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30 agosto 2024

Capítulo 191 El futuro nos lo dirá 

Tiempo estimado de lectura: ochenta y cuatro minutos.


Con la inestimable colaboración de Torco en los diálogos argentinos y el diccionario de términos adjunto.


Londres: Indolencia

Aterricé en Heathrow a las once, un Mercedes enviado por Tomás me llevó directamente al hotel, a unos diez minutos de donde se alojaba. Viajaba ligera de equipaje, lo justo para pasar unos días de turista, quería aprovechar este viaje, entre otras cosas, para contemplar las vistas del London Eye, desde que lo inauguraron sentía curiosidad por ascender a lo alto del cielo de Londres. Tenía pensado encontrarme con una compañera de facultad que, recién doctorada, aceptó una oferta en una prestigiosa clínica, no la veía desde entonces, aunque manteníamos el contacto inquebrantable a través del tiempo. Había hecho el propósito de visitar a mi tía Frauke, llevábamos dos años sin vernos. Tenía una preciosa casa en Candem Town en la que me había alojado en numerosas ocasiones. Frauke era la hija menor de unos primos de mi madre, de niñas pasábamos las vacaciones con ellos en Alemania, era como una hermana. El Covid pudo con ella.

26 julio 2024

Capítulo 190 La calma

Tiempo estimado de lectura: cincuenta y cuatro minutos.


Haz lo que quieras. Yo, en tu lugar, antes de seguir leyendo buscaría en Spotify, YouTube o donde sea, «Believe, beleft, below» de Esbjörn Svensson. Sírvete un whisky, un coñac, ron con coca o un zumo, lo que te apetezca. Baja las persianas, apaga la luz, no la necesitas, recuerda: estás leyendo en un smartphone o en una tablet. Acomódate en tu sillón favorito junto a tu pareja, si la tienes, o con tu mascota, si la tienes. En cambio, si eres de los que les gusta leer a solas, dile: Cariño, dame una hora, voy a ponerte los cuernos con Mario, o con Carmen; si sabe de tu afición te dará por imposible, si no, mejor cállate. Cuando tengas todo listo, dale al play. 🎙

Ahora ya puedes comenzar a leer.

11 julio 2024

Capítulo 189  En el ojo del huracán


Tiempo estimado de lectura: cincuenta y nueve minutos.


Tú juegas a engañarme, 

yo juego a que te creas que te creo, 

escucho tus bobadas 

acerca del amor y del deseo 

y no me importa nada, nada 


Tú juegas a tenerme, 

yo juego a que te creas que me tienes 

serena y confiada 

invento las palabras que te hieren, 

y no me importa nada. 


Tú juegas a olvidarme 

yo juego a que te creas que me importa, 

conozco la jugada 

sé manejarme en las distancias cortas 

y no me importa nada, nada 

Luz Casal 1989

14 noviembre 2022


Capítulo 170  No mires atrás

Tiempo aproximado de lectura: 65 minutos.


Parecíamos dos irracionales

que se iban a morir mañana

(Derroche,  Ana Belén Víctor Manuel, 1994)

Escuchar



Prólogo: Quince años, seguimos


Cuando el diario empieza a publicarse en dos mil siete, Carmen cumple treinta y seis y yo cuarenta y nueve, han pasado seis años desde el inicio de todo y la vida sigue su curso. Habría tanto que contar… sin embargo lo más probable es que no llegue a escribir sobre esa etapa. El tiempo avanza como la lengua de un volcán. Que nos quiten lo bailao.

Esto es lo que redactaría el autor primerizo que comenzó sin saber en lo que se estaba metiendo. Si continúo, me va a caer la del pulpo. Mejor tiro ese párrafo a la papelera y lo intento de nuevo.

Vamos allá.

El diario nació en dos mil siete, en él se narra una historia ambientada en Madrid seis años antes, una historia de sexo y ternura, de derroche de amor y mucha, mucha locura. Lo más probable es que no alcance a cubrir la época en la que comenzó a publicarse. No importa, lo esencial está dicho y espero llegar al desenlace de lo fundamental. Lo demás, lo que no se publique y quede escrito, flotará olvidado en la nube. El tiempo es como la pleamar, va borrando la huella de las personas que pasaron por la orilla. 

Sigamos, no sé hasta cuándo. He redactado textos para conmemorar otros aniversarios sin saber qué futuro tenía. Sigamos, mientras la ilusión permanezca encendida, mientras las horas que dedico al diario me produzcan placer. Sigamos, mientras los lectores aparezcan como las perseidas para dar su opinión, ofrecer un consejo o plantear una crítica, y los hooligans lo ensucien con sus pintadas sin producir más ruido del que necesitan para hacerse oír. 

Quince años, seguimos.

15 junio 2022

Capítulo 165  El retorno 


Tiempo aproximado de lectura: 60 minutos


La mujer que yo quiero no necesita

bañarse cada noche en agua bendita.

