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15 noviembre 2021

 

Quince de Noviembre, catorce velas

 

En la novela hay una cierta materia que “quiere decirse”; y en un sentido no es el novelista quien hace la novela, es la novela que se hace sola, y el novelista no es más que el instrumento de su venida al mundo, su partero. 

(Michel Butor)

 

 

El quince de Noviembre de dos mil siete comencé a escribir este relato, han pasado catorce años que inicié sin un plan preconcebido, jamás pensé que llegaría tan lejos, no era mi intención porque solo escribía para mí.

 

He dicho en varias ocasiones que escribo para mí; ha sido el único motor que me ha empujado, partido a partido, sin ninguna otra ambición o interés. Escribo para mí, sin que eso suponga que no valoro a los lectores; ¿qué escritor no escribe para él mismo en primer lugar? «Escribir para mí» significa que disfruto con lo que hago, trabajo cada capítulo hasta obtener lo que considero mejor y sigo fiel a lo que pretendía cuando comencé a poner sobre papel la historia que estáis leyendo.

 

El diario no es lo que muchos esperaban; pero igual que las personas evolucionan y siguen su propio camino, las historias siguen su rumbo inexorable y nada, ni el autor, puede evitar que avancen hacia donde está escrito.

 

Quiero mostrar mi agradecimiento a quienes continúan leyendo el diario, tanto aquí como en el blog; a quienes expresan su opinión desde el respeto y a quienes estuvieron y ya no están.

 

Y a Cris.

 

También a los que desde la falta de respeto me ayudan a practicar una virtud imprescindible: la templanza en el sentido que la define Aristóteles, un ejercicio de equilibrio. Mis disculpas a quienes pude molestar y con ello alejé. No fue mi intención.

 

El diario sigue vivo; ahora mismo hay cuarenta y cinco capítulos a la espera de ser publicados, lo que supone algo más de quinientas cincuenta páginas y alrededor de veinticinco horas de lectura. Tengo trabajo pendiente de chapa y pintura, dar cera y pulir cera en ellos como para estar ocupado bastante tiempo. 

 

Y no dejo de escribir.  Si nada me lo impide —otra pandemia, un volcán, un meteorito o algún partido ultramontano bien financiado— hay diario para rato.


 

 

 

 

28 mayo 2021

Los monos infinitos y la máscara veneciana


Emile Borel postuló a comienzos del siglo veinte que si un millón de monos mecanografiaran diez horas al día era improbable que pudiesen producir algo coherente. ¿Cómo es posible que a partir de ahí se haya llegado a popularizar la idea de que un mono, pulsando teclas al azar en un teclado durante un periodo de tiempo infinito, podría llegar a escribir El Quijote? Esto, que parece absurdo, no está tan alejado de lo que sucede a diario en internet: cualquiera con un teclado y disponiendo del suficiente tiempo acaba escribiendo una estupidez sobre algo o alguien; la diferencia radica en que el mono no posee maldad y carece de intención de hacer daño.


Stanley Milgram puso a prueba una teoría sobre la obediencia en la universidad de Yale allá por la década de los sesenta. Un grupo de estudiantes participaron en un estudio en el que deben aplicar descargas eléctricas a unos sujetos que, por supuesto, no los ven. Las descargas van aumentando progresivamente en intensidad y los  sujetos muestran signos de dolor creciente hasta ser insufrible, el instructor les dice que continúen por el bien del experimento y prácticamente todos obedecen, sometidos a la autoridad y amparados en el anonimato. Los sujetos son sometidos a pequeñas pruebas, si las superan toda va bien, si se equivocan se les aplican las descargas que van aumentando a medida que acumulan errores. Por supuesto, las descargas son ficticias, los sujetos son actores y lo que el experimento Stanford trata de estudiar es el efecto que ejerce la autoridad sobre el criterio de las personas para tomar decisiones justas y libres. El anonimato ejerce una influencia terrible porque cuando el instructor que ejerce de autoridad no está presente los estudiantes, que ejercen de “carceleros”, continúan el experimento y se comportan de un modo sádico y cruel amparados en el anonimato. Como dijo Zimbardo en una entrevista concedida a Punset « El anonimato significa: “yo no soy yo, no soy responsable de mi comportamiento”. Me pongo una máscara, una capucha, como los terroristas. Si se roba un banco, se esconde la identidad, pero si lo haces durante suficiente tiempo, pierdes la identidad y te conviertes en la máscara. En nuestro estudio, cada turno era peor que el anterior, pero lo peor era el turno de noche, porque sabían que yo tenía que irme a dormir en algún momento (dormía en mi oficina, en el piso de arriba, en el Departamento de Psicología). Al día siguiente, mirábamos el vídeo y veíamos que habían hecho cosas terribles, y yo les decía que no se pasaran tanto, y me decían: «sí, señor», pero al día siguiente empeoraba todavía más.»

