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02 marzo 2009

Capítulo 39  El día después (1)

(Tiempo aproximado de lectura: 19 minutos)


El radio despertador sonó lejanamente y durante un tiempo que me pareció muy largo intenté ignorarlo; Soñé que lo apagaba, me metía en la ducha y después, como cada mañana, preparaba el desayuno mientras Carmen terminaba de arreglarse, pero el ritmo machacón de la emisora me devolvió a la realidad a los pocos minutos.


Y la realidad, la abrumadora realidad que hacia totalmente diferente aquel amanecer me despejó como si hubiera metido la cabeza en agua fría. 


Miré a mi derecha, Carmen dormía profundamente vuelta hacia mí; lancé el brazo hacia la mesita de noche y palpé con cuidado de no derramar el vaso de agua hasta encontrar a ciegas el interruptor del despertador. 


Estaba hermosa, con esa cara de niña que tiene mientras duerme nadie diría que acaba de vivir su mayor aventura, se había acostado con otro hombre, hoy amanecía una mujer adúltera.


El brusco silencio tras apagar el despertador hizo el efecto contrario al que yo pretendía y alertó a Carmen, intentó abrir los ojos que por dos veces consecutivas se negaron a obedecer, por fin me miró y me lanzó una de sus más hermosas sonrisas.


- “Tengo mucho sueño” – dijo mimosa, volviendo a cerrar los ojos y refugiándose en mi hombro.


Una inmensa emoción de amor  me hizo estrecharla con mi brazo, la sorpresa que me produjo sentir como dos lagrimas brotaban de mis ojos y rodaban por  mis sienes me desconcertó; ¿era emoción? ¿Era tristeza? ¿Acaso era arrepentimiento?


Volví mi rostro hacia ella y besé su pelo. Mi niña preciosa acababa de follar con otro hombre, la había visto besarle con pasión, con auténtico deseo, había escuchado sus gemidos de placer, había vivido sus orgasmos tremendamente intensos mientras se abrazaba con fuerza al hombre que la penetraba con un vigor envidiable.


- “Vamos perezosa, se nos va a hacer tarde”

- “Me da igual” – remoloneaba juguetona, de pronto abrió los ojos, su expresión cambió y comprendí que acababa de aterrizar en la realidad.


Me miró buscando conocer mi estado de ánimo, le sonreí pero me di cuenta de que mi sonrisa transmitía toda la ambigüedad de mis sentimientos.


- “¿Cómo estás?”

- “Bien cariño, estoy bien ¿y tú, cómo estás?” – Carmen bajó la mirada y suspiró.

- “No estoy segura, aun no lo sé”

- “Supongo que te pasa como a mí, todo ha sido tan… intenso” 


Me moví para quedar de lado, frente a ella; mi brazo derecho recogía su cuello, como una almohada y mi mano izquierda se posó en su cintura que, estando de lado, marcaba con rotundidad la curva de su cadera. Mis dedos ascendieron lentamente por la ladera de aquella hermosa colina hasta alcanzar la cima, luego avancé por su muslo suave y prieto, Carmen se mantuvo en silencio y yo proseguí.


- “Lo hemos imaginado tantas veces que me resulta difícil no pensar que lo de ayer no haya sido una fantasía mas”

- “Eso me pasa a mi”

- “¿Estás contenta?” – Carmen dudó, me miró un par de veces a los ojos.

- “Sí, creo que sí, pero estoy preocupada”

05 febrero 2009

Capítulo 38  La entrega(II)

(Tiempo aproximado de lectura: 67 minutos)


Recorrimos el largo pasillo en un silencio tal que nuestra respiración se podía escuchar claramente, los tacones de Carmen resonaban en el parquet marcando un ritmo lento; detrás, los pies descalzos de Carlos parecían responder a contratiempo. 


Entramos en la alcoba que el día anterior habíamos preparado cuidadosamente; Observé que  la persiana había quedado levantada y tan solo un leve visillo cubría el cristal, era ya de noche y me inquietó que alguien pudiera vernos; Apenas tuve tiempo para pensar en ello, la tensión que vivíamos me hizo centrarme en lo que estaba sucediendo. 