(Joan Manuel Serrat)


I El retorno


—Te esperaba ayer. 

Ángel se ha levantado a recibirme; dejo el bolso en un sillón y camino decidida a su encuentro. Entiendo el reproche, tenía que haber aparecido por el gabinete aunque fuera unas horas. Le compenso con un beso largo e intenso que no desaprovecha; en un abrir y cerrar de ojos tengo la blusa abierta, los hombros desnudos, el sujetador suelto y me devora las tetas como si le fuera la vida en ello. Qué cabrón, cómo sabe ganarme. Nos desfogamos un rato y le paro antes de que vayamos a más. 

15 noviembre 2018

Capítulo 114 Quince de Noviembre, once velas

(Tiempo aproximado de lectura: 79 minutos)


Escribir un libro durante dieciocho años llega a parecerse mucho a compartir su autoría con mis yoes anteriores.

Katherine MacKinnon 

Hacia una teoría feminista del Estado



Un año más; ya son once los que llevo escribiendo este diario que, como le contaba a una buena amiga, nunca pensé que fuera a prolongarse en el tiempo.

Hago un repaso de los primeros años del diario y apenas me reconozco ni como escritor, si es que se me puede atribuir ese título, ni como arquitecto de la estructura que ha surgido de lo que quería contar. 

Era otro yo.

El tiempo transcurrido me enfrenta, como dice MacKinnon, con las diferentes personas que he ido siendo a lo largo del tiempo y que sin ninguna duda han modulado la forma en la que os he contado la historia. No hace falta recurrir a Ortega para concluir que las circunstancias además del medio y la sociedad nos moldean; las vivencias que me acompañaron mientras escribía influyeron en el tono, en los matices y en lo que dije, cómo lo dije y en lo que dejé de decir. ¿Cómo habría sido el diario si el yo que escribió en cada momento hubiera vivido otras experiencias?

21 febrero 2018

Capítulo 105 Sanación

(Tiempo aproximado de lectura: 87 minutos)


—Papá, hola… si bien… aquí en la sierra… si, al final decidimos quedarnos… No, no nos apetecía este año salir… porque no… no, no pasa nada ¿qué iba a pasar?

Escucho a Carmen hablar con su padre y percibo la desconfianza que llega del otro lado de la línea. ¿Por qué hemos cambiado repentinamente los planes cuando lo habitual es que salgamos fuera en estas fechas? Si ya resultó complicado aparentar normalidad en el cumpleaños de mi suegra ahora este cambio se suma para romper con las costumbres tan arraigadas.

—Sí, está aquí ahora te lo paso ¿Y mamá, está bien?

Le he pedido que les llame, no sé desde cuando no habla con ellos y eso en esta familia no es normal.

Normalidad, algo que le debemos a la familia. No se han entrometido pero me consta que están preocupados y en algunos casos han sufrido.

Hablo con mi suegro sobre todo para darle seguridad. Estamos juntos, estamos bien. Le prometemos una visita pero no ahora, no en esta semana. Noto recelo y trato de sofocarlo. En quince días comida en nuestra casa, prometido.

Hace un sol de justicia, cualquiera diría  que estamos en verano. Ya es miércoles y para mañana esto se va a llenar. Estamos comiendo en la terraza de uno de los restaurantes de la plaza del pueblo. Son las tres de la tarde; después de hacer el amor, ducharnos y perder otra media hora bajo el agua salimos con prisas hacia el pueblo. Menos mal que a última hora se me ocurrió reservar.

Carmen luce espléndida. Un vestido veraniego, estampado en tonos rojos y verdes claros con motivos florales sobre fondo blanco anudado al cuello con escote en pico por medio muslo, sandalias planas para caminar cómoda por el empedrado del pueblo y uno de los bolsos grandes de este verano pasado que como el resto de la ropa de temporada también guarda en los armarios de aquí. Brutal. 

15 febrero 2015

Capítulo 90 La profecía cumplida

(Tiempo aproximado de lectura: 69 minutos)


(Domingo)


–La he negado tantas veces que ni yo mismo me lo acabo de creer, no sé cómo he sido capaz de hacer algo así, no lo entiendo.

Sentado frente a Graciela intentaba hacer un ejercicio de reflexión como el que tantas otras veces había emprendido con mis pacientes, solo que en esta ocasión el paciente era yo y necesitaba un interlocutor que me ayudase a no caer en las mismas trampas que como terapeuta no siempre resulta fácil detectar. Quizás ella podría ser capaz de interpretar ese papel. Ser la voz de alarma cuando cayese en los mismos trucos que otros antes que yo usaron para no afrontar la realidad, para no asumir los errores en los que, a pesar del dolor, el ego se refugia y se siente seguro.

–La he llegado a negar tres veces en esta semana. —Insistí.

