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30 agosto 2024

Capítulo 191 El futuro nos lo dirá 

Tiempo estimado de lectura: ochenta y cuatro minutos.


Con la inestimable colaboración de Torco en los diálogos argentinos y el diccionario de términos adjunto.


Londres: Indolencia

Aterricé en Heathrow a las once, un Mercedes enviado por Tomás me llevó directamente al hotel, a unos diez minutos de donde se alojaba. Viajaba ligera de equipaje, lo justo para pasar unos días de turista, quería aprovechar este viaje, entre otras cosas, para contemplar las vistas del London Eye, desde que lo inauguraron sentía curiosidad por ascender a lo alto del cielo de Londres. Tenía pensado encontrarme con una compañera de facultad que, recién doctorada, aceptó una oferta en una prestigiosa clínica, no la veía desde entonces, aunque manteníamos el contacto inquebrantable a través del tiempo. Había hecho el propósito de visitar a mi tía Frauke, llevábamos dos años sin vernos. Tenía una preciosa casa en Candem Town en la que me había alojado en numerosas ocasiones. Frauke era la hija menor de unos primos de mi madre, de niñas pasábamos las vacaciones con ellos en Alemania, era como una hermana. El Covid pudo con ella.

02 febrero 2024

Capítulo 182  Los retos abiertos 


Tiempo aproximado de lectura: treinta y seis minutos.


Días del futuro pasado 

Acompañadme, demos un salto en el pasado hacia el futuro que ya está en el pasado.


Verano del dos mil tres, una noche cualquiera del mes de Agosto. 

Me hubiera gustado despertar entre sábanas de satén blanco, la noche lo había merecido, pero nos alojábamos en un complejo hotelero, hubiera sido mucho pedir. Nos despejamos con una larga ducha y bajamos a desayunar apurados de tiempo a punto de encontrar cerrado el comedor. Después, nos preparamos y salimos a pasar una mañana tranquila de playa.

—¿Qué quieres?

—Zumo de piña.

—Ahora vuelvo.

Esperé en la tumbona a resguardo del sol bajo un gran toldo. No le había querido decir nada a Mario, aquel hombre no me quitaba ojo desde que llegó. Da igual, estoy acostumbrada y más haciendo top less como la mayoría de las chicas a mi alrededor. Lo que nos diferenciaba eran los aros en mis pezones, unos aros idénticos al del ombligo y a los pendientes. Había ignorado los reiterados toques de atención de mi conciencia que exigía prescindir de la parte más llamativa de aquel precioso juego de seis piezas antes de bajar a la playa, un valioso regalo de… dejémoslo ahí. No había motivo, salvo librarme del insistente acoso de algún que otro mirón como este, pesado e impertinente. Nos habíamos cruzado. No exactamente: yo fui a refrescarme a la orilla, pasé cerca, al llegar esquivé unos niños y me entretuve con la marea empeñada en robarme la arena bajo los talones. Lo vi a pocos metros, ¿me había seguido?, miraba hacia mí con descaro, como si nos conociéramos. No le di mayor importancia, nadé un rato y volví al toldo, me sequé aún de pie y al levantar la vista lo encontré observándome. Sí, me conocía, sin embargo yo no recordaba haberle visto jamás. Esto sucedió diez o quince minutos antes de que Mario propusiera ir a por algo de beber y, durante ese tiempo, caí en la tentación de dar alguna ojeada. Siempre lo encontraba esperándome, declarando que él sí me conocía.

A poco de irse Mario, el desconocido se acercó, miró alrededor y se puso en cuclillas.

20 mayo 2022

 Capítulo 163 Lo recordaremos toda la vida 


Tiempo aproximado de lectura: 60 minutos


Love, love is a verb

Love is a doing word

Feathers on my breath

Gentle impulsion

Shakes me, makes me lighter

Feathers on my breath

Teardrop on the fire

Feathers on my breath


Massive attack, Teardrop



Ahí está, en la terraza del restaurante. Aún no me ha localizado y se mueve con esa soltura que lo hace tan atractivo. Al fin me ve, sonríe y se recrea en contemplar su pieza más valiosa. Disfruta conmigo como lo hacen los niños con su mejor juguete, no aparta la vista, no pierde detalle de mis andares; de ese que ha pasado por mi lado, muy cerca y seguro que se ha vuelto a mirarme; de los dos que han dejado de hablar para verme pasar. Los niños pueden ser dulces, imprevisibles, mentirosos, caprichosos hasta el punto de llegar a romper su más preciado juguete. Qué hago con él si mi vida no tiene sentido si no es a su lado.

02 abril 2022

    Capítulo 162  Puta de barra de bar segunda parte


Tiempo aproximado de lectura: 34 minutos


She says, "Hey, babe
Take a walk on the wild side”
Lou Reed 

 

Sábado


Me he levantado más tarde de lo habitual. Al despertar lo primero que sentí fue satisfacción. Dicen que la primera impresión es la que cuenta, si eso es cierto debo guiarme por la intuición. He bajado a desayunar y he llamado a Candela.

—No sabía si era pronto para llamarte. —contesta al ver que soy yo.

—¿Por qué no? anoche me pareció un poco tarde para darte novedades.

—No tienes por qué hacerlo.

—Al fin y al cabo Paco es tu cliente, creo que es lo mínimo. ¿Te apetece que nos veamos?

15 marzo 2022

Capítulo 161  Puta de barra de bar (1)

Tiempo aproximado de lectura: 40 minutos


Viernes


—Lo vi por casualidad, no sé cuánto llevaría allí, lo vi y estuve a punto de decirle a mis amigas que nos fuéramos a otro sitio, entonces pensé que no tenía por qué alterarme la vida alguien a quien no le importo una mierda; pero no podía evitarlo, en cuanto me descuidaba estaba pendiente de él. De pronto se volvió como si hubiera sentido mi presencia. Te parecerá una locura.

—Lo entiendo, esas cosas pasan.

—Me habló como si nos hubiésemos visto ayer, ¿te lo puedes creer? No soy de montar escenas, hay muchas maneras de mandar a tomar por culo a una persona sin que los demás se enteren; pero tiene aguante, o yo soy tonta, no lo sé. Seguimos hablando, había demasiado ruido y nos fuimos; al día siguiente me costó dar una explicación coherente a mis amigas por haberlas dejado plantadas. En la calle se comportó como si no hubiera pasado nada ¿me entiendes?, como si no me hubiese dejado colgada después de presentarse en Toledo y… En fin, no sé por qué le hago caso.

16 enero 2021

Capítulo 139 Candela 

(Tiempo aproximado de lectura: 13 minutos)


El mismo perfil, el mismo cabello algo más largo, la misma figura, tal vez más pecho, las piernas tan largas y esbeltas como ella. Con un vestido negro mínimo tan ajustado que le dejaba al descubierto gran parte de los muslos. Cogió el paquete de tabaco, se dio cuenta de que la estaba mirando y sonrió con descaro, encendió el cigarrillo, soltó el humo y volvió a mirarme con los ojos guiñados. Tomé mi copa, bebí, ¿alguna vez vería a Carmen haciendo la calle? Sabía que me observaba y la miré; ahí estaba, esperándome. Se parecía tanto, tanto que perdí unos segundos comparando a dos mujeres. Al fin me separé de la barra y fui a su encuentro.