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04 abril 2025

Capítulo 197 Vía Láctea (1)

Tiempo estimado de lectura: treinta y cuatro minutos.  


Mi agradecimiento al artífice del acento y el alma de Guido: mi amigo Torco.


Presentimiento 

No soy de las que se quedan quietas a la espera de que los acontecimientos se precipiten. La llamé. Nada más responder, noté que algo iba mal.

—Virginia, soy Carmen.

—Dime.

—Te llamo porque, como quedamos en vernos, me ha extrañado no saber nada de ti. 

—Olvídalo, lo he estado pensando; la verdad, no es para tanto.

—¿Seguro? Si necesitas hablar, aquí estoy.

—Tengo un poco de prisa. Adiós.

Me invadió el temor que se experimenta ante un peligro inminente. No pude apartarlo de mi cabeza en toda la mañana y acabé llamando a Ramiro.

—¿Qué te pasa?, dice Ángela que es urgente.

—He hablado con Virginia, como no tenía noticias suyas la he llamado. Está rara, no sabría decirte por qué, es una impresión.

—¡Cómo se te ocurre llamarla!, va a pensar que es cosa mía, ¡joder, la que has liado!

—¿Me puedes explicar qué está pasando?

—Se ha jodido.

—Qué se ha jodido.

—¡Todo! La convivencia se ha vuelto insoportable, sospecha de todo, no sé qué conclusión ha sacado de vuestra charla, cada vez está más desconfiada, anoche tuvimos una bronca descomunal.

20 junio 2024

Capítulo 188 La tempestad


Tiempo estimado de lectura: ochenta y siete minutos.


¡Silencio! Si dices otra palabra, 

te reñiré, y aun te odiaré.

¡Cómo! ¿Abogada de impostor? ¡Calla!

Porque solo has visto a él y a Calibán 

te crees que no hay otros como él. ¡Necia! 

Al lado de otros hombres, él es un Calibán, 

y a su lado, ellos son ángeles.


La tempestad. William Shakespeare 



Caza mayor 


(La mañana posterior a los atentados…)

«—La doctora Rojas me informó en detalle y acordamos que, hasta que hablase con el doctor Álvarez Atienza, se abstuviera de aparecer por aquí. 

Hubo algunos murmullos y gestos de confusión. Estaba sorprendida por el revés dado a la historia, Andrés me había sacado del foco de las críticas, todo el interés se centró en poner los medios para localizar a Ángel. Lo que ocurrió después fue algo previsible, una retirada en toda regla de los inquisidores sin mediar disculpa, tampoco la quería. Una vez solventado el primer acto, le acompañé al despacho.

—No sé cómo darte las gracias.

—Procura no dar motivos para que tenga que volver a acudir en tu auxilio.

Le sonreí, hubiera querido abrazarle, pero ni era el lugar ni el momento oportuno.

—¿Llegaste bien anoche a tu casa?

—Ah, sí. Por cierto, espero que no tengas en cuenta…

—Olvídalo.

Hubo un silencio incómodo, podríamos habernos dicho tantas cosas, sin embargo, Andrés salió por la vía más fácil, o más cobarde.

—Será mejor que salgamos y nos enteremos si hay noticias.» (1)

17 diciembre 2023

Capítulo 180 Alquimia


 Tiempo aproximado de lectura: sesenta y ocho minutos.


En el capítulo anterior…

Dormí mal, agitada por pesadillas que me expulsaban del sueño al que luego me costaba volver. Al fin caí rendida. La mañana me devolvió a la realidad, tenía que afrontar mis actos sin más demora. En Nueva York serían las tres de la madrugada, aún contaba con cuatro horas para pensar. Después de darme una ducha preparé café y comencé a establecer un argumentario. La primera llamada sería para Ángel antes de que se enterase de mi ausencia, después hablaría con Andrés, asumiría los gastos ocasionados y le explicaría… ¿qué le iba a explicar? Ese era el paso previo, saber la razón que me había llevado a quedarme.

