo juego a que te creas que te creo, 

escucho tus bobadas 

acerca del amor y del deseo 

y no me importa nada, nada 


Tú juegas a tenerme, 

yo juego a que te creas que me tienes 

serena y confiada 

invento las palabras que te hieren, 

y no me importa nada. 


Tú juegas a olvidarme 

yo juego a que te creas que me importa, 

conozco la jugada 

sé manejarme en las distancias cortas 

y no me importa nada, nada 

Luz Casal 1989

02 febrero 2024

Capítulo 182  Los retos abiertos 


Tiempo aproximado de lectura: treinta y seis minutos.


Días del futuro pasado 

Acompañadme, demos un salto en el pasado hacia el futuro que ya está en el pasado.


Verano del dos mil tres, una noche cualquiera del mes de Agosto. 

Me hubiera gustado despertar entre sábanas de satén blanco, la noche lo había merecido, pero nos alojábamos en un complejo hotelero, hubiera sido mucho pedir. Nos despejamos con una larga ducha y bajamos a desayunar apurados de tiempo a punto de encontrar cerrado el comedor. Después, nos preparamos y salimos a pasar una mañana tranquila de playa.

—¿Qué quieres?

—Zumo de piña.

—Ahora vuelvo.

Esperé en la tumbona a resguardo del sol bajo un gran toldo. No le había querido decir nada a Mario, aquel hombre no me quitaba ojo desde que llegó. Da igual, estoy acostumbrada y más haciendo top less como la mayoría de las chicas a mi alrededor. Lo que nos diferenciaba eran los aros en mis pezones, unos aros idénticos al del ombligo y a los pendientes. Había ignorado los reiterados toques de atención de mi conciencia que exigía prescindir de la parte más llamativa de aquel precioso juego de seis piezas antes de bajar a la playa, un valioso regalo de… dejémoslo ahí. No había motivo, salvo librarme del insistente acoso de algún que otro mirón como este, pesado e impertinente. Nos habíamos cruzado. No exactamente: yo fui a refrescarme a la orilla, pasé cerca, al llegar esquivé unos niños y me entretuve con la marea empeñada en robarme la arena bajo los talones. Lo vi a pocos metros, ¿me había seguido?, miraba hacia mí con descaro, como si nos conociéramos. No le di mayor importancia, nadé un rato y volví al toldo, me sequé aún de pie y al levantar la vista lo encontré observándome. Sí, me conocía, sin embargo yo no recordaba haberle visto jamás. Esto sucedió diez o quince minutos antes de que Mario propusiera ir a por algo de beber y, durante ese tiempo, caí en la tentación de dar alguna ojeada. Siempre lo encontraba esperándome, declarando que él sí me conocía.

A poco de irse Mario, el desconocido se acercó, miró alrededor y se puso en cuclillas.

03 septiembre 2020

Capítulo 135 Saldando deudas


(Tiempo aproximado de lectura: 60 minutos)


Lunes 22may2000


—Carmen, a mi despacho, enseguida voy.

No me sorprendió encontrar a Andrés tan temprano en el gabinete, lo que me llamó la atención fue el tono seco que empleó al verme entrar; deduje que trataba de marcar distancias delante de Paloma y le seguí el juego.

—Buenos días. —dije seria, recalcando el saludo; Andrés había vuelto a enfrascarse en el documento que tenía en las manos y no respondió, me adelanté y lo esperé de pie; no tardó mucho en llegar, cerró la puerta y dejó unas carpetas sobre su mesa.

—¿A qué hora has llegado?

—A las ocho, he estado revisando los acuerdos: tenemos las manos libres para deshacernos de Solís sin ningún problema, como suponía, solo quería estar seguro. —dijo satisfecho.

Nos sentamos en los sillones del fondo, poco después llamaron a la puerta y apareció Paloma con un servicio de café; en cuanto se marchó comenzó a exponer el plan que había pensado, «siempre que estés de acuerdo», añadió.

— De cara a los socios y al personal, tú estuviste fuera todo ese tiempo por delegación mía, ¿de acuerdo?, encargada de buscar una alternativa a Solís, por eso no se informó a nadie, era muy importante que no hubiera ninguna filtración. Diré que nos mantuvimos en permanente contacto valorando alternativas y el resultado ha sido el acuerdo alcanzado este fin de semana con Álvarez Atienza. ¿Qué te parece?