Si contemplamos ambos modelos y los extrapolamos a Internet podemos comprender mejor lo que está sucediendo a diario en las redes sociales, cerca de nosotros. Personas que se esconden tras el anonimato y son capaces de decir cosas terribles, cosas que en su vida real son incapaces de decir, probablemente porque no se lo toleraría su jefe, su pareja, sus amigos. Pero escondidos en el anonimato, convertidos en otra persona tras la máscara de una identidad ficticia se permiten hacer y decir lo que no pueden en su vida real, se resarcen tal vez de años de fracasos y humillaciones que no tiene otra válvula de escape que vociferar en las gradas de los estadios o aquí, en este mundo virtual que lo permite todo, salvo que la propia dignidad se lo impida.


Que la sociedad haya degradado a sus miembros hasta este punto comenzó en Roma, tal vez antes. Pan y circo. Charlton Heston se mesaba el cabello a lomos de su caballo mirando los restos de la estatua de la libertad en la playa. 



16 marzo 2021


El aleteo de una mariposa…


Y lo demás ya lo sabéis: de una poderosa hipótesis de la teoría del caos de Edward Lorenz unida a un proverbio chino nace una manoseada frase que lleva repitiéndose desde la era de la new age. ¿El aleteo de una mariposa puede provocar efectos al otro lado del mundo?

26 febrero 2021

Hasta aquí. Crónica de un semestre.



Veintiséis capítulos y un semillero 


A mediados de septiembre del año pasado me tomé un tiempo para pensar. Llevo muchos años escribiendo el diario, desde noviembre de dos mil siete. Esta es mi primera experiencia fuera de mis escritos en el ámbito profesional y pronto pagué las consecuencias de entrometerme en un terreno en el que me sigo considerando un aprendiz. «Escribo para mí», decía en uno de los primeros comentarios que hice. Es cierto, ante todo escribo para mí y también para quienes quieran acercarse a la historia y sientan que les aporta algo. Más tarde, leyendo las biografías de auténticos escritores, he visto con gran sorpresa que no dije nada original.

22 diciembre 2020

 ¡Felices fiestas!


Mis mejores deseos para todos. Que el 2021 nos devuelva poco a poco el mundo perdido.
Besos, abrazos.
Mario.

12 noviembre 2020

La libertad de las moscas 




Imaginad que nos vamos al campo y hacemos una barbacoa; recogemos leña, prendemos un fuego y cuando queda la brasa comenzamos a poner la carne y a charlar. Apasionado habla sobre cuál será la canción de Maná que he escogido para el próximo capítulo, Torco aventura algún titulo, la pelirroja se atreve con otros, Apasionado se mete con ella y su gusto por Bisbal y yo propongo a Bertin Orborne como candidato para algún capítulo. Me abuchean. Torco habla del duelo entre Clapton y Harrison por el amor de una mujer, Betito y Juanma se baten en duelo chuleta en mano pero no llegan a las manos. Signe nos recuerda que a veces el bosque no nos deja ver los detalles. Hay debate, hay debate. Entre medias, voy y publico, se deshace el misterio y se arma la trifulca: hay conflicto por una escena difícil. Y se discute, se debate, pero….

De pronto, al olor de la fogata y de la carne, aparece una nube de moscas y algunas avispas; se deshace el encanto y nos dedicamos a intentar espantarlas, pero ya sabéis como son las moscas, una y otra vez vuelven a posarse sobre la carne. Ya no se puede charlar ni debatir porque no hacemos más que dar manotazos y perder el buen humor. 

