Mostrando entradas con la etiqueta Sara. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sara. Mostrar todas las entradas

15 junio 2022

Capítulo 165  El retorno 


Tiempo aproximado de lectura: 60 minutos


La mujer que yo quiero no necesita

bañarse cada noche en agua bendita.

(Joan Manuel Serrat)


I El retorno


—Te esperaba ayer. 

Ángel se ha levantado a recibirme; dejo el bolso en un sillón y camino decidida a su encuentro. Entiendo el reproche, tenía que haber aparecido por el gabinete aunque fuera unas horas. Le compenso con un beso largo e intenso que no desaprovecha; en un abrir y cerrar de ojos tengo la blusa abierta, los hombros desnudos, el sujetador suelto y me devora las tetas como si le fuera la vida en ello. Qué cabrón, cómo sabe ganarme. Nos desfogamos un rato y le paro antes de que vayamos a más. 

29 octubre 2021

Capítulo 155  Reproches

(Tiempo aproximado de lectura: 32 minutos)


—Dime.

—Ya estoy fuera.

—Voy a por ti.

—No hace falta, dime dónde.

Llegué en veinte minutos a un local que ya conocía cerca de Plaza de España; me costó localizarlo, había demasiado humo y demasiada oscuridad. Rechacé el beso, estaba enfadada con él, con su mujer, con Sara y conmigo misma por haber accedido a todo; a montar la encerrona a Claudia y a interpretar el numerito de mi mamá está enferma.

—Cuéntame: quién es esa bollera.

—Si vas a empezar con esas me marcho.

—Tranquila, respira hondo, ya pasó.

—Ya pasó,  qué. Te crees muy listo.

Me robó un beso en un descuido, retiré la cara y pronuncié un «déjame» tan débil que no resultó creíble; me rodeó los hombros y lo volvió a intentar, hice ademán de evitarle pero le dejé, claro que le dejé, necesitaba consuelo y el olor de su piel a crema de afeitar y tabaco era lo menos dañino que podía chutarme; me morreó todo lo que quiso y más, se apoderó de mi culo y dejamos que el camarero se fuera sin saber qué es lo que iba a tomar.

14 octubre 2021

Capítulo 154  La tela de araña

(Tiempo aproximado de lectura: 29 minutos)


La caja de Pandora


Debería haberme preocupado al no tener noticias de Sara, pero estaba demasiado pendiente de otras cosas; en realidad no había vuelto a pensar en las fotos hasta que un día caí en la cuenta y me pregunté cómo lo dejé pasar. Hice memoria y no conseguí recordar nada que me hubiera impedido coger el teléfono y llamarla. Veinte años después puedo hablar sobre lo que pasó para que entre mis prioridades no figurara llamar a Sara y preocuparme por un carrete repleto de fotos intimas.

Dicen que el cambio climático está provocando el deshielo del permafrost y soltará a la atmósfera ingentes cantidades de dióxido de carbono atrapado durante eones y despertará virus congelados hace milenios para los que no estamos preparados. Escribir un relato que remueve recuerdos enterrados durante décadas es algo similar: saca a la luz sucesos olvidados que nunca compartimos, hechos que quedaron por hablar y al volver a la vida recobran toda su fuerza como si el tiempo no hubiera pasado. Y tal vez, solo tal vez, son capaces de provocar efectos impredecibles. 

Abrir la caja de Pandora siempre trae consecuencias.

29 mayo 2021

Capítulo 147  Horríbilis

 (Tiempo aproximado de lectura: 54 minutos)


Tenía dos llamadas perdidas y seguía callada. No sabía cómo encauzar lo que fuéramos a hablar hasta llegar al motivo que me acercaba a Sara, un motivo que podía parecer interesado y que desdibujaría cualquier cosa que estuviera por llegar. Dios, ¿en eso estaba pensando?

Porque esa era la realidad, Sara me atraía desde el mismo día en que me sacó a bailar con Sade, con Tino Casal y llovieron hombres, aleluya. ¿Y qué, si me atraía? yo por entonces estaba ciega, aunque tal vez no fue entonces sino mucho antes y no me di cuenta hasta mi despertar. Y si ahora descubría el trasfondo de mi interés por ella, qué podía pensar. Todo pendía de un hilo, el hilo transmisor que debía construir para explicarme. Y aún no había dado con él.