Estaba decidida a dimitir, el proyecto de Ángel me asqueaba, no podía decírselo, tendría que dar alguna otra razón.

¿Y Mario, para cuándo iba a dejarlo? Podía llamarle ya y contarle… ¿qué?, si ni yo misma sabía el motivo.

Renuncié a dar señales de vida, aún contaba con suficiente margen. Me recogí el pelo, busqué un sujetador deportivo, mallas por media pierna, una camiseta, zapatillas de correr y salí con intención de hacer la ruta larga de los domingos. Evité la zona escolar, pronto estaba fuera de la urbanización a buen ritmo. Correr me activa y el viento en la cara terminó de disipar cualquier duda: había tomado la decisión correcta, demasiado tarde pero bien tomada.

30 agosto 2022

Capítulo 168  La protegida de las bragas color rosa palo


Tiempo aproximado de lectura: 58 minutos.


—Carmen, buenos días, Gerardo al aparato.

—Hola, Gerardo, qué tal.

—Muy bien. Oye, qué te parece si nos vemos esta tarde, ¿te viene bien?

—¿Hay algún problema?

—En absoluto, al contrario, una oportunidad y quiero comentarlo contigo. ¿Quedamos en el mismo sitio?

—Por mí, perfecto.


Esta conversación carece de sentido si no nos remontamos en el tiempo, cuando la imprevisión y las circunstancias nos llevaron a tomar decisiones que jamás hubiéramos imaginado.

03 mayo 2021

Capitulo 145  La soledad

(Tiempo aproximado de lectura: 46 minutos)


A medida que la estancia de Mario en Sevilla se alargaba comencé a encontrar cada vez más insoportable la soledad. Mi nuevo estatus en el gabinete había creado un muro infranqueable, me recordaba a lo sucedido tras mi reincorporación cuando los rumores sobre Roberto me alejaron de mis compañeros. El lanzamiento de la nueva dirección que iba a liderar estaba pendiente de unas últimas decisiones que debían adoptarse en un próximo consejo, mientras tanto ya había traspasado mi actividad clínica a Itziar y me encontraba con una desagradable sensación de inestabilidad, sin una función específica y ocupando un despacho que ya no sentía como propio. Con Mario las cosas no iban mejor, la comunicación se había estancado, los buenos propósitos de retomar el dialogo pronto hicieron aguas. Elvira volvió a Madrid y en lugar de ser un motivo para acercarnos el efecto fue el contrario; las conversaciones se volvieron vacías, era yo la que solía llamarle, era yo quien buscaba motivos de charla y era él quien caía en monosílabos y frases huecas; terminé por distanciar las llamadas para ver si conseguía motivarlo. Los últimos desencuentros parecían haberse enquistado y decidí dejarlo pasar hasta que pudiéramos hablar con calma cuando estuviera de regreso.

19 marzo 2021

Capítulo 143  Exilio


(Tiempo aproximado de lectura: 38 minutos)


Los días corrían y el exilio forzado al que me tenía sometido Santiago comenzaba a pasarme factura. No se podía decir que estuviese aislado, en poco tiempo había logrado formar un equipo cohesionado con el que mantenía una relación cordial incluso fuera de la Junta; había hecho amistad con dos o tres de los funcionarios más cercanos, algún comentario lanzado al vuelo nos había dado pistas de que coincidíamos en ideas, gustos y aversiones y en ocasiones tirábamos hacia el centro para tomar algo y hablar de cualquier cosa menos del trabajo. ¿Amistad? Algo parecido.

