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20 mayo 2022

 Capítulo 163 Lo recordaremos toda la vida 


Tiempo aproximado de lectura: 60 minutos


Love, love is a verb

Love is a doing word

Feathers on my breath

Gentle impulsion

Shakes me, makes me lighter

Feathers on my breath

Teardrop on the fire

Feathers on my breath


Massive attack, Teardrop



Ahí está, en la terraza del restaurante. Aún no me ha localizado y se mueve con esa soltura que lo hace tan atractivo. Al fin me ve, sonríe y se recrea en contemplar su pieza más valiosa. Disfruta conmigo como lo hacen los niños con su mejor juguete, no aparta la vista, no pierde detalle de mis andares; de ese que ha pasado por mi lado, muy cerca y seguro que se ha vuelto a mirarme; de los dos que han dejado de hablar para verme pasar. Los niños pueden ser dulces, imprevisibles, mentirosos, caprichosos hasta el punto de llegar a romper su más preciado juguete. Qué hago con él si mi vida no tiene sentido si no es a su lado.

21 diciembre 2021

Capítulo 158 Soliloquio en locura

Tiempo aproximado de lectura: 44 minutos)

Un anillo, una esmeralda, la esperanza de un camino emprendido con vistas a que un día pondrá fin a una angustia. Una búsqueda sembrada por una torpeza: «¿Mahmud te hizo declararte golfa y dices que te supuso una especie de liberación? Mírate, esa eres tú, una puta, reconócelo, no eres más que una puta, dilo de una vez».

Vivíamos en el día después esperando que llegara el final y pudiéramos volver a ser… ¿quiénes? Me había hecho a la idea de que no era posible borrar la huella de lo que hice, ni siquiera me veía capaz de mitigar los efectos de la locura que improvisé en lo que solo fue una huida hacia delante para evitar otra ruptura. 

Imbécil. No supe calcular las consecuencias de la devastación que arrasó la mente de Carmen, y yo, sin entender lo que estaba haciendo, continué forzando el cambio. «Entonces, si te consideras una de sus chicas ¿por qué sigues utilizando eufemismos conmigo?». ¿Qué pretendía, qué buscaba? Y lo volví a hacer, una vez más la provoqué a que verbalizara la transformación que se estaba gestando en su mente. Se incorporó, majestuosa como una Venus desnuda, y pronunció una frase demoledora: «Mírame, ¿me ves? soy la puta de Tomás, a partir de ahora tenemos que estar preparados porque puede solicitar mi servicio cuando menos lo esperemos, al fin y al cabo soy una de ellas, una de sus putas». 

12 septiembre 2021

Capitulo 152 Malentendidos

(Tiempo aproximado de lectura: 25 minutos)


Tomás

Habíamos hablado largo y tendido, daba la sensación de sentirse solo porque cada vez me retenía más al teléfono o llamaba sin ningún motivo concreto. No, las cosas no debían de estar yendo tan bien como contaba. 

—¡Hola, qué sorpresa! —respondí con un poquito de guasa cuando apenas habían pasado quince minutos de su anterior llamada. 

—Eso es lo que quería, darte una sorpresa, pero no he podido resistirme: vuelvo a Madrid.

Me dio un vuelco el corazón.

—¿Cuándo?

—Estoy saliendo para Heathrow.

—Voy a recogerte.

—No seas loca, no te voy a poder dedicar mucho tiempo.

—Me da igual, dime tu vuelo.

Llegué a Barajas con la hora justa, menos mal que sufrió un pequeño retraso. Lo vi aparecer por la puerta entre el resto de pasajeros y tuve que contenerme para no echarme al cuello. Lo notó y se emocionó. Qué dos tontos. Aguantamos hasta que estuvimos a resguardo dentro de mi auto, entonces me volqué hacia él y lo besé sin medida.

12 octubre 2018

Capítulo 113 Lluvia

(Tiempo aproximado de lectura: 107 minutos)


No sé por dónde empezar, creo que de alguna manera ya he ido dejando trazas de lo que ha sido mi vida durante todo este turbulento camino que hemos recorrido por separado. 

Sin embargo ahora Carmen me pide que recoja el testigo y sea el intérprete del drama que desde el lunes ha estado relatando casi en solitario.

—No sé qué decir, no sé por dónde empezar.

