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12 febrero 2026

 Capítulo 207. Soltando amarras II

 

Tiempo estimado de lectura: una hora cincuenta y un minutos.

 

 

“Todo en el mundo trata sobre sexo, excepto el sexo. El sexo trata sobre el poder."

 

Atribuido a Oscar Wilde

 

En el capítulo anterior…

 

La distancia entre Mario y Carmen ha creado un vacío que el cinismo no ha tardado en llenar. Mario, derrotado, le da vía libre a Emilio y éste descubre la crudeza de la nueva realidad: para Carmen, el deseo ahora es una mera transacción y él, su mejor cliente.

 

En el gabinete, el juego de poder se ha vuelto peligroso. Tras ser humillada por la actitud depredadora de Ángel, Carmen decide huir hacia adelante, convirtiendo al nuevo candidato, Pablo, en un peón de su propia estrategia de seducción y control bajo la sombra de una amenaza de muerte profesional si se rompe la confidencialidad de sus métodos.

 

Sin embargo, el verdadero cataclismo ha ocurrido bajo la lluvia del Cantábrico. Lo que comenzó siendo una misión estratégica destinada a neutralizar a un catedrático ambicioso, terminó por demoler cualquier barrera. Entre regalos, diamantes, confesiones íntimas y una entrega cruda que exploró los límites de la degradación consentida, mentor y alumna se convirtieron en cómplices de un secreto impronunciable. Tras aceptar la nueva realidad, el regreso a Madrid impone una pregunta asfixiante: ¿Cómo recuperar el trato formal en el día a día después de haber habitado juntos el fondo del abismo?

 

 

23 noviembre 2014

Capítulo 87 Lejos, cada vez más lejos

(Tiempo aproximado de lectura: 28 minutos)


(Sábado)


 23nov14


Perversa. No se le ocurre otra palabra. Sin embargo, los recuerdos que la han llevado a calificarla de esa forma no le desagradan, quizás deberían provocarle rechazo. Lo intenta pero, muy al contrario, solo consiguen despertar un profundo murmullo de tortuoso placer.

Perversa, Claudia ha sido perversa, depravada, retorcidamente viciosa.

Empezó a ser perversa cuando la dejó sola en la alcoba cerrando tras de sí la puerta del cuarto de baño, envuelta en un mar de confusión. ¿Tenía que abrir la cama antes o después de prepararle la infusión? ¿Estaba allí para follar con ella o era una jodida criada?

No suele hablar mal pero se sentía tan utilizada, tan engañada que lo único que quería en aquel momento era aporrear la puerta del baño y, por primera vez en su vida pronunciar unas palabras que aborrecía: “¡Vete a tomar por culo!”. Luego cogería su bolso, llamaría a un taxi y saldría de allí.

Sin embargo, se quedó quieta, sintiendo como su pecho subía y bajaba atropelladamente, mientras su mente componía una escena en la que entraba en el baño y le cantaba las cuarenta a esa mujer, “¡pero tú quién te has creído que eres!”. Así una, dos, infinidad de veces, reelaborando la escena, haciéndola más compleja, consiguiendo encenderse más en lugar de calmar esa sensación de haber sido humillada sin ningún motivo.

20 agosto 2014

Capítulo 81 Cristales rotos

(Tiempo aproximado de lectura: 36 minutos)



(jueves)


- ¡Chica estás que lo tiras!

Carmen dejó el bolso en el sillón de su despacho y se volvió al escuchar a Julia que acababa de entrar.

- Buenos días, ¿y eso, a qué viene?

- Mírate: si pretendías tener a todos los tíos del gabinete babeando lo vas a conseguir sin ninguna duda.

- ¡Serás boba!

Julia entró y cerró la puerta, Carmen se había desecho de la cazadora de piel vuelta y la miraba recelosa mientras su amiga la inspeccionaba detenidamente.

