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29 marzo 2019



Capítulo 120   Una nueva alianza.

(Tiempo aproximado de lectura: 46 minutos)


“No se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho”.

Aristóteles



No recordaba encontrarme tan mal desde la resaca que siguió al día de su marcha. No quería pensar en aquella borrachera, solo el recuerdo me ponía peor de lo que ya estaba. Me incorporé y el dolor de cabeza protestó con violencia. Estaba solo, supuse que se habría levantado temprano. Intenté ubicarme; todavía no eran las diez, mi reloj biológico andaba algo desfasado. Miré hacia atrás y enseguida supe que Carmen no había dormido conmigo. Bajé las escaleras descalzo, mi primer destino fue la cocina aunque el olfato me adelantó que no había pasado por allí. El silencio me preparaba el terreno; nadie en el salón salvo un vaso con los restos aguados de mi whisky, un cenicero lleno, el olor a tabaco… y el maldito estuche plateado. En algún momento de la noche tuvo que entrar en la alcoba a buscarlo, quizás guiada por la tenue luz del móvil tratando de no estorbar mi sueño. 

¿Dónde estaba? Deseché la idea de que hubiera salido a correr; entonces la puerta entreabierta de la habitación de mi hermano atrajo mi atención, me asomé y en la penumbra la vi tumbada boca abajo cubierta apenas por un pico de la colcha; se había dejado caer sin llegar a quitarse la ropa, puede que solo llevase durmiendo tres o cuatro horas. Entorné la puerta y la dejé descansar.

Recogía los desechos de la noche cuando descubrí su cuaderno de notas en la mesa baja. Tenemos un acuerdo tácito que respetamos escrupulosamente; terminé de colocar los cojines, abrí las ventanas para ventilar y subí a ducharme, luego me prepare un café, cogí unas galletas y un analgésico y volví al salón.

Tomé asiento y abrí el cuaderno de Carmen.

12 marzo 2019



Capítulo 119 Ambigüedades

(Tiempo aproximado de lectura: 79 minutos)


—Es demasiado Carmen, me temo que he llegado a un punto de saturación. Y lo intento, de verdad que lo intento pero hace un rato en la cama, no he podido más; Doménico, Irene, Carlos… ¿qué espacio queda para nosotros?

La inmensa tristeza que reflejaba al hablar la estaba rompiendo, ¿cómo decirle que lo amaba por encima de todas esas personas? ¿cómo hacerle entender si ella misma no lo entendía? Se tragó las lágrimas que estaban a punto de brotar y enfocó la crisis como estaba acostumbrada a hacer: De frente.

—Tienes razón; vamos a hacer una cosa: Pongamos sobre la mesa todas la variables que nos afectan. También tenemos que valorar la influencia que va a tener Graciela, no la vamos a excluir ¿no crees? Y no podemos olvidar a Elvira, estoy convencida de que su regreso nos va a afectar de un modo u otro porque te vas a implicar en su recuperación, de eso estoy segura.

—No estamos hablando de lo mismo, mi relación con Graciela no ha tenido la… —Vaciló, parecía no encontrar las palabras adecuadas. 

—¿Qué es lo que no ha tenido? Continúa por favor, sé claro; ¿la indecencia que han tenido mis relaciones?

20 febrero 2019

Capítulo 118   Terapia de puta

(Tiempo aproximado de lectura: 52 minutos)


A los diez minutos se presentó puntual. Falda, blusa de media manga y sujetador. Se me escapó una sonrisa que le provocó un gesto de desagrado. Estaba tensa, permanecía de pie  al otro lado de la mesa y mantuve la tensión en la que se definían los roles, yo presidiendo el acto, ella esperando una decisión sobre lo que debía hacer.

—Siéntate.

Lo hizo frente a mí, no a un lado como era habitual. Entrelazó los dedos y miró hacia la mesa.

—Estamos a punto de acabar con la influencia que Mahmud ejerce sobre ti. Eres una golfa, conseguiste admitirlo en voz alta delante de él; esa ha sido su única aportación. 

La tenía ante mí, derrotada. 

—Ahí empezaste a perder la poca vergüenza que te quedaba.

Humillada.