02 marzo 2021

Capítulo 142 Babel

(Tiempo aproximado de lectura: 38 minutos)


No había vuelto a pensar en él, posiblemente porque mi vida estaba tan repleta de imprevistos que apenas me quedaba espacio para incorporar a nadie más, incluso a veces me daba la impresión de que estaba postergando a mi familia de nuevo. La llamada me sorprendió a punto de cruzar el portal después de almorzar.

—Gabriel, qué sorpresa, ya no te esperaba.

—Te debo una disculpa, quedé en llamarte y ya ves, he dejado pasar quince días, no por falta de interés, te lo puedo asegurar.

—No tienes que explicarme nada, ¿cómo estás?

—Muy bien, acabo de volver de París.

—Qué envidia me das, es mi ciudad favorita.

—Entonces coincidimos, podría vivir allí sin pensármelo dos veces.

28 enero 2021


Capítulo 140  Cambios

(Tiempo aproximado de lectura: 35 minutos)


Lunes, veintinueve de Mayo de dos mil


El lunes fue la presentación de Ángel. La imagen que dio fue fantástica. Por si alguien no lo conocía en esos días se había movido su historial por toda la oficina. Entre Andrés y él fueron desgranando los planes de expansión que tenían para el gabinete y el planteamiento a nivel clínico que traía. Todo el mundo parecía satisfecho. «Nada de esto hubiera sido posible sin la intervención de la doctora Rojas, me presentó el proyecto que inició el doctor Arjona hace ya unos años y me contagió su ilusión; una a una fue derribando las objeciones que le planteé hasta que me convenció de que debía estar aquí, formando parte de este proyecto», e inició un aplauso dirigido a mí que fue secundado por Andrés y al que se fueron sumando primero los jefes de departamento y poco a poco el resto del personal con mayor o menor entusiasmo. Andrés me hizo señas para que subiera a la improvisada tribuna y no pude desoírlo cuando Ángel comenzó a gesticular llamándome. Tuve que tomar la palabra.

01 diciembre 2020

Capítulo 137 Buscando el camino

(Tiempo aproximado de lectura: 56 minutos)



I determined never to stop until I had come to the end and achieved my purpose. 

David Livingstone



Martes, veintitrés de Mayo de dos mil


—Chica, qué mala cara tienes. —Julia me miraba mientras daba vueltas al café de máquina; siempre buscábamos un momento en el que la sala estuviera vacía a primera hora. Pensé qué excusa darle y decidí ir con una verdad a medias.

—Ayer trasnoché; mira que no me gusta hacerlo entre semana porque luego pasa esto, pero no me pude negar —Contaba con que la prudencia de mi amiga le impediría hacer preguntas.

—Ya, me ha sorprendido que no sacaras un descafeinado.

Apuramos el café y nos dispusimos a salir; dejamos pasar a un grupo en el que venía Elsa, su mirada despejó cualquier duda que pudiera tener: me había visto con Ángel y Claudia. Nos saludamos y dijo con aire desenfadado:

—Me han dado recuerdos para ti: Concha.

—Concha…

—Sí, mujer: pelirroja, alta… —Me estaba enviando una señal y procuré disimular.

—Ah, sí; ya sé quién dices. Hace tiempo que no coincidimos.

—Eso me dijo.

Afortunadamente Julia no prestó atención. Pero no podía dejarlo pasar; estuve pensando cómo enfocarlo y más tarde la llamé.

—Elsa, soy Rojas, ¿podemos hablar?

—Voy a tu despacho.

13 marzo 2018

Capítulo 106 Es mi momento

(Tiempo aproximado de lectura: 67 minutos)


Jueves


—¿Sabes?

Ese momento dulce que precede al sueño, ese instante en el que la conciencia se va diluyendo en la bruma de una manera difusa, placentera hasta que desapareces quedó interrumpido por la voz de Carmen que susurraba una breve pregunta. No moví un músculo; estaba tan bien pegado a su cuerpo que interrumpí la inminente caída a la profundidad y mi boca musitó algo parecido a una respuesta.

—Estabas dormido, perdona.

—No, dime —giré el cuello para buscar en la oscuridad su rostro que me rozó la mejilla.

—Anda duerme —insistió con un dulce beso.