–Como Pedro.

–¿Qué?

–Como Pedro negó a Jesús. Él  también lo hizo tres veces y no fue hasta que escuchó el canto del gallo que cayó en la cuenta. Le amaba y a pesar de ello lo negó una y otra vez. A partir de ahí reaccionó e hizo todo lo que estuvo en sus manos por recuperarle. A lo mejor tú has necesitado negarla más de una vez, rechazarla reiteradamente antes de reaccionar y ponerte en su busca.

–No sabía que fueras religiosa – Graciela sonrió.

–¿Y qué es lo que sabes de mí?

Si me hubiera dado una bofetada no me habría dolido tanto. Por su expresión supe que se había dado cuenta y evité hacerla pasar por una disculpa.

–Tienes razón. ¿Crees que ya ha cantado el gallo para mí?

08 octubre 2014

Capítulo 84 Ruleta rusa

(Tiempo aproximado de lectura: 56 minutos)


(Viernes)


Desde la mullida cama de Graciela escucho el rumor del agua en el baño. Me ha despertado el dolor de mi mano que se hace notar saliendo de una tregua que ha durado no sé cuánto, tres, cuatro horas quizás. 

Hace frío, echo en falta el calor que la calefacción central de casa, aún apagada, mantiene durante la noche y por otra parte agradezco estar arropado hasta el cuello, bajo el suave y ligero edredón que nos ha cobijado.

La luz entra a raudales a través de los visillos. Anoche no me percaté de la ausencia de persianas. Ella está duchándose y siento una débil tentación que destierro inmediatamente. No, no tenemos la suficiente confianza, no sé si rompería su intimidad. Prefiero esperar y quizás otro día ser invitado a compartir con ella ese placer.

El silencio que sucede a continuación se llena de murmullos que pinto con imágenes. La supongo desnuda envuelta en una toalla. Algunos sonidos me ayudan a recrear una pierna doblada con el pie sobre una banqueta o quizás apoyado en el borde de la bañera mientras ella seca el muslo. ¿Tendrá el cabello envuelto en una toalla? A lo mejor usa un gorro de baño como…

Un agudo dolor me atraviesa el pecho. Las imágenes se han transformado, ahora es Carmen la que suplanta a Graciela y seca sus pechos con esa gracia que conozco tan bien. Se enrolla la toalla en la cintura y al sentirse observada, gira la cabeza y me mira traviesa, “¿qué me miras?”

11 julio 2014


Capítulo 79 Decepciones, ilusiones

(Tiempo aproximado de lectura: 99 minutos)



- ¡Qué tengo que hacer para que me creas!

Sus miradas se cruzan.

- Sei la mia puttana? – Carmen le toma el rostro con las dos manos, apenas puede contener la voz

- ¡Sí, sí, soy tuya, sí, soy tu puta, soy lo que quieras que sea!

- Ya es hora de que me lo demuestres, cara.

Carmen se estremece. ¿Cómo ha podido llegar tan lejos? no sabe el alcance del compromiso que ha adquirido, su mano se desliza por la mejilla del italiano hasta su pecho.

- Doménico…

- Cállate, de momento limítate a aprender ¿sí?

- Sí.

Siente como la firme caricia en la cadera se va desplazando hacia los riñones, la tiene atrapada contra su cuerpo, no puede dejar de mirarle a los ojos.

- Esta noche te voy a despojar de tus vicios burgueses. Eres hermosa, más de lo que te imaginas, pero cometes unos fallos imperdonables, tremendas torpezas que resaltan aún más precisamente por ser tan… espectacular. 

30 junio 2014

Capítulo 78 Despertar en otra cama

(Tiempo aproximado de lectura: 52 minutos)

«No siento nada.

No sé cómo he llegado casa, sé que he debido coger el coche del parking, conducir hasta aquí, aparcar y subir a casa. Ahora estoy tirado sobre la cama, son las… cuatro de la madrugada y no siento nada.

Debería llorar, me vendría bien. Gritar ya he gritado suficiente el otro día, tampoco me apetece.

Tendremos que vender la casa, no me veo viviendo solo aquí, es demasiado grande, además los recuerdos la harían inhabitable.

Luego está la casa de la Sierra. Mis hermanos no la quieren, ya me quedé con su parte y tampoco voy a volver por allí después de esto. La venderé también. No quiero nada que me recuerde a…

Si pudiera mover aquel contacto en Friburgo… Los trabajos que tengo publicados y mi experiencia profesional seguro que me abren puertas. 

Tengo amigos en Upsala, tampoco es mal destino para volver al tipo de investigación que siempre me ha gustado; un lugar donde perderme sin los agobios de quienes buscan éxitos a corto plazo.

No puedo dormir, como siga aquí tumbado voy a acabar por ponerme nervioso y eso es lo último que necesito.»