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27 septiembre 2021

Capitulo 153  Vendida


(Tiempo aproximado de lectura: 45 minutos)



—Hola, putita.

Me volví a todos lados.

—¡Estás loco! ¿cómo se te ocurre?

—Tranquila, putita, lo tengo todo controlado.

—No vuelvas a llamarme así y menos en el portal. —le amenacé.

—¿O qué? ¿se lo vas a decir al señor? Venga, sube, ya ha llegado, dile que te he llamado putita. Y cuando me mande llamar le contaré algunas cosas —le hice gestos de que se callara, pero me ignoró—: que me gustan los anillos que llevas en los pitones, o que el lunar que tienes en la teta se pone muy durito cuando te lo chupo; ¿quieres que siga?

Lo dejé con la palabra en la boca y fui hacia el ascensor.

—Espera, todavía no he terminado.

—¿Qué quieres?

—Hay un vecino que está muy interesado en ti.

—Qué dices.

—Don Jaime, el estirado del sexto, lo conoces pero como vas siempre con esos aires… Se fijó en ti desde que estuviste viviendo aquí. Me preguntó quién eras, le fui contando lo que sabía, que eres psicóloga, doctora en psicología nada menos, que no eras como las demás sino una amiga del señor Rivas y que eras su huésped porque necesitabas un lugar para aislarte y trabajar en un caso difícil. Vamos, lo que me dijo el señor. No ha parado de interesarse desde entonces aunque con el tiempo ha deducido que esa historia es una tapadera, lo mismo que piensan todos en el edificio. Y aquí viene el asunto: quiere que me encargue de conseguir tus servicios.

28 mayo 2013


Capítulo 57 Chat en la noche (II)

(Tiempo aproximado de lectura: 10 minutos)


“Mujer-30: ¿qué prefieres leer, que tengo unos dedos dentro de mi coño que me están torturando?

“Ricky: Dicho así parece que tus dedos no te pertenecieran, que tengan vida propia”

Me lanzó una mirada de complicidad, no hicieron falta palabras para entendernos.

“mujer-30: Es lo que parece, es como si se movieran por voluntad propia, apenas los controlo”

“Ricky: supongo que estarás cómoda”

“Ricky: me refiero a que a estas horas, debes estar en pijama, como mucho”

La observé mientras meditaba su respuesta. Apenas cubierta por el corto albornoz, sus muslos desnudos y algo separados mostraban su pubis invadido por mis dedos. La cinta que sujetaba el albornoz a su cintura se había ido aflojando y su escote se abría hasta su estómago mostrándome la curva de sus pechos.

“mujer-30: No suelo utilizar pijama”

“Ricky: ¿camisón?”

“mujer-30: tampoco”

“Ricky: entonces…”

“mujer-30: tengo puesto un albornoz”

“Ricky: ¿Nada más? Perdona si soy indiscreto”

“mujer-30: Si, lo eres, pero te perdono”

“Ricky: entonces, me responderás?

Saqué mis dedos de su coño, ambos estábamos tan centrados en la conversación que ya llevaba un buen rato sin moverme en su interior.

“mujer-30: No necesito más ropa para estar cómoda en casa, no crees?”

“Ricky: estoy convencido. Debe ser un placer verte ahora mismo”

07 abril 2013

Capítulo 54 Disociación

(Tiempo aproximado de lectura: 19 minutos)


Dualidad


Amanecía y la pálida luz que comenzaba a diluir la oscuridad de la alcoba nos encontraba despiertos, cara a cara,  con la mirada clavada en el otro. Mi mano derecha descansando en el hueco de su cintura, su mano derecha rodeando mi agotado pene, el dedo pulgar extendido hasta rozar mi vientre acariciando a veces el vello como si de un impulso nervioso espontáneo se tratase; los demás dedos cobijaban al otrora orgulloso guerrero y lo apretaban con suavidad, sin ritmo determinado, con silencios y pausas anárquicas.

Y los ojos abiertos.

Nuestra mirada era un puente tendido sobre la almohada. ¿Se transmite el pensamiento? El científico dice NO. El hombre desnudo,  enfrentado a la mujer mas bella, mas puta, mas adorable a la que acaba de follar, joder, hacer el amor y con la que ha compartido las confidencias mas descarnadas, las confesiones mas libres y con la que ha roto todo los pactos y firmado cumplir las mayores profanaciones  dice  SI.

-        “No vas a conseguir de mi mucho más que eso” – dije cuando mi polla alcanzó un estado de grosor interesante pero no como para endurecerse lo suficiente, la noche había sido intensa y lo que en otro momento habría bastado para lograr una potente erección apenas podía mantener el volumen alcanzado.

-        “¿Quién te dice que quiero algo más que esto?”

Estaba relajada, inmóvil, de espaldas a la ventana. Su cabello revuelto esparcido por la almohada dejaba algún mechón pegado en su frente por el sudor. Dejé que mi mano acariciara la curva de su cadera y apreté levemente su nalga, mi polla dio un salto.

-        “¿No decías que estaba muerta?” – sonrió al sentirlo en su mano

-        “Sabes que tu culo me puede”

Arrastró su cara unos centímetros por la almohada, los suficientes para unir sus labios a mi boca. Abandoné su nalga y busqué su pecho. Mi dedo pulgar jugó con su pezón. Se estremeció.

-        “Me duele”

-        “Te mordí, lo siento, déjame ver”