—Y hoy por fin has admitido que eres una puta. Ya lo eres. ¿Es así?

Hubo un largo silencio durante el que esperé que me mirara.

—¿Es así?

Sus negros ojos, esos ojos que pueden hacer de mí lo que quieran se clavaron en los míos, pero esta vez no tenían el poder que tantas veces me ha subyugado, era la mirada de una mujer rendida.

—Sí.

20 enero 2019

Capítulo 117   Walk on the wild side

(Tiempo aproximado de lectura: 64 minutos)


—Violación, orgía, prostitución; son los estadios que presentas en tu hipótesis; fragmentos de una confidencia que te hice en un momento de intimidad, cuando no era tan adulta como aparentaba.

Regresó al cabo de una hora y, contra su costumbre, dejó la bicicleta tirada; Ahora vengo, dijo al pasar por mi lado. Llegaba sudada, con la cara encendida; me imaginé que había estado pedaleando a buen ritmo, a pleno sol y sin casco. 

Descargando tensión. 

Bajó poco después tras darse una ducha rápida, ni siquiera perdió el tiempo secándose el pelo. Llevaba una camiseta de manga casi inexistente con tres botones sueltos que se le adhería a la piel húmeda y un pantalón de los que ya no usaba en el gimnasio; Estuve a punto de decirle que en cuanto se le pasase el sofocón de la carrera se iba a enfriar pero me contuve. No sé cómo iba a poder concentrarme, el cabello mojado le daba un aire salvaje, los pechos peleaban con el fino tejido y dejaban claro quien ganaba, los aros marcaban su perímetro alrededor de las pequeñas colinas que habían alcanzado bajo el agua helada su volumen de combate; más allá la joya que remata el ombligo pedía mi atención cada vez que la prenda se alzaba siguiendo el movimiento de sus brazos al colocarse el rebelde cabello.

La deseo como si fuera la primera vez que la viera.

04 enero 2019

Capítulo 116   Fluídos

(Tiempo aproximado de lectura: 98 minutos)


Clavo los puños y me lanzo a una carrera en la que pierdo el control de mi cuerpo. No soy yo quien da impulso a mi cintura, no puedo ser yo porque solo tengo conciencia para mirar el rostro de Carmen que se desencaja al sentirme dentro, más rápido, más intenso, más brutal. Mis caderas actúan por libre, han cogido un ritmo endiablado que no domino, yo solo tengo ojos para contemplar el desfallecimiento de mi mujer que parece sufrir con cada golpe. Si no fuera por esa agónica sonrisa que desmiente la tortura…

Un chispazo se extiende por mi espalda, siento crecer esa parte de mí que la taladra, podría estallar, va a estallar, tiemblo, tiemblo, la escucho gemir, tiemblo.

11 diciembre 2018

Capítulo 115   Ahí lo tienes

(Tiempo aproximado de lectura: 31 minutos)


Cerró los ojos y aspiró profundamente, luego soltó el aire por la nariz como si se liberase de un gran peso.

—Ahí lo tienes.

Tres palabras con las que Carmen daba por finalizado su relato, solo tres palabras y esperó mi reacción. 

¿Habíamos terminado? ¿eso era todo? Sentí un profundo vacío después de tantos días repletos de confesiones, descargas emocionales y decisiones tomadas sobre la marcha para no hacer añicos el frágil equilibrio que íbamos construyendo. 

Y ahora, al finalizar la historia de su vida lejos de mí esa frase me golpeó más que todo lo vivido durante aquellos días. “Ahí lo tienes”; tres sencillas palabras disparaban en mi conciencia un doloroso recuerdo.

—¿Qué te pasa?

Se había dado cuenta de mi conmoción; esas palabras evocaban otras que había tratado de enterrar.

—¿Qué ha pasado? —Insistió visiblemente preocupada.

Negué con la cabeza intentando ahuyentar la pesadilla.

—Mario, por favor.

—Ha sido… No, no tiene que ver con lo que has contado, no es eso.

Me levanté, tenía que tomar una decisión. ¿Debía compartir con ella lo que me sucedía? ¿Qué éramos, una pareja en crisis o un par de psicólogos?

—Vamos, no nos podemos permitir el lujo de volver a encerrarnos, si lo hacemos estamos perdidos.

