Mostrando entradas con la etiqueta Candela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Candela. Mostrar todas las entradas

11 mayo 2026

 Capítulo 209 Trigo limpio

 Tiempo estimado de lectura: dos horas doce minutos.

 

En el capítulo anterior…

 

Carmen subió al ático buscando distancia tras una conversación devastadora con su hermana que acababa de conocer la decisión de la separación. Mientras Esther se derrumbaba, Carmen presenció cómo Mario la consolaba con una ternura y cercanía excesivas: una mano en el hombro, una voz melosa, una mirada compasiva. Aquella escena encendió la certeza de que entre ellos había surgido algo que amenazaba con destruir a la familia.

 

Decidida a evitarlo a toda costa, tomó una decisión drástica y dolorosa: asumir la culpa de la ruptura para proteger el núcleo familiar. Contactó a Elvira, su primer amor, y le hizo creer que su matrimonio estaba acabado, Mario estaba destrozado y corría el riesgo de caer en brazos de Esther. Tras abrirle el camino, le pidió rescatarlo antes de que fuera demasiado tarde, suplicándole mantener aquella conversación en secreto.

 

Comunicaron la separación a la familia. La reunión fue tensa y dolorosa: el padre se derrumbó, la madre dirigió su decepción contra Carmen, reprochándole la ruptura y dando por sentado que él era la víctima. Esther se dedicó a consolar a todos, especialmente a su padre y a su cuñado. Carmen vio confirmadas sus sospechas sobre la peligrosa cercanía con su cuñado.

12 febrero 2026

 Capítulo 207. Soltando amarras II

 

Tiempo estimado de lectura: una hora cincuenta y un minutos.

 

 

“Todo en el mundo trata sobre sexo, excepto el sexo. El sexo trata sobre el poder."

 

Atribuido a Oscar Wilde

 

En el capítulo anterior…

 

La distancia entre Mario y Carmen ha creado un vacío que el cinismo no ha tardado en llenar. Mario, derrotado, le da vía libre a Emilio y éste descubre la crudeza de la nueva realidad: para Carmen, el deseo ahora es una mera transacción y él, su mejor cliente.

 

En el gabinete, el juego de poder se ha vuelto peligroso. Tras ser humillada por la actitud depredadora de Ángel, Carmen decide huir hacia adelante, convirtiendo al nuevo candidato, Pablo, en un peón de su propia estrategia de seducción y control bajo la sombra de una amenaza de muerte profesional si se rompe la confidencialidad de sus métodos.

 

Sin embargo, el verdadero cataclismo ha ocurrido bajo la lluvia del Cantábrico. Lo que comenzó siendo una misión estratégica destinada a neutralizar a un catedrático ambicioso, terminó por demoler cualquier barrera. Entre regalos, diamantes, confesiones íntimas y una entrega cruda que exploró los límites de la degradación consentida, mentor y alumna se convirtieron en cómplices de un secreto impronunciable. Tras aceptar la nueva realidad, el regreso a Madrid impone una pregunta asfixiante: ¿Cómo recuperar el trato formal en el día a día después de haber habitado juntos el fondo del abismo?

 

 

16 octubre 2025

 Capítulo 204 Entropía

 Tiempo estimado de lectura: setenta y ocho minutos.



Entropía: Es una medida de la magnitud del desorden, también, de la falta de comunicación.

 

La entropía mide cuán impredecible o aleatoria es una fuente de información.

 

"La verdadera Babilonia no fue la torre, sino la renuncia a escuchar. La confusión comenzó en el corazón, antes de llegar a la lengua."

 

04 septiembre 2025

 Capitulo 203 Sacrificio

 Tiempo estimado de lectura: cincuenta y tres minutos.