—Lo veo bien, no quiero protagonismos, por otra parte mi ausencia queda justificada.

—No es esa mi intención, no pretendo quitarte el mérito pero no veo otra forma de presentarlo, no obstante voy a resaltar la importancia de tu labor para alcanzar el acuerdo.

—No es necesario.

—Ya lo creo que es necesario, entre otras cosas para justificar tu posición en el nuevo organigrama de la empresa.

—No sé como lo van a encajar los jefes de departamento, incluso los socios; ¿crees que lo vas a poder defender?

12 mayo 2020

Capítulo 130 Dueña de mis actos

(Tiempo aproximado de lectura: 52 minutos)



I'm looking through you, where did you go 

I thought I knew you, what did I know

You don't look different, but you have changed 

I'm looking through you, you're not the same 


Lennon & McCartney 1965


El puente de San Isidro transcurrió de una manera muy diferente a lo que debía haber sido. No hicimos planes, ¿para qué si en el aire estaba la duda?. Doménico no apareció, sin embargo su presencia se notaba como si estuviera entre nosotros.

Entre nosotros, marcando límites, haciendo que fuera difícil establecer un diálogo.

Teníamos tres días por delante; podían convertirse en una cárcel si no empezaba a bajar la tensión aquella mañana soleada que invitaba a escapar de casa. Ella, ignorante de mi estado de ánimo, seguía la rutina de cualquier otro sábado; si no cambiaba de actitud pronto se daría cuenta. Subí al ático y me dispuse a limpiar las jardineras que rodean el perímetro de la terraza. Cuando bajé a ducharme Carmen estaba en la terraza al teléfono, ni me vio entrar en el salón; apuré unos segundos tratando de adivinar, por los escasos gestos que hacía, con quién hablaba pero era inútil y me fui al baño comido por la duda. Cuando salí la encontré en el salón, seguía hablando, me miró y dijo:

—Mira, aquí está, díselo tú.

Me ofreció el teléfono sin darme pista alguna. Tuvo que insistir para que lo cogiera. 

Juanjo joder, era Juanjo. Respiré aliviado, ¿a quién esperaba encontrar al otro lado?. Hacían planes para ir a comer al Pardo, apenas puse inconvenientes y quedamos en Moncloa para ir todos juntos.

—¿Qué te ha pasado? estabas pálido.

Me excusé como pude y no insistió, nos quedaba un hora escasa para arreglarnos. Dediqué diez minutos a recoger el baño y para cuando entré en la alcoba ya se había desnudado y elegía qué ponerse. Sobre la cama, vestida en azules pastel, una prenda desentonaba, unas bragas color naranja, unas bragas que no podían ser de Carmen. Carmen, que seguía ajena buscando en el armario. Las cogí, se veían usadas, descoloridas por la parte inferior, En ese momento sacó del armario un vaquero y me encontró palpándolas.

25 septiembre 2019

Capítulo 124 El despertar

(Tiempo aproximado de lectura: 59 minutos)


El tiempo no espera a nadie


Al abrir la puerta de casa me extrañó no ver luz. Las llaves de Mario estaban donde siempre, en el cuenco de madera del aparador. Encendí la lámpara del salón, dejé el bolso y la chaqueta y seguí hacia la alcoba. «¿Mario?», lancé sin ninguna esperanza de obtener respuesta. Me liberé de los tacones y volví con intención de subir al ático, el único lugar donde esperaba encontrarle. «¿Estás ahí?» pregunté a mitad de escalera. Cuando llegué al rellano lo vi en el sofá leyendo en absoluto silencio, ajeno a mí como si no me hubiese escuchado. Me apoyé en el marco de la puerta cruzada de brazos. Tras una estudiada pausa dejó el libro.

—¿Dónde estabas? 

Así, a bocajarro. No es propio de él y tomé la mejor decisión, ignorar la provocación y llevarlo a mi terreno.

—Hola cariño, ¿qué tal tu día? Bien amor, y a ti qué tal te ha ido?

