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10 marzo 2020

Capítulo 129 Mi vida con Luca

(Tiempo aproximado de lectura: 69 minutos)


«Así que vas en serio?» 

«A estas alturas deberías saberlo, siempre que me meto en algo voy en serio.»

«Eso ya lo sé, pensaba que con lo que ya has pasado y alguna otra experiencia más te bastaría para evaluar tu experimento.»

«Estás deseando que lo deje. Pareces el típico padre angustiado por las primeras salidas nocturnas de su hija; lo tolera, hace como que está de acuerdo pero si pudiera la mantendría en casita a buen recaudo.»

«¿Así es como me ves, cómo un padre temeroso?»

Fue lo último que nos dijimos, si le hubiera respondido nos habríamos hecho un daño innecesario; menos mal que no suelo dejarme llevar por el primer impulso. Pero se dio cuenta, es inevitable, nos conocemos demasiado bien. Hoy apenas hemos hablado durante el desayuno, qué pena. 

Me desconciertan estos cambios de humor. Si lo que sucedió el viernes hubiese sido más… convencional, suponiendo que cobrar por tener sexo se pueda definir de ese modo, anoche habría reaccionado de otra manera. Sigue afectado por lo que me hizo Javier y no lo culpo. Tenemos que volver a hablarlo.

—Vaya, me has leído el pensamiento, iba a llamarte en cuanto llegase.

—Estupendo porque tengo una noticia que darte.

—Ah, hola Tomás, buenos días; creí que eras mi marido.

—Buenos días, ya lo supuse. Tengo algo que te va a alegrar el día; te invito a desayunar.

31 enero 2020

Capítulo 128 Primero de Mayo

(Tiempo aproximado de lectura: 38 minutos)


—Coño Mario, cómo no me voy a sorprender, creo que es el primer año que no vienes contando el pedazo de viaje que os habéis dado.

Emilio me miraba como si no se lo pudiera creer. Desayunábamos donde solíamos ir cuando andábamos sobrados de tiempo. No, esta vez no hemos salido de viaje. El caso es que debería habérselo imaginado porque mis preparativos siempre han formado parte activa de nuestros desayunos durante las semanas anteriores al puente del primero de Mayo, sin embargo esta vez no hubo planes. Y ahora que lo pensaba: Emilio tampoco preguntó en todo ese tiempo. 

No, las cosas no eran como antes, puede que la confianza entre nosotros se hubiera erosionado demasiado a raíz del invierno tan crudo que pasé alejado de todos. Eso es algo que no se repara con una disculpa y ahí estaba la prueba.

—Bueno, es que la Semana Santa ha caído tan cerca… además, Carmen tenía cosas que hacer.

Emilio cabeceó y no dijo nada; sé cuando no quiere entrar en un asunto con el que no está conforme.

—De todas formas nos apetecía no hacer nada; ya sabes, vegetar.

15 noviembre 2019

Capítulo 126 Tensión

(Tiempo aproximado de lectura: 54 minutos)


 

Se extremadamente sutil, completamente misterioso. De esta manera podrás dirigir el destino de tu oponente.


Sun Tzu

El arte de la guerra.




La semana comenzó acumulando tensión. Solís no se puso en contacto conmigo, sin embargo mantuvo una reunión con Andrés que tuvo consecuencias inmediatas: un comunicado en el que se oficializaba la presencia de su gente. Los chicos de Solís, como los llamábamos, adquirieron el rango de asesores adjuntos a la dirección de departamento sin función específica alguna.

—Comisarios políticos. —sentenció Varela, arrugó el comunicado y lo lanzó al suelo de la cafetería donde nos habíamos reunido.

—No exageres —dijo José Luis en un intento de serenar los ánimos—, ponte en su lugar, tiene que ceder un poco.

—Hemos de aceptarlo y manejar la situación con mano izquierda, lo que más le gustaría es que provocásemos una situación de enfrentamiento. —propuse para tratar de aunar posturas. Todos asintieron. José Luis me señaló con el dedo y dijo:

—No todos disponemos de un as en la manga como tú. ¿Qué es lo que tienes contra Salcedo?

Me encontré frente a siete pares de ojos ávidos de información. No podía descubrir mis cartas, mi fuerza residía en mantener oculto lo que todos creían que poseía.

25 septiembre 2019

Capítulo 124 El despertar

(Tiempo aproximado de lectura: 59 minutos)


El tiempo no espera a nadie


Al abrir la puerta de casa me extrañó no ver luz. Las llaves de Mario estaban donde siempre, en el cuenco de madera del aparador. Encendí la lámpara del salón, dejé el bolso y la chaqueta y seguí hacia la alcoba. «¿Mario?», lancé sin ninguna esperanza de obtener respuesta. Me liberé de los tacones y volví con intención de subir al ático, el único lugar donde esperaba encontrarle. «¿Estás ahí?» pregunté a mitad de escalera. Cuando llegué al rellano lo vi en el sofá leyendo en absoluto silencio, ajeno a mí como si no me hubiese escuchado. Me apoyé en el marco de la puerta cruzada de brazos. Tras una estudiada pausa dejó el libro.

—¿Dónde estabas? 

Así, a bocajarro. No es propio de él y tomé la mejor decisión, ignorar la provocación y llevarlo a mi terreno.

—Hola cariño, ¿qué tal tu día? Bien amor, y a ti qué tal te ha ido?

Pura comedia. Mantuvo algo de la fingida dignidad con la que me había recibido pero mi pequeña pantomima lo había desarmado. Me acerqué despacio y tomé asiento buscando el contacto. Le debía haber avisado de mi retraso es cierto pero no era para tanto, ¿o sí? Me miró de reojo algo inseguro desvelando la incertidumbre que lo asediaba. Esa era la clave: Vivíamos una etapa en la que no acertaba a prever cuales eran los pasos que estaba por dar, ni en ese momento en que me detuve ahí, pegada a él como tampoco predecía hacia dónde conducía mi vida. Esa era su incertidumbre.

Pobre. Lo besé en la mejilla.

—¿Qué pasa? —protesté bajito cerca del oído dejando una húmeda caricia.

—Te he puesto varios mensajes.

—Lo siento, no he prestado atención al móvil.

No me miraba. A pesar de estar tan cerca, tan pegada a él no me miraba. Mis palabras habían sonado directas en el pómulo y las acabé con un beso. Le estaba buscando, tal vez por eso no me miraba, tal vez por eso hizo un amago para evitarme. 

—¿Tan ocupada estabas?

¿Así que me lo quería poner difícil? Me separé muy despacio.

—Sí, estaba cumpliendo una promesa que te hice. 

22 agosto 2019

Capítulo 123 Ave Fénix

(Tiempo aproximado de lectura: 44 minutos)


Chaqueta tres cuartos de piel vuelta marrón, camisa en tonos tostados, pantalón de boca ancha por encima del tobillo en blanco roto y botines. No quería que mi regreso pasase desapercibido, pretendía acallar los rumores que sin duda circulaban sobre mí y una presencia y una actitud adecuada les mostraría a quienes me daban por derrotada que se equivocaban.

—Carmen, hola no  sabía que…

—Buenos días ¿todo bien? —saludé sin detenerme, era evidente que Andrés no había comunicado mi reincorporación.

—Espera, un momento.

Algo iba mal; la ignoré y seguí hacia mi despacho, había llegado temprano y no me encontré con nadie a mi paso.

—Carmen, es que no deberías…