Si las moscas y avispas hablaran dirían que tratamos de privarlas de su libertad a estar donde les place y a soltar su caquita donde su derecho a expresarse le dicta; aunque sea encima de nuestra carne o nuestra tortilla. Santa libertad. Se acabó la barbacoa, la libertad de las moscas acabó con la charla serena. 

Y como la cosa no es nueva, ya no me apetece salir al campo y hacer barbacoas. Y me pongo a cocinar en casa, donde no hay moscas. Pero no saben igual, porque no puedo compartir con los amigos. 

Entonces decido volver a hacer las barbacoas allí donde puedo extender un mosquitero que deja a los insectos fuera y a los amigos y amigas dentro. Si las moscas y las avispas pudieran hablar dirían que eso limita su derecho a moverse por donde quieran y a extender su caquita por el mundo mundial. 

Ya me voy, que veo venir el enjambre. 


18 septiembre 2020

Sobre los comentarios




Antes de ser visibles, los comentarios han de ser publicados por el administrador del blog; esto no es más que una medida cautelar al estilo del "Reservado el derecho de admisión" que se exhibe en los establecimientos públicos y solo en casos excepcionales se hace uso de él. 

 Los comentarios se pueden hacer de forma anónima o con el perfil de Google, en cuyo caso recomiendo hagáis login antes de escribir el comentario y no después. Siempre es bueno saber con quién se está hablando, al menos un nombre te personaliza para futuras intervenciones. 

 Ojo: el sistema no avisa de que ha recibido vuestro comentario, lo cual es un poco incómodo y puede inducir a repetir el envío al pensar que no ha funcionado.

07 agosto 2008

On the road again

Cuando comencé este diario pensé que la mejor manera de hacerlo era a través de un blog, un medio que me permitiera recibir feedback de mis lectores, por eso creé este Diario. Enseguida pensé que la mejor manera de darlo a conocer era a través de alguna página que tuviera mucha afluencia de lectores y, aunque el estilo general de todorelatos no era el más adecuado para este diario, mucho más sosegado, me decidí por mantener la publicación allí también, al menos al principio, como medio de darlo a conocer, al fin y al cabo la lectura de un relato publicado allí había sido el motor que me lanzó a esta aventura. Empecé a tener problemas con Internet Explorer, en el cual no se lee correctamente lo que publico y como no disponía de demasiado tiempo para andar corrigiendo originales, dejé de actualizar el diario. Hoy me pongo con ello, intentaré poner el diario al día, (valga la redundancia), en el menor tiempo posible, es una promesa que os hago a vosotros lectores que me habéis animado a ello, tanto en todorelatos, (Gracias lila, por tu empuje), como en mi cuenta de correo. Y ya sabéis: si tenéis oportunidad, leedme en Firefox o Chrome mejor, Saludos cordiales, 

Mario

07 julio 2008

Reflexiones

(Tiempo aproximado de lectura: 3 minutos)


"La verdad, no sé que le encuentras a esta comida, no sabe a nada"

Mi amigo Fidel había aceptado mi invitación en un conocido restaurante vegetariano cercano a Las Cortes, no era la primera vez que le comentaba los placeres de este tipo de comida y por fin, sin que yo me lo esperara, aquel día decidió probar con cierto aire fatalista, como quien se dispone a vivir un gran sacrificio.

Al escuchar su frase le miré a los ojos; Fidel, engullidor habitual de hamburguesas bien bañadas en kétchup y mostaza, aficionado a las pizzas, al chorizo frito y a las "bravioli", bebedor de cervezas, "cubatas" y chupitos, en cuestión de vinos tiene por meta el Valdepeñas, más allá de eso su umbral de percepción no distingue matices.

Fidel tiene el paladar en overbooking permanente, saturado a tal punto que cada vez necesita más picante, mas sal y mas mostaza para sentir, es algo así como cuando te metes en una discoteca en la que apenas puedes oír de tanto ruido como satura tus oídos.

No me extrañó, pues, que aquella deliciosa comida, un autentico paisaje de sabores, colores y aromas, pasase desapercibido a su maltrecho paladar, su umbral de percepción está tan alto que esos matices tan delicados apenas rozan sus papilas gustativas.

