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10 junio 2026

 Capítulo 210 Gambito de dama

 Tiempo estimado de lectura: una hora diecinueve minutos.

 

 

«El arte de la seducción, como el arte del ajedrez, no consiste en someter al otro, sino en entregarle el primer peón para obligarle a jugar bajo tus propias reglas»

 

 

06 diciembre 2025

Capítulo 205 Crepúsculo 


Tiempo estimado de lectura: dos horas y diez minutos.


En el capítulo anterior…

Carmen llegó a casa rescatada por Tomás de las garras de Diego. Mario la esperaba en el salón a oscuras, frío como un extraño. Lo que había entre ellos se ha roto; ella lo ha sentido en el abrazo sin fuerza y en sus ojos sin vida.

Se desnudó para enseñarle los tatuajes: tres pentágonos en el pecho, «mi rango»; dos corazones en el pubis, «símbolo de nuestro amor» según Tomás; la flecha atravesando el pezón, «esta vez no estaba drogada»; el gran pentágono en la espalda, «tanto lo deseabas, ya lo tienes». Luego vino la confesión completa: la orgía bajo los efectos de las drogas de la que solo recuerda fragmentos brutales, la pareja de clientes sevillanos y sus perros, el deseo prohibido que la avergonzó y la fascinó, la lengua de Deimos en sus pies, el orgasmo mientras Rosalía era montada por Phobos, al que ella misma rechazó e impidió cruzar la última línea.

Mario escuchó sin consolarla, la juzgó con dureza. Cuando ella entró en la ducha, llamó a Tomás y pactó apartarse de Carmen para siempre: fingiría que no perdona, que lo vivido es intolerable, le pidió que la saque de la prostitución y la cuide. «Solo un estúpido perdería a una mujer como ella», dijo Tomás; él lo reconoció entre lágrimas.

Sola en casa, Carmen abrió la caja con los recuerdos de Luna convertida en caja de Pandora, se puso el viejo collar, extendió la manta en el ático, se arrastró bebiendo de la escudilla como una perra. La vergüenza la golpeó después como un mazazo. Aún con el collar puesto llamó a Rosalía y dejó la puerta entreabierta a volver.

La llegada de Esther, destrozada por el fracaso de su matrimonio, fue el detonante. Carmen vio a Mario consolarla con una ternura que no le daba a ella y lo malinterpretó como prueba de una relación secreta entre ellos. Enloquecida de celos y dolor, decidió sacrificarse, convertirse en la villana de la historia, asumir toda la culpa y empujar a Mario hacia Elvira, su primer amor, para evitar que la relación con Esther destruya a la familia.

Mario, mientras tanto, avanza en su propio plan de abandono convencido de que él es el veneno que la ha destruido y sólo alejándose, Carmen podrá algún día ser feliz.

En medio del caos, la ansiedad la devoró. Desesperada, Carmen acudió a Claudia (su antigua amante, quien la provee de droga) para conseguir algo que mitigue el ruido en su cabeza.


En el próximo capítulo…

Carmen cruza la puerta de la mansión de Claudia. Mario sigue dando pasos hacia la ruptura definitiva. 

Y el collar de Luna sigue guardado en la caja de Pandora.

26 junio 2025

Capítulo 200  Soledades

Tiempo estimado de lectura: ochenta y cuatro minutos.


La alerta

—Carmen, ¡Carmen, despierta!

—¿Qué pasa?

—Se ha enterado.

—¿Quién?

—Diego, sabe que estás aquí.

—¡Cómo!

—Me lo ha notado.


«—A ver, tú, ven aquí. Qué coño te pasa.

—¿A mí?, nada.

—No me toques los huevos, llevas toda la noche evitándome, no me miras. Venga, coño, qué has hecho.

—Nada, no he hecho nada.

—Estás mintiendo, no hay cosa que me joda más. Suéltalo ya.

—Diego, lo juro, no miento.

—Curro, avisa a Lole, que venga echando humo. Tú, a la puta calle.

—No me hagas esto.

—¡Que te pires de una vez!

—Vale, perdona, me pidió que no te lo dijera.