Pura comedia. Mantuvo algo de la fingida dignidad con la que me había recibido pero mi pequeña pantomima lo había desarmado. Me acerqué despacio y tomé asiento buscando el contacto. Le debía haber avisado de mi retraso es cierto pero no era para tanto, ¿o sí? Me miró de reojo algo inseguro desvelando la incertidumbre que lo asediaba. Esa era la clave: Vivíamos una etapa en la que no acertaba a prever cuales eran los pasos que estaba por dar, ni en ese momento en que me detuve ahí, pegada a él como tampoco predecía hacia dónde conducía mi vida. Esa era su incertidumbre.

Pobre. Lo besé en la mejilla.

—¿Qué pasa? —protesté bajito cerca del oído dejando una húmeda caricia.

—Te he puesto varios mensajes.

—Lo siento, no he prestado atención al móvil.

No me miraba. A pesar de estar tan cerca, tan pegada a él no me miraba. Mis palabras habían sonado directas en el pómulo y las acabé con un beso. Le estaba buscando, tal vez por eso no me miraba, tal vez por eso hizo un amago para evitarme. 

—¿Tan ocupada estabas?

¿Así que me lo quería poner difícil? Me separé muy despacio.

—Sí, estaba cumpliendo una promesa que te hice. 

22 agosto 2019

Capítulo 123 Ave Fénix

(Tiempo aproximado de lectura: 44 minutos)


Chaqueta tres cuartos de piel vuelta marrón, camisa en tonos tostados, pantalón de boca ancha por encima del tobillo en blanco roto y botines. No quería que mi regreso pasase desapercibido, pretendía acallar los rumores que sin duda circulaban sobre mí y una presencia y una actitud adecuada les mostraría a quienes me daban por derrotada que se equivocaban.

—Carmen, hola no  sabía que…

—Buenos días ¿todo bien? —saludé sin detenerme, era evidente que Andrés no había comunicado mi reincorporación.

—Espera, un momento.

Algo iba mal; la ignoré y seguí hacia mi despacho, había llegado temprano y no me encontré con nadie a mi paso.

—Carmen, es que no deberías…

15 noviembre 2018

Capítulo 114 Quince de Noviembre, once velas

(Tiempo aproximado de lectura: 79 minutos)


Escribir un libro durante dieciocho años llega a parecerse mucho a compartir su autoría con mis yoes anteriores.

Katherine MacKinnon 

Hacia una teoría feminista del Estado



Un año más; ya son once los que llevo escribiendo este diario que, como le contaba a una buena amiga, nunca pensé que fuera a prolongarse en el tiempo.

Hago un repaso de los primeros años del diario y apenas me reconozco ni como escritor, si es que se me puede atribuir ese título, ni como arquitecto de la estructura que ha surgido de lo que quería contar. 

Era otro yo.

El tiempo transcurrido me enfrenta, como dice MacKinnon, con las diferentes personas que he ido siendo a lo largo del tiempo y que sin ninguna duda han modulado la forma en la que os he contado la historia. No hace falta recurrir a Ortega para concluir que las circunstancias además del medio y la sociedad nos moldean; las vivencias que me acompañaron mientras escribía influyeron en el tono, en los matices y en lo que dije, cómo lo dije y en lo que dejé de decir. ¿Cómo habría sido el diario si el yo que escribió en cada momento hubiera vivido otras experiencias?

08 junio 2018

Capítulo 108 Viernes de pasiones (1)

(Tiempo aproximado de lectura: 135 minutos)


“Todos los hombres tienen algún lugar, alguna aventura o alguna fotografía que son la imagen de su vida secreta.”


W. B. Yeats


Desayunamos. Carmen se ha preparado para salir a correr. La veo ensimismada dando vueltas a la cucharilla.

—Tienes mala cara.

—¿Eh? Sí, no he dormido nada bien.

Lo sé, yo tampoco. Cuando regresó a la cama fingí dormir, ella se acostó con sigilo y permaneció quieta intentando conciliar el sueño; enseguida noté que, como a mí, le resultaba imposible, no conseguía encontrar la postura, estaba intranquila aunque procuraba no molestarme. Así llegó el alba y ambos interpretamos la comedia de un amanecer cotidiano.

—Vaya.