—No importa, comienza por aquello que te venga a la memoria.

Pronto atardecerá; me gustaría dar un largo paseo, cogerla de la mano y charlar de otras cosas. Estoy agotado.

¿Qué espera de mí? No pretenderá que a punto de acabar la semana reedite lo que a ella le ha llevado cinco días exponer.

Tal vez estoy dando por supuesto algo que no ha dicho, tan solo me ha pedido que aporte mi visión del conflicto. Nunca lo había nombrado de esa manera: «¿Cómo lo has vivido, cómo ha cambiado tu vida este tiempo de conflicto?».

Pienso, hago un esfuerzo.

¿Esfuerzo? No, esa no es la manera; tengo que respirar hondo, aflojar las tensiones. Carmen no me presiona, no hay prisa. 

Calma, calma.

Y sucede, aparece una escena dura, amarga. 

12 septiembre 2018

Capítulo 112 Mujeres


(Tiempo aproximado de lectura: 75 minutos) 


Me disponía a hablarle sobre Graciela, la mujer que había compartido mi vida durante su ausencia; Carmen estaba en lo cierto, no le había contado cuánto había influido en mí.

¿Pero Elena? En ningún momento se me había pasado por la cabeza incorporarla a este proceso, no le encontraba ningún sentido.

—¿Elena? ¿por qué?

Mi perplejidad debía ser tan patente que Carmen se fue contagiando y al poco mostró la misma expresión de asombro. No entendía que yo la excluyese.

—Elena sí, Elena; la mujer que te follaste en el césped del hotel de Sevilla ¿te acuerdas? La amiga de Carlos, la carabina que trajo para entretenerte mientras trataba de llevarme a la cama; esa Elena.

—Ya, ya sé quien es, no necesitas recordármelo.

—Entonces no sé de qué te sorprendes; si vamos a hacer un recorrido por “tus” mujeres es justo que comiences por ella ¿no crees?

13 marzo 2018

Capítulo 106 Es mi momento

(Tiempo aproximado de lectura: 67 minutos)


Jueves


—¿Sabes?

Ese momento dulce que precede al sueño, ese instante en el que la conciencia se va diluyendo en la bruma de una manera difusa, placentera hasta que desapareces quedó interrumpido por la voz de Carmen que susurraba una breve pregunta. No moví un músculo; estaba tan bien pegado a su cuerpo que interrumpí la inminente caída a la profundidad y mi boca musitó algo parecido a una respuesta.

—Estabas dormido, perdona.

—No, dime —giré el cuello para buscar en la oscuridad su rostro que me rozó la mejilla.

—Anda duerme —insistió con un dulce beso.

Deslicé el brazo hasta alcanzar su cadera, seguí la curva hacia atrás y le propiné un suave cachete.

—Si me dejas con la duda ya no me voy a poder dormir.

Me apretó con el brazo que rodeaba mi cintura, noté su sonrisa pegada a mi cuello.

—Estaba pensando…

Me giré hasta quedar boca arriba, inmediatamente ella se refugió en mi pecho, a medio camino de abalanzarse sobre mí; un muslo encima de los míos, su brazo sobre mi estómago. Una de nuestras posturas favoritas tan habitual que la ejecutamos sin pensar.

—No sé si todo esto nos va a pasar factura Mario. 

—¿A qué te refieres?

—Pues que una cosa es verlo aquí, en terapia, de una manera aséptica, fría, casi impersonal. Pero quizá cuando estemos en casa, dentro de un mes, un año —Un corto suspiro me transmitió su desasosiego—. Algún día me mirarás y… no sé.

—¿Qué es lo que no sabes?

Sentí como se apretaba a mi cuerpo buscando cobijo; respondí a la llamada y la recogí entre mis brazos.

—Han sido tantas cosas, tantas. Un día puede que lo recuerdes y entonces..

Esperé, todavía tenía que mucho decir, no era el momento para interrumpirla.

—Puede que te preguntes ¿de dónde vendrá? ¿con quién habrá estado? ¿habrá vuelto a ver a…? Y es lógico, he hecho cosas para las que no hay justificación alguna.

11 enero 2018

Capítulo 103 Salté de la cornisa


(Tiempo aproximado de lectura: 52 minutos)


—Nada sucedió como esperaba, nada. Empezando por la droga ¿por qué aceptaste dime, por qué? ¿qué necesidad había de tomarla?