—Que no me dijeras qué, quién

26 julio 2024

Capítulo 190 La calma

Tiempo estimado de lectura: cincuenta y cuatro minutos.


Haz lo que quieras. Yo, en tu lugar, antes de seguir leyendo buscaría en Spotify, YouTube o donde sea, «Believe, beleft, below» de Esbjörn Svensson. Sírvete un whisky, un coñac, ron con coca o un zumo, lo que te apetezca. Baja las persianas, apaga la luz, no la necesitas, recuerda: estás leyendo en un smartphone o en una tablet. Acomódate en tu sillón favorito junto a tu pareja, si la tienes, o con tu mascota, si la tienes. En cambio, si eres de los que les gusta leer a solas, dile: Cariño, dame una hora, voy a ponerte los cuernos con Mario, o con Carmen; si sabe de tu afición te dará por imposible, si no, mejor cállate. Cuando tengas todo listo, dale al play. 🎙

Ahora ya puedes comenzar a leer.

20 junio 2024

Capítulo 188 La tempestad


Tiempo estimado de lectura: ochenta y siete minutos.


¡Silencio! Si dices otra palabra, 

te reñiré, y aun te odiaré.

¡Cómo! ¿Abogada de impostor? ¡Calla!

Porque solo has visto a él y a Calibán 

te crees que no hay otros como él. ¡Necia! 

Al lado de otros hombres, él es un Calibán, 

y a su lado, ellos son ángeles.


La tempestad. William Shakespeare 



Caza mayor 


(La mañana posterior a los atentados…)

«—La doctora Rojas me informó en detalle y acordamos que, hasta que hablase con el doctor Álvarez Atienza, se abstuviera de aparecer por aquí. 

Hubo algunos murmullos y gestos de confusión. Estaba sorprendida por el revés dado a la historia, Andrés me había sacado del foco de las críticas, todo el interés se centró en poner los medios para localizar a Ángel. Lo que ocurrió después fue algo previsible, una retirada en toda regla de los inquisidores sin mediar disculpa, tampoco la quería. Una vez solventado el primer acto, le acompañé al despacho.

—No sé cómo darte las gracias.

—Procura no dar motivos para que tenga que volver a acudir en tu auxilio.

Le sonreí, hubiera querido abrazarle, pero ni era el lugar ni el momento oportuno.

—¿Llegaste bien anoche a tu casa?

—Ah, sí. Por cierto, espero que no tengas en cuenta…

—Olvídalo.

Hubo un silencio incómodo, podríamos habernos dicho tantas cosas, sin embargo, Andrés salió por la vía más fácil, o más cobarde.

—Será mejor que salgamos y nos enteremos si hay noticias.» (1)

29 enero 2023

Capítulo 174  Lo que ocurre en la playa… (4)

Tiempo aproximado de lectura: 38 minutos.


—¿Seducir a Mageli? 

No pude reprimir el desconcierto al enterarme de la conversación con Gerardo.

—Quién ha dicho que vaya a se-du-cir a Mageli —repitió, machacando cada sílaba—, no soy tan retorcida.

Me contó la estrategia planeada para observar la conducta de su acérrima enemiga; de ese modo, con una mirada objetiva, podría saber si la sospecha de su marido era cierta o tan solo un oscuro deseo. 

—Te desprecia —objeté—, lo vas a tener difícil para acercarte a ella.

—Ya veremos; en cualquier caso habré aclarado el motivo de su aversión

La apoyé, como siempre hago. Tomé la decisión de dejarle el campo libre, allí solo sería un estorbo; además, era una buena ocasión para explorar los alrededores. A las ocho de la tarde, después de una improvisada ruta turística y sin noticias de Carmen, imaginé que le estaba yendo bien. Aparqué donde pude. Cómo me alegré de haber llevado el auto pequeño. Pensé darme un capricho: reservé mesa para las diez en uno de los mejores restaurantes y seguí deambulando por Conil.


14 noviembre 2022


Capítulo 170  No mires atrás

Tiempo aproximado de lectura: 65 minutos.