Si supiera, - pensé-, si supiera lo que se pierde por querer saborear demasiado y demasiado deprisa, si supiera que esa satisfacción urgente de sabores estridentes le está haciendo perderse el autentico placer de saborear lentamente, de recorrer con su paladar una melodía de texturas y sabores inéditos que se mezclan entre sí creando nuevas combinaciones…

¿Qué le podía decir? ¿Cómo explicarle a un ciego los asombrosos matices de colores que pueden surgir en veinte minutos de puesta de sol?

Miré a Fidel, le sonreí y seguí comiendo.

 

"sinceramente creo que podrías seguir hasta el día del juicio final, y no pasaría nada en tu historia."

Leí hace unos días esta frase que me dedica un lector, y me dejó perplejo, podría entender que no le guste mi historia, que le parezca, - como me han dicho otros -, pura invención, pero que alguien después de leerla piense que en ella no pasa nada…

¿Cómo explicarle?

Me dirigí a su perfil para intentar conocerle e incluso leí alguno de sus relatos.

Y ciertamente, en ellos si pasa mucho, desde el primer capítulo y en todos ellos, mucho, en mucha cantidad y en mucha intensidad, nada de "in crescendo" ¿para qué perder el tiempo? Al grano.

Y miré su ranking de lectores. 10.000 8.000

No intento hacer una crítica, no podría hacerlo cuando le avalan tantos lectores satisfechos; Tiene un público que no es, - ¡gracias a Dios! -, el mío y al publico ante todo hay que respetarle aunque solo sea por aquel paradigma del marketing: "diez mil millones de moscas no pueden estar equivocadas, coma Vd. mierda", (¿O es el paradigma de la televisión actual?)

Aunque si me voy a permitir una puntualización: Al igual que no le critico a Fidel su compulsiva afición a acaparar colesterol, no le voy a criticar a mi descontento lector su superávit de testosterona, yo no le diré cómo debe escribir, su público ya lo hace.

A cambio, tampoco le aceptaré que me diga cómo debo hacerlo yo, primero porque mis lectores ya me lo dicen y segundo porque, hablando idiomas tan diferentes, sus consejos carecen de "sabor" para mí.

Las críticas siempre, siempre, son bienvenidas, me ayudan a mejorar la redacción, a recuperar el ritmo si es que ha decaído e incluso a explicar mejor detalles que para mí son evidentes por conocidos y que mis críticos me hacen ver que no supe explicar correctamente.

Pero que alguien diga que en mi diario "no pasa nada" delata tal atrofia de "paladar" que… mejor sonrío… y sigo escribiendo.


04 noviembre 2007

Prólogo y consejo al lector


El deseo es el motor que nace de la expectativa de conseguir una meta, el deseo es la energía que nos mueve hacia nuestro fin, crece poco a poco con cada aproximación y produce un placer indescriptible, un placer que alimenta y motiva nuestro camino hacia la meta. El placer está en el camino, es el camino, la meta solo significa el final del placer, la meta nos deja viudos, huérfanos, con una sensación de vacío y nostalgia por las emociones sentidas y vividas a lo largo del camino que nos llevó a la consumación, pero que ya son pasado. 

Esta es una historia de deseos, emociones, placeres, dudas, decisiones y pensamientos, es la historia del camino que nos llevó a Carmen, mi mujer, y a mí a lanzarnos a vivir las fantasías inconfesables que, sin saberlo, compartíamos en silencio cada vez que hacíamos el amor. Esta no es una historia de penetraciones y orgasmos, aunque también lo es. Así que si tú, lector que has llegado hasta aquí, buscas un desahogo rápido de tus pulsiones, te recomiendo que abandones este texto y busques algo más inmediato. Para los demás, para los que como yo valoráis el placer de los pequeños detalles que van haciendo huella, que sois conscientes de los pequeños cambios casi imperceptibles que se van acumulando hasta que un día descubres la transformación que se fue fraguando en tu pareja, o en ti; para los que sabéis que el erotismo y la pasión, como la buena cocina, se cocina a fuego lento… a vosotros está dirigida la historia de mi vida a lo largo de estos últimos años.