Su mano en mi hombro me infundió tranquilidad. Tenía razón, no podía callarme. La expresión de su rostro, mezcla de preocupación y dolor me impresionó, ¿tan mal me veía?

—En serio, no ha sido por lo que has contado.

—Sea lo sea debemos hablarlo, si dejamos pasar esta oportunidad no volveremos a tener otra. 

Se alejó, parecía estar meditando lo que quería decirme.

—No podemos callar, ya no. Sabes el esfuerzo que nos ha costado llegar hasta aquí, no vamos a detenernos ahora.

Me impresionó la fuerza que irradiaba; un solo recuerdo había bastado para hacerme vacilar, sin embargo ella se había enfrentado sola a toda una etapa de la que cualquier otra persona habría intentado evadirse.

—¿Cómo has podido?

15 noviembre 2018

Capítulo 114 Quince de Noviembre, once velas

(Tiempo aproximado de lectura: 79 minutos)


Escribir un libro durante dieciocho años llega a parecerse mucho a compartir su autoría con mis yoes anteriores.

Katherine MacKinnon 

Hacia una teoría feminista del Estado



Un año más; ya son once los que llevo escribiendo este diario que, como le contaba a una buena amiga, nunca pensé que fuera a prolongarse en el tiempo.

Hago un repaso de los primeros años del diario y apenas me reconozco ni como escritor, si es que se me puede atribuir ese título, ni como arquitecto de la estructura que ha surgido de lo que quería contar. 

Era otro yo.

El tiempo transcurrido me enfrenta, como dice MacKinnon, con las diferentes personas que he ido siendo a lo largo del tiempo y que sin ninguna duda han modulado la forma en la que os he contado la historia. No hace falta recurrir a Ortega para concluir que las circunstancias además del medio y la sociedad nos moldean; las vivencias que me acompañaron mientras escribía influyeron en el tono, en los matices y en lo que dije, cómo lo dije y en lo que dejé de decir. ¿Cómo habría sido el diario si el yo que escribió en cada momento hubiera vivido otras experiencias?

12 octubre 2018

Capítulo 113 Lluvia

(Tiempo aproximado de lectura: 107 minutos)


No sé por dónde empezar, creo que de alguna manera ya he ido dejando trazas de lo que ha sido mi vida durante todo este turbulento camino que hemos recorrido por separado. 

Sin embargo ahora Carmen me pide que recoja el testigo y sea el intérprete del drama que desde el lunes ha estado relatando casi en solitario.

—No sé qué decir, no sé por dónde empezar.

—No importa, comienza por aquello que te venga a la memoria.

Pronto atardecerá; me gustaría dar un largo paseo, cogerla de la mano y charlar de otras cosas. Estoy agotado.

¿Qué espera de mí? No pretenderá que a punto de acabar la semana reedite lo que a ella le ha llevado cinco días exponer.

Tal vez estoy dando por supuesto algo que no ha dicho, tan solo me ha pedido que aporte mi visión del conflicto. Nunca lo había nombrado de esa manera: «¿Cómo lo has vivido, cómo ha cambiado tu vida este tiempo de conflicto?».

Pienso, hago un esfuerzo.

¿Esfuerzo? No, esa no es la manera; tengo que respirar hondo, aflojar las tensiones. Carmen no me presiona, no hay prisa. 

Calma, calma.

Y sucede, aparece una escena dura, amarga. 

12 septiembre 2018

Capítulo 112 Mujeres


(Tiempo aproximado de lectura: 75 minutos) 


Me disponía a hablarle sobre Graciela, la mujer que había compartido mi vida durante su ausencia; Carmen estaba en lo cierto, no le había contado cuánto había influido en mí.

¿Pero Elena? En ningún momento se me había pasado por la cabeza incorporarla a este proceso, no le encontraba ningún sentido.

—¿Elena? ¿por qué?

Mi perplejidad debía ser tan patente que Carmen se fue contagiando y al poco mostró la misma expresión de asombro. No entendía que yo la excluyese.

—Elena sí, Elena; la mujer que te follaste en el césped del hotel de Sevilla ¿te acuerdas? La amiga de Carlos, la carabina que trajo para entretenerte mientras trataba de llevarme a la cama; esa Elena.