Durante unos segundos se produjo un vacío, un instante de vacilación, un momento de duda en el que faltaba alguien que diera el siguiente paso; inesperadamente fue Carmen quien rompió ese bloqueo. Cuando volvió su mirada hacia Carlos y le vio casi desnudo pareció  sorprendida, luego se llevó una mano a la boca, parecía abrumada por la inminencia del desenlace, era como si no hubiera pasado una hora desde que estuvo en la habitación del hotel en sus brazos, casi desnudo también. Aquella sensación actuó como un detonante que liberó lo que había conseguido refrenar en el hotel, se soltó de mí y se arrojó a los brazos de Carlos, sus manos recorrían con deseo desatado el cuerpo masculino, corrían por su piel hambrientas de sensaciones, él estaba tan sorprendido como yo y se dejaba hacer sin poder reaccionar. Carmen le besaba con ansia las mejillas, los ojos, la boca, el cuello, le acariciaba nerviosamente el rostro con una mano, mientras con la otra recorría su pecho, los costados, la espalda, las nalgas; su respiración agitada se asemejaba a un jadeo que iba aumentando en ritmo e intensidad.


Necesitaba ver la escena con claridad y me situé a su lado, justo en ese momento la mano que vagabundeaba por el cuerpo de Carlos  y acariciaba su vientre se deslizó ante mis ojos hacia abajo hasta recoger en la palma ahuecada el gran bulto que se marcaba en su slip, él reaccionó a ese gesto besándola con más intensidad, Carmen acariciaba su polla a través del boxer y yo no salía de mi asombro ante la insólita conducta de mi esposa. 


Carlos estaba sobrepasado, apenas podía reaccionar ante aquella mujer que dominaba la situación y dejaba poco espacio para que pudiera tomar la iniciativa, nunca había visto ese furor en Carmen, jamás, ni en sus momentos de mayor excitación se había comportado como lo estaba haciendo ahora; “como una ninfómana”, pensé, parecía una ninfómana descontrolada.

13 noviembre 2008

Capítulo 35  El regreso

(Tiempo aproximado de lectura: 27 minutos)


El blanco techo de la alcoba se convirtió en una pantalla sobre la que mi mente proyectaba las imágenes que había creado escuchando a Carmen; Eran las cuatro de la madrugada y ninguno de los dos podíamos conciliar el sueño, estábamos abrazados, con los cuerpos pegados como si la más mínima distancia entre nosotros nos estorbase. 


Me sentía… absolutamente superado por los acontecimientos, no podía acabar de creer lo que había escuchado de su boca, intentaba sin éxito salir de la conmoción que me había provocado su relato. En realidad había alcanzado mi objetivo, lo que llevaba deseando tanto tiempo y mi reacción mientras me lo contaba fue una desbordante excitación que me hizo llegar al orgasmo varias veces, tal había sido la intensidad de mis emociones.


Había imaginado cientos de veces esta escena: Yo esperando su regreso, con el corazón palpitando descontroladamente por la emoción de saberla con él y por la intriga de no poder predecir qué estaría ocurriendo; y luego, exactamente lo que había pasado: una explosión de amor y sexo mientras ella me contaba lo sucedido.


Pero no esperaba tanto, me había hecho a la idea de que Carmen sucumbiría a sus besos, a sus caricias; Aunque mis fantasías me llevaron a imaginar escenas como las que realmente habían sucedido me daba perfecta cuenta de que en realidad no estaba preparado para escuchar lo que mi esposa me acababa de contar. La realidad superaba con creces cualquiera de las hipótesis que había barajado mientras la esperaba.


Ahora, con su cuerpo pegado al mío, sintiendo su tranquila respiración en mi pecho, intentaba descubrir en mi interior cualquier rastro de dolor, celos, angustia o miedo.


Porque a pesar de la imparable excitación por la que había pasado, sentía un vacío en el pecho, un agujero profundo que me atravesaba, era algo irracional que no encajaba con mis emociones, me sentía pletórico, feliz, ilusionado por lo que estaba por venir ¿por qué entonces sentía casi físicamente ese hueco en mi?


- “Apaga la luz” – me dijo Carmen somnolienta, eché mi brazo hacia la mesilla y apagué la lámpara.

- “Buenas noches cielo, intenta descansar un poco”

- “Buenas noches, te quiero” - musitó.

19 octubre 2008

Capítulo 34  El encuentro

(Tiempo aproximado de lectura: 80 minutos)


A medida que se acercaba la fecha en la que Carmen se encontraría con Carlos empecé a notar como la seguridad que hasta entonces había demostrado ante ella y ante mí mismo comenzaba a resquebrajarse; Seguía pensando de la misma forma, me excitaba sobremanera la idea de verla entregada a otro hombre y seguía confiando ciegamente en su amor, pero visceralmente  la cercanía de aquel encuentro me producía en ocasiones una agobiante angustia ante la que nada podía hacer. Era un temor irracional que parecía inmune a todos los argumentos que hasta entonces habían bastado para alejarlo.