Si me hubiera recriminado, si hubiera elevado el tono de voz habría tenido una posibilidad de escape por la vía de la ira, del reproche, «tampoco tú le hiciste ascos». De inmediato rechacé entrar en esa dinámica. Por el contrario Carmen hablaba desde la calma, desde la perplejidad que le producía no entender cómo su compañero al que creía conocer, ese que había compartido su pena, su tristeza al perder amigos consumidos por la droga, el que la había acompañado al duelo de padres y hermanos muy queridos había tirado en un instante todo nuestro ideario sobre la droga.

—Yo, me sentí…

Mayor, viejo sí, por primera vez me había sentido viejo en comparación con su rabiosa juventud. Absurdo lo sé pero me dominó una cruel sensación de ser el perdedor en una ficticia carrera sexual en la que Doménico ganaba por goleada.

No, no podía decirle eso.

Agité la cabeza como si pudiera vaciar la mente y buscar nuevos argumentos.

05 julio 2015

Capítulo 93 Un punto de inflexión


(Tiempo aproximado de lectura: 27 minutos)  


–No me has entendido, he olvidado las llaves.

Carmen escucha el silencio, ese silencio incrédulo. Quizás no ha sabido fingir con suficiente convicción, son tantos años juntos, y él la conoce tan bien…

–Claro, ¿cómo lo hacemos, te pasas por aquí o quedamos en la cafetería de abajo?, lo que tú quieras.

No, no puede seguir por ahí, ha sido un error.

–Espera, creo que… sí, efectivamente, las había dejado en la guantera, se me acaba de venir a la cabeza.

No es ella, no parece ella. Y no sé qué pensar, es todo tan absurdo, tan artificioso entre nosotros. No, no quiero continuar con esto.

–¿Algo más? –He sonado brusco, demasiado brusco. Intento pensar en algo que lo suavice pero ya es tarde, Carmen acusa el golpe. 

–No, nada. – Su voz se apaga.

–¿Cómo quedamos?

–¿Lo hablamos mañana, te parece?

–Como quieras.

08 febrero 2014

Capítulo 66 La entrega

(Tiempo aproximado de lectura: 30 minutos)


Carmen cerró la puerta del baño y apoyó la espalda en ella. Todavía conservaba en su retina la imagen de Doménico encorvado sobre la mesita de noche manejando la droga. Había sentido auténtico pavor; en un segundo recordó a su amigo Manolo y revivió en  imágenes todas las fases de su degradación, desde la carita de niño bueno que tenía cuando ambos iban al instituto hasta el rostro demacrado, consumido, gris que le vio pocos meses antes de su fallecimiento. Le había visto fumar y no le dio importancia, mas tarde le vio esnifar. Se separaron, comenzó a tener otras amistades. Nunca le vio pincharse pero supo de su deriva, alguna vez le llegó a ver de lejos, no parecía él. Y ahora, no podía ser que esta noche estuviese viviendo de nuevo aquello.

Le zumbaba la cabeza, abrió el grifo y se refrescó la cara. Sintió la∫ espesa humedad que comenzaba a deslizarse por sus muslos y se sentó en el bidet para lavarse. Su sexo reaccionó al contacto de su mano. Hinchado, todavía dilatado por las sucesivas penetraciones y extremadamente sensible al mas mínimo roce. Intentó sin éxito ahuyentar las imágenes que asaltaban su mente y en las que el cuerpo desnudo de Doménico se le representaba sobre ella en el momento de poseerla. Fue como si cada sensación vivida momentos antes volviera a dominarla. Ante sus ojos, grande, hermosa, arrogante, creyó ver de nuevo la verga vibrante del italiano y su tacto suave y turgente se le hizo presente, casi real en sus dedos. Se levantó buscando la toalla que utilizó al salir de la bañera y se refugió en sus pensamientos de reproche como válvula de escape.  

17 agosto 2009

Capítulo 47 La entrega

(Tiempo aproximado de lectura: 63 minutos)


VIERNES


El sueño la venció cerca de las tres de la madrugada. Pasó la noche en un duermevela, inquieta, se levantó varias veces a beber y cuando sonó el despertador la encontró despierta.