Parecíamos dos irracionales

que se iban a morir mañana

(Derroche,  Ana Belén Víctor Manuel, 1994)

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Prólogo: Quince años, seguimos


Cuando el diario empieza a publicarse en dos mil siete, Carmen cumple treinta y seis y yo cuarenta y nueve, han pasado seis años desde el inicio de todo y la vida sigue su curso. Habría tanto que contar… sin embargo lo más probable es que no llegue a escribir sobre esa etapa. El tiempo avanza como la lengua de un volcán. Que nos quiten lo bailao.

Esto es lo que redactaría el autor primerizo que comenzó sin saber en lo que se estaba metiendo. Si continúo, me va a caer la del pulpo. Mejor tiro ese párrafo a la papelera y lo intento de nuevo.

Vamos allá.

El diario nació en dos mil siete, en él se narra una historia ambientada en Madrid seis años antes, una historia de sexo y ternura, de derroche de amor y mucha, mucha locura. Lo más probable es que no alcance a cubrir la época en la que comenzó a publicarse. No importa, lo esencial está dicho y espero llegar al desenlace de lo fundamental. Lo demás, lo que no se publique y quede escrito, flotará olvidado en la nube. El tiempo es como la pleamar, va borrando la huella de las personas que pasaron por la orilla. 

Sigamos, no sé hasta cuándo. He redactado textos para conmemorar otros aniversarios sin saber qué futuro tenía. Sigamos, mientras la ilusión permanezca encendida, mientras las horas que dedico al diario me produzcan placer. Sigamos, mientras los lectores aparezcan como las perseidas para dar su opinión, ofrecer un consejo o plantear una crítica, y los hooligans lo ensucien con sus pintadas sin producir más ruido del que necesitan para hacerse oír. 

Quince años, seguimos.

27 septiembre 2021

Capitulo 153  Vendida


(Tiempo aproximado de lectura: 45 minutos)



—Hola, putita.

Me volví a todos lados.

—¡Estás loco! ¿cómo se te ocurre?

—Tranquila, putita, lo tengo todo controlado.

—No vuelvas a llamarme así y menos en el portal. —le amenacé.

—¿O qué? ¿se lo vas a decir al señor? Venga, sube, ya ha llegado, dile que te he llamado putita. Y cuando me mande llamar le contaré algunas cosas —le hice gestos de que se callara, pero me ignoró—: que me gustan los anillos que llevas en los pitones, o que el lunar que tienes en la teta se pone muy durito cuando te lo chupo; ¿quieres que siga?

Lo dejé con la palabra en la boca y fui hacia el ascensor.

—Espera, todavía no he terminado.

—¿Qué quieres?

—Hay un vecino que está muy interesado en ti.

—Qué dices.

—Don Jaime, el estirado del sexto, lo conoces pero como vas siempre con esos aires… Se fijó en ti desde que estuviste viviendo aquí. Me preguntó quién eras, le fui contando lo que sabía, que eres psicóloga, doctora en psicología nada menos, que no eras como las demás sino una amiga del señor Rivas y que eras su huésped porque necesitabas un lugar para aislarte y trabajar en un caso difícil. Vamos, lo que me dijo el señor. No ha parado de interesarse desde entonces aunque con el tiempo ha deducido que esa historia es una tapadera, lo mismo que piensan todos en el edificio. Y aquí viene el asunto: quiere que me encargue de conseguir tus servicios.

21 febrero 2018

Capítulo 105 Sanación

(Tiempo aproximado de lectura: 87 minutos)


—Papá, hola… si bien… aquí en la sierra… si, al final decidimos quedarnos… No, no nos apetecía este año salir… porque no… no, no pasa nada ¿qué iba a pasar?

Escucho a Carmen hablar con su padre y percibo la desconfianza que llega del otro lado de la línea. ¿Por qué hemos cambiado repentinamente los planes cuando lo habitual es que salgamos fuera en estas fechas? Si ya resultó complicado aparentar normalidad en el cumpleaños de mi suegra ahora este cambio se suma para romper con las costumbres tan arraigadas.

—Sí, está aquí ahora te lo paso ¿Y mamá, está bien?