Luchaba contra estos miedos, intentaba tranquilizarme argumentando que era lógico que me sintiera así, iba a ser la primera vez que estuviese a solas con Carlos desde la frustrada noche sevillana; Habíamos hablado mil veces de él y mis presiones en la cama en momentos álgidos de gran carga erótica habían logrado que Carmen acabase por reconocer que le deseaba, que, -literalmente -, deseaba follar con él; Sabía que aun no estaba madura y que cuando hablaba así en realidad se movía en el terreno de la fantasía, pero las circunstancias parecían ponerse a favor de que aquella escena pudiera convertirse en realidad.


Si al menos pudiera estar presente; La idea de no saber durante varias horas si Carmen habría cedido a sus propios deseos y a las presiones que yo mismo le había hecho me provocaba una desazón que me paralizaba, quería confiar en ella, no me cansaba de repetirme a mí mismo que no tenía intención de acostarse con Carlos, que solo era una cita para charlar y entregarse unos regalos, “tú eres el que no sabes diferenciar la fantasía de la realidad”  me había dicho en más de una ocasión; eso me debía tranquilizar, sin embargo…


Sin embargo yo sabía que aquel día habría algo más que un intercambio de regalos; Carmen me había confiado, sin ocultar su emoción,  la intención declarada de Carlos de besarla nada más verla y yo temía que no tuviera la suficiente capacidad de resistencia ante tanta ternura, si apenas le pudo contener en Sevilla donde ya estuvo a punto de dejarle alcanzar su sexo ¿cómo iba a detenerle ahora, después de tantas conversaciones intimas y tanto deseo confesado?

29 septiembre 2008

Capítulo 33  Trauma

(Tiempo aproximado de lectura: 26 minutos)


Abrió los ojos. 

Durante unos segundos intentó ubicarse pero se sentía desorientada.

Miró hacia su izquierda, no reconocía la habitación en la que se encontraba, un intenso dolor de cabeza y un zumbido en los oídos le recordó que se había pasado con las copas.

En pocos segundos se situó; estaba en una cama extraña, el calor de la calefacción no evitaba que se sintiera destemplada al estar desnuda y sin cubrir. Su cuerpo salía del letargo y comenzó a enviarle señales, notó zonas de su piel endurecida por el sudor seco,  una sensación de humedad viscosa le llegó de su coño que percibió dilatado, rezumaba un flujo espeso que mojaba el interior de sus muslos y se deslizaba pesadamente entre sus nalgas empapando la sábana que se pegaba a su piel. Una molesta irritación  en su ano convirtió su preocupación en alarma. A su lado, percibió una respiración acompasada y un penetrante olor masculino que reconoció. Sobresaltada se volvió a mirarle.

- “Buenas tardes muñeca, por fin te has despertado” – Roberto acompañó esta frase poniendo una mano sobre su vello púbico.


Carmen comenzó a recordar; La comida de empresa de Navidad, esta vez en la mesa de dirección, alejada de sus compañeros con los que otros años compartió bromas y charla y que este año le dirigían miradas inquisitivas que le hacían sentirse  el centro de todos los comentarios.  Luego la copas, las conversaciones con los socios, siempre acompañada de Roberto al que tuvo que plantar cara varias veces para que no la pusiera en evidencia delante de todos con sus mal disimulados magreos.

¿Cómo había acabado allí? No recordaba que el restaurante en el que se había celebrado la comida estuviera en un hotel, porque aquello era evidentemente la habitación de un hotel. 

Mientras intentaba reconstruir los hechos que la habían conducido a aquella situación, la mano que descansaba pesadamente sobre su pubis se desplazó hacia abajo y uno de los dedos comenzó a hundirse entre sus labios, instintivamente pensó hacer algo para evitarlo pero comprendió que ya carecía de sentido, no tenía ganas de moverse y le dejó hacer; el dedo se movía despacio, hurgando entre sus labios cerca del clítoris y apenas le molestaba. 