 

«El padre de Armand entonces se sentó, me tomó la mano y me dijo: 'Marguerite, soy el padre de Armand. Él te ama y tú lo amas. Pero este amor no puede durar. Tengo una hija que debe casarse, y el buen nombre de nuestra familia no puede estar manchado por este escándalo. Sé que eres una mujer de buen corazón y que te sacrificarás por el bien de mi hijo. Si lo amas, lo dejarás. Es el único camino para su salvación y la nuestra.'»

 

La dama de las Camelias. Alejandro Dumas hijo

 

11 agosto 2025

 Capítulo 202 A las puertas del abismo

 Tiempo estimado de lectura: cincuenta y cinco minutos.

 

 

«Aquel que lucha con monstruos, cuide de no convertirse él mismo en un monstruo. Y si miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.»

Friedrich Nietzsche. Más allá del bien y del mal

 

 


No sé nada de Carmen. Le he dejado un sinfín de llamadas, ¿por qué no responde?

 

Estoy hecho polvo. Recuerdo vagamente que me metieron en un taxi, no sé a qué hora. He amanecido tarde, muy tarde, tirado sobre la cama con la ropa de calle y un dolor de cabeza que me martillea las sienes. Después de ducharme, la he llamado, he bajado a desayunar, he vuelto a insistir, he subido a la habitación, tenía varias llamadas perdidas, ninguna de Carmen, todas tratando de localizarme. He faltado a una reunión en la Junta. Mierda. He vuelto a llamarla; nada. Cuando ha sonado el teléfono, he respondido pensando que sería ella, pero no, era Emilio preocupado porque se han puesto en contacto con él preguntando por mí. He llamado a la Junta y me he disculpado, he conseguido que nos veamos esta tarde. He vuelto a intentar dar con ella. ¡Joder, dónde está!

 

Me he presentado en el Penta. Lo más probable es que esté cerrado, aunque sospecho que está allí con el hijoputa de Diego.

 

Voy a tener razón. La puerta está abierta, las luces, apagadas, cruzo el local escuchando mi respiración agitada sobre el profundo silencio, me dirijo al despacho, oigo voces.

 

Entro. El inconfundible olor a hierba inunda el despacho.

 

Diego está al teléfono. Se le cae la sonrisa.

 

La veo. Oh, Dios, ¿qué es esto?

27 julio 2025

 Capítulo 201 Phobos y Deimos

 Tiempo estimado de lectura: cincuenta minutos.

 

 

«El amor no conoce barreras, ni colores, ni especies.

La forma del agua. Guillermo del Toro 2017»

 

 

Día 3 (jueves)

 

A las diez, Candela y yo salimos a la barra, el pub llevaba una hora abierto, las demás chicas ya estaban moviéndose por el local, Deylin, la mulata charlando con una camarera; Martina, sentada en una mesa con dos maduros a los que parecía conocer bien; Andreíta, la nueva, hablaba con Diego inclinada sobre la barra, las piernas rectas, abiertas y el culo empinado llamando la atención de las mesas cercanas, en cuanto acabase tendría asegurada la primera consumición y tal vez el primer servicio, cosas de tener un trasero llamativo. Poco a poco, el local se llenaba. Nos dejábamos ver cogidas del brazo devolviendo saludos, nos deteníamos, me presentaba, era el momento de seguir nuestra ronda.

 

Yo no quería pensar. Candela, experta en tragarse los golpes que le había dado la vida, me lo dijo mientras nos preparábamos antes de salir.

 

—Ahora te olvidas, pones buena cara y miras p’alante, ya tendrás tiempo de llorar y gritar hasta quedarte ronca. Toca ponerse guapa, sonreír y no pensar, sobre todo eso: no pensar. Mañana… ya veremos qué hacer. ¡Vamos! ¡a menear el culo!

26 junio 2025

Capítulo 200  Soledades

Tiempo estimado de lectura: ochenta y cuatro minutos.


La alerta

—Carmen, ¡Carmen, despierta!

—¿Qué pasa?

—Se ha enterado.

—¿Quién?

—Diego, sabe que estás aquí.

—¡Cómo!

—Me lo ha notado.


