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29 enero 2023

Capítulo 174  Lo que ocurre en la playa… (4)

Tiempo aproximado de lectura: 38 minutos.


—¿Seducir a Mageli? 

No pude reprimir el desconcierto al enterarme de la conversación con Gerardo.

—Quién ha dicho que vaya a se-du-cir a Mageli —repitió, machacando cada sílaba—, no soy tan retorcida.

Me contó la estrategia planeada para observar la conducta de su acérrima enemiga; de ese modo, con una mirada objetiva, podría saber si la sospecha de su marido era cierta o tan solo un oscuro deseo. 

—Te desprecia —objeté—, lo vas a tener difícil para acercarte a ella.

—Ya veremos; en cualquier caso habré aclarado el motivo de su aversión

La apoyé, como siempre hago. Tomé la decisión de dejarle el campo libre, allí solo sería un estorbo; además, era una buena ocasión para explorar los alrededores. A las ocho de la tarde, después de una improvisada ruta turística y sin noticias de Carmen, imaginé que le estaba yendo bien. Aparqué donde pude. Cómo me alegré de haber llevado el auto pequeño. Pensé darme un capricho: reservé mesa para las diez en uno de los mejores restaurantes y seguí deambulando por Conil.


27 septiembre 2021

Capitulo 153  Vendida


(Tiempo aproximado de lectura: 45 minutos)



—Hola, putita.

Me volví a todos lados.

—¡Estás loco! ¿cómo se te ocurre?

—Tranquila, putita, lo tengo todo controlado.

—No vuelvas a llamarme así y menos en el portal. —le amenacé.

—¿O qué? ¿se lo vas a decir al señor? Venga, sube, ya ha llegado, dile que te he llamado putita. Y cuando me mande llamar le contaré algunas cosas —le hice gestos de que se callara, pero me ignoró—: que me gustan los anillos que llevas en los pitones, o que el lunar que tienes en la teta se pone muy durito cuando te lo chupo; ¿quieres que siga?

Lo dejé con la palabra en la boca y fui hacia el ascensor.

—Espera, todavía no he terminado.

—¿Qué quieres?

—Hay un vecino que está muy interesado en ti.

—Qué dices.

—Don Jaime, el estirado del sexto, lo conoces pero como vas siempre con esos aires… Se fijó en ti desde que estuviste viviendo aquí. Me preguntó quién eras, le fui contando lo que sabía, que eres psicóloga, doctora en psicología nada menos, que no eras como las demás sino una amiga del señor Rivas y que eras su huésped porque necesitabas un lugar para aislarte y trabajar en un caso difícil. Vamos, lo que me dijo el señor. No ha parado de interesarse desde entonces aunque con el tiempo ha deducido que esa historia es una tapadera, lo mismo que piensan todos en el edificio. Y aquí viene el asunto: quiere que me encargue de conseguir tus servicios.

03 abril 2021

Capítulo 144  Al otro lado del espejo

(Tiempo aproximado de lectura: 40 minutos)


Se me dan bien las teorías, me pasé años montando una, hablando sobre ella en cuanto había ocasión, tanto que parecía saber del asunto más de lo que en realidad sabía. Teoría de la bisexualidad evolutiva, un nombre pomposo para algo de lo que en realidad no tenía la menor experiencia. Se formaban corrillos a mi alrededor y me escuchaban con atención, y para cuando decidí ponerla a prueba no se me ocurrió nada mejor que bajar a los infiernos. Patético. Ahora me veía repitiendo la misma jugada, hablando mucho y muy bien del mundo de las relaciones abiertas como si mi experiencia abarcara algo más que un amago de fracaso matrimonial. Ahí estaba, dispuesto a arriesgar el futuro de Maca y Fran con tal de ver mis fantasías hechas realidad. Karajan levantando la batuta.

Hice lo típico en estos casos; comprar una botella del mejor vino. Llegué con diez minutos de antelación, deseaba que fuera ella quien me recibiera y mis deseos se cumplieron, me quedé alelado viendo la transformación que había logrado con algo de maquillaje bien manejado, un recogido de pelo que descubría lo seductor que puede ser un cuello desnudo y un tremendo vestido de noche bien ceñido a su cuerpo. Si me hubiera abierto la puerta en lencería no me habría causado ni la mitad del efecto que me provocó.

