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12 octubre 2023

Capítulo 179 ¿Dónde está Carmen?


 Tiempo aproximado de lectura: treinta y un minutos.

«En tiempo de desolación nunca hacer mudanza, mas estar firme y constante en los propósitos y determinación en que estaba el día antecedente a la tal desolación.»

 

Ignacio de Loyola 

 

Lunes, diez de Septiembre

Las despedidas no son su fuerte, siempre me toca arrimar el hombro para endulzar el mal trago, siempre consigo sacarle una sonrisa y hacerle pensar en la vuelta. Esta vez estuvimos a punto de separarnos enfadados por una simpleza. Yo llevaba unos días que no era yo, me lo había dicho varias veces, y aunque trataba de evitarlo terminaba por caer en silencios y en ese —¿cómo lo llamó?— decaimiento que me hacía parecer un alma en pena, otra frase suya.

Si sólo fuera por haber cortado con Tomás podría haberlo superado. Había otros motivos que ocupaban mi cabeza: el rumbo que estaba tomando mi posición en el gabinete; los sucesos del fin de semana en el chalet de mis padres; el encontronazo con nuestra vecina.  

Y Mahmud, ¿por qué aparecía cuando ya ni lo recordaba? Todo esto me estaba minando y no le encontraba sentido compartirlo con Mario, solo serviría para aumentar el desasosiego. 

—Todavía estás a tiempo. —dijo tomándome por los hombros.

—¿De qué estás hablando?

—Cancela el viaje, no te veo en condiciones.

18 abril 2023

Capítulo 177  Lo que ocurre en la playa… (7)

Tiempo aproximado de lectura: 63 minutos.


El patrón 

—Santos.

Por fin, después de dos llamadas perdidas, contesta; escueto como siempre.

—Buenos días, soy Carmen Rojas. — No dice nada; espero un tiempo prudencial e insisto—. ¿Sabe quién soy?

—La… invitada de Don Gerardo.

—Llamo para despedirme, volvemos a casa pasado mañana; quería… verá, he pensado hacerle un regalo de despedida.

—No es necesario, señora.

—Se ha portado muy bien con nosotros, ha sido muy atento; permítame corresponder.

—Está bien, como quiera.

—Supongo que conoce la Villa donde nos alojamos.

—Torre Alta. 

—Eso es. Mi marido no podrá despedirse pero le agradece igualmente sus atenciones. ¿Sobre las seis le parece bien?

—A esa hora llego a puerto, necesito pasar por casa para asearme, mejor a las ocho.

—Demasiado tarde; puede ducharse aquí, si quiere, ¿de acuerdo?

—Como usted diga.

—Entonces, a las seis. —dice Mario algo confuso, ha escuchado la conversación y es de la misma opinión: trata de mantenerme a raya—. Me iré antes, por si acaso se adelanta.

—Sí, será mejor.

—Avísame cuando pueda volver.

21 diciembre 2021

Capítulo 158 Soliloquio en locura

Tiempo aproximado de lectura: 44 minutos)

Un anillo, una esmeralda, la esperanza de un camino emprendido con vistas a que un día pondrá fin a una angustia. Una búsqueda sembrada por una torpeza: «¿Mahmud te hizo declararte golfa y dices que te supuso una especie de liberación? Mírate, esa eres tú, una puta, reconócelo, no eres más que una puta, dilo de una vez».

Vivíamos en el día después esperando que llegara el final y pudiéramos volver a ser… ¿quiénes? Me había hecho a la idea de que no era posible borrar la huella de lo que hice, ni siquiera me veía capaz de mitigar los efectos de la locura que improvisé en lo que solo fue una huida hacia delante para evitar otra ruptura. 

Imbécil. No supe calcular las consecuencias de la devastación que arrasó la mente de Carmen, y yo, sin entender lo que estaba haciendo, continué forzando el cambio. «Entonces, si te consideras una de sus chicas ¿por qué sigues utilizando eufemismos conmigo?». ¿Qué pretendía, qué buscaba? Y lo volví a hacer, una vez más la provoqué a que verbalizara la transformación que se estaba gestando en su mente. Se incorporó, majestuosa como una Venus desnuda, y pronunció una frase demoledora: «Mírame, ¿me ves? soy la puta de Tomás, a partir de ahora tenemos que estar preparados porque puede solicitar mi servicio cuando menos lo esperemos, al fin y al cabo soy una de ellas, una de sus putas». 