Se duchó rápidamente y se entretuvo más de la cuenta  eligiendo la ropa adecuada, si iba a ir en moto mejor sería usar pantalones. Escogió un vaquero negro ajustado que le iría bien para llevar por dentro de unas botas altas. Una camisa roja y una cazadora de piel completaron el conjunto al que añadió un pañuelo al cuello. Cambió de bolso por uno más manejable y guardó además varios salvaslips y unas braguitas. Se estaba preparando para acostarse con su amante y lo hacía con una tranquilidad pasmosa, como si estuviera acostumbrada a realizar estos preparativos habitualmente.

Quizás se volviera habitual con el tiempo, - pensó -, quizás en el transcurso de los próximos meses estos preparativos se convirtieran en rutina. En ese momento supo que estaba comenzando una nueva etapa en su relación con Carlos, aquella cita en pareja marcaba el inicio de una relación estable en la que ellos dos y solo ellos tenían cabida, no se imaginó cómo forzar las cosas para que en el futuro volviéramos a ser tres.

…..

03 diciembre 2008

Capítulo 36  La preparación

(Tiempo aproximado de lectura: 24 minutos)


El despertador interrumpió mi breve descanso y la pereza inicial, que me hubiera tentado en otro momento a apagarlo y ganar una hora más de sueño, se disolvió instantáneamente cuando recordé que aquel era el día en el que se iba a negociar la entrega de mi esposa.


Me levanté de un salto y arrastré a Carmen a la ducha, ambos estábamos agotados por la falta de sueño y el agua fría nos ayudó a despejarnos.


Cuando nos despedimos, antes de montarnos cada uno en nuestro coche, me retuvo un momento de la mano.


- “¿Estamos haciendo lo mejor?” – me dijo preocupada.

- “¿Para nosotros? Sin duda, para Carlos por supuesto, nunca en su vida va a estar con una mujer como tú” – sonrió y me dio otro beso.

- “¿Estás seguro de lo que vas a hacer?” – insistió una vez más

- “Dime que no quieres follar con Carlos y cancelo el almuerzo”

- “¡Qué cabrón eres!”  - dijo riendo.

- “¡Dilo, venga!” – vi esa expresión traviesa en sus ojos, preludio de alguna maldad; Se acercó a mi oído.

- “Quiero saber si con la lengua es tan bueno como con los dedos” – la abracé, me volvía loco escuchar esas palabras de su boca, dejaba a un lado los miedos y se lanzaba a disfrutar excitándome.

- “¡Pero qué puta te has vuelto!” – me miró con la lujuria brillando en sus ojos.

- “Y a ti te encanta”


Aquella mañana nuestras habitualmente breves conversaciones por Messenger fueron más tórridas y mas continuas, cada vez que algo nos interrumpía nos prometíamos volver tan pronto como fuera posible; Pasamos la jornada envueltos en sexo y deseo.


A media mañana la tensión era insoportable y apenas me dejaba concentrarme en mi trabajo, las imágenes se agolpaban en mi cabeza y me llevaban al escenario donde se había comenzado a fraguar la claudicación de Carmen ante sus propios deseos y ante mis continuas presiones.


La imaginaba desnudándose ante Carlos, reviví ese gesto suyo tan personal al liberarse del sujetador; los brazos echados hacia atrás soltando el broche y luego, tomando con una sola mano uno de los tirantes, arrastra la prenda que se desprende de sus pechos y los muestra altivos, firmes, erguidos, duros.

22 julio 2008

Capítulo 27  Negociación

(Tiempo aproximado de lectura: 25 minutos)


"¿Dígame?"

"Elena, soy Mario" – El silencio que siguió a mi frase me hizo dudar de mi idea de llamarla, por un momento temí que colgara. – ", ¿te pillo en mal momento?"

"¡Hombre!, el desaparecido"

"Cierto, y no será porque no me haya acordado de ti"

"¡Quién lo diría!"

"Por eso quería llamarte, para disculparme"

"Pues te ha costado, hace dos o tres semanas que me lo dijo Carlos, pensé que te habías vuelto a olvidar"

"Nunca me he olvidado Elena, nunca"

"Es igual, no pasa nada"

"No, no es así, hubiera querido… no sé, hablar más, poder…" – Elena interrumpió mi incoherente discurso.