Como en un fogonazo las imágenes se presentaron en su mente, mezcladas, confusas, sin un orden fijo; Se acordaba de un ancho pasillo, ella iba del brazo de Roberto, intentando caminar recto y ahogando la risa etílica que le producía su inestabilidad; Luego, besos en el ascensor, besos que aceptó sin que le provocaran el rechazo de otras veces; se vio a si misma protestando por aquella mano que le había bajado el tirante del vestido y descubría su pecho izquierdo arrastrando la copa del sujetador, recordó que en aquel mismo instante, atrapada contra la pared del ascensor, decidió sorprenderle y cuando se abrieron las puertas dejó su pecho desnudo y salió al hall, la emoción del riesgo disparó su morbo, mas aun cuando escuchó a su espalda la sorpresa ante su audacia expresada en un “¡pero qué puta eres!”; El alcohol le hacía sentirse libre, completamente desinhibida, quería acabar con aquella imagen de estrecha que suponía que Roberto tenía de ella; Caminaba con su pecho desnudo guiada del brazo por el mal iluminado pasillo hacia una habitación, deteniéndose a cada tramo para dejarse besar por  Roberto que aprovechaba para manosear su pecho cada vez con más intensidad.

10 septiembre 2008

31

Capítulo 31

(Tiempo aproximado de lectura: 34 minutos)


El lunes amaneció nublado y desapacible; tras apagar el despertador me volví hacia Carmen y la besé en el cuello, ella aún amodorrada se volvió buscando mi boca

- “Buenos días cielo” – se desperezó en la cama estirándose como una gata, yo recorrí con mi mano su torso en tensión donde sus pechos parecían desaparecer.

- “Buenos días amor”

Mientras nos besábamos, los recuerdos de la pasada noche se agolparon en mi mente y la incipiente erección creció incontrolable, Carmen notó mi polla clavándose en su muslo.

- “¡Cómo nos hemos despertado!” – dijo bajando una mano y apretándola con fuerza– “pero tendrá que esperar a esta noche o llegaremos tarde”

- “¿Qué me hiciste anoche?” – Carmen se detuvo y me miró con ternura.

- “¿Amarte?”

- “Me follaste” – repliqué, ella entornó los ojos y sonrió.

- “No es la primera vez”

- “Sabes a lo que me refiero”

- “¿Tanto te gustó?”

- “Fue… no sabría describirlo, fue… nuevo, distinto, nunca me había sentido así”

- “Al final va a resultar que eres un poquito maricón”

- “¿Por qué? ¿por el hecho de que me hayas dado por culo con tus dedos? Eres una mujer, no un tío” – protesté intentando asimilar el placer que me había causado que me llamase ‘maricón’.

- “No cielo, lo de menos fue que te follara el culo, pero te tenías que haber visto, fue tu actitud la que me llamó la atención”

- “¿A qué te refieres?” –  sabía lo que quería decir pero necesitaba escuchárselo.

- “Es la primera vez que te he visto dejarte llevar, abandonarte a mis manos y no hacer nada” 

- “¿Y eso me convierte en maricón?” – Carmen negó con la cabeza.

- “No cariño, eso te va a permitir vivir el sexo desde otra perspectiva” 

05 agosto 2008

Capítulo 28  Claudicación

(Tiempo aproximado de lectura: 42 minutos)


Me desperté sobresaltado al escuchar el golpe de la puerta de la calle al cerrarse, me lancé escaleras abajo pero al llegar a la entrada escuché el ascensor descendiendo; Miré el reloj, me había dormido tan profundamente que solo el portazo había logrado despertarme.


Luché contra la resaca bajo la ducha, me dolía todo el cuerpo, reflejo del dolor más profundo que me atenazaba.


Cuando llegué al despacho marqué su móvil, tras varios tonos de espera saltó su contestador, era evidente que no quería hablar conmigo y colgué sin dejar ningún mensaje.

Carmen pasó la mayor parte de la noche despierta intentando que su irritación no la cegase, se sentía herida por mi mentira, también estaba sorprendida por la intensidad de su reacción, podía llegar a entender que me hubiera acostado con Elena, imaginó que debió de ser en el jardín, sobre el césped ¡cómo había arriesgado tanto! Nos podían haber visto… La mentira le dolía pero acabó reconociendo que si aquella misma noche le hubiera contado lo sucedido ella  no lo habría encajado nada bien.


¿Qué era entonces, lo que le provocaba esa reacción de furia?


De repente lo entendió: Se sentía estúpida, ridículamente estúpida luchando contra las emociones que le provocaba Carlos, se sentía estúpida peleando por frenar a Roberto, luchas que mantenía a pesar de saber que yo no solo no la iba a censurar si cedía con alguno de los dos, sino que iba a convertirlo en un motivo de morbo y sexo. Eso era lo que la enfurecía: Se sentía estúpida luchando contra algo que yo no había tenido ningún escrúpulo en hacer.