Deslicé el brazo hasta alcanzar su cadera, seguí la curva hacia atrás y le propiné un suave cachete.

—Si me dejas con la duda ya no me voy a poder dormir.

Me apretó con el brazo que rodeaba mi cintura, noté su sonrisa pegada a mi cuello.

—Estaba pensando…

Me giré hasta quedar boca arriba, inmediatamente ella se refugió en mi pecho, a medio camino de abalanzarse sobre mí; un muslo encima de los míos, su brazo sobre mi estómago. Una de nuestras posturas favoritas tan habitual que la ejecutamos sin pensar.

—No sé si todo esto nos va a pasar factura Mario. 

—¿A qué te refieres?

—Pues que una cosa es verlo aquí, en terapia, de una manera aséptica, fría, casi impersonal. Pero quizá cuando estemos en casa, dentro de un mes, un año —Un corto suspiro me transmitió su desasosiego—. Algún día me mirarás y… no sé.

—¿Qué es lo que no sabes?

Sentí como se apretaba a mi cuerpo buscando cobijo; respondí a la llamada y la recogí entre mis brazos.

—Han sido tantas cosas, tantas. Un día puede que lo recuerdes y entonces..

Esperé, todavía tenía que mucho decir, no era el momento para interrumpirla.

—Puede que te preguntes ¿de dónde vendrá? ¿con quién habrá estado? ¿habrá vuelto a ver a…? Y es lógico, he hecho cosas para las que no hay justificación alguna.

19 febrero 2014


Capítulo 67 ¿Una orgía?

(Tiempo aproximado de lectura: 35 minutos)


Llevamos un largo tiempo de descanso tumbados en la cama sin hablar, sin movernos, escuchando el sonido de la respiración de unos y otros que se ha ido acompasando a medida que los minutos pasaban. He perdido el sentido del tiempo, deben ser las tres, quizás las cuatro de la madrugada pero no tengo el más remoto punto de referencia que me permita asegurar que ese dato es correcto. Sé que debería estar cansado, sin embargo ni mi cuerpo ni mi mente muestran los signos que deberían mostrar tras todas estas horas de actividad sexual continuada. Mi brazo izquierdo cuelga de la cama y mis dedos rozan la tarima trazando círculos con las uñas. A mi lado Carmen  descansa su rostro en mi hombro. Siento el peso de su cráneo sobre mi brazo que ya ha comenzado a bloquear el flujo de sangre, el hormigueo que empecé a sentir en la mano hace un rato asciende por el brazo; todavía no es demasiado molesto pero sé que en breve me obligará a moverme aunque no la quiero despertar.

Porque está dormida.

¿Está dormida? No lo sé. Si me fío de su respiración diría que sí. Yace boca abajo, con su brazo izquierdo sobre mi pecho y el derecho doblado hacia arriba con la mano cerca de su cabeza. Postura de niña pequeña con su pierna sobre la mía que le sirve de acomodo para el muslo. ¡cuántas veces hemos amanecido así! Me gusta dejarme usar de almohadón, sin mover un músculo, escuchando su respiración tan cerquita, sintiendo como la saliva se desliza por la comisura de su boca hacia mi brazo, «¡Me has llenado el brazo de babas!» le digo luego para hacerla rabiar y nos enzarzamos en una pelea de la que inevitablemente salimos buscándonos por debajo de las sábanas.

Sí, definitivamente creo que está dormida. 

13 mayo 2013

 Capítulo 56 Chat en la noche (I)

(Tiempo aproximado de lectura: 26 minutos)


Aparece en la puerta del baño y se detiene un instante mirándome.

- “¡Qué hijo de puta” – Sonríe

Me quedo mirándola sorprendido, jamás la he escuchado emplear esa palabra y mucho menos conmigo. Entiendo el tono en el que la ha pronunciado, aun así no deja de extrañarme su actitud. De nuevo veo en ella esa mirada desconocida, esa expresión peculiar que no reconozco. Se mueve despacio hacia los pies de la cama, balanceando sus caderas sin dejar de mirarme. Rodea la cama y se sienta a mi lado con las piernas cruzadas.

- “Me has violado, cabrón” – su voz suena serena, sin reproche alguno, más bien creo descubrir un tono de satisfacción.