—No sé, el caso es que me desperté muchas veces y ya de madrugada me despejé. No te enteraste cuando bajé a beber y me quedé en el salón, no quería despertarte dando vueltas; me arropé con una manta y salí al jardín, se estaba bien pero al rato me quedé fría; volví dentro me tumbé en el sofá y estuve leyendo un rato, pensando. Al final hice una locura —entornó los ojos y sonrió—, cogí el móvil y…

—Lo sé.

Me he precipitado, ha sido un impulso irrefrenable. «Justo cuando iba a descubrir al interlocutor», me reprocho.

—¿Lo sabes, cómo que lo sabes? —pregunta asombrada.

18 abril 2018

Capítulo 107 Sexo, mentiras y lo que pudo ser


(Tiempo aproximado de lectura: 98 minutos)



Jueves, 13:30


—Lo primero que debemos hacer al volver a Madrid son unos análisis. Tanto tú como yo hemos estado expuestos a un riesgo importante, sobre todo tú, pero no eludo mi responsabilidad. Pongo la mano en el fuego por Carlos y por Doménico, quizá por Tomás, no puedo estar nada segura del resto.

—¿Del resto? ¿Puedes ser más concreta?

Sus ojos me traspasaron.

—¿Necesitas ese dato ahora o es solo para joder?

Desvié la mirada, tenía razón, había sido una salida fuera de tono.

—Disculpa, no tiene sentido. El mayor riesgo lo he asumido yo, debería haber pensado en hacerme un control hace tiempo.

«Y tú» pensé, pero no era momento para abrir un nuevo frente.

—No solo me has puesto en riesgo a mí, piensa en Graciela o en Elvira ¿En qué estabas pensando?

En qué estaba pensando, dice. ¡En qué estábamos pensando! Ambos hemos ignorado las más mínimas normas de seguridad, esas que estamos hartos de repetir a diario. ¿Qué ha sucedido para que nos hayamos lanzado a actuar a ciegas de una forma casi suicida?

—Tema cerrado. Punto dos: La mentira es una apuesta que tiene sus costes, has dilapidado un capital que te va a costar recuperar, Mario, y eso solo se consigue con tiempo y con esfuerzo. Lo siento pero es así.

21 febrero 2018

Capítulo 105 Sanación

(Tiempo aproximado de lectura: 87 minutos)


—Papá, hola… si bien… aquí en la sierra… si, al final decidimos quedarnos… No, no nos apetecía este año salir… porque no… no, no pasa nada ¿qué iba a pasar?

Escucho a Carmen hablar con su padre y percibo la desconfianza que llega del otro lado de la línea. ¿Por qué hemos cambiado repentinamente los planes cuando lo habitual es que salgamos fuera en estas fechas? Si ya resultó complicado aparentar normalidad en el cumpleaños de mi suegra ahora este cambio se suma para romper con las costumbres tan arraigadas.

—Sí, está aquí ahora te lo paso ¿Y mamá, está bien?

Le he pedido que les llame, no sé desde cuando no habla con ellos y eso en esta familia no es normal.

Normalidad, algo que le debemos a la familia. No se han entrometido pero me consta que están preocupados y en algunos casos han sufrido.

Hablo con mi suegro sobre todo para darle seguridad. Estamos juntos, estamos bien. Le prometemos una visita pero no ahora, no en esta semana. Noto recelo y trato de sofocarlo. En quince días comida en nuestra casa, prometido.

Hace un sol de justicia, cualquiera diría  que estamos en verano. Ya es miércoles y para mañana esto se va a llenar. Estamos comiendo en la terraza de uno de los restaurantes de la plaza del pueblo. Son las tres de la tarde; después de hacer el amor, ducharnos y perder otra media hora bajo el agua salimos con prisas hacia el pueblo. Menos mal que a última hora se me ocurrió reservar.

Carmen luce espléndida. Un vestido veraniego, estampado en tonos rojos y verdes claros con motivos florales sobre fondo blanco anudado al cuello con escote en pico por medio muslo, sandalias planas para caminar cómoda por el empedrado del pueblo y uno de los bolsos grandes de este verano pasado que como el resto de la ropa de temporada también guarda en los armarios de aquí. Brutal. 