Nunca había tenido ninguna intención de acostarse con otros hombres, jamás se le había pasado por la cabeza esa posibilidad salvo en forma de fantasía, había sido yo quien le había ido inoculando la idea, presionándola con la intriga, el morbo por lo prohibido… No pensaba en Roberto como compañero de cama, no tenía intención alguna de acostarse con él, intentaba compaginar su ascenso con una cierta permisividad que duraría lo que durase el periodo de decisión sobre su futuro en la empresa, a ella misma le sonaba frío y calculador pero las cosas habían surgido así y ella intentaba adaptarse a las circunstancias, quizás en otra época de su vida no habría actuado de esta manera y también ahí vio mi influencia. Tan solo un año antes habría reaccionado con su característica dureza a la mas mínima insinuación de Roberto tal y como había hecho desde su llegada al gabinete. 


¡Qué idiota era! – Pensó – preocupándose por no ceder a lo que le pedía el cuerpo con respecto a Carlos, recriminándose por dejarse meter mano por Roberto mientras que su esposo sin embargo no había tenido el más mínimo reparo en follar en cuanto tuvo la primera ocasión.

15 julio 2008

Capítulo 26  La manipulación

(Tiempo aproximado de lectura: 15 minutos)


Cuando colgué el teléfono hubiera dado cualquier cosa por no haber hecho esa llamada, acababa de ponerle en bandeja a mi mujer; Lo que fue un juego morboso en Julio que a punto estuvo de convertirse en algo mas, había sido cerrado entonces; Ahora por mi absurda obsesión acababa de abrirle el paso de nuevo a Carlos.

Otra vez reconocí esa sensación de vértigo que tantas veces me había invadido ante situaciones que no podía controlar. En mi mano había estado dejar aquello donde estaba, en los recuerdos; Sin embargo ahora Carlos estaría seguramente llamando a Carmen.

Pasé el resto del día en una tensión insoportable, hubo momentos en lo que deseé salir corriendo y buscarla para decirle que parásemos aquello que si, que tenia razón, no era capaz de continuar, me rendía.

Pero no lo hice, otra parte de mi, más sensata, me decía que Carmen no era un ninfómana que se fuese a tirar a los brazos de Carlos, para ella aquello era un juego erótico que compartíamos, un juego que se resistía a jugar mas allá de lo que hasta ahora habíamos hecho. Carmen era la sensatez y la cordura frente a la irresponsabilidad que yo representaba.

Salí del despacho antes de lo habitual y camino de casa llamé a su móvil.

"Hola cielo ¿Qué haces en la calle tan pronto? " – Carmen había captado el sonido del tráfico.

"Necesitaba tomarme un respiro, ¿te paso a recoger y nos vamos al gimnasio?"

"Jo! Lo siento, hoy no puedo, tengo una reunión a las seis y media" – se me congeló la sonrisa en la cara.

"Con Roberto, supongo"

"Claro, pero no tardaré demasiado, llévame la bolsa al gimnasio y me voy directamente allí ¿quieres?"

"De acuerdo"

"¿Qué pasa, te he estropeado el plan, no?"

"Es igual, no te preocupes, lo comprendo"

20 mayo 2008

Capítulo 20  La prueba (2)

(Tiempo aproximado de lectura: 13 minutos)


Pasamos el fin de semana en casa, yo no podía evitar hacer alguna alusión a la prueba que me había planteado y de la que apenas tenía datos, quería saber más y Carmen parecía disfrutar frustrando mi curiosidad.

La semana transcurrió con cierta tensión flotando en el ambiente, yo no quería ceder a la presión que Carmen intentaba ejercer sobre mi y por eso evité preguntarle, aparentando un desinterés que en absoluto sentía. El viernes a media mañana sonó mi móvil en plena reunión; era Carmen y corté la llamada, ella sabía que si hacía eso la llamaría más tarde, a los pocos minutos recibí un sms que no abrí hasta media hora después, al acabar la reunión. Era de Carmen y decía así

"Como con Roberto, no me esperes para el gimnasio tq"

Roberto, uno de los socios del gabinete en el que trabajaba, el típico investigador transmutado en ejecutivo, desvinculado cada vez mas de la actividad profesional, ególatra, vanidoso, prepotente y machista, ¿qué pintaba Carmen almorzando con semejante ejemplar? Quizás algún asunto del gabinete que requería… no, no tenía sentido; Entonces caí en la cuenta: la prueba, ¿Acaso Carmen intentaba jugar la baza de los celos? No podía ser, no era tan ingenua como para pensar que caería en la trampa. Contesté escuetamente el sms.