"¿Y Carmen? ¿qué tal sigue?"

"Bien, como siempre, muy metida en su trabajo, en sus cosas"

"¿Os seguís viendo, no?" – recordé sus sospechas y procuré ser cauto.

"Si de vez en cuando, si las circunstancias son favorables"

"Ya, claro, recuerdo que aquella noche estaba muy molesta con vosotros dos, especialmente contigo, espero no haber sido yo la causa"

"En absoluto, se sintió engañada por el asunto de las habitaciones que reservó Carlos"

"Si las cosas no se hablan pueden causar estos efectos, aquello le debió parecer una encerrona, poco menos que un picadero"

"No le gustan las mentiras"

"A mi tampoco Mario" – no quise entrar al fondo de aquella frase que por el tono en que fue dicha, parecía querer decir mucho mas.

"Sentí dejarte así, hubiera querido…"

"Déjalo, aquello ya pasó; Supongo que aclaraste las cosas con ella, ¿no?" – insistía en el tema de Carmen donde me sentía incomodo.

"Si, aunque nunca me acabó de creer del todo"

"Creo que Carlos ya le ha contado cómo fue y eso te deja libre de responsabilidad ante ella".

"¿Y ante ti?" – Elena calló un momento.

"Conmigo no tienes ninguna obligación" – pensé decirle que con Carmen tampoco pero no quería mentir tan explícitamente.

La charla se fue suavizando, poco a poco comenzamos a hablar como no pudimos hacer aquella noche; evité hacer cualquier referencia a lo que había sucedido entre nosotros aunque la cercanía de su voz reavivaba en mi la excitación del recuerdo de sus besos, el erotismo que emanaba al saberla desnuda bajo su vestido accediendo a mi deseo, la calidez de su sexo, su peculiar manera de gemir en mi oído…

"Me gustaría volver a charlar contigo, si es que te apetece" – le dije poco antes de despedirnos.

"Claro, ¿Por qué no? Cuando quieras"

24 junio 2008

Capítulo 23  Las dudas

(Tiempo aproximado de lectura: 21 minutos)


¿Dónde estaba yo mientras se consumaba esta transición en mi esposa?

Yo estaba en otra onda, ofuscado por mis deseos; desconcertado por mis inesperadas reacciones ante la prueba a la que suponía que Carmen me sometía, era incapaz de ver con claridad lo que le sucedía a mi mujer.

Desde aquella noche, tras su primera reunión con Carlos, perdí mi capacidad para sintonizar con sus estados de ánimo y con sus emociones y todo lo filtré desde la perspectiva de una competición en la que veía a Carmen como la maquiavélica autora de una conspiración cuyo objetivo era demostrarme mi incapacidad para asumir una infidelidad consentida.

Aquel día en el que, por primera vez en nuestro matrimonio, Carmen se había sentido sola, sin mi ayuda, marcó un punto de inflexión en nuestra relación; mi ausencia en esos momentos críticos, mi insistencia en analizarlo todo desde el prisma del juego erótico hicieron que Carmen tuviera que afrontar en soledad decisiones que, si me hubiera tenido a su lado, habría resuelto de otra manera.

Mi comportamiento en esos primeros días le ofreció también la excusa perfecta para no afrontar ante mí su dilema; Temía ver en mis ojos el reproche por su claudicación y le serví en bandeja la oportunidad de moldear lo que le estaba sucediendo y vendérmelo como si fuera mitad fantasía, mitad juego. Sus comentarios del día a día y también sus omisiones eran interpretados por mí de acuerdo al sentido de la prueba que estaba en juego, lo cual le permitía no decir sin sentirse culpable y decir sin sentirse humillada.

Carmen durmió poco aquella noche tras nuestra fogosa descarga durante la que la había acribillado a preguntas sobre su reunión con Roberto y le había dado la pauta de lo que esperaba oír. Estaba nerviosa por todo lo sucedido; las expectativas profesionales que se le presentaban la tenían en una estado de intensa euforia; al mismo tiempo su preocupación se centraba en cómo controlar a Roberto; Seguía experimentando esa especie de insensibilidad que le permitía no sentirse mal por lo sucedido. Sabía perfectamente lo que significaba esa anhedonía que la invadía; básicamente, no sentir nada es preferible a sentirse mal. Había visto esa misma reacción en tantas mujeres maltratadas en tanta chica violada, en tantos niños abusados… Su situación no era comparable en magnitud pero la reacción que experimentaba era la misma.