«—A ver, tú, ven aquí. Qué coño te pasa.

—¿A mí?, nada.

—No me toques los huevos, llevas toda la noche evitándome, no me miras. Venga, coño, qué has hecho.

—Nada, no he hecho nada.

—Estás mintiendo, no hay cosa que me joda más. Suéltalo ya.

—Diego, lo juro, no miento.

—Curro, avisa a Lole, que venga echando humo. Tú, a la puta calle.

—No me hagas esto.

—¡Que te pires de una vez!

—Vale, perdona, me pidió que no te lo dijera.

—Que no me dijeras qué, quién

30 mayo 2025

Capítulo 199 Yo, Hetaira


Tiempo estimado de lectura: setenta y dos minutos.


«Aspasia, una mujer de Mileto. Se decía que tenía a Pericles bajo su influencia, pues poseía una inteligencia extraordinaria y una gran habilidad para la conversación.» 


(Plutarco, Vida de Pericles, XXIV). 


Si bien Plutarco no la llama explícitamente hetaira en este pasaje, la naturaleza de su relación con Pericles y su origen extranjero (Mileto) la sitúan en una categoría cercana a las hetairas influyentes. Su inteligencia y capacidad de conversación eran características valoradas en ellas.


Prólogo 


—Hola, nueve.

Así comenzó Mario la labor de zapa. Tenía que haberlo imaginado, se ilusionó con el tatuaje tanto como con todo lo que habíamos emprendido en nuestra nueva vida, no perdía ocasión para lanzarme una andanada, me llamaba nueve cada vez con más frecuencia, y no es que me molestase, acabé acostumbrándome, le seguí el juego. Tal vez no debí hacerlo.

—Qué pasa con Candela, ¿la llamas siete? —le pregunté una vez que en la cama me dijo, «Cómo me gustas, nueve». 

—No, no es lo mismo. —contestó tras pensarlo detenidamente.

—Claro, porque a ella no intentas pervertirla. Cómo te conozco.

Llegó Agosto, en dos semanas comenzaríamos nuestras vacaciones de ensueño, supuse que cuando estuviéramos navegando a bordo del yate se olvidaría; mientras tanto el asedio continuaba y yo le dejaba hacer porque en el fondo me gustaba, sabía lo que estaba pasando y no le di demasiada importancia; él es así, me decía a mí misma, jugábamos un juego que a los dos nos reportaba momentos de intenso placer, me había acostumbrado a ser la nueve, participaba gustosa en los juegos secretos que se inventaba en las situaciones más insospechadas, con nuestros amigos, con la familia. Como cuando decía sin venir a cuento que habíamos venido oyendo la novena sinfonía, o proponía volver a ver la novena puerta de Polanski solo para sorprenderme y probar a sacarme una sonrisa cómplice. Sabía lo que estaba haciendo, le dejé hacer. 

Pasó el verano, pasó Gerardo, pasó Santos. El mundo colapsó en Septiembre. Cuando mi vida empezaba a recobrar la normalidad, Mario viajó a Sevilla y regresó eufórico por el éxito del proyecto, por el reencuentro con Candela, por algo más que escondía y tardó en darme a conocer. Llegó Navidad y superamos el desencuentro a causa de la mentira desvelada por Roberto.

Así llegamos al día en que me lo propuso.

24 abril 2025

Capítulo 198  Vía Láctea (y 2)

Tiempo estimado de lectura: sesenta y seis minutos.  (sin citas)


«Hoy, como ayer, como entonces, mi piel es un campo sembrado por otros que germina al contacto de la brisa que mueve tus manos.»

Ella, 2025



No logré dormir, estaba enfadada, triste, defraudada y sobre todo, preocupada, si le daba por aparecer me pondría en una situación muy difícil, ¿qué pensaría Andrés de mí si se enteraba de lo que había hecho para Diego? Yo, convertida en la puta de un vulgar barman venido a más por traficar con mujeres, qué vergüenza.