04 enero 2019

Capítulo 116   Fluídos

(Tiempo aproximado de lectura: 98 minutos)


Clavo los puños y me lanzo a una carrera en la que pierdo el control de mi cuerpo. No soy yo quien da impulso a mi cintura, no puedo ser yo porque solo tengo conciencia para mirar el rostro de Carmen que se desencaja al sentirme dentro, más rápido, más intenso, más brutal. Mis caderas actúan por libre, han cogido un ritmo endiablado que no domino, yo solo tengo ojos para contemplar el desfallecimiento de mi mujer que parece sufrir con cada golpe. Si no fuera por esa agónica sonrisa que desmiente la tortura…

Un chispazo se extiende por mi espalda, siento crecer esa parte de mí que la taladra, podría estallar, va a estallar, tiemblo, tiemblo, la escucho gemir, tiemblo.

23 junio 2018

Capítulo 109 Viernes de pasiones (2)

(Tiempo aproximado de lectura: 60 minutos)



—¿Todo bien?

«Sí, todo bien», doy a entender mediante un gesto breve. 

Cinco minutos, el tiempo de un cigarrillo, lo que me llevó caminar pausadamente hasta el cruce que lleva al pueblo y regresar, tiempo suficiente para recuperarme. Intento no pensar, inspiro profundamente, escucho mis pasos, miro el cielo, me detengo a observar la lucha estéril de un insecto atrapado en una tela de araña. Tengo que volver.

Comenzamos.

—Cuando colgué, cuando te dije que no te iba a tolerar que me volvieses a insultar y acabé con aquella conversación me derrumbé. Hasta ese momento conservaba la esperanza de que… En fin, ya puedes suponer, me vine abajo. 

Se levantó en busca del tabaco que ha quedado olvidado en la mesa baja. Encendió un pitillo y volvió a tomar asiento.

—Claudia no es Irene, para mi desgracia. Aquel día aprendí a fumar. Si hubiera estado al volante posiblemente me hubiera matado pero no, estaba en manos de una mujer dominante, ególatra, con una cierta vena sádica que jugó conmigo como si fuera una muñeca. Probé tantas cosas que ni siquiera recuerdo. Follamos e hicimos cosas que prefiero olvidar. También me ayudó a olvidarte, eso se lo tengo que agradecer; no podría haber estado sola aquella noche y si ese fue el precio que tuve que pagar creo que las consecuencias de la soledad aquel día me dan más miedo que todo lo que hice y me hizo Claudia. Al final me quedé dormida de agotamiento, borracha, drogada y cuando desperté…

21 febrero 2018

Capítulo 105 Sanación

(Tiempo aproximado de lectura: 87 minutos)


—Papá, hola… si bien… aquí en la sierra… si, al final decidimos quedarnos… No, no nos apetecía este año salir… porque no… no, no pasa nada ¿qué iba a pasar?

Escucho a Carmen hablar con su padre y percibo la desconfianza que llega del otro lado de la línea. ¿Por qué hemos cambiado repentinamente los planes cuando lo habitual es que salgamos fuera en estas fechas? Si ya resultó complicado aparentar normalidad en el cumpleaños de mi suegra ahora este cambio se suma para romper con las costumbres tan arraigadas.

—Sí, está aquí ahora te lo paso ¿Y mamá, está bien?

Le he pedido que les llame, no sé desde cuando no habla con ellos y eso en esta familia no es normal.

Normalidad, algo que le debemos a la familia. No se han entrometido pero me consta que están preocupados y en algunos casos han sufrido.

Hablo con mi suegro sobre todo para darle seguridad. Estamos juntos, estamos bien. Le prometemos una visita pero no ahora, no en esta semana. Noto recelo y trato de sofocarlo. En quince días comida en nuestra casa, prometido.

Hace un sol de justicia, cualquiera diría  que estamos en verano. Ya es miércoles y para mañana esto se va a llenar. Estamos comiendo en la terraza de uno de los restaurantes de la plaza del pueblo. Son las tres de la tarde; después de hacer el amor, ducharnos y perder otra media hora bajo el agua salimos con prisas hacia el pueblo. Menos mal que a última hora se me ocurrió reservar.

Carmen luce espléndida. Un vestido veraniego, estampado en tonos rojos y verdes claros con motivos florales sobre fondo blanco anudado al cuello con escote en pico por medio muslo, sandalias planas para caminar cómoda por el empedrado del pueblo y uno de los bolsos grandes de este verano pasado que como el resto de la ropa de temporada también guarda en los armarios de aquí. Brutal. 

