Capítulo 138 La venganza se sirve en plato frío
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Sevilla
Las sesiones de trabajo continuaron como se había acordado, en un ambiente profesional donde no volvió a haber ninguna salida de tono. Yo también había recuperado mi carácter después de la conversación que mantuve con Carmen y entre unos y otros conseguimos un clima relajado a pesar del ritmo que estábamos obligados a mantener. El miércoles, tras unas cañas con todo el equipo, me despedí de Emilio y fui caminando hacia donde tenía aparcado el auto, estaba en plena zona de copas pero deseaba volver al chalet, había rechazado la invitación de unirme al grupo de los rezagados, los que nunca encuentran la hora adecuada para retirarse. Cerca del aparcamiento vi el rotulo de un bar, California, y pensé en Irene, no la había vuelto a llamar desde nuestro último encuentro una semana atrás. Cogí mesa en la terraza, pedí una cerveza y la llamé, supuse que con una niña pequeña la encontraría en casa.
—Dígame.
—Qué desilusión, ni siquiera me tienes registrado.
—¿Quién eres? —Entonces noté un matiz en la voz que la hacía diferente.
—¿Irene?
—No, soy su hermana.
—Soy Mario, un amigo, ¿se puede poner o la cojo en mal momento.
—Está acostando a Martita, ¿quieres que le diga algo?
—Dile que la he llamado.
Se estaba bien allí, una plazuela peatonal sin apenas ruido. Apuré la cerveza y cuando estaba avisando al camarero para pagar me entró la llamada.