Le he pedido que les llame, no sé desde cuando no habla con ellos y eso en esta familia no es normal.

Normalidad, algo que le debemos a la familia. No se han entrometido pero me consta que están preocupados y en algunos casos han sufrido.

Hablo con mi suegro sobre todo para darle seguridad. Estamos juntos, estamos bien. Le prometemos una visita pero no ahora, no en esta semana. Noto recelo y trato de sofocarlo. En quince días comida en nuestra casa, prometido.

Hace un sol de justicia, cualquiera diría  que estamos en verano. Ya es miércoles y para mañana esto se va a llenar. Estamos comiendo en la terraza de uno de los restaurantes de la plaza del pueblo. Son las tres de la tarde; después de hacer el amor, ducharnos y perder otra media hora bajo el agua salimos con prisas hacia el pueblo. Menos mal que a última hora se me ocurrió reservar.

Carmen luce espléndida. Un vestido veraniego, estampado en tonos rojos y verdes claros con motivos florales sobre fondo blanco anudado al cuello con escote en pico por medio muslo, sandalias planas para caminar cómoda por el empedrado del pueblo y uno de los bolsos grandes de este verano pasado que como el resto de la ropa de temporada también guarda en los armarios de aquí. Brutal. 

19 diciembre 2017

Capítulo 102 Carmen fuma

(Tiempo aproximado de lectura: 25 minutos)


Aquella semana santa, semana de pasión, muerte y resurrección tal y como celebran los creyentes, un par de ateos nos encerramos en una casa y la vivimos en paralelo, sufriendo, muriendo y resucitando transformados en otros muy distintos a los que una vez habíamos sido.


Carmen fuma. La observo apoyada en el ventanal del dormitorio y me siento abrumado ante tantos cambios a los que me he tenido que enfrentar en tan poco tiempo.

Carmen fuma. Jamás pensé verla con un cigarrillo en la boca. Está relajada después de hacer el amor. Se ha levantado tras un momento en que la notaba inquieta. Casi como excusándose ha abierto el cajón de la mesita y ha sacado un paquete de tabaco. «¿Te importa? es algo que… Ya te contaré, ahora lo necesito pero pienso ir dejándolo, poco a poco» 

¿Qué le iba a decir? No quería dar la impresión de que me defraudaba, tampoco que le daba permiso. Esos primeros momentos andaba sobre un campo minado. «Claro» susurré esbozando media sonrisa. Sé que no es más que una buena intención; por la forma en que maneja el paquete y enciende el cigarro, por la manera en que aspira, contiene el humo y lo expulsa veo que ya es una adicta al tabaco y no le va a ser fácil dejarlo si acaso esa es su verdadera intención.

Se levantó y avanzó hacia el ventanal, lo entreabrió y allí se quedó mirando hacia el jardín, sin importarle su desnudez apenas cubierta por su brazo cruzado bajo el pecho que servía de apoyo para el que sujetaba el cigarro.

19 octubre 2016

Capítulo 98 Tiempo de cambios


(Tiempo aproximado de lectura: 33 minutos)

 

—Bueno, ha sido un placer

—¿Ya te vas?

—Es tarde, todavía tengo que organizarme.

Percibió un gesto de extrañeza.

—Como te dije, mis días en la montaña acabaron hoy. Se me ha ido el santo al cielo y aún no he previsto dónde pasar la noche.

—¿A estas horas? Yo, si quieres, tengo un apartamento que...

Carmen sonrió escéptica.

—¿Tu picadero?

—No te ofendas, creo que somos mayorcitos para entender de lo que estamos hablando. Tú necesitas una solución para esta noche y yo la tengo; te dejo las llaves y te arreglas, mañana te organizas y en paz. Eres psicóloga, creo que en el tiempo que hemos estado hablando habrás tenido ocasión de calibrar si en mitad de la noche voy a aparecer para violarte.

—No, no creo. Gracias de todas formas.

Tomás desistió. Carmen miró el reloj, se le había hecho muy tarde.

—¿Ya os vais?

Álvaro se había acercado al verlos levantarse.