02 enero 2021

Capítulo 138 La venganza se sirve en plato frío

(Tiempo aproximado de lectura: 20 minutos)


Sevilla


Las sesiones de trabajo continuaron como se había acordado, en un ambiente profesional donde no volvió a haber ninguna salida de tono. Yo también había recuperado mi carácter después de la conversación que mantuve con Carmen y entre unos y otros conseguimos un clima relajado a pesar del ritmo que estábamos obligados a mantener. El miércoles, tras unas cañas con todo el equipo, me despedí de Emilio y fui caminando hacia donde tenía aparcado el auto, estaba en plena zona de copas pero deseaba volver al chalet, había rechazado la invitación de unirme al grupo de los rezagados, los que nunca encuentran la hora adecuada para retirarse. Cerca del aparcamiento vi el rotulo de un bar, California, y pensé en Irene, no la había vuelto a llamar desde nuestro último encuentro una semana atrás. Cogí mesa en la terraza, pedí una cerveza y la llamé, supuse que con una niña pequeña la encontraría en casa.

—Dígame.

—Qué desilusión, ni siquiera me tienes registrado.

—¿Quién eres? —Entonces noté un matiz en la voz que la hacía diferente.

—¿Irene?

—No, soy su hermana.

—Soy Mario, un amigo, ¿se puede poner o la cojo en mal momento.

—Está acostando a Martita, ¿quieres que le diga algo?

—Dile que la he llamado.

Se estaba bien allí, una plazuela peatonal sin apenas ruido. Apuré la cerveza y cuando estaba avisando al camarero para pagar me entró la llamada.

12 mayo 2020

Capítulo 130 Dueña de mis actos

(Tiempo aproximado de lectura: 52 minutos)



I'm looking through you, where did you go 

I thought I knew you, what did I know

You don't look different, but you have changed 

I'm looking through you, you're not the same 


Lennon & McCartney 1965


El puente de San Isidro transcurrió de una manera muy diferente a lo que debía haber sido. No hicimos planes, ¿para qué si en el aire estaba la duda?. Doménico no apareció, sin embargo su presencia se notaba como si estuviera entre nosotros.

Entre nosotros, marcando límites, haciendo que fuera difícil establecer un diálogo.

Teníamos tres días por delante; podían convertirse en una cárcel si no empezaba a bajar la tensión aquella mañana soleada que invitaba a escapar de casa. Ella, ignorante de mi estado de ánimo, seguía la rutina de cualquier otro sábado; si no cambiaba de actitud pronto se daría cuenta. Subí al ático y me dispuse a limpiar las jardineras que rodean el perímetro de la terraza. Cuando bajé a ducharme Carmen estaba en la terraza al teléfono, ni me vio entrar en el salón; apuré unos segundos tratando de adivinar, por los escasos gestos que hacía, con quién hablaba pero era inútil y me fui al baño comido por la duda. Cuando salí la encontré en el salón, seguía hablando, me miró y dijo:

—Mira, aquí está, díselo tú.

Me ofreció el teléfono sin darme pista alguna. Tuvo que insistir para que lo cogiera. 

Juanjo joder, era Juanjo. Respiré aliviado, ¿a quién esperaba encontrar al otro lado?. Hacían planes para ir a comer al Pardo, apenas puse inconvenientes y quedamos en Moncloa para ir todos juntos.

—¿Qué te ha pasado? estabas pálido.

Me excusé como pude y no insistió, nos quedaba un hora escasa para arreglarnos. Dediqué diez minutos a recoger el baño y para cuando entré en la alcoba ya se había desnudado y elegía qué ponerse. Sobre la cama, vestida en azules pastel, una prenda desentonaba, unas bragas color naranja, unas bragas que no podían ser de Carmen. Carmen, que seguía ajena buscando en el armario. Las cogí, se veían usadas, descoloridas por la parte inferior, En ese momento sacó del armario un vaquero y me encontró palpándolas.

21 febrero 2018

Capítulo 105 Sanación

(Tiempo aproximado de lectura: 87 minutos)


—Papá, hola… si bien… aquí en la sierra… si, al final decidimos quedarnos… No, no nos apetecía este año salir… porque no… no, no pasa nada ¿qué iba a pasar?

