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10 enero 2015


Capítulo 88 El principio del fin

(Tiempo aproximado de lectura: 21 minutos)


(Sábado)


–Es la última vez que me insultas ¿me has oído?, te lo he consentido demasiadas veces durante estos últimos días y ya no Mario, ya no, se acabó. Esta es la ultima vez que voy a escuchar un insulto de tu boca, se acabó, no tienes ningún derecho. No me vuelvas a llamar, no te vuelvas a dirigir a mí, no intentes ponerte en contacto conmigo. Ya lo has conseguido Mario, se terminó.

–¡No Carmen, espera,  escúchame, no quise…!

Mis palabras quedaron ahogadas bajo su ultimátum. Intenté hacerme escuchar porque me daba perfecta cuenta de que esta vez no iba a haber enmienda. Había agotado su paciencia, había roto los lazos que nos unían. 

Cuando colgó, sus ultimas palabras sonaron en mis oídos como una sentencia de muerte. Ya lo has conseguido Mario, se terminó.

–¡No puede ser, no puede ser!

Me volví hacia la puerta, tenía que salir de allí, me estaba ahogando. Entonces la vi con los brazos cruzados, obstruyendo mi camino. 

–¿Qué has hecho Mario?

01 septiembre 2014

Capítulo 82 En picado

(Tiempo aproximado de lectura: 34 minutos)


(Jueves noche)

“¡Mierda, mierda, mierda! 

¡No, joder, no era así como quería hacerlo! ¿qué coño me ha pasado? ¿Cómo he podido joderlo todo otra vez?”

Salí del Vips dando tumbos, tropecé con una pareja que me insultó pero ni me detuve ni me disculpé; cuando quise darme cuenta había perdido la noción del rumbo que había tomado Carmen. Si pudiera encontrarla, si pudiera decirle que no era así como tenía previsto encontrarme con ella.

Se acabó, todo está perdido. 

No he sido capaz de escucharla, no he sido capaz de hablar con serenidad, de exponer lo que ya sabía, lo que he visto con mis propios ojos sin alterarme. No, no he podido contener la ira, el despecho, la rabia, no he sido capaz de sofocar el orgullo herido y he dado rienda suelta al insulto fácil. ¿Este soy yo, este animal, este bruto? ¿En esto me he convertido?

Y claro, como si no la conociera, Carmen se ha revuelto y ha dicho cosas duras, durísimas, pero ¿acaso no ha dicho lo que yo me estoy repitiendo día tras día desde que nos hemos separado? 

13 mayo 2014

Capítulo 72 Cosas que nunca debieron haberse dicho

(Tiempo aproximado de lectura: 54 minutos)


Quien esté acostumbrado a dormir en compañía me comprenderá. 

Abrí los ojos totalmente alerta, vigilante, sin rastro del sueño del que acaba de emerger. Nada me había alterado, nada me había sacado del cómodo estado en el que me encontraba, ningún ruido, ninguna molestia, tan solo una sensación de ausencia. La falta de su respiración, del calor tibio de su cuerpo, de la cercanía de sus movimientos al cambiar de postura… La cama sin ella producía un estruendoso silencio que me había arrancado del sueño. 

Las ocho de la mañana, me mostró el reloj de la mesita de noche. 

Tras orinar me lavé en el bidet; el espejo me devolvió un rostro cansado, las ojeras marcadas bajo mis ojos eran las huellas que quedaban de la batalla. Me refresqué la cara, me arreglé el pelo con los dedos y volví a la habitación, recogí las bragas que estaban tiradas en el suelo al lado de la cama, ¿qué hacían allí? Camino del cuarto de servicio recuperé las imágenes de unos cuerpos enredados, ansiosos por encontrarse, por descubrirse como si fuera la primera vez que se tocaban, dos personas haciendo el amor con infinita ternura, como si la pasión necesitase dejar paso al tacto, a las caricias. Y de pronto la repentina tensión, el desasosiego, la frustración, la pena.  

26 diciembre 2011

Capítulo 52 Mudando la piel

(Tiempo aproximado de lectura: 22 minutos)


Café con leche; la leche bien echada, con arte, haciendo círculos lentamente para provocar una abundante espuma blanca.  Agradecí con un gesto  al camarero su buen hacer y eché medio sobrecito de azúcar.  Mientras daba vueltas al café no pude evitar volver la vista a la mesa que quedaba detrás a mi izquierda y cuya ocupante había llamado mi atención al entrar.

Pelo castaño claro recogido en un moño alto, delgada hasta marcar los pómulos y dibujar suavemente las mandíbulas en su rostro. Cuello esbelto en el que se insinúan las vértebras que se pierden bajo el negro suéter de escote ovalado que deja ver sus clavículas. Espalda recta a pesar de que apoya sus codos en la mesa mientras lee un libro

Cuando entré, de alguna manera debió notar mi mirada pues sus ojos abandonaron la lectura para cruzarse brevemente con los míos. Ojos de un verde intenso que ahora, al volver la vista atrás mientras removía mi café, respondieron a mi insistencia con un aire de altiva interrogación.

Juro por esos dioses en los que no creo que jamás me comporto así. Quizás fue la necesidad de resarcir al varón malherido que acababa de poner en tela de juicio en la sauna de la que apenas salí cinco minutos antes, lo cierto es que mis pasos me dirigieron con una seguridad que no era mía hacia la mesa de aquella hermosa mujer, con la taza en la mano, mientras ella no dejaba de desafiarme con el magnetismo de sus ojos.