—Ya, ya sé quien es, no necesitas recordármelo.

—Entonces no sé de qué te sorprendes; si vamos a hacer un recorrido por “tus” mujeres es justo que comiences por ella ¿no crees?

22 julio 2018

Capítulo 111 Las lagunas

(Tiempo aproximado de lectura: 55 minutos)


—Esto es precioso —exclama Jorge con las manos apoyadas en las rodillas. La subida hasta las lagunas ha sido más fuerte de lo que esperaba y le ha costado mantener el ritmo que impuso Carmen desde el inicio.

Se ha estropeado el día, a medida que ascendían las nubes fueron cubriendo el cielo, lo que en un principio era una suave brisa se transformó en un desapacible viento que anuncia lluvia y por si fuera poco la temperatura ha descendido.  Carmen no duda, no hace tiempo para admirar el paisaje.

—Vamos, al agua —grita sacándose la camiseta.

Jorge mira al cielo.

—¿Qué pasa, no te atreves?

Él, ante la imagen de Carmen semidesnuda no se lo piensa, sin dejar de mirarla comienza a despojarse de la ropa. 

—¡Vamos! —Le jalea al verle paralizado por la visión de las joyas que atraviesan sus erizados pezones. Poco después corren hacia el agua.

06 julio 2018

Capítulo 110 Viernes de pasiones (y 3)

(Tiempo aproximado de lectura: 43 minutos)



Eran casi las ocho cuando consideré llegado el momento de regresar; habría tenido tiempo suficiente para ordenar sus ideas y plasmarlas en ese cuaderno al que se le agotaban las hojas.

La encontré tal y como la dejé, sentada a la mesa del salón repasando lo que debían ser las anotaciones que había tomado durante mi ausencia. Levantó la mirada al sentirme entrar y me lanzó una de esas dulces sonrisas que me saben a abrazo.

—Creo que ya lo tengo.

Y entró a fondo en lo que hasta ese momento había sido solo un esbozo de su paso por la montaña; entendí como inició un proceso de sanación físico y mental en sus ascensos al monte cada mañana solo para respirar aire puro y escuchar a la naturaleza; sin meta, sin un objetivo concreto. A partir de entonces comenzó a trazar una estrategia de terapeuta; la idea de escribir sin interpretar lo escrito y guardarlo hasta que más tarde, en otro momento, con otros ojos la lectura le permitiera escuchar a la que escribió esas páginas le pareció un método alternativo, arriesgado pero el único que le ofrecía posibilidades de salir adelante.

Y comenzaron a surgir esos escollos a los que está acostumbrada a enfrentarse en clínica, solo que esta vez la dificultad añadida era que la tramposa no era alguien ajena, otro u otra que, sentado frente a ella podía analizar con las herramientas que sus estudios y años de profesión le brindaban. No, el adversario estaba dentro de sí, era una versión de ella misma que se empeñaba en ocultar la verdad, falsear la realidad de lo que sucedió, engañarla, mentir, suplicar, llorar, incluso tender un manto de falsa desmemoria sobre acontecimientos que pretendía no recordar. 

No era fácil no; comenzó la irritación, las jaquecas, las noches en blanco, la dificultad para concentrarse, el exceso de tabaco. Casi por casualidad aparecieron los últimos porros olvidados, resecos que le dieron un respiro, un medio para volver a descansar y le devolvieron la lucidez suficiente para seguir con su trabajo.

Fue entonces cuando tomó la decisión. Si quería seguir avanzando necesitaba la marihuana.

23 junio 2018

Capítulo 109 Viernes de pasiones (2)

(Tiempo aproximado de lectura: 60 minutos)



—¿Todo bien?

«Sí, todo bien», doy a entender mediante un gesto breve. 

Cinco minutos, el tiempo de un cigarrillo, lo que me llevó caminar pausadamente hasta el cruce que lleva al pueblo y regresar, tiempo suficiente para recuperarme. Intento no pensar, inspiro profundamente, escucho mis pasos, miro el cielo, me detengo a observar la lucha estéril de un insecto atrapado en una tela de araña. Tengo que volver.