Escucho a Carmen hablar con su padre y percibo la desconfianza que llega del otro lado de la línea. ¿Por qué hemos cambiado repentinamente los planes cuando lo habitual es que salgamos fuera en estas fechas? Si ya resultó complicado aparentar normalidad en el cumpleaños de mi suegra ahora este cambio se suma para romper con las costumbres tan arraigadas.

—Sí, está aquí ahora te lo paso ¿Y mamá, está bien?

Le he pedido que les llame, no sé desde cuando no habla con ellos y eso en esta familia no es normal.

Normalidad, algo que le debemos a la familia. No se han entrometido pero me consta que están preocupados y en algunos casos han sufrido.

Hablo con mi suegro sobre todo para darle seguridad. Estamos juntos, estamos bien. Le prometemos una visita pero no ahora, no en esta semana. Noto recelo y trato de sofocarlo. En quince días comida en nuestra casa, prometido.

Hace un sol de justicia, cualquiera diría  que estamos en verano. Ya es miércoles y para mañana esto se va a llenar. Estamos comiendo en la terraza de uno de los restaurantes de la plaza del pueblo. Son las tres de la tarde; después de hacer el amor, ducharnos y perder otra media hora bajo el agua salimos con prisas hacia el pueblo. Menos mal que a última hora se me ocurrió reservar.

Carmen luce espléndida. Un vestido veraniego, estampado en tonos rojos y verdes claros con motivos florales sobre fondo blanco anudado al cuello con escote en pico por medio muslo, sandalias planas para caminar cómoda por el empedrado del pueblo y uno de los bolsos grandes de este verano pasado que como el resto de la ropa de temporada también guarda en los armarios de aquí. Brutal. 

15 noviembre 2017

Capítulo 101 El regreso (2)

(Tiempo aproximado de lectura: 105 minutos)



Prólogo. Ten years after.


Todo comenzó aquí 


Quince de Noviembre de dos mil siete.

Conocí a Carmen el verano de 1991; Dirigía yo entonces un curso de verano en la facultad y ella era una de las alumnas recién licenciadas que se había matriculado a última hora, casi fuera de plazo, lo cual me había dado la oportunidad de conocer las razones que la traían a mi curso. Entonces tenía veintiún años y yo acababa de cumplir treinta y cuatro; Era una chica alegre, espontánea, segura de si misma o al menos lo aparentaba muy bien; hermosa, fresca, con una elegancia natural que la hacía más atractiva ante la ausencia de sofisticación y la nula intención de presumir de una figura perfecta. Alta, morena, de ojos profundos y oscuros, delgada sin perder la formas, piernas largas, espalda muy recta que, cuando llevaba su largo pelo negro recogido en un moño le daba un aire de bailarina de ballet…

Así comenzaba este diario hace hoy diez años, un diario que ni por asomo pensé que duraría lo que está durando. Un diario que inicié, como ya dije entonces, para mí y para exponer unas vivencias que quería compartir  por si encontraba, sobre todo solidaridad.

Los años me han mostrado mi ingenuidad y mi falta de profesionalidad en esto de escribir. He intentado corregir lo uno y lo otro. He procurado mantener un continuidad cuando mi tiempo me lo ha permitido y, a pesar de algunas profundas ausencias, aquí me habéis tenido durante más de cien capítulos y multitud de comentarios, algunos de ellos desafortunados que me han costado el abandono de varios lectores. Mea culpa.

El diario siguió mostrando la evolución de una pareja, sus aciertos y sus errores. Y en el camino se llegó al desencuentro. 

La fractura se hizo patente y la publiqué este día.

07 marzo 2016

Capítulo 96 Vidas paralelas

(Tiempo aproximado de lectura: 53 minutos)


—Mírate, si estás en los huesos; y esas ojeras… No lo voy a consentir, estás obsesionada.

—Solo unos días más, ya casi estoy acabando.

—Eso llevas diciendo… ¿cuánto? No Carmen, no. Te  escucho y me asustas, hablas de esa náufraga como si fuera otra persona. Te concedo una semana, después te vienes a casa o si no...

—Irene, por favor.

