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12 octubre 2018

Capítulo 113 Lluvia

(Tiempo aproximado de lectura: 107 minutos)


No sé por dónde empezar, creo que de alguna manera ya he ido dejando trazas de lo que ha sido mi vida durante todo este turbulento camino que hemos recorrido por separado. 

Sin embargo ahora Carmen me pide que recoja el testigo y sea el intérprete del drama que desde el lunes ha estado relatando casi en solitario.

—No sé qué decir, no sé por dónde empezar.

—No importa, comienza por aquello que te venga a la memoria.

Pronto atardecerá; me gustaría dar un largo paseo, cogerla de la mano y charlar de otras cosas. Estoy agotado.

¿Qué espera de mí? No pretenderá que a punto de acabar la semana reedite lo que a ella le ha llevado cinco días exponer.

Tal vez estoy dando por supuesto algo que no ha dicho, tan solo me ha pedido que aporte mi visión del conflicto. Nunca lo había nombrado de esa manera: «¿Cómo lo has vivido, cómo ha cambiado tu vida este tiempo de conflicto?».

Pienso, hago un esfuerzo.

¿Esfuerzo? No, esa no es la manera; tengo que respirar hondo, aflojar las tensiones. Carmen no me presiona, no hay prisa. 

Calma, calma.

Y sucede, aparece una escena dura, amarga. 

24 enero 2015


Capítulo 89 La confesión

(Tiempo aproximado de lectura: 50 minutos)


(Sábado)


No hubo un motivo concreto que la despertase. De una manera suave y progresiva había transitado del sueño profundo hacia un estado de duermevela en el que ahora se encontraba cómodamente instalada, un estado de absoluta relajación. El siseo del aire acondicionado la hizo consciente del silencio y la soledad que la rodeaba, poco a poco se fue percatando de los sonidos que poblaban el ambiente; el ruido lejano de una moto, el murmullo de una conversación ininteligible al otro lado de la ventana, el tic tac de un reloj que hasta ese momento  le había pasado desapercibido. 

Se volvió boca arriba, estaba tan relajada… era una sensación agradable, muy agradable que abarcaba su cuerpo por completo. Se estiró todo lo que pudo en la cama, a continuación dobló las piernas y frotó sus muslos varias veces; llevó las manos a sus hombros y recorrió sus pechos. ¡Estaba tan sensibilizada!

Suspiró profundamente. 

Placer. Si no fuera por el dolor de cabeza que le rondaba y la sequedad de boca…

Se deshizo del edredón que comenzaba a  agobiarla, estaba demasiado arropada, casi hasta el cuello y eso le recordó que antes, ¿cuándo?, estaba desnuda y se intentaba tapar, ¿por qué? Porque alguien entraba en la habitación con Claudia. Un hombre.

Se incorporó de un salto hasta quedar sentada en la cama y la brusquedad del gesto despertó un intenso latido en las sienes. Debía ser tarde porque la oscuridad era total. Buscó a tientas la lámpara de la mesita y consiguió darle al interruptor. Las ocho menos diez marcaba el reloj. La última hora que recordaba eran las seis y media, fue cuando entró ese hombre con Claudia y la vio desnuda. ¡Oh Dios!

Las imágenes comenzaron a agolparse en su machacada cabeza que palpitaba dolorosamente. “¡Vaya cuerpo!”. Recordaba poco más, un mareo intenso, un intento por cubrirse, unas manos que la tocaban, que la destapaban.

“Eres preciosa”, sonó como un eco. Esa voz desconocida se superpone con la de Mario, se confunde con ella.

Un escalofrío recorrió su espalda, algo no encajaba.