"no cuela"

No hubo respuesta; a la una y media intenté hablar con ella pero me colgó. Esperé pero tampoco esta vez respondió; A las dos y media salí del despacho y me fui a casa.

No estaba allí, miré el contestador sin encontrar ningún mensaje; volví a leer su sms "no me esperes para el gimnasio" ¿Cuánto tiempo pensaba estar de sobremesa? Los viernes solemos ir al gimnasio sobre las seis.

Tuve que reconocer que si Carmen intentaba ponerme nervioso lo había conseguido estaba inquieto, pero intenté seguirle el juego; me dije a mi mismo que ella pretendía exactamente esto: ponerme nervioso, hacerme dudar de ella; Sonreí y me armé de toda la seguridad que encontré en mí, pero mi cuerpo denotaba tensión.

El sonido del móvil me sobresaltó, vi que era Carmen, descolgué y escogí mi tono de voz más neutro

"Hola cariño" – respondí; escuché el sonido típico de un lugar concurrido, quizás un restaurante.

"Hola cielo, recibiste mi mensaje verdad?"

"Claro, y tu recibiste el mío, no disimules"

"Llegaré un poco tarde, vete tú al gimnasio y luego te llamo" – hubo un silencio en el que intenté elegir la frase adecuada para demostrarle que no me tragaba su treta pero no tuve ocasión – "por cierto, Roberto me acaba de preguntar por el congreso de Enero, te lo paso y le cuentas, vale? Un beso" – Ni siquiera tuve tiempo de contestar aunque si lo hubiera tenido no habría sabido qué decir, enseguida escuché la voz ampulosa de Roberto, haciéndose el "amiguete", le escuché casi sin entenderle y le contesté brevemente prometiéndole más información – "se la das a tu chica, que como la tengo cerca todos los días ya me la pasará" - ¡imbécil! Este cretino pensaba que podía hablar de Carmen como "mi chica" y tratarme como si fuera un subordinado suyo solo porque ella trabajaba en su empresa.

29 abril 2008

Capítulo 17 

(Tiempo aproximado de lectura: 8 minutos)


Pasaron los días, las semanas y yo no conseguía librarme de estas ideas, seguía mirando a Carmen como si de una mujer diferente se tratase, más libre, más audaz, incluso… menos mía. El hecho de que Carlos le hubiera tocado el coño era lo que más me impactaba; era un antes y un después para mí. Carmen era otra.

Por su parte Carmen también evolucionaba en su forma de recordar lo sucedido; si al principio parecía desbordada por los recuerdos, sumida a veces en un pudor que le hacía asombrarse de lo que había sido capaz de vivir, pasó luego a una fase en la que, a medida que el tiempo la alejaba de Carlos y de Sevilla se fue liberando de las censuras y prejuicios que al inicio limitaban de alguna manera el profundo placer que le provocaba compartir conmigo el recuerdo de Sevilla.

Al principio era yo quien iniciaba el tema durante los preliminares de nuestros momentos de sexo; Carmen se resistía a entrar en el juego pero siempre acababa jugando y disfrutando de los argumentos que yo creaba mezclando la realidad vivida con mis deseos de lo que hubiera podido suceder.

Le intrigaba conocer qué es lo que yo sentía al verla con Carlos, me interrogaba y mis respuestas le provocaban un intenso placer; Mi relación con Elena era el otro asunto sobre el que buscaba detalles, tuve que superar la sombra de inseguridad y remordimiento que me producía vivirlo como una mentira pero cada detalle que le contaba la sumía en un placer de una intensidad inusitada que a su vez disparaba mi propia excitación. Nos decíamos en esos momentos cosas que, fuera de la alcoba, éramos incapaces de reconocer.

Poco antes de salir de vacaciones, una tarde de viernes, quedamos con mis cuñados para salir a cenar, estábamos a finales de Julio, una noche especialmente calurosa; Dejé a Carmen arreglándose y bajé al perro a la calle, al volver la encontré en la habitación con un tanga burdeos que le había regalado días antes. Estaba descolgando el vestido que usó la última noche en Sevilla, no se lo había puesto desde entonces y aquello me provocó una excitación morbosa, sobre todo porque se disponía a ponérselo sin sujetador, algo poco habitual tratándose de una reunión con sus hermanas y sus cuñados. Cuando lo tuvo puesto, me acerqué por detrás y la rodeé con mis brazos besándola en el cuello ante el espejo del armario.

07 abril 2008

Capítulo 16

(Tiempo aproximado de lectura: 15 minutos)


Durante la comida ambos evitamos hablar de Carlos, intentábamos aparentar una naturalidad que no sentíamos; Ninguno de los dos afrontó la conversación.