- “Ahora me dirás que no te ha gustado” – niega con la cabeza, muy despacio, como si estuviera pensando en ello, recordándolo. Acerca la mano a su pecho y palpa su pezón.

- “Que bruto”

- “Pues no parecía molestarte mientras te los apretaba”

Sonríe y no dice nada, se recuesta sobre su brazo derecho y con la mano izquierda comienza a acariciar mi debilitada polla. Sus dedos exploran mis testículos, la parte interior de  mis muslos, mi polla… todo sin prisas, sin buscar el placer inmediato, solo sintiendo el contacto. Menos mal, creo que ahora no podría reponerme de dos polvos seguidos. Sus caricias consiguen engordar mi miembro pero es lo más que podrá tener en un tiempo.

De pronto se levanta como si hubiera olvidado algo.

- “¿Tengo sed, ¿quieres algo?”

- “Una tónica”

Mientras sale de la alcoba me vuelvo a fijar en su culo marcado con mis dedos en rojo.

- “¿Te duele?” – se detiene y me mira interrogándome. Le señalo su culo. Niega con la cabeza y sonríe dulcemente.

26 abril 2013

Capítulo 55 Violación

(Tiempo aproximado de lectura: 16 minutos)


Carmen se había sumergido en un estado casi febril donde la realidad y los recuerdos se mezclaban como en las pesadillas, sin ser capaz de discernir entre lo que percibía y lo que su cerebro le enviaba desde las zonas mas profundas. Realidad e irrealidad crearon un clima en el que apenas podía distinguir una de otra y en el que pasaba con suma facilidad del “aquí-y-ahora” a otro tiempo y lugar que parecía ya vivido y al mismo tiempo le era desconocido.

Sus emociones seguían la misma pauta errática. Excitación hasta lo obsceno, miedo, rechazo, humillación y placer se turnaban para hacerla sentir una furcia encelada o una mujer ultrajada. Por momentos me reconocía en el hombre que la intentaba desnudar y otras me transformaba en alguien sin rostro, alguien a quien no conseguía identificar y que la estaba forzando de una manera que creía haber vivido ya.

Me desnudé precipitadamente frente a ella lanzando la ropa al suelo. Me sentía poderoso, absolutamente libre de hacer  lo que me apeteciese. La veía tan indefensa, tan frágil, incapaz de poder detenerme si yo no quería hacerlo… 

Hinqué una rodilla en la cama, entre sus piernas, mi mano derecha presionó con firmeza en su hombro hasta que quedó tendida. Se dejaba hacer sin casi oponer resistencia.

Alcé sus piernas y las sujeté apoyando las manos en la cama haciendo que  descansaran en mis brazos los cuales actuaban como barreras que le impedían proteger su sexo. Al inclinarme hacia ella sus riñones se arquearon dándome mas acceso a su coño. Comencé a mover mi cintura para tantear su pubis con mi polla buscando el camino y, de un solo golpe, me enterré en ella. Su cuerpo se tensó y un rictus de dolor cruzó su rostro; a pesar de la copiosa humedad que me envolvía, la penetración había sido demasiado ruda.

17 junio 2011

Capítulo 51 La ruptura

(Tiempo aproximado de lectura: 16 minutos)


Abrió los ojos desorientada. Una rítmica serie de pulsaciones en progresiva intensidad habían culminado en una fuerte contracción de su coño que la expulsó del profundo sueño en que se había sumido tras acabar con el sándwich y el café que se preparó al llegar a casa.

Aún trataba de despertarse del todo cuando unas leves réplicas empezaron a cobrar fuerza,  la espalda se fue arqueando al ritmo que marcaba la intensa palpitación de su sexo. Las manos, conscientes del huracán a punto de llegar, ocultaron crispadas su rostro intentando dominar el arrebato  que amenazaba con hacerla estallar, sus muslos se apretaron cruzándose unas veces, estirándose otras sellando la grieta por la que habría de surgir el Apocalipsis, la agonía y la resurrección de la petite morte que no sabía cómo controlar.