Andrés notó los efectos de haber pasado la noche en vela, lo achaqué a una mala digestión. La mañana transcurrió según lo planeado, pasé por el despacho del jefe de departamento encargado de los eventos, iba dispuesta a todo con tal de conseguir que el seminario volviera a estar incluido en la planificación de los actos del mes, mi sutil manera de ofrecer a la vista “mis encantos“ junto a una buena argumentación surtió efecto. A la salida, Andrés me esperaba, ambas reuniones habían dado sus frutos y decidimos celebrarlo a lo grande.

—Te voy a llevar a comer a Santillana, conozco un sitio que te va a encantar.

No llegué a preguntarle nada, desde lo alto de la ancha escalera de piedra, lo vi.

—Qué cara te vendes, chiquilla. —dijo cuando terminamos de descender, nos miró a ambos y le ofreció la mano a Andrés—. Diego, un amigo de Carmen.

—Andrés Arjona es el presidente del gabinete. ¿Qué haces aquí?

—Voy de camino a Bilbao —contestó soltando el apretón de manos—, me dijo tu marido que estabas aquí.

Hubo un incómodo silencio que Andrés resolvió.

—Os dejaré que os pongáis al día. Recuerda, a las cinco tenemos otra reunión.

—Te la devolveré a tiempo. ¿Nos vamos?

Me sacó del recinto cogida del brazo sin darme ocasión a reaccionar. Cuando estuve segura de que Andrés estaba lejos, le increpé.

—¿Se puede saber qué haces aquí?

—Reclamar lo que es mío, morena, no puedes torearme como si fuera un pringao de esos que te follas a diario.

—Haz el favor de bajar la voz.

Me dejé llevar con tal de alejarme de allí donde nos podían escuchar.

—¿Te contó Mario mi propuesta?

—No puedes presentarte así, de improviso y trastocar mis planes.

—Contesta, joder, ¿te lo contó?

04 abril 2025

Capítulo 197 Vía Láctea (1)

Tiempo estimado de lectura: treinta y cuatro minutos.  


Mi agradecimiento al artífice del acento y el alma de Guido: mi amigo Torco.


Presentimiento 

No soy de las que se quedan quietas a la espera de que los acontecimientos se precipiten. La llamé. Nada más responder, noté que algo iba mal.

—Virginia, soy Carmen.

—Dime.

—Te llamo porque, como quedamos en vernos, me ha extrañado no saber nada de ti. 

—Olvídalo, lo he estado pensando; la verdad, no es para tanto.

—¿Seguro? Si necesitas hablar, aquí estoy.

—Tengo un poco de prisa. Adiós.

Me invadió el temor que se experimenta ante un peligro inminente. No pude apartarlo de mi cabeza en toda la mañana y acabé llamando a Ramiro.

—¿Qué te pasa?, dice Ángela que es urgente.

—He hablado con Virginia, como no tenía noticias suyas la he llamado. Está rara, no sabría decirte por qué, es una impresión.

—¡Cómo se te ocurre llamarla!, va a pensar que es cosa mía, ¡joder, la que has liado!

—¿Me puedes explicar qué está pasando?

—Se ha jodido.

—Qué se ha jodido.

—¡Todo! La convivencia se ha vuelto insoportable, sospecha de todo, no sé qué conclusión ha sacado de vuestra charla, cada vez está más desconfiada, anoche tuvimos una bronca descomunal.

30 agosto 2024

Capítulo 191 El futuro nos lo dirá 

Tiempo estimado de lectura: ochenta y cuatro minutos.


Con la inestimable colaboración de Torco en los diálogos argentinos y el diccionario de términos adjunto.