07 octubre 2017

Capítulo 100 El regreso (1)


(Tiempo aproximado de lectura: 32 minutos)

 

Cerrar etapas se está convirtiendo en algo habitual para Carmen. Decir adiós, abandonar el refugio y salir de nuevo al mundo a pesar de la intranquilidad que le provoca es algo que no puede demorar más tiempo. Lleva días sabiendo lo que necesita hacer y hoy ha tomado la decisión. Es el momento.

No ha sido tan difícil. Tomás es un hombre sagaz. No esperaba una llamada de Carmen a media mañana, nunca lo había hecho hasta hoy y enseguida intuyó lo que estaba por venir.

Y no se lo puso difícil, evitó el cuerpo a cuerpo porque no hubiera conseguido mantenerse entero y habría dicho y hecho cosas de las que más tarde se habría arrepentido. «Quiero dejarte el mejor recuerdo de mí» le dijo. No, no iría a despedirse aunque dudó, dudó tanto y tan fuerte que en más de una ocasión tuvo el teléfono en la mano a punto de llamarla. «Espérame, necesito verte, necesito hacerte el amor solo una vez más»

Aguantó dejando que pasaran los minutos, las horas, sintiendo cómo se hacía un poco más viejo.

07 noviembre 2014

Capítulo 86 Desesperadamente

(Tiempo aproximado de lectura: 41 minutos)


(Viernes noche)


Los mullidos sillones las recogen en una penumbra que no las oculta del todo. Besos cargados de deseo, caricias marcadas por los nervios de una urgencia a la que Carmen se rinde. El cuerpo de Claudia la cubre y la blusa abierta deja al descubierto sus pechos para que la nueva pupila los bese y los muerda con delicadeza, Claudia domina, dirige, la guía y ella se deja guiar. Lame, succiona, entierra su rostro entre las dos colosales mamas esculpidas a fuerza de gimnasio y cirugía. A Carmen le excitan los ojos curiosos de quienes las ven jugar, ya no se esconde, no rehúye las miradas; al contrario, provoca, incita con esos ojos profundos que una vez turbaron a tantos varones y hoy excitan a hembras que mueren por ocupar el lugar de quien la posee. Se sabe deseada, ¿por qué no dejarse querer y olvidar tanta pena?

Olvidar. Sumergirse entre los senos de Claudia, cerrar los ojos, nublar la mente, hacerse otra vez pequeña entre los pechos de una mujer madura y buscar cobijo donde ocultarse del mundo. Aunque solo sea por unos minutos necesita olvidar el agudo dolor que le ha provocado con su certero aguijón. “Estás enamorada de Carlos, quizás por eso has lanzado a tu marido a los brazos de otra mujer, para poder sentirte libre de amarle sin trabas, sin remordimientos”. 

17 septiembre 2014

Capítulo 83 Entre mujeres

(Tiempo aproximado de lectura: 54 minutos)


(Jueves noche)


- No sé lo que estoy haciendo Irene, no sé…

Carmen la mira a los ojos, está a punto de derrumbarse

- Mejor nos vamos de aquí

Es cierto, las miran. Será por el beso en la boca que impulsivamente le dio al llegar. Quizás su escena con Borja no pasó tan desapercibida como ella pensaba. Las miran y nota que Irene no está cómoda aunque no es mujer que se acobarde, en eso es como ella. 

Y salen del bar cogidas de la mano, sin agachar la cabeza, su altura las hace destacar entre la gente que a esas horas ya abarrota el local y les impide moverse con soltura para alcanzar la salida. 

Las miran, Carmen se siente extraña pero la sigue erguida, tan erguida como va Irene, mirando al frente, serena, con ese aire de digna indiferencia que les impide sentirse manchadas por las miradas curiosas que las catalogan. Se siente segura de la mano de su amante dejándose etiquetar como lesbiana. 

11 julio 2014


Capítulo 79 Decepciones, ilusiones

(Tiempo aproximado de lectura: 99 minutos)



- ¡Qué tengo que hacer para que me creas!

Sus miradas se cruzan.

- Sei la mia puttana? – Carmen le toma el rostro con las dos manos, apenas puede contener la voz

- ¡Sí, sí, soy tuya, sí, soy tu puta, soy lo que quieras que sea!

- Ya es hora de que me lo demuestres, cara.