Casi en los postres Carmen abordó de nuevo el tema

"Quizás tengas razón, lo mejor será no provocar situaciones ambiguas que le hagan hacerse ilusiones, ya ha sido bastante violento cuando comenzó a insistir"

"Es lo mejor, si le damos más oportunidades podemos vernos en una situación desagradable"

Volvimos al hotel dando un paseo, la tensión se había reducido, aún así me seguía preguntado qué era en realidad lo que yo deseaba, notaba una especie de desilusión por abortar la cita de la tarde, al mismo tiempo me sentía aliviado; En ese momento tuve claro que lo mejor era evitar el encuentro, ninguno de los dos estábamos preparados para mas, ninguno de los dos sabíamos lo que queríamos.

A las cuatro y media salimos del hotel rumbo a la autovía, nos esperaba un largo viaje hasta Madrid.

Carmen echó el respaldo del asiento hacia atrás y se amodorró durante una hora, quizás buscaba aislarse un poco y evitar el tema, yo por mi parte agradecí ese tiempo de silencio en el que mi cabeza intentó hacer balance de lo sucedido en esos días; La carretera estaba poco concurrida a pesar de ser viernes y conducía cómodamente.

El sonido de mi móvil rompió ese tiempo de silencio, ya antes de cogerlo supuse que sería Carlos, se había adelantado a la llamada que tenía previsto hacerle para excusarnos.

"Sí, Carlos"

"¿Qué tal? ¿habéis terminado ya, supongo" – me mantuve en silencio un instante componiendo la mejor frase.

"En realidad hemos salido ya, te iba a llamar en cuanto parásemos" – Carlos tardó en contestar.

"Joder Mario, ¿tanta prisa tenéis? Habíamos quedado en despedirnos" – su voz sonaba dolida.

"Lo sé, pero se complicaron las cosas…" – la miré pidiendo su aprobación al tiempo que improvisaba – "… Carmen recibió una llamada y decidimos interrumpir la sobremesa" – ella se encogió de hombros al escuchar mi excusa.

"¿Algo grave?"

"No, en absoluto, pero preferimos llegar pronto a Madrid"

"En fin, lo siento mucho, me hubiera gustado despedirme de Carmen, ¿me la puedes pasar?" – se lo hice saber mediante un gesto y ella negó con fuerza; Insistí, no había excusa razonable para no hablar con él – "¿Estás ahí?"

"Si, un segundo, había perdido cobertura, te la paso" – le ofrecí el móvil a Carmen que dudo en cogerlo de mi mano, al final con un gesto de fastidio lo tomó.

23 marzo 2008

Capítulo 15

(Tiempo aproximado de lectura: 26 minutos)


Desde la cama Carmen escuchaba mis movimientos por la habitación sin moverse, sin dirigirme la palabra, se sentía enfadada con todo y con todos y yo era el objetivo más a mano para descargar su enfado.

 -"Luego hablamos" – Carmen resistió la tentación de responderme, había escuchado en silencio todos mis movimientos en la ducha, en el baño y luego al vestirme; Durante todo ese tiempo había luchado consigo misma para no levantarme el castigo que su silencio suponía para mí. Continuó callada mientras me notaba esperando en la puerta, le dolía hacerme esto pero estaba molesta conmigo, con ella, con todo el mundo.

 Cuando escuchó cerrarse la puerta de la habitación estuvo a punto de saltar de la cama y llamarme; Un nudo le atrapó la garganta, me imaginó triste y deseó no haber sido tan dura conmigo.

13 enero 2008

Capítulo 10

(Tiempo aproximado de lectura: 22 minutos)

 

Camino del hotel mi cabeza bullía bombardeada por ideas, pensamientos y sentimientos enfrentados; Me parecía imposible que en el transcurso de unos pocos días aquello que hasta ese momento había sido una fantasía erótica compartida con Carmen se estuviese convirtiendo en una realidad para la que dudaba que estuviésemos preparados. Intentaba decirme a mi mismo que eso era lo que llevaba deseando tanto tiempo, Carmen había besado a aun hombre, se había dejado acariciar, si tanto lo deseaba ¿por qué ahora estaba temblando de miedo?

Llegué a la habitación y golpeé dos veces en la puerta, Carmen abrió. Sus ojos me interrogaban, su rostro denotaba preocupación, ansiedad, vergüenza, quizás culpa.
Me acerqué a ella y la abracé, se refugió en mis brazos, apretándose a mí

"Mario, yo no sé si…"

"Shhhhh, shhhhhh…." – la hice callar con suavidad, intentaba tranquilizarla, ya tendríamos tiempo de hablar.