—No soporto verte así, no te imaginas cómo has cambiado. Tienes que parar, no sé si estás consiguiendo lo que buscas pero por  el camino a lo mejor pierdes más de lo que encuentres.

¿Es posible? Carmen percibe un brote de miedo. Quizás está tensando demasiado la cuerda sin darse cuenta. Todo tiene un límite y puede que no haya calculado la resistencia de las personas que la rodean.

—Te lo prometo, antes de Semana Santa termino con esto.

Irene la mira con escepticismo desde el cuarto de baño con el cepillo de dientes aún en la mano. Carmen observa cómo el enfado se diluye y la mirada se va transmutando desde la incredulidad hacia el deseo. No es extraño, la  imagen debe ser arrolladora; tumbada en la cama, la sábana apenas cubre sus caderas. No se mueve, se deja mirar sin hacer un solo gesto; no  pretende provocarla, sabe que no lo necesita. Esa postura inocente, con una mano tras la nuca y la otra bajo la sábana parece insinuar algo que no sucede pero que bien podría suceder. No se da cuenta pero un leve movimiento, una cadencia forma suaves ondas bajo la tela y capta la atención de esos ojos color miel.

06 junio 2014

Capítulo 75 Fundido en negro

(Tiempo aproximado de lectura: 52 minutos)

Carmen se miró el cuello por última vez en el espejo del cuarto de baño, el maquillaje disimulaba bastante bien las marcas más antiguas que ya empezaban de palidecer, todavía recordaba las miradas de Gloria cuando apareció por su casa sin haber ocultado los rastros de la batalla. Al otro lado, los dientes de Doménico se perfilaban con claridad en una zona que el cuello de la camisa no conseguía ocultar del todo y a la que tuvo que dedicarse con mayor atención.  Un repaso final a su aspecto general fue determinante para despejar las ultimas dudas: hoy tenía que pasarse por casa a recoger ropa. Iría a mediodía  para no coincidir conmigo, no se encontraba preparada para eso todavía.

Se despidió de Doménico con un beso que se convirtió en un abrazo intenso, apasionado, demasiado largo, demasiado intenso, los cuerpos tan pegados como para sentir la incipiente erección y comenzar a humedecer la braguita recién estrenada. ¡Mierda, olvidó comprar salvaslip!

19 febrero 2014


Capítulo 67 ¿Una orgía?

(Tiempo aproximado de lectura: 35 minutos)


Llevamos un largo tiempo de descanso tumbados en la cama sin hablar, sin movernos, escuchando el sonido de la respiración de unos y otros que se ha ido acompasando a medida que los minutos pasaban. He perdido el sentido del tiempo, deben ser las tres, quizás las cuatro de la madrugada pero no tengo el más remoto punto de referencia que me permita asegurar que ese dato es correcto. Sé que debería estar cansado, sin embargo ni mi cuerpo ni mi mente muestran los signos que deberían mostrar tras todas estas horas de actividad sexual continuada. Mi brazo izquierdo cuelga de la cama y mis dedos rozan la tarima trazando círculos con las uñas. A mi lado Carmen  descansa su rostro en mi hombro. Siento el peso de su cráneo sobre mi brazo que ya ha comenzado a bloquear el flujo de sangre, el hormigueo que empecé a sentir en la mano hace un rato asciende por el brazo; todavía no es demasiado molesto pero sé que en breve me obligará a moverme aunque no la quiero despertar.

Porque está dormida.

¿Está dormida? No lo sé. Si me fío de su respiración diría que sí. Yace boca abajo, con su brazo izquierdo sobre mi pecho y el derecho doblado hacia arriba con la mano cerca de su cabeza. Postura de niña pequeña con su pierna sobre la mía que le sirve de acomodo para el muslo. ¡cuántas veces hemos amanecido así! Me gusta dejarme usar de almohadón, sin mover un músculo, escuchando su respiración tan cerquita, sintiendo como la saliva se desliza por la comisura de su boca hacia mi brazo, «¡Me has llenado el brazo de babas!» le digo luego para hacerla rabiar y nos enzarzamos en una pelea de la que inevitablemente salimos buscándonos por debajo de las sábanas.