Londres: Indolencia

Aterricé en Heathrow a las once, un Mercedes enviado por Tomás me llevó directamente al hotel, a unos diez minutos de donde se alojaba. Viajaba ligera de equipaje, lo justo para pasar unos días de turista, quería aprovechar este viaje, entre otras cosas, para contemplar las vistas del London Eye, desde que lo inauguraron sentía curiosidad por ascender a lo alto del cielo de Londres. Tenía pensado encontrarme con una compañera de facultad que, recién doctorada, aceptó una oferta en una prestigiosa clínica, no la veía desde entonces, aunque manteníamos el contacto inquebrantable a través del tiempo. Había hecho el propósito de visitar a mi tía Frauke, llevábamos dos años sin vernos. Tenía una preciosa casa en Candem Town en la que me había alojado en numerosas ocasiones. Frauke era la hija menor de unos primos de mi madre, de niñas pasábamos las vacaciones con ellos en Alemania, era como una hermana. El Covid pudo con ella.

26 julio 2024

Capítulo 190 La calma

Tiempo estimado de lectura: cincuenta y cuatro minutos.


Haz lo que quieras. Yo, en tu lugar, antes de seguir leyendo buscaría en Spotify, YouTube o donde sea, «Believe, beleft, below» de Esbjörn Svensson. Sírvete un whisky, un coñac, ron con coca o un zumo, lo que te apetezca. Baja las persianas, apaga la luz, no la necesitas, recuerda: estás leyendo en un smartphone o en una tablet. Acomódate en tu sillón favorito junto a tu pareja, si la tienes, o con tu mascota, si la tienes. En cambio, si eres de los que les gusta leer a solas, dile: Cariño, dame una hora, voy a ponerte los cuernos con Mario, o con Carmen; si sabe de tu afición te dará por imposible, si no, mejor cállate. Cuando tengas todo listo, dale al play. 🎙

Ahora ya puedes comenzar a leer.

02 febrero 2024

Capítulo 182  Los retos abiertos 


Tiempo aproximado de lectura: treinta y seis minutos.


Días del futuro pasado 

Acompañadme, demos un salto en el pasado hacia el futuro que ya está en el pasado.


Verano del dos mil tres, una noche cualquiera del mes de Agosto. 

Me hubiera gustado despertar entre sábanas de satén blanco, la noche lo había merecido, pero nos alojábamos en un complejo hotelero, hubiera sido mucho pedir. Nos despejamos con una larga ducha y bajamos a desayunar apurados de tiempo a punto de encontrar cerrado el comedor. Después, nos preparamos y salimos a pasar una mañana tranquila de playa.

—¿Qué quieres?

—Zumo de piña.

—Ahora vuelvo.

Esperé en la tumbona a resguardo del sol bajo un gran toldo. No le había querido decir nada a Mario, aquel hombre no me quitaba ojo desde que llegó. Da igual, estoy acostumbrada y más haciendo top less como la mayoría de las chicas a mi alrededor. Lo que nos diferenciaba eran los aros en mis pezones, unos aros idénticos al del ombligo y a los pendientes. Había ignorado los reiterados toques de atención de mi conciencia que exigía prescindir de la parte más llamativa de aquel precioso juego de seis piezas antes de bajar a la playa, un valioso regalo de… dejémoslo ahí. No había motivo, salvo librarme del insistente acoso de algún que otro mirón como este, pesado e impertinente. Nos habíamos cruzado. No exactamente: yo fui a refrescarme a la orilla, pasé cerca, al llegar esquivé unos niños y me entretuve con la marea empeñada en robarme la arena bajo los talones. Lo vi a pocos metros, ¿me había seguido?, miraba hacia mí con descaro, como si nos conociéramos. No le di mayor importancia, nadé un rato y volví al toldo, me sequé aún de pie y al levantar la vista lo encontré observándome. Sí, me conocía, sin embargo yo no recordaba haberle visto jamás. Esto sucedió diez o quince minutos antes de que Mario propusiera ir a por algo de beber y, durante ese tiempo, caí en la tentación de dar alguna ojeada. Siempre lo encontraba esperándome, declarando que él sí me conocía.

A poco de irse Mario, el desconocido se acercó, miró alrededor y se puso en cuclillas.