31 enero 2020

Capítulo 128 Primero de Mayo

(Tiempo aproximado de lectura: 38 minutos)


—Coño Mario, cómo no me voy a sorprender, creo que es el primer año que no vienes contando el pedazo de viaje que os habéis dado.

Emilio me miraba como si no se lo pudiera creer. Desayunábamos donde solíamos ir cuando andábamos sobrados de tiempo. No, esta vez no hemos salido de viaje. El caso es que debería habérselo imaginado porque mis preparativos siempre han formado parte activa de nuestros desayunos durante las semanas anteriores al puente del primero de Mayo, sin embargo esta vez no hubo planes. Y ahora que lo pensaba: Emilio tampoco preguntó en todo ese tiempo. 

No, las cosas no eran como antes, puede que la confianza entre nosotros se hubiera erosionado demasiado a raíz del invierno tan crudo que pasé alejado de todos. Eso es algo que no se repara con una disculpa y ahí estaba la prueba.

—Bueno, es que la Semana Santa ha caído tan cerca… además, Carmen tenía cosas que hacer.

Emilio cabeceó y no dijo nada; sé cuando no quiere entrar en un asunto con el que no está conforme.

—De todas formas nos apetecía no hacer nada; ya sabes, vegetar.

19 febrero 2014


Capítulo 67 ¿Una orgía?

(Tiempo aproximado de lectura: 35 minutos)


Llevamos un largo tiempo de descanso tumbados en la cama sin hablar, sin movernos, escuchando el sonido de la respiración de unos y otros que se ha ido acompasando a medida que los minutos pasaban. He perdido el sentido del tiempo, deben ser las tres, quizás las cuatro de la madrugada pero no tengo el más remoto punto de referencia que me permita asegurar que ese dato es correcto. Sé que debería estar cansado, sin embargo ni mi cuerpo ni mi mente muestran los signos que deberían mostrar tras todas estas horas de actividad sexual continuada. Mi brazo izquierdo cuelga de la cama y mis dedos rozan la tarima trazando círculos con las uñas. A mi lado Carmen  descansa su rostro en mi hombro. Siento el peso de su cráneo sobre mi brazo que ya ha comenzado a bloquear el flujo de sangre, el hormigueo que empecé a sentir en la mano hace un rato asciende por el brazo; todavía no es demasiado molesto pero sé que en breve me obligará a moverme aunque no la quiero despertar.

Porque está dormida.

¿Está dormida? No lo sé. Si me fío de su respiración diría que sí. Yace boca abajo, con su brazo izquierdo sobre mi pecho y el derecho doblado hacia arriba con la mano cerca de su cabeza. Postura de niña pequeña con su pierna sobre la mía que le sirve de acomodo para el muslo. ¡cuántas veces hemos amanecido así! Me gusta dejarme usar de almohadón, sin mover un músculo, escuchando su respiración tan cerquita, sintiendo como la saliva se desliza por la comisura de su boca hacia mi brazo, «¡Me has llenado el brazo de babas!» le digo luego para hacerla rabiar y nos enzarzamos en una pelea de la que inevitablemente salimos buscándonos por debajo de las sábanas.

Sí, definitivamente creo que está dormida. 

08 febrero 2014

Capítulo 66 La entrega

(Tiempo aproximado de lectura: 30 minutos)


Carmen cerró la puerta del baño y apoyó la espalda en ella. Todavía conservaba en su retina la imagen de Doménico encorvado sobre la mesita de noche manejando la droga. Había sentido auténtico pavor; en un segundo recordó a su amigo Manolo y revivió en  imágenes todas las fases de su degradación, desde la carita de niño bueno que tenía cuando ambos iban al instituto hasta el rostro demacrado, consumido, gris que le vio pocos meses antes de su fallecimiento. Le había visto fumar y no le dio importancia, mas tarde le vio esnifar. Se separaron, comenzó a tener otras amistades. Nunca le vio pincharse pero supo de su deriva, alguna vez le llegó a ver de lejos, no parecía él. Y ahora, no podía ser que esta noche estuviese viviendo de nuevo aquello.