Sí, definitivamente creo que está dormida. 

26 diciembre 2011

Capítulo 52 Mudando la piel

(Tiempo aproximado de lectura: 22 minutos)


Café con leche; la leche bien echada, con arte, haciendo círculos lentamente para provocar una abundante espuma blanca.  Agradecí con un gesto  al camarero su buen hacer y eché medio sobrecito de azúcar.  Mientras daba vueltas al café no pude evitar volver la vista a la mesa que quedaba detrás a mi izquierda y cuya ocupante había llamado mi atención al entrar.

Pelo castaño claro recogido en un moño alto, delgada hasta marcar los pómulos y dibujar suavemente las mandíbulas en su rostro. Cuello esbelto en el que se insinúan las vértebras que se pierden bajo el negro suéter de escote ovalado que deja ver sus clavículas. Espalda recta a pesar de que apoya sus codos en la mesa mientras lee un libro

Cuando entré, de alguna manera debió notar mi mirada pues sus ojos abandonaron la lectura para cruzarse brevemente con los míos. Ojos de un verde intenso que ahora, al volver la vista atrás mientras removía mi café, respondieron a mi insistencia con un aire de altiva interrogación.

Juro por esos dioses en los que no creo que jamás me comporto así. Quizás fue la necesidad de resarcir al varón malherido que acababa de poner en tela de juicio en la sauna de la que apenas salí cinco minutos antes, lo cierto es que mis pasos me dirigieron con una seguridad que no era mía hacia la mesa de aquella hermosa mujer, con la taza en la mano, mientras ella no dejaba de desafiarme con el magnetismo de sus ojos.

19 febrero 2008

Capítulo 13

(Tiempo aproximado de lectura: 33 minutos)

Mis ojos seguían clavados en la imagen que me llegaba de mi mujer en brazos de Carlos. Intenté retrasar lo que pude el momento en el que la perdería de vista hasta la siguiente vuelta, me esforcé por grabar en mi memoria cada detalle de aquella trascendental escena: sus ojos cerrados, su cabeza ligeramente ladeada ofreciendo su cuello, dando facilidades para que los labios de Carlos encendieran el intenso placer que le provoca cualquier caricia en esa zona. Sus labios entreabiertos iban perdiendo tensión desdibujando la leve sonrisa que mostraban y convirtiéndola en un rictus de placer, excitación, preocupación y entrega.

Volví a mi al perderla de vista y fué solo entonces cuando me di cuenta de que mis manos acariciaban la espalda de Elena tal y como suelo hacer con Carmen mientras bailamos, nunca me había sucedido algo así, jamás bailando con amigas, con las esposas de compañeros he perdido el sentido de la realidad de esa manera; Noté el efecto del alcohol, la leve nube en la que me desenvolvía y lo achaqué a eso; Detuve mis caricias e intenté construir una excusa cuando noté el cuerpo de Elena pegado, sus muslos rozaban los míos, una y otra vez sin que ella hiciese nada por evitarlo, y sus manos en mi nuca haciendo que sus uñas marcasen surcos en mi cabello. Al notar el cambio en el movimiento de mis manos alejó su rostro del mío y me miró

18 enero 2008

Capítulo 11

(Tiempo aproximado de lectura: 31 minutos)


Media hora más tarde seguíamos sin noticias de Carlos, no habíamos vuelto a hacer ninguna alusión al tema, ambos leíamos en uno de los salones del hotel. Carmen me sacó de mi lectura cuando dijo.

"Bueno, casi mejor así, una preocupación menos" – aquel comentario aislado la delataba, oculta tras su papel de lectora concentrada bullía una mujer ansiosa por volver a sentir y temerosa de dejarse llevar. La miré y le sonreí.