19 marzo 2023

Capítulo 176  Lo que ocurre en la playa… (6)

Tiempo aproximado de lectura: 45 minutos.


Yo no te pido que me firmes

diez papeles grises para amar.

Solo te pido que tú quieras

las palomas que suelo mirar.

De lo pasado, no lo voy a negar,

el futuro algún día llegará

Y del presente,

qué me importa la gente

si es que siempre van a hablar.

Pablo Milanés, 1978

Pablo Milanes y Silvio Rodríguez en Argentina (escuchar)


Veintinueve de Agosto, dos mil uno

—¿Quién era?

—Emilio. 

—¿No ha querido hablar conmigo?, qué raro.

—Estaba reunido.

—¿Qué quería?

—Pedirme un favor. Lleva hablando con los inversores varios días, le corre prisa cerrar un acuerdo con Esteve; le conociste en el simposium.

—Puede ser, no me suena.

—Está aquí, tiene casa en Sancti Petri. Ha pensado que, como le conozco, podría hacerme cargo, así evita desplazarse a Sevilla; se lo dijo y le pareció perfecto. En una hora como mucho lo resuelvo.

—Todo eso sin contar contigo.

—Mujer…

—Lo veo muy precipitado, Mario. ¿Precisamente hoy?

—Una hora. A ver si vas a ser la única que trabaje en vacaciones. 

—Eso es un golpe bajo. —protesté.

Se marchó, tampoco sería tanto tiempo; quién era yo para reprocharle nada. Hacía una mañana espléndida, me puse un short de algodón y una camiseta, recogí las tazas del desayuno y descolgué la ropa del tendedero. A la sombra de la fachada trasera incluso hacía fresco. Clasifiqué la ropa en montones y entré al cuarto de servicio a sacar la carga de la lavadora. Desde allí escuché el móvil.

21 febrero 2023

Capítulo 175  Lo que ocurre en la playa… (5)

Tiempo aproximado de lectura: 64 minutos.


Tormenta

—¿Estás segura?

—Sí, Mario, he recordado el sueño cuando me he ido tranquilizando, al menos una parte. Estoy en el pueblo en las cuadras de mi tío con el caballo que solía montar, un potro muy tranquilo. De repente ha cambiado y estaba pegada a otro, el grande, el negro zaíno y tenía miedo, pero no del caballo. Mi padre se movía como loco y gritaba: «Qué has hecho, te voy a matar». 

—¿Te voy a matar?

—Qué pude haber hecho para enfurecerlo tanto, él no es así. Yo quería hablarle, “Papá, papá», pero era incapaz de articular ni una palabra, de pronto se volvió y me dio un mandoble con el puño cerrado.

—Te voy a matar, ¿estás segura que dijo eso?

—Como si lo estuviera viviendo ahora mismo —dijo conteniendo las lágrimas.

—Qué más.

—Es todo muy confuso, recuerdo mucho miedo y angustia.

—Vamos a ver; se volvió hacia ti y te dio con la mano.

—Hizo un giro y me golpeó con el brazo.

—Es decir, no tenía intención de pegarte, estaba de espaldas.

—«Te voy a matar». ¿Cómo lo explicas?

15 junio 2022

Capítulo 165  El retorno 


Tiempo aproximado de lectura: 60 minutos


La mujer que yo quiero no necesita

bañarse cada noche en agua bendita.

(Joan Manuel Serrat)


I El retorno


—Te esperaba ayer. 

Ángel se ha levantado a recibirme; dejo el bolso en un sillón y camino decidida a su encuentro. Entiendo el reproche, tenía que haber aparecido por el gabinete aunque fuera unas horas. Le compenso con un beso largo e intenso que no desaprovecha; en un abrir y cerrar de ojos tengo la blusa abierta, los hombros desnudos, el sujetador suelto y me devora las tetas como si le fuera la vida en ello. Qué cabrón, cómo sabe ganarme. Nos desfogamos un rato y le paro antes de que vayamos a más. 