31 enero 2018

Capítulo 104 La impúdica verdad


(Tiempo aproximado de lectura: 62 minutos)



He intentado subvertir su plan pero es implacable. Tiene un orden establecido y debemos mantenerlo, dice. No entiende mi interés en remontarme hacia atrás y tampoco puedo presionar demasiado. Debo encontrar el momento para mi confesión.

Encauza la sesión. Hace un quiebro que no esperaba. Claro, es muy hábil; cada vez la respeto más como profesional. Me cede la palabra, me deja al borde de otro abismo.

Cómo me enteré de que estaba en casa de Doménico. 

Se está soltando la mampostería de la chimenea.

Hay tanto que arreglar en esta casa…

Que cómo me enteré. 

No sé si necesito volver a pasar por esto.

—¿Cómo lo supiste?

Me ha concedido tiempo. Puede que haya seguido la deriva de mis ojos, que se haya fijado en cómo he acariciado la piel gastada del sillón, cómo he mirado al techo con ojos de Serrat. Sí, la verdad es que al techo le hace falta una mano de pintura. Y en cuanto al sillón, no lo pienso tirar, lleva tanto tiempo conmigo que es más que un viejo mueble, tiene mucha historia.

Que cómo me enteré.

05 julio 2015

Capítulo 93 Un punto de inflexión


(Tiempo aproximado de lectura: 27 minutos)  


–No me has entendido, he olvidado las llaves.

Carmen escucha el silencio, ese silencio incrédulo. Quizás no ha sabido fingir con suficiente convicción, son tantos años juntos, y él la conoce tan bien…

–Claro, ¿cómo lo hacemos, te pasas por aquí o quedamos en la cafetería de abajo?, lo que tú quieras.

No, no puede seguir por ahí, ha sido un error.

–Espera, creo que… sí, efectivamente, las había dejado en la guantera, se me acaba de venir a la cabeza.

No es ella, no parece ella. Y no sé qué pensar, es todo tan absurdo, tan artificioso entre nosotros. No, no quiero continuar con esto.

–¿Algo más? –He sonado brusco, demasiado brusco. Intento pensar en algo que lo suavice pero ya es tarde, Carmen acusa el golpe. 

–No, nada. – Su voz se apaga.

–¿Cómo quedamos?

–¿Lo hablamos mañana, te parece?

–Como quieras.

18 junio 2014

Capítulo 77 Descubierta 

(Tiempo aproximado de lectura: 13 minutos)


No eran aún las dos de la tarde cuando recogí mis cosas y salí del gabinete. Había sido una mañana bastante incómoda teniendo que lidiar con las preguntas sobre mi salud; inventar respuestas ambiguas no es sencillo sobre todo cuando presentas un aspecto poco saludable más propio de un alcohólico recién salido de una borrachera, con una voz que apenas se hace entender, ojeras de haber dormido poco y mal y una gran tirita ocultando una brecha en tu ceja. Menos mal que uno tiene una reputación intachable y cualquier excusa, por ser la primera en toda una vida, no se pone en cuestión.

Tantos años de matrimonio crean un sexto sentido. Nada más abrir la puerta de casa noté algo, ¿feromonas en el ambiente? Quizás, o puede que algo más simple, su perfume flotando todavía en el aire, el caso es que supe que ella estaba o había estado allí.

Y se me dispararon las pulsaciones.

Ella, mi mujer, la parte de mí amputada, ese trozo de aliento que me falta para que mi respiración sea completa. 

Apreté el paso, no quise llamarla, no quise encontrarme con el fracaso de no recibir respuesta. Abrí la cocina, entré en el salón, recorrí el pasillo abriendo cada puerta… no, no está.

¡Pero ha estado, si ha estado! En el aseo falta su rímel, ese que miro cada mañana porque me recuerda a ella. 

Abro los cajones… se ha llevado más cosas, maquillaje sombra de ojos. Veo huecos… ¡ sí, ha estado!  Y miro como si pudiera verla, como si ella fuera visible y aún estuviera aquí, como si pudiera ver el rastro de sus movimientos abriendo cajones, inclinándose para escoger qué llevarse, qué dejar, girando, saliendo, caminando por el pasillo hacia nuestra alcoba…. La sigo, sigo el halo de su cuerpo, voy yo también hacia allá.