—Carmen se marcha, parece que tiene que buscar alojamiento ya que ha rechazado mi oferta.

En un instante se estaba viendo envuelta en una conversación que no deseaba.

—Si, Álvaro, me marcho ya —concluyó con decisión.

—¿Qué es eso de que necesitas alojamiento? —preguntó extrañado.

08 octubre 2014

Capítulo 84 Ruleta rusa

(Tiempo aproximado de lectura: 56 minutos)


(Viernes)


Desde la mullida cama de Graciela escucho el rumor del agua en el baño. Me ha despertado el dolor de mi mano que se hace notar saliendo de una tregua que ha durado no sé cuánto, tres, cuatro horas quizás. 

Hace frío, echo en falta el calor que la calefacción central de casa, aún apagada, mantiene durante la noche y por otra parte agradezco estar arropado hasta el cuello, bajo el suave y ligero edredón que nos ha cobijado.

La luz entra a raudales a través de los visillos. Anoche no me percaté de la ausencia de persianas. Ella está duchándose y siento una débil tentación que destierro inmediatamente. No, no tenemos la suficiente confianza, no sé si rompería su intimidad. Prefiero esperar y quizás otro día ser invitado a compartir con ella ese placer.

El silencio que sucede a continuación se llena de murmullos que pinto con imágenes. La supongo desnuda envuelta en una toalla. Algunos sonidos me ayudan a recrear una pierna doblada con el pie sobre una banqueta o quizás apoyado en el borde de la bañera mientras ella seca el muslo. ¿Tendrá el cabello envuelto en una toalla? A lo mejor usa un gorro de baño como…

Un agudo dolor me atraviesa el pecho. Las imágenes se han transformado, ahora es Carmen la que suplanta a Graciela y seca sus pechos con esa gracia que conozco tan bien. Se enrolla la toalla en la cintura y al sentirse observada, gira la cabeza y me mira traviesa, “¿qué me miras?”

17 septiembre 2014

Capítulo 83 Entre mujeres

(Tiempo aproximado de lectura: 54 minutos)


(Jueves noche)


- No sé lo que estoy haciendo Irene, no sé…

Carmen la mira a los ojos, está a punto de derrumbarse

- Mejor nos vamos de aquí

Es cierto, las miran. Será por el beso en la boca que impulsivamente le dio al llegar. Quizás su escena con Borja no pasó tan desapercibida como ella pensaba. Las miran y nota que Irene no está cómoda aunque no es mujer que se acobarde, en eso es como ella. 

Y salen del bar cogidas de la mano, sin agachar la cabeza, su altura las hace destacar entre la gente que a esas horas ya abarrota el local y les impide moverse con soltura para alcanzar la salida. 

Las miran, Carmen se siente extraña pero la sigue erguida, tan erguida como va Irene, mirando al frente, serena, con ese aire de digna indiferencia que les impide sentirse manchadas por las miradas curiosas que las catalogan. Se siente segura de la mano de su amante dejándose etiquetar como lesbiana. 

11 julio 2014


Capítulo 79 Decepciones, ilusiones

(Tiempo aproximado de lectura: 99 minutos)



- ¡Qué tengo que hacer para que me creas!

Sus miradas se cruzan.

- Sei la mia puttana? – Carmen le toma el rostro con las dos manos, apenas puede contener la voz

- ¡Sí, sí, soy tuya, sí, soy tu puta, soy lo que quieras que sea!

- Ya es hora de que me lo demuestres, cara.

Carmen se estremece. ¿Cómo ha podido llegar tan lejos? no sabe el alcance del compromiso que ha adquirido, su mano se desliza por la mejilla del italiano hasta su pecho.

- Doménico…

- Cállate, de momento limítate a aprender ¿sí?

- Sí.

Siente como la firme caricia en la cadera se va desplazando hacia los riñones, la tiene atrapada contra su cuerpo, no puede dejar de mirarle a los ojos.

- Esta noche te voy a despojar de tus vicios burgueses. Eres hermosa, más de lo que te imaginas, pero cometes unos fallos imperdonables, tremendas torpezas que resaltan aún más precisamente por ser tan… espectacular. 

