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01 diciembre 2013


Capítulo 62 Todo empezó como una broma

(Tiempo aproximado de lectura: 31 minutos)



La primavera comienza a hacerse notar con fuerza en este Madrid de primeros de Marzo. Intento huir del intenso tráfico de mediodía y callejeo para llegar al restaurante en el que he quedado con Carmen para almorzar. He salido con tiempo suficiente y me detengo en una de las escasas tabernas que aún quedan de las de vermut de grifo y tapa de boquerón en vinagre, de paredes alicatadas de azulejos con evocaciones goyescas, de las que huelen a gamba y a berberecho, donde la cerveza se sigue  tirando en barro y en las que aun se apunta con tiza en la vieja barra de madera la consumición de la clientela.

De tanto repetir la escena, mi mente conserva nítida la imagen de mi mujer tomada de la cintura por ese hombre que la atrae hacia si y la besa en la boca sin que ella oponga ninguna resistencia. Sus brazos, ¿dónde estaban sus brazos? Creo recordar que cuando la besó por primera vez se hallaban cogidos de las manos, pero en ese momento, cuando se atrevió a volver a besarla… no se, yo estaba tan trastornado que no puedo recordar. Creo que una de sus manos iniciaba un saludo de despedida en el brazo de él y acabó apoyada en su pecho. Si fue así no lo sé, quizá es mi imaginación que ha rellenado la escena ya que no tuve ojos más que para esas bocas que se unían. Recuerdo su espalda arqueándose como si por una parte intentase huir del beso y al mismo tiempo estuviese atrapada por el deseo. Tuvo ocasión de reprocharle la osadía, pudo alegar sorpresa la primera vez, sin embargo el segundo beso lo vio venir y no hizo nada por esquivarlo.

¿Estoy acusándola de algo? ¿Es esto un reproche? En absoluto. Preparo los argumentos que momentos después posiblemente tendré que enfrentar a sus dudas al tiempo que alimento la excitación que me produce rememorar esas escenas.

El proceso está en marcha. Si como Carmen dice, Carlos es agua pasada, acabamos de dar el pistoletazo de salida a la nueva aventura y toda la emoción contenida se me agolpa en la garganta impidiéndome respirar con normalidad.


Apuro el vermut  y salgo a la calle a encontrarme con la adúltera, con esa mujer que me vuelve loco y con la que voy a ultimar los planes para seducir al que hemos decidido que será su nuevo amante.


19 noviembre 2013


Capítulo 61 Yo, voyeur

(tiempo aproximado de lectura: 41 minutos)


- “¿Vas a verle hoy?”

Estábamos a punto de acabar el desayuno y no pude resistir más la tentación, la idea de pasar todo el día con la duda me resultaba insoportable. La sonrisa de triunfo que apareció en su rostro me confirmó lo que ya suponía, Carmen esperaba pacientemente mi rendición y me devolvió la jugada sin desvelar sus cartas.

- “¿Vas a ver a Graciela?”

Ambos somos buenos estrategas en el juego. Sostuve su mirada impasible hasta que la sonrisa que me había contagiado y que trataba inútilmente de evitar brotó incontenible.

- “Yo pregunté primero” – Subió los hombros dándome a entender que le importaba un rábano y que no contestaría hasta que lo hiciera yo. – “No había planeado verla”– claudiqué al fin.

- “Tengo el día demasiado ocupado” – respondió – “A primera hora hay junta, no me puedo retrasar.”

- “¿Quedasteis en veros algún día en concreto?”

- “No, tan solo que volveríamos a desayunar juntos, sin fecha”

- “¿Te apetece?” – Se quedó mirándome con cara de póker.

- “¿El qué?” -  De nuevo se resistía a mostrar sus cartas ¿debía jugar fuerte? Mejor no.

- “Desayunar con él” 

- “Si, ¿por qué no?”