Carmen se estremece. ¿Cómo ha podido llegar tan lejos? no sabe el alcance del compromiso que ha adquirido, su mano se desliza por la mejilla del italiano hasta su pecho.

- Doménico…

- Cállate, de momento limítate a aprender ¿sí?

- Sí.

Siente como la firme caricia en la cadera se va desplazando hacia los riñones, la tiene atrapada contra su cuerpo, no puede dejar de mirarle a los ojos.

- Esta noche te voy a despojar de tus vicios burgueses. Eres hermosa, más de lo que te imaginas, pero cometes unos fallos imperdonables, tremendas torpezas que resaltan aún más precisamente por ser tan… espectacular. 

08 marzo 2014

 Capítulo 68 Sodomización

(Tiempo aproximado de lectura: 35 minutos)


Abro los ojos. 

….


No sé qué hora es. Miro hacia la ventana, parece que comienza a clarear. A mi lado Carmen duerme. Me levanto procurando no despertarla. Estamos solos. Bajo a la cocina, tengo mucha sed. Allí me encuentro a Doménico mirando por la ventana  con un vaso en la mano. Tiene un buen culo, pienso y sonrío sin poder evitarlo. Hace unos meses habría expulsado ese pensamiento de mi cabeza de una patada. Al escucharme se vuelve, veo que bebe whisky. Me ofrece. Acepto.

13 mayo 2013

 Capítulo 56 Chat en la noche (I)

(Tiempo aproximado de lectura: 26 minutos)


Aparece en la puerta del baño y se detiene un instante mirándome.

- “¡Qué hijo de puta” – Sonríe

Me quedo mirándola sorprendido, jamás la he escuchado emplear esa palabra y mucho menos conmigo. Entiendo el tono en el que la ha pronunciado, aun así no deja de extrañarme su actitud. De nuevo veo en ella esa mirada desconocida, esa expresión peculiar que no reconozco. Se mueve despacio hacia los pies de la cama, balanceando sus caderas sin dejar de mirarme. Rodea la cama y se sienta a mi lado con las piernas cruzadas.

- “Me has violado, cabrón” – su voz suena serena, sin reproche alguno, más bien creo descubrir un tono de satisfacción.

- “Ahora me dirás que no te ha gustado” – niega con la cabeza, muy despacio, como si estuviera pensando en ello, recordándolo. Acerca la mano a su pecho y palpa su pezón.

- “Que bruto”

- “Pues no parecía molestarte mientras te los apretaba”

Sonríe y no dice nada, se recuesta sobre su brazo derecho y con la mano izquierda comienza a acariciar mi debilitada polla. Sus dedos exploran mis testículos, la parte interior de  mis muslos, mi polla… todo sin prisas, sin buscar el placer inmediato, solo sintiendo el contacto. Menos mal, creo que ahora no podría reponerme de dos polvos seguidos. Sus caricias consiguen engordar mi miembro pero es lo más que podrá tener en un tiempo.

De pronto se levanta como si hubiera olvidado algo.

- “¿Tengo sed, ¿quieres algo?”

- “Una tónica”

Mientras sale de la alcoba me vuelvo a fijar en su culo marcado con mis dedos en rojo.

- “¿Te duele?” – se detiene y me mira interrogándome. Le señalo su culo. Niega con la cabeza y sonríe dulcemente.

04 abril 2013

Capítulo 53 La sauna (II)

(Tiempo aproximado de lectura: 14 minutos)


Prólogo


Comencé este capítulo a finales de 2009 y desde el principio se me atascó, no conseguía darle forma de modo que lo abandoné e intenté seguir el diario cronológicamente pero con ese “hueco” en medio.

No fue buena idea. Cada vez que intentaba escribir acababa volviendo al relato de mi iniciación al que dedicaba unas horas estériles y me impedía avanzar en los demás capítulos, así sucedió que hasta 2011 publiqué tres capítulos y luego… el silencio hasta hoy.

El trabajo diario también ha tenido que ver en esta ausencia aunque me ha servido más como justificación ante mi mismo por el abandono del diario.

Hoy por fin puedo decir que he logrado superar ese reto, con más o menos fortuna. No estoy seguro de haber logrado plasmar lo que aquella experiencia iniciática supuso en mi vida y en la de Carmen pero, aunque el resultado no es exactamente el que buscaba, me libera de esa deuda que tenia con el diario y que me impedía continuarlo. 