Comenzamos.

—Cuando colgué, cuando te dije que no te iba a tolerar que me volvieses a insultar y acabé con aquella conversación me derrumbé. Hasta ese momento conservaba la esperanza de que… En fin, ya puedes suponer, me vine abajo. 

Se levantó en busca del tabaco que ha quedado olvidado en la mesa baja. Encendió un pitillo y volvió a tomar asiento.

—Claudia no es Irene, para mi desgracia. Aquel día aprendí a fumar. Si hubiera estado al volante posiblemente me hubiera matado pero no, estaba en manos de una mujer dominante, ególatra, con una cierta vena sádica que jugó conmigo como si fuera una muñeca. Probé tantas cosas que ni siquiera recuerdo. Follamos e hicimos cosas que prefiero olvidar. También me ayudó a olvidarte, eso se lo tengo que agradecer; no podría haber estado sola aquella noche y si ese fue el precio que tuve que pagar creo que las consecuencias de la soledad aquel día me dan más miedo que todo lo que hice y me hizo Claudia. Al final me quedé dormida de agotamiento, borracha, drogada y cuando desperté…

08 junio 2018

Capítulo 108 Viernes de pasiones (1)

(Tiempo aproximado de lectura: 135 minutos)


“Todos los hombres tienen algún lugar, alguna aventura o alguna fotografía que son la imagen de su vida secreta.”


W. B. Yeats


Desayunamos. Carmen se ha preparado para salir a correr. La veo ensimismada dando vueltas a la cucharilla.

—Tienes mala cara.

—¿Eh? Sí, no he dormido nada bien.

Lo sé, yo tampoco. Cuando regresó a la cama fingí dormir, ella se acostó con sigilo y permaneció quieta intentando conciliar el sueño; enseguida noté que, como a mí, le resultaba imposible, no conseguía encontrar la postura, estaba intranquila aunque procuraba no molestarme. Así llegó el alba y ambos interpretamos la comedia de un amanecer cotidiano.

—Vaya.

—No sé, el caso es que me desperté muchas veces y ya de madrugada me despejé. No te enteraste cuando bajé a beber y me quedé en el salón, no quería despertarte dando vueltas; me arropé con una manta y salí al jardín, se estaba bien pero al rato me quedé fría; volví dentro me tumbé en el sofá y estuve leyendo un rato, pensando. Al final hice una locura —entornó los ojos y sonrió—, cogí el móvil y…

—Lo sé.

Me he precipitado, ha sido un impulso irrefrenable. «Justo cuando iba a descubrir al interlocutor», me reprocho.

—¿Lo sabes, cómo que lo sabes? —pregunta asombrada.

18 abril 2018

Capítulo 107 Sexo, mentiras y lo que pudo ser


(Tiempo aproximado de lectura: 98 minutos)



Jueves, 13:30


—Lo primero que debemos hacer al volver a Madrid son unos análisis. Tanto tú como yo hemos estado expuestos a un riesgo importante, sobre todo tú, pero no eludo mi responsabilidad. Pongo la mano en el fuego por Carlos y por Doménico, quizá por Tomás, no puedo estar nada segura del resto.

—¿Del resto? ¿Puedes ser más concreta?

Sus ojos me traspasaron.

—¿Necesitas ese dato ahora o es solo para joder?

Desvié la mirada, tenía razón, había sido una salida fuera de tono.

—Disculpa, no tiene sentido. El mayor riesgo lo he asumido yo, debería haber pensado en hacerme un control hace tiempo.

«Y tú» pensé, pero no era momento para abrir un nuevo frente.

—No solo me has puesto en riesgo a mí, piensa en Graciela o en Elvira ¿En qué estabas pensando?

En qué estaba pensando, dice. ¡En qué estábamos pensando! Ambos hemos ignorado las más mínimas normas de seguridad, esas que estamos hartos de repetir a diario. ¿Qué ha sucedido para que nos hayamos lanzado a actuar a ciegas de una forma casi suicida?

—Tema cerrado. Punto dos: La mentira es una apuesta que tiene sus costes, has dilapidado un capital que te va a costar recuperar, Mario, y eso solo se consigue con tiempo y con esfuerzo. Lo siento pero es así.