"Nos organizamos por nuestra cuenta, dentro de un rato nos vamos al centro, cenamos, si te apetece vamos a bailar…" – el sonido del móvil interrumpió mi frase, vi como los ojos de Carmen brillaban, miré el numero y le hice una señal afirmativa.

"Carlos, dime"

"¿Qué hay Mario? Perdona el retraso, estuve haciendo unas llamadas y se me complicó…"

"No te preocupes, estábamos haciendo planes precisamente"

"¿Sin mi? ¿Cómo crees que iba a fallar? Bueno a lo que íbamos, tengo reservada una mesa en el mejor restaurante de Sevilla, a las afueras, luego allí mismo tenemos un sitio genial para tomar algo al aire libre, incluso si las chicas quieren podemos darnos un chapuzón, luego un baile… y lo que la noche pida, incluso he reservado dos habitaciones, comunicadas eso si ¿Qué te parece?"

"¿Eso quiere decir que te traes pareja?" – Carmen levantó la vista sorprendida.

"Traigo una amiga, si; No vamos a ser nones, estaría mal, uno de los dos se iba a aburrir un poco no crees?" – comencé a entender por donde iba Carlos.

"Si, en eso tienes razón"

"¿Os recojo a las nueve?"

"Mejor dame las señas, prefiero tener el coche a mano"

27 diciembre 2007

Capítulo 8

(Tiempo aproximado de lectura: 16 minutos)


Me quedé con el teléfono en la mano sin reaccionar. De Carlos me podía esperar algo así, lo que me dejaba fuera de juego era que Carmen hubiera aceptado salir con él, ¿Qué habría hecho Carlos? ¿Cómo se habría propasado?..

Carmen se estaba terminando de secar el pelo cuando sonó el teléfono de la habitación, salio del baño y lo cogió

- “¿Si?”
- “Buenos días” – enseguida reconoció la voz de Carlos, no pudo evitar que una sensación de desasosiego la invadiera; Era una tontería, pero estaba desnuda aún y el hecho de hablar con él la inquietó, como si pudiera adivinarlo.
- “Buenos días, ¿Cómo es que me llamas?”
- “Estoy abajo, en recepción, esperaba que quisieras desayunar conmigo” – Carmen sintió los nervios apoderarse de su estómago
- “¿Qué haces aquí?” – su tono era serio, como si hablase con un chiquillo encaprichado
- “Me apetecía volver a pasar un rato contigo, charlando, tomando un café y una tostada, luego me voy al curso y ya ves con que poca cosa me harías feliz” – ella miró la hora.
- “¿No deberías estar ya en el curso?”
- “Estoy haciendo pellas por ti” – una sonrisa brotó espontánea en su rostro, resultaba ingenuo, casi infantil
- “Solo un café y te vas ¿de acuerdo?” – se debatía entre negarse o permitirle cortejarla de nuevo, esa sensación le gustaba. Sabia sus deseos, sus intenciones y eso le concedía una carga de morbo extraordinaria a esa cita.
- “Prometido” – su voz sonó alegre.

12 diciembre 2007

Capítulo 6

(Tiempo aproximado de lectura: 14 minutos)


A las ocho y media de la mañana salí de la habitación intentando no despertarla, puse el cartel de “no molestar” en la puerta y desayuné algo rápido en el buffet del hotel; al llegar al curso encontré a Carlos saliendo del aula

- “¿Buenos días, iba a tomarme un café, ¿te vienes?” – por supuesto que iba, se me ofrecía la posibilidad de empezar el juego antes de lo previsto
- “Pues si” – dije fingiendo un bostezo – “un café doble no me vendrá mal”
- “¿Noche agotadora? – había entrado al trapo, la miré y sonreí con complicidad
- “No se ni a la hora que volví al hotel” – había empleado el singular intencionadamente pero pareció no captarlo
- “Se alargó la sobremesa, ¿mereció la pena?” - ¿Por dónde debía pillar ese comentario? No quería ir al grano inmediatamente