Mis disculpas a los lectores que abandonaron la espera y mi agradecimiento a los que aún hoy, tras año y medio de silencio, siguen pidiéndome que continúe.

25 mayo 2011

Capítulo 50 La sauna (I)

(Tiempo aproximado de lectura: 21 minutos)


La puerta se cerró tras de mi produciendo un ruido sordo. Fue como una claqueta que anuncia un cambio de escena, otras luces, otros sonidos porque realmente todo cambio de manera radical. El ruido de la calle dio paso a unos sonidos apagados. Mis ojos, acostumbrados a la luz del atardecer, tuvieron que adaptarse a la penumbra que reinaba en el amplio hall revestido de tapices. Frente a mi distinguí una taquilla protegida por cristales, a mi derecha unas gruesas cortinas dejaban entrever un pasillo, quizás un salón donde se mantenía una conversación que no alcanzaba a entender. Un olor a jabón barato impregnaba el ambiente.

Al entrar se había disparado un chivato acústico que enmudeció al cerrarse la pesada puerta. Antes de que pudiera terminar mi examen del lugar apareció un hombre vestido de blanco como si se tratase de un celador de hospital o un enfermero. De edad indefinible, extremadamente delgado, no mediría mas de metro sesenta y se movía con rapidez exagerando unos andares femeninos. Me recordaba lejanamente al bailarín Antonio en su época dorada allá por los años sesenta.

Se situó tras la ventanilla y permaneció  mirándome en silencio.

- “¿Cuánto es?” – pregunté echando mano a la cartera.

Con un dedo señaló la hoja con las tarifas que estaba pegada en el cristal, pagué y colocó en un desgastado cajetín de madera un par de pequeñas llaves enganchadas en una correa de cuero y unos tickets.

- “¿Número?” – me preguntó, no entendí a qué se refería y mi gesto debió ser suficientemente elocuente porque me enseñó una cajonera adosada a la pared similar a las de las boleras llena de chanclas de plástico.

- “Cuarenta y cuatro” – respondí.

Tomo un par y las roció con un spray, las introdujo en la caja, añadió dos toallas blancas no muy grandes y la pasó por una ventana lateral.

05 noviembre 2010

Capítulo 49 El italiano

(Tiempo aproximado de lectura: 23 minutos)


Lluvia y frío, Febrero agonizaba y el invierno se resistía a morir. 

Durante un instante me detuve en el portal observando cómo la gente apretaba el paso intentando huir de las finas gotas que se clavaban como agujas en el rostro. Al fin me decidí a salir a la calle y caminé hacia el café donde acostumbro desayunar.

Agradecí el cálido ambiente, la suave música y el murmullo de los escasos clientes. Si algo me gusta de este lugar es la ausencia del sempiterno televisor vomitando basura aunque nadie le haga caso, solo por eso merece la pena tomar su más que mediocre café.

Respondí con un gesto al saludo de Julián, el dueño del local, y me dirigí a la misma mesa que aun hoy suelo ocupar cerca del ventanal en una esquina, protegiendo mi espalda contra la pared forrada de madera, arropado por un perchero a mi derecha que me da una sensación de confort inexplicable.

Miré a mi alrededor. Apenas tres mesas ocupadas y cinco o seis personas compartiendo en silencio la vieja barra de madera desgastada, memoria de tiempos mejores.

Julián me sacó de mi ensimismamiento con una rutinaria alusión al mal tiempo mientras dejaba sobre la mesa el café y “El País”. Repasé los titulares del día de un vistazo  mientras abría el sobrecito de azúcar.

Me eternicé dando vueltas a la cucharilla mientras mi mente viajaba en el tiempo. Formaba parte ya de mis hábitos, era inevitable para mi caer día tras día en la minuciosa revisión de las escenas en las que Carmen y yo dábamos un vuelco trascendental a nuestra vida. Había imágenes que me asaltaban con una fuerza arrolladora sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Al principio trataba de contenerlas, intentaba volver a mi trabajo y apartarlas de mi cabeza, pero era imposible, cada vez me dominaban mas y acabé renunciando a luchar contra ellas.