13 marzo 2018

Capítulo 106 Es mi momento

(Tiempo aproximado de lectura: 67 minutos)


Jueves


—¿Sabes?

Ese momento dulce que precede al sueño, ese instante en el que la conciencia se va diluyendo en la bruma de una manera difusa, placentera hasta que desapareces quedó interrumpido por la voz de Carmen que susurraba una breve pregunta. No moví un músculo; estaba tan bien pegado a su cuerpo que interrumpí la inminente caída a la profundidad y mi boca musitó algo parecido a una respuesta.

—Estabas dormido, perdona.

—No, dime —giré el cuello para buscar en la oscuridad su rostro que me rozó la mejilla.

—Anda duerme —insistió con un dulce beso.

Deslicé el brazo hasta alcanzar su cadera, seguí la curva hacia atrás y le propiné un suave cachete.

—Si me dejas con la duda ya no me voy a poder dormir.

Me apretó con el brazo que rodeaba mi cintura, noté su sonrisa pegada a mi cuello.

—Estaba pensando…

Me giré hasta quedar boca arriba, inmediatamente ella se refugió en mi pecho, a medio camino de abalanzarse sobre mí; un muslo encima de los míos, su brazo sobre mi estómago. Una de nuestras posturas favoritas tan habitual que la ejecutamos sin pensar.

—No sé si todo esto nos va a pasar factura Mario. 

—¿A qué te refieres?

—Pues que una cosa es verlo aquí, en terapia, de una manera aséptica, fría, casi impersonal. Pero quizá cuando estemos en casa, dentro de un mes, un año —Un corto suspiro me transmitió su desasosiego—. Algún día me mirarás y… no sé.

—¿Qué es lo que no sabes?

Sentí como se apretaba a mi cuerpo buscando cobijo; respondí a la llamada y la recogí entre mis brazos.

—Han sido tantas cosas, tantas. Un día puede que lo recuerdes y entonces..

Esperé, todavía tenía que mucho decir, no era el momento para interrumpirla.

—Puede que te preguntes ¿de dónde vendrá? ¿con quién habrá estado? ¿habrá vuelto a ver a…? Y es lógico, he hecho cosas para las que no hay justificación alguna.

21 febrero 2018

Capítulo 105 Sanación

(Tiempo aproximado de lectura: 87 minutos)


—Papá, hola… si bien… aquí en la sierra… si, al final decidimos quedarnos… No, no nos apetecía este año salir… porque no… no, no pasa nada ¿qué iba a pasar?

Escucho a Carmen hablar con su padre y percibo la desconfianza que llega del otro lado de la línea. ¿Por qué hemos cambiado repentinamente los planes cuando lo habitual es que salgamos fuera en estas fechas? Si ya resultó complicado aparentar normalidad en el cumpleaños de mi suegra ahora este cambio se suma para romper con las costumbres tan arraigadas.

—Sí, está aquí ahora te lo paso ¿Y mamá, está bien?

Le he pedido que les llame, no sé desde cuando no habla con ellos y eso en esta familia no es normal.

Normalidad, algo que le debemos a la familia. No se han entrometido pero me consta que están preocupados y en algunos casos han sufrido.

Hablo con mi suegro sobre todo para darle seguridad. Estamos juntos, estamos bien. Le prometemos una visita pero no ahora, no en esta semana. Noto recelo y trato de sofocarlo. En quince días comida en nuestra casa, prometido.

Hace un sol de justicia, cualquiera diría  que estamos en verano. Ya es miércoles y para mañana esto se va a llenar. Estamos comiendo en la terraza de uno de los restaurantes de la plaza del pueblo. Son las tres de la tarde; después de hacer el amor, ducharnos y perder otra media hora bajo el agua salimos con prisas hacia el pueblo. Menos mal que a última hora se me ocurrió reservar.

Carmen luce espléndida. Un vestido veraniego, estampado en tonos rojos y verdes claros con motivos florales sobre fondo blanco anudado al cuello con escote en pico por medio muslo, sandalias planas para caminar cómoda por el empedrado del pueblo y uno de los bolsos grandes de este verano pasado que como el resto de la ropa de temporada también guarda en los armarios de aquí. Brutal. 