De madrugada me desperté; por su respiración supe que no dormía, noté sus nalgas rozando las mías, siempre nos une un punto de contacto cuando estamos en la cama, pueden ser los pies, una mano que descansa en su vientre, una pierna sobre las mías…

23 marzo 2008

Capítulo 15

(Tiempo aproximado de lectura: 26 minutos)


Desde la cama Carmen escuchaba mis movimientos por la habitación sin moverse, sin dirigirme la palabra, se sentía enfadada con todo y con todos y yo era el objetivo más a mano para descargar su enfado.

 -"Luego hablamos" – Carmen resistió la tentación de responderme, había escuchado en silencio todos mis movimientos en la ducha, en el baño y luego al vestirme; Durante todo ese tiempo había luchado consigo misma para no levantarme el castigo que su silencio suponía para mí. Continuó callada mientras me notaba esperando en la puerta, le dolía hacerme esto pero estaba molesta conmigo, con ella, con todo el mundo.

 Cuando escuchó cerrarse la puerta de la habitación estuvo a punto de saltar de la cama y llamarme; Un nudo le atrapó la garganta, me imaginó triste y deseó no haber sido tan dura conmigo.

27 febrero 2008

Capítulo 14

(Tiempo aproximado de lectura: 14 minutos)


"Vámonos Mario, pide un taxi y volvamos al hotel, por favor" – la noté crispada, impaciente por acabar aquella velada; No quise insistirle mas y comenzamos a caminar hacia la entrada principal, bordeando el edificio y dejando a un lado la entrada a la discoteca.

El silencio se tornaba incómodo por momentos, no sabía cómo arrancar una conversación; Carmen caminaba a mi lado con los brazos cruzados mirando al frente, muy lejos.

Las imágenes se me venían a la cabeza como ráfagas, ¿cómo era posible que hubiera llegado tan lejos? No tenía ninguna intención de hacer algo así, jamás se me había pasado por la cabeza engañar a Carmen y sin embargo acababa de hacer el amor con Elena, sobre el césped, como un adolescente.

La preocupación por encontrar la forma y el momento de contárselo se veía distorsionada por la reacción que mi cuerpo manifestaba ante los recuerdos. Si me arrepentía de algo era de no haber tenido ocasión de reposar junto a ella, de desnudarla y hacerla le amor largamente.

Llegamos a la recepción sin hacer dicho una sola palabra; No había nadie y aun tardaron un momento en atender nuestra llamada; mientras tanto Carmen daba pasos sin rumbo por la recepción mirando al suelo con los brazos aun cruzados.

"¿Carmen, qué ha pasado?" – Se detuvo y volvió sus ojos hacia mí, su mirada era fría, estaba llena de preocupación.

"Buena pregunta, ¿Qué ha pasado? Dímelo tú porque creo que también tienes cosas que contar ¿no es cierto?" – su tono no denotaba enfado pero si exigía una respuesta, Carmen intentaba reprimir sin demasiado éxito su enfado aunque yo no lograba saber si era debido a mi comportamiento con Elena en el baile o a lo que hubiera podido suceder con Carlos. Aun así, una chispa de peligro se encendió en mi cabeza, me sentía culpable y aunque en ese momento no podía saber que me había visto en el césped con Elena, mi culpabilidad me quitaba espontaneidad.

"¿Qué quieres decir?" – acerté a preguntar sin mucha decisión, me sentía inseguro y temía que Carmen, que me conoce muy bien, lo notara.

"Os he visto" – la frase cayó como una bomba; No debía precipitarme, aun no sabía lo que en realidad había visto, pero si la peor de mis hipótesis se confirmaba se avecinaba una discusión como jamás habíamos tenido; por un momento imagine la impresión que le habría causado verme sobre Elena haciendo el amor con ella en el césped; Otra posibilidad es que no hubiera llegado a tanto y solo nos hubiera visto tonteando en el césped. Pero no lo sabía. Intenté ganar tiempo.

"Me has visto, bien, y yo a ti, ambos nos hemos visto y desde luego no parecías molesta" – Carmen se detuvo y se volvió hacia mí.