Se dejó arrastrar sin oponer resistencia, como una muñeca de trapo zarandeada por invisibles hilos, acompañada por las mismas escenas que habían llenado su sueño. Hermosas y turgentes pollas atrapadas por sus ávidas manos deseosas de conocerlas por primera vez… sus dedos acariciando torsos sin rostro vagando inevitablemente hacia unos firmes glúteos en tensión… unas fuertes manos aferrándose a sus pechos… otras ansiosas la despojan sin delicadeza de la ropa… rostros pugnando por abrir un resquicio entre sus muslos, olfateando como lebreles, lamiendo, gruñendo, empujando con la testuz hasta conseguirlo…

Y la imagen suprema, la que provocó el brutal espasmo y ahora la está llevando al clímax: Desnuda sobre un gran lecho con los brazos en cruz y las piernas muy abiertas, las rodillas flexionadas al máximo hasta chocar contra su cuerpo y los talones tocando sus nalgas ofreciendo obscenamente su coño, el ano a seis, siete, quizás diez o más hombres que se disponen a poseerla.

05 noviembre 2010

Capítulo 49 El italiano

(Tiempo aproximado de lectura: 23 minutos)


Lluvia y frío, Febrero agonizaba y el invierno se resistía a morir. 

Durante un instante me detuve en el portal observando cómo la gente apretaba el paso intentando huir de las finas gotas que se clavaban como agujas en el rostro. Al fin me decidí a salir a la calle y caminé hacia el café donde acostumbro desayunar.

Agradecí el cálido ambiente, la suave música y el murmullo de los escasos clientes. Si algo me gusta de este lugar es la ausencia del sempiterno televisor vomitando basura aunque nadie le haga caso, solo por eso merece la pena tomar su más que mediocre café.

Respondí con un gesto al saludo de Julián, el dueño del local, y me dirigí a la misma mesa que aun hoy suelo ocupar cerca del ventanal en una esquina, protegiendo mi espalda contra la pared forrada de madera, arropado por un perchero a mi derecha que me da una sensación de confort inexplicable.

Miré a mi alrededor. Apenas tres mesas ocupadas y cinco o seis personas compartiendo en silencio la vieja barra de madera desgastada, memoria de tiempos mejores.

Julián me sacó de mi ensimismamiento con una rutinaria alusión al mal tiempo mientras dejaba sobre la mesa el café y “El País”. Repasé los titulares del día de un vistazo  mientras abría el sobrecito de azúcar.

Me eternicé dando vueltas a la cucharilla mientras mi mente viajaba en el tiempo. Formaba parte ya de mis hábitos, era inevitable para mi caer día tras día en la minuciosa revisión de las escenas en las que Carmen y yo dábamos un vuelco trascendental a nuestra vida. Había imágenes que me asaltaban con una fuerza arrolladora sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Al principio trataba de contenerlas, intentaba volver a mi trabajo y apartarlas de mi cabeza, pero era imposible, cada vez me dominaban mas y acabé renunciando a luchar contra ellas. 

14 septiembre 2009

Capítulo 48 Cómplices

(Tiempo aproximado de lectura: 49 minutos)


Su mirada


Si intento buscar en mi memoria qué es lo primero que recuerdo de Carmen no tengo ninguna duda. Su mirada. 

Aquel verano del noventa y uno en el que se me acercó para conseguir una plaza en mi curso su mirada me arrolló hasta el aturdimiento. Sus ojos negros son bellos pero sin esa pincelada de insolente seguridad, sin esa franqueza que le permite hablar con cualquiera clavando sus ojos en los de su interlocutor no serían ni la mitad de atractivos.

Carmen tiene mil formas de mirar y todas ellas reflejan su intensa vida interior. Sus ojos responden de una forma inmediata e instintiva a sus emociones y pensamientos, algo que otras personas utilizan conscientemente para coquetear y manipular en ella es natural, es así y esa naturalidad trasciende a los demás que intuyen la total ausencia de intención en gestos que, por otra parte, son profundamente sensuales.

Y sus cejas, perfectamente delineadas, dan el toque final para que su mirada adquiera el máximo de expresividad cuando se arquean para mostrar extrañeza o escepticismo o se curvan para mostrar tristeza, empatía, disculpa… o descienden sobre sus hermosos ojos para resaltar la profunda pasión que la domina. Es en esos momentos cuando su mirada me derrumba, me deja sin fuerzas, sin argumentos, sin réplica posible, es entonces cuando me derrota y sé que soy suyo, que haré cualquier cosa que me pida.