- Mini ajustadita, marcando culo… ¡eso, que se note que te has puesto tanga, sí señora! – Carmen se contorsionó para intentar ver el efecto indeseado – blusa ligerita… con escote de vértigo… no te  la conocía; regalo de Mario, seguro, a él estas cosas le ponen pero… ¡mira que traerla para trabajar! Y ese sujetador… podías haber elegido uno más clarito, digo yo, que combinase algo mejor con el estampado porque se te transparenta de una manera…

13 mayo 2014

Capítulo 72 Cosas que nunca debieron haberse dicho

(Tiempo aproximado de lectura: 54 minutos)


Quien esté acostumbrado a dormir en compañía me comprenderá. 

Abrí los ojos totalmente alerta, vigilante, sin rastro del sueño del que acaba de emerger. Nada me había alterado, nada me había sacado del cómodo estado en el que me encontraba, ningún ruido, ninguna molestia, tan solo una sensación de ausencia. La falta de su respiración, del calor tibio de su cuerpo, de la cercanía de sus movimientos al cambiar de postura… La cama sin ella producía un estruendoso silencio que me había arrancado del sueño. 

Las ocho de la mañana, me mostró el reloj de la mesita de noche. 

Tras orinar me lavé en el bidet; el espejo me devolvió un rostro cansado, las ojeras marcadas bajo mis ojos eran las huellas que quedaban de la batalla. Me refresqué la cara, me arreglé el pelo con los dedos y volví a la habitación, recogí las bragas que estaban tiradas en el suelo al lado de la cama, ¿qué hacían allí? Camino del cuarto de servicio recuperé las imágenes de unos cuerpos enredados, ansiosos por encontrarse, por descubrirse como si fuera la primera vez que se tocaban, dos personas haciendo el amor con infinita ternura, como si la pasión necesitase dejar paso al tacto, a las caricias. Y de pronto la repentina tensión, el desasosiego, la frustración, la pena.  

17 junio 2011

Capítulo 51 La ruptura

(Tiempo aproximado de lectura: 16 minutos)


Abrió los ojos desorientada. Una rítmica serie de pulsaciones en progresiva intensidad habían culminado en una fuerte contracción de su coño que la expulsó del profundo sueño en que se había sumido tras acabar con el sándwich y el café que se preparó al llegar a casa.

Aún trataba de despertarse del todo cuando unas leves réplicas empezaron a cobrar fuerza,  la espalda se fue arqueando al ritmo que marcaba la intensa palpitación de su sexo. Las manos, conscientes del huracán a punto de llegar, ocultaron crispadas su rostro intentando dominar el arrebato  que amenazaba con hacerla estallar, sus muslos se apretaron cruzándose unas veces, estirándose otras sellando la grieta por la que habría de surgir el Apocalipsis, la agonía y la resurrección de la petite morte que no sabía cómo controlar.

Se dejó arrastrar sin oponer resistencia, como una muñeca de trapo zarandeada por invisibles hilos, acompañada por las mismas escenas que habían llenado su sueño. Hermosas y turgentes pollas atrapadas por sus ávidas manos deseosas de conocerlas por primera vez… sus dedos acariciando torsos sin rostro vagando inevitablemente hacia unos firmes glúteos en tensión… unas fuertes manos aferrándose a sus pechos… otras ansiosas la despojan sin delicadeza de la ropa… rostros pugnando por abrir un resquicio entre sus muslos, olfateando como lebreles, lamiendo, gruñendo, empujando con la testuz hasta conseguirlo…

Y la imagen suprema, la que provocó el brutal espasmo y ahora la está llevando al clímax: Desnuda sobre un gran lecho con los brazos en cruz y las piernas muy abiertas, las rodillas flexionadas al máximo hasta chocar contra su cuerpo y los talones tocando sus nalgas ofreciendo obscenamente su coño, el ano a seis, siete, quizás diez o más hombres que se disponen a poseerla.