Estuvimos abrazados mas de cinco minutos, sin movernos del hall, no conseguía evitar que mi mente me lanzase imágenes en las que Carmen se me aparecía abrazada a Carlos, besándose, la tenía en mis brazos pero en mi cabeza era él quien le acariciaba la espalda, quien la besaba; Cuando comencé a notar por su respiración y por la tensión de su cuerpo que se había calmado la separé de mi lo suficiente para mirarla a los ojos, estaba preciosa, le di un pequeño beso en sus labios y la llevé cogida de la cintura hasta la habitación, nos sentamos en la cama

"¿Quieres que hablemos?" – Carmen bajó la mirada evitando mis ojos – "Cielo, no pasa nada, si estás así por mi tranquilízate, no pasa nada"

"Esto se nos ha ido de las manos Mario, yo no tenía intención de…"

"Lo sé, lo sé, pero tampoco ha pasado nada irremediable" – me miró de una manera extraña, como si no me conociera, como si lo que acababa de decir le hubiera sorprendido.

"A ver Mario, me he besado con Carlos, nos hemos besado ¿lo entiendes?" – no estaba alterada, pero había un tono de reproche en su voz.

"¿Y? ¿significa algo? ¿Tiene mayor trascendencia que el simple hecho de haberte permitido un momento de… libertad? ¿Cambia tu vida, nuestra vida, en algo porque hayas besado a Carlos?" – lancé esos argumentos improvisados sin mucha convicción, sin tener la seguridad de que tuvieran algún sentido, sabía que en el fondo trasmitían algo de lo que yo pensaba pero quizás para Carmen no tuvieron el efecto que yo buscaba; Se revolvió con furia.

"¡Y todo por tu insistencia, por tu obsesión absurda! ¡pues ya lo tienes! ¿estás satisfecho?" – hizo una breve pausa y continuó sin esperar ninguna contestación por mi parte.

16 diciembre 2007

Capítulo 7

(Tiempo aproximado de lectura: 14 minutos)


- “Mario, ¿te puedo preguntar una cosa, en confianza?” – un cosquilleo recorrió mi espalda
- “Carmen y tu… en fin, tengo la impresión de que lleváis una relación muy… digamos liberal”
- “Dentro de un orden, si; nos gusta experimentar cosas nuevas” – improvisaba sobre la marcha, aunque estos días había imaginado cien veces una escena como ésta, no estaba preparado del todo.
- “Os escuché hablar antes, cuando íbamos al restaurante” – sonreí dándole a entender que sabía a lo que se refería – “Parece que tu dejaste a Carmen con vuestros amigos y que ha pasado la noche fuera, con ellos… es decir…” – le interrumpí, ya tenia una frase preparada desde el día anterior, una frase que quería escucharme a mi mismo decir

06 diciembre 2007

Capítulo 5

(Tiempo aproximado de lectura: 13 minutos)



La encontré sacando de las bolsas la ropa que se había comprado, me acerqué a ella y la rodeé con mis brazos, aspiré el olor de su pelo.

- “No me dio tiempo de advertirte cariño, lo siento”
- “Siempre tienes que salirte con la tuya, ¿no?” – no tenía excusa y pensé que empeoraría las cosas si trataba de inventar una.
- “Me dejé llevar, cuando quise reaccionar ya lo había dicho”
- “¡Ah vaya! Me vas a decir ahora que no pudiste controlarte” – no acababa de saber con exactitud si estaba enfadada, muy enfadada o solamente molesta, esa falta de seguridad me hacía ser cauto
- “No, es cierto, probablemente podría haberme callado pero reconocerás conmigo que tu personaje ha ganado mucho en mi versión” – esperé su reacción, me la había jugado en una mano, ahora podía suceder de todo, desde que me mandase a la mierda hasta que me siguiese el juego.

29 noviembre 2007

Capítulo 2b  La pregunta

(Tiempo aproximado de lectura: 7 minutos)


Los días siguientes atravesé por tantos estados de animo, tan encontrados y opuestos, que me tenían confundido: la vergüenza, la rabia, el deseo, la sensatez y el compromiso de olvidar lo sucedido se sucedían unos a los otros, pero cada noche al acostarnos y verla desnuda a mi lado volvía a ver los ojos de aquellos hombres clavados en mi mujer y me excitaba como nunca, tanto que Carmen lo notó y mas de una vez me preguntó, feliz, que era lo que me pasaba.