20 mayo 2022

 Capítulo 163 Lo recordaremos toda la vida 


Tiempo aproximado de lectura: 60 minutos


Love, love is a verb

Love is a doing word

Feathers on my breath

Gentle impulsion

Shakes me, makes me lighter

Feathers on my breath

Teardrop on the fire

Feathers on my breath


Massive attack, Teardrop



Ahí está, en la terraza del restaurante. Aún no me ha localizado y se mueve con esa soltura que lo hace tan atractivo. Al fin me ve, sonríe y se recrea en contemplar su pieza más valiosa. Disfruta conmigo como lo hacen los niños con su mejor juguete, no aparta la vista, no pierde detalle de mis andares; de ese que ha pasado por mi lado, muy cerca y seguro que se ha vuelto a mirarme; de los dos que han dejado de hablar para verme pasar. Los niños pueden ser dulces, imprevisibles, mentirosos, caprichosos hasta el punto de llegar a romper su más preciado juguete. Qué hago con él si mi vida no tiene sentido si no es a su lado.

02 abril 2022

    Capítulo 162  Puta de barra de bar segunda parte


Tiempo aproximado de lectura: 34 minutos


She says, "Hey, babe
Take a walk on the wild side”
Lou Reed 

 

Sábado


Me he levantado más tarde de lo habitual. Al despertar lo primero que sentí fue satisfacción. Dicen que la primera impresión es la que cuenta, si eso es cierto debo guiarme por la intuición. He bajado a desayunar y he llamado a Candela.

—No sabía si era pronto para llamarte. —contesta al ver que soy yo.

—¿Por qué no? anoche me pareció un poco tarde para darte novedades.

—No tienes por qué hacerlo.

—Al fin y al cabo Paco es tu cliente, creo que es lo mínimo. ¿Te apetece que nos veamos?

15 marzo 2022

Capítulo 161  Puta de barra de bar (1)

Tiempo aproximado de lectura: 40 minutos


Viernes


—Lo vi por casualidad, no sé cuánto llevaría allí, lo vi y estuve a punto de decirle a mis amigas que nos fuéramos a otro sitio, entonces pensé que no tenía por qué alterarme la vida alguien a quien no le importo una mierda; pero no podía evitarlo, en cuanto me descuidaba estaba pendiente de él. De pronto se volvió como si hubiera sentido mi presencia. Te parecerá una locura.

—Lo entiendo, esas cosas pasan.

—Me habló como si nos hubiésemos visto ayer, ¿te lo puedes creer? No soy de montar escenas, hay muchas maneras de mandar a tomar por culo a una persona sin que los demás se enteren; pero tiene aguante, o yo soy tonta, no lo sé. Seguimos hablando, había demasiado ruido y nos fuimos; al día siguiente me costó dar una explicación coherente a mis amigas por haberlas dejado plantadas. En la calle se comportó como si no hubiera pasado nada ¿me entiendes?, como si no me hubiese dejado colgada después de presentarse en Toledo y… En fin, no sé por qué le hago caso.

16 febrero 2022


Capítulo 160  El congreso 

Tiempo aproximado de lectura: 51 minutos


«Le pregunto y no contesta, me mira y sonríe, es la misma maldita sonrisa de entonces, pero yo no soy la misma»


Fobia 

Nunca se lo he dicho a nadie. No soporto volar. Procuro evitarlo y cuando no tengo otra alternativa voy acumulando tensión gota a gota desde que tomo la decisión. Intento no pensarlo, hago como si no me afectara, convivo con una especie de parásito que de vez en cuando me lo recuerda. De esa forma llega el día, preparo el equipaje, salgo para el aeropuerto y el nivel de ansiedad va creciendo —porque la tensión ya tiene nombre—, paso el control y finjo que soy una persona normal, como las demás que esperan de pie o sentadas, leyendo o enviando mensajes. ¿O es que fingen tan bien como yo?