31 marzo 2014




Capítulo 69  ¿En qué me estás convirtiendo?


(Tiempo aproximado de lectura: 39 minutos) 


El sonido de un roce en las sábanas tira de mí, me resisto, estoy en algún lugar del que no quiero regresar. 

No quiero despertar. Me sumerjo, me dejo llevar… me hundo en ese agradable sopor.

Otra vez ese roce… Suena de nuevo, como si fueran olas rompiendo en un acantilado. 

No, es más suave que eso, son como olas batiendo mansamente en una playa. 

¡Qué bien estoy! Sé que son pies… o piernas moviéndose bajo unas sábanas… pero prefiero pensar que son olas, y como mi cabeza puede hacer lo que quiera con los sonidos que escucho, con un solo deseo ahora percibo las olas contra la arena y… ahora recupero las percepción de las piernas de Carmen y las de Doménico arrastrándose por la cama, a mi lado, ¡qué divertido!  

Entreabro los ojos, un resquicio, lo justo para comprobar que mi intuición no me engaña. Carmen está a mi lado sentada, apoyada en sus manos. Me mira. Cree que sigo dormido y la verdad es que no estoy seguro de no estarlo aún. Necesitaré algún tiempo para salir de este estado en el que estoy tan, tan, tan bien. ¿Necesito despertar?

Doménico  emerge al otro lado, la mira y pone una mano sobre uno de sus pechos. Carmen reacciona a la caricia. Su cuello cede levemente, los párpados aletean, las comisuras de su boca inician el esbozo de una sonrisa… todo ello en un solo segundo; luego  se vuelve hacia él y se inclina para atender el beso que le pide. El italiano brinca con algo de brusquedad para ponerse boca arriba y ella le reprende.

19 octubre 2008

Capítulo 34  El encuentro

(Tiempo aproximado de lectura: 80 minutos)


A medida que se acercaba la fecha en la que Carmen se encontraría con Carlos empecé a notar como la seguridad que hasta entonces había demostrado ante ella y ante mí mismo comenzaba a resquebrajarse; Seguía pensando de la misma forma, me excitaba sobremanera la idea de verla entregada a otro hombre y seguía confiando ciegamente en su amor, pero visceralmente  la cercanía de aquel encuentro me producía en ocasiones una agobiante angustia ante la que nada podía hacer. Era un temor irracional que parecía inmune a todos los argumentos que hasta entonces habían bastado para alejarlo.


Luchaba contra estos miedos, intentaba tranquilizarme argumentando que era lógico que me sintiera así, iba a ser la primera vez que estuviese a solas con Carlos desde la frustrada noche sevillana; Habíamos hablado mil veces de él y mis presiones en la cama en momentos álgidos de gran carga erótica habían logrado que Carmen acabase por reconocer que le deseaba, que, -literalmente -, deseaba follar con él; Sabía que aun no estaba madura y que cuando hablaba así en realidad se movía en el terreno de la fantasía, pero las circunstancias parecían ponerse a favor de que aquella escena pudiera convertirse en realidad.


Si al menos pudiera estar presente; La idea de no saber durante varias horas si Carmen habría cedido a sus propios deseos y a las presiones que yo mismo le había hecho me provocaba una desazón que me paralizaba, quería confiar en ella, no me cansaba de repetirme a mí mismo que no tenía intención de acostarse con Carlos, que solo era una cita para charlar y entregarse unos regalos, “tú eres el que no sabes diferenciar la fantasía de la realidad”  me había dicho en más de una ocasión; eso me debía tranquilizar, sin embargo…


Sin embargo yo sabía que aquel día habría algo más que un intercambio de regalos; Carmen me había confiado, sin ocultar su emoción,  la intención declarada de Carlos de besarla nada más verla y yo temía que no tuviera la suficiente capacidad de resistencia ante tanta ternura, si apenas le pudo contener en Sevilla donde ya estuvo a punto de dejarle alcanzar su sexo ¿cómo iba a detenerle ahora, después de tantas conversaciones intimas y tanto deseo confesado?