31 enero 2018

Capítulo 104 La impúdica verdad


(Tiempo aproximado de lectura: 62 minutos)



He intentado subvertir su plan pero es implacable. Tiene un orden establecido y debemos mantenerlo, dice. No entiende mi interés en remontarme hacia atrás y tampoco puedo presionar demasiado. Debo encontrar el momento para mi confesión.

Encauza la sesión. Hace un quiebro que no esperaba. Claro, es muy hábil; cada vez la respeto más como profesional. Me cede la palabra, me deja al borde de otro abismo.

Cómo me enteré de que estaba en casa de Doménico. 

Se está soltando la mampostería de la chimenea.

Hay tanto que arreglar en esta casa…

Que cómo me enteré. 

No sé si necesito volver a pasar por esto.

—¿Cómo lo supiste?

Me ha concedido tiempo. Puede que haya seguido la deriva de mis ojos, que se haya fijado en cómo he acariciado la piel gastada del sillón, cómo he mirado al techo con ojos de Serrat. Sí, la verdad es que al techo le hace falta una mano de pintura. Y en cuanto al sillón, no lo pienso tirar, lleva tanto tiempo conmigo que es más que un viejo mueble, tiene mucha historia.

Que cómo me enteré.

11 enero 2018

Capítulo 103 Salté de la cornisa


(Tiempo aproximado de lectura: 52 minutos)


—Nada sucedió como esperaba, nada. Empezando por la droga ¿por qué aceptaste dime, por qué? ¿qué necesidad había de tomarla?

Si me hubiera recriminado, si hubiera elevado el tono de voz habría tenido una posibilidad de escape por la vía de la ira, del reproche, «tampoco tú le hiciste ascos». De inmediato rechacé entrar en esa dinámica. Por el contrario Carmen hablaba desde la calma, desde la perplejidad que le producía no entender cómo su compañero al que creía conocer, ese que había compartido su pena, su tristeza al perder amigos consumidos por la droga, el que la había acompañado al duelo de padres y hermanos muy queridos había tirado en un instante todo nuestro ideario sobre la droga.

—Yo, me sentí…

Mayor, viejo sí, por primera vez me había sentido viejo en comparación con su rabiosa juventud. Absurdo lo sé pero me dominó una cruel sensación de ser el perdedor en una ficticia carrera sexual en la que Doménico ganaba por goleada.

No, no podía decirle eso.

Agité la cabeza como si pudiera vaciar la mente y buscar nuevos argumentos.

19 diciembre 2017

Capítulo 102 Carmen fuma

(Tiempo aproximado de lectura: 25 minutos)


Aquella semana santa, semana de pasión, muerte y resurrección tal y como celebran los creyentes, un par de ateos nos encerramos en una casa y la vivimos en paralelo, sufriendo, muriendo y resucitando transformados en otros muy distintos a los que una vez habíamos sido.


Carmen fuma. La observo apoyada en el ventanal del dormitorio y me siento abrumado ante tantos cambios a los que me he tenido que enfrentar en tan poco tiempo.

Carmen fuma. Jamás pensé verla con un cigarrillo en la boca. Está relajada después de hacer el amor. Se ha levantado tras un momento en que la notaba inquieta. Casi como excusándose ha abierto el cajón de la mesita y ha sacado un paquete de tabaco. «¿Te importa? es algo que… Ya te contaré, ahora lo necesito pero pienso ir dejándolo, poco a poco» 

¿Qué le iba a decir? No quería dar la impresión de que me defraudaba, tampoco que le daba permiso. Esos primeros momentos andaba sobre un campo minado. «Claro» susurré esbozando media sonrisa. Sé que no es más que una buena intención; por la forma en que maneja el paquete y enciende el cigarro, por la manera en que aspira, contiene el humo y lo expulsa veo que ya es una adicta al tabaco y no le va a ser fácil dejarlo si acaso esa es su verdadera intención.

Se levantó y avanzó hacia el ventanal, lo entreabrió y allí se quedó mirando hacia el jardín, sin importarle su desnudez apenas cubierta por su brazo cruzado bajo el pecho que servía de apoyo para el que sujetaba el cigarro.