Le zumbaba la cabeza, abrió el grifo y se refrescó la cara. Sintió la∫ espesa humedad que comenzaba a deslizarse por sus muslos y se sentó en el bidet para lavarse. Su sexo reaccionó al contacto de su mano. Hinchado, todavía dilatado por las sucesivas penetraciones y extremadamente sensible al mas mínimo roce. Intentó sin éxito ahuyentar las imágenes que asaltaban su mente y en las que el cuerpo desnudo de Doménico se le representaba sobre ella en el momento de poseerla. Fue como si cada sensación vivida momentos antes volviera a dominarla. Ante sus ojos, grande, hermosa, arrogante, creyó ver de nuevo la verga vibrante del italiano y su tacto suave y turgente se le hizo presente, casi real en sus dedos. Se levantó buscando la toalla que utilizó al salir de la bañera y se refugió en sus pensamientos de reproche como válvula de escape.  

13 diciembre 2013

Cap 63 Enroque corto

(Tiempo aproximado de lectura: 63 minutos)


-        “Todo empezó como una broma”

Carmen no ahorró detalle en su relato aunque evitó entrar en descripciones escabrosas. Comenzó a describir la trastada, - así la definió -, que me inventé camino de Sevilla y cómo le fuimos dando forma kilómetro a kilómetro hasta construir unos personajes que nos iban a servir para llenar de morbo y aventura el tiempo libre que nos quedaría durante aquel congreso. Se trataba de un juego inocente en el que nos comportaríamos como si fuéramos  amantes ante otra persona, nada más. Pero ella descubrió algo nuevo; la insoportable excitación, nunca imaginada hasta entonces, que le supuso presentarse ante un desconocido como si no fuese ella, usando una personalidad diferente, protegida tras un anonimato que le permitía ser, decir y hacer cosas que jamás se hubiera atrevido bajo la piel de Carmen. Descubrió que esa libertad para transgredir le gustaba más, mucho más de lo que había llegado a apreciar en un primer momento.

Representar nuestros papeles ante Carlos nos excitaba, jugábamos a ver quién era el más atrevido de los dos, el que llevaba su personaje más lejos. Carmen me describió como un jugador siempre dispuesto a echar un pulso más osado, arriesgando, siempre subiendo las apuestas, y a ella misma como la perfecta compañera de juego, lanzada, dispuesta a asumir el riesgo, lista para responder “lo veo” a todas las propuestas por fuertes que fueran,  disfrutando con el morbo hasta el punto de ser ella la que, dejándose llevar del impulso por lanzarme un órdago ganador, se inventó la historia de la orgía sin calcular que en aquella partida se estaba jugando con los sentimientos de una tercera persona.

Doménico escuchaba atentamente sin interrumpirla. A veces Carmen se demoraba en una pausa eligiendo las palabras adecuadas o poniendo orden en sus recuerdos, como cuando tuvo que explicar las contradicciones que experimentó cuando tras haberse declarado libertina se quedó sin argumentos para frenar los avances de Carlos.

Acompañó otro largo silencio mientras mi mujer se perdió rememorando la huida de Sevilla antes de poder expresarla en palabras, una huida que la hizo sentirse cobarde, ruin.

A pesar de todo, a medida que el relato avanzaba Doménico veía perfilarse una pareja enamorada. Meses después me contaría que lejos de encontrar una historia sórdida o vulgar en la que el argumento principal era el sexo y la lujuria, lo que Carmen le describió aquella tarde fue una historia de amor, compleja y poco ortodoxa, pero muy profunda.

19 noviembre 2013


Capítulo 61 Yo, voyeur

(tiempo aproximado de lectura: 41 minutos)


- “¿Vas a verle hoy?”

Estábamos a punto de acabar el desayuno y no pude resistir más la tentación, la idea de pasar todo el día con la duda me resultaba insoportable. La sonrisa de triunfo que apareció en su rostro me confirmó lo que ya suponía, Carmen esperaba pacientemente mi rendición y me devolvió la jugada sin desvelar sus cartas.

- “¿Vas a ver a Graciela?”

Ambos somos buenos estrategas en el juego. Sostuve su mirada impasible hasta que la sonrisa que me había contagiado y que trataba inútilmente de evitar brotó incontenible.

- “Yo pregunté primero” – Subió los hombros dándome a entender que le importaba un rábano y que no contestaría hasta que lo hiciera yo. – “No había planeado verla”– claudiqué al fin.

- “Tengo el día demasiado ocupado” – respondió – “A primera hora hay junta, no me puedo retrasar.”

- “¿Quedasteis en veros algún día en concreto?”

- “No, tan solo que volveríamos a desayunar juntos, sin fecha”

- “¿Te apetece?” – Se quedó mirándome con cara de póker.

- “¿El qué?” -  De nuevo se resistía a mostrar sus cartas ¿debía jugar fuerte? Mejor no.

- “Desayunar con él” 

- “Si, ¿por qué no?”

13 mayo 2013

 Capítulo 56 Chat en la noche (I)

(Tiempo aproximado de lectura: 26 minutos)


Aparece en la puerta del baño y se detiene un instante mirándome.

- “¡Qué hijo de puta” – Sonríe

Me quedo mirándola sorprendido, jamás la he escuchado emplear esa palabra y mucho menos conmigo. Entiendo el tono en el que la ha pronunciado, aun así no deja de extrañarme su actitud. De nuevo veo en ella esa mirada desconocida, esa expresión peculiar que no reconozco. Se mueve despacio hacia los pies de la cama, balanceando sus caderas sin dejar de mirarme. Rodea la cama y se sienta a mi lado con las piernas cruzadas.

- “Me has violado, cabrón” – su voz suena serena, sin reproche alguno, más bien creo descubrir un tono de satisfacción.

- “Ahora me dirás que no te ha gustado” – niega con la cabeza, muy despacio, como si estuviera pensando en ello, recordándolo. Acerca la mano a su pecho y palpa su pezón.

- “Que bruto”

- “Pues no parecía molestarte mientras te los apretaba”

Sonríe y no dice nada, se recuesta sobre su brazo derecho y con la mano izquierda comienza a acariciar mi debilitada polla. Sus dedos exploran mis testículos, la parte interior de  mis muslos, mi polla… todo sin prisas, sin buscar el placer inmediato, solo sintiendo el contacto. Menos mal, creo que ahora no podría reponerme de dos polvos seguidos. Sus caricias consiguen engordar mi miembro pero es lo más que podrá tener en un tiempo.

De pronto se levanta como si hubiera olvidado algo.

- “¿Tengo sed, ¿quieres algo?”

- “Una tónica”

Mientras sale de la alcoba me vuelvo a fijar en su culo marcado con mis dedos en rojo.

- “¿Te duele?” – se detiene y me mira interrogándome. Le señalo su culo. Niega con la cabeza y sonríe dulcemente.

20 abril 2009

Capítulo 42  Cruzando límites

(Tiempo aproximado de lectura: 37 minutos)



- “Llámale”

- “Si, claro”


Carmen sonrió con escepticismo, no se había tomado en serio mi petición. Mantuve su mirada sin inmutarme y, al ver mi expresión la sonrisa cayó de su boca.


- “¿Estás de broma, verdad?”


Pausadamente negué con la cabeza, mis ojos la retaban y su rostro comenzó a mostrar la incredulidad y la sorpresa que mi petición le causaba. 


- “¡Venga ya!" – dijo intentando rechazar lo que yo le planteaba.


Yo continuaba acariciando su estómago por debajo del pijama, el pulgar extendido rozaba insistentemente la base de sus pechos, tan duros, tan firmes; la tentación era demasiado poderosa y no hice nada por detener a mi mano cuando ésta comenzó a deslizarse en diagonal hacia arriba separándose de su cuerpo y elevando la tela del pijama. La palma estirada apenas rozaba sus pezones marcando círculos y líneas, un irresistible cosquilleo recorría mi mano hasta el punto de casi obligarme a retirarla de la puntiaguda cima que coronaba su pecho. Durante un breve tiempo Carmen intentó encontrar una respuesta adecuada, sus ojos continuamente viajaban desde mi rostro hacia algún punto en la pared posterior o en el techo, se esforzaba pero no conseguía hilar una frase. De pronto la tensión se transformó en risa y rompí a reír, una risa nerviosa producto de la excitación que me provocaba la posibilidad de que llegase a llamarle; Me miró extrañada.


- “¿Y ahora de qué te ríes, si puede saberse?” – Me agaché hacia su rostro con la actitud del que se sabe ganador de una partida.

- “La idea te atrae tanto como a mí, posiblemente mas, y no encuentras la forma de negarte, ¿acerté?”


Cambié bruscamente el rumbo que mi mano marcaba sobre su pezón y observé cómo sus ojos se entornaban, atacada por el placer que la invadía; yo utilizaba toda mi artillería para debilitar sus defensas y para ello nada mejor que atacar sus sensibles pechos; no he conocido a ninguna otra mujer que pueda llegar al orgasmo tan solo acariciando sus pezones.


Carmen hizo un esfuerzo para dominarse y volvió a abrir los ojos.


- “Claro, y yo voy y te hago caso, le llamó y le digo ‘hola cariño, estoy aquí con mi marido y se me ocurrió llamarte’… ¿qué sencillo, verdad?”

- “Dile que tu marido está de viaje, pero no le digas que está en Coruña porque se acordará que yo me voy mañana”

05 febrero 2009

Capítulo 38  La entrega(II)

(Tiempo aproximado de lectura: 67 minutos)


Recorrimos el largo pasillo en un silencio tal que nuestra respiración se podía escuchar claramente, los tacones de Carmen resonaban en el parquet marcando un ritmo lento; detrás, los pies descalzos de Carlos parecían responder a contratiempo. 


Entramos en la alcoba que el día anterior habíamos preparado cuidadosamente; Observé que  la persiana había quedado levantada y tan solo un leve visillo cubría el cristal, era ya de noche y me inquietó que alguien pudiera vernos; Apenas tuve tiempo para pensar en ello, la tensión que vivíamos me hizo centrarme en lo que estaba sucediendo. 


Durante unos segundos se produjo un vacío, un instante de vacilación, un momento de duda en el que faltaba alguien que diera el siguiente paso; inesperadamente fue Carmen quien rompió ese bloqueo. Cuando volvió su mirada hacia Carlos y le vio casi desnudo pareció  sorprendida, luego se llevó una mano a la boca, parecía abrumada por la inminencia del desenlace, era como si no hubiera pasado una hora desde que estuvo en la habitación del hotel en sus brazos, casi desnudo también. Aquella sensación actuó como un detonante que liberó lo que había conseguido refrenar en el hotel, se soltó de mí y se arrojó a los brazos de Carlos, sus manos recorrían con deseo desatado el cuerpo masculino, corrían por su piel hambrientas de sensaciones, él estaba tan sorprendido como yo y se dejaba hacer sin poder reaccionar. Carmen le besaba con ansia las mejillas, los ojos, la boca, el cuello, le acariciaba nerviosamente el rostro con una mano, mientras con la otra recorría su pecho, los costados, la espalda, las nalgas; su respiración agitada se asemejaba a un jadeo que iba aumentando en ritmo e intensidad.


Necesitaba ver la escena con claridad y me situé a su lado, justo en ese momento la mano que vagabundeaba por el cuerpo de Carlos  y acariciaba su vientre se deslizó ante mis ojos hacia abajo hasta recoger en la palma ahuecada el gran bulto que se marcaba en su slip, él reaccionó a ese gesto besándola con más intensidad, Carmen acariciaba su polla a través del boxer y yo no salía de mi asombro ante la insólita conducta de mi esposa. 


Carlos estaba sobrepasado, apenas podía reaccionar ante aquella mujer que dominaba la situación y dejaba poco espacio para que pudiera tomar la iniciativa, nunca había visto ese furor en Carmen, jamás, ni en sus momentos de mayor excitación se había comportado como lo estaba haciendo ahora; “como una ninfómana”, pensé, parecía una ninfómana descontrolada.

26 enero 2009

Capítulo 37   La entrega(I)

(Tiempo aproximado de lectura: 66 minutos)



- “Dime”


Había reconocido el número de Carlos al coger el móvil y lo sujeté con mi hombro mientras continuaba hurgando en los archivos del año anterior, me hallaba enfrascado en la búsqueda de un historial que no aparecía y omití los saludos de rigor.


- “Buenos días, ¿te interrumpo?, me ha dicho Carmen que te llamase para quedar luego” – me noté irritado, apenas eran las diez de la mañana y ya habían hablado, ese tipo de cosas me seguían produciendo una atávica emoción de invasión de mi territorio que no me resultaba fácil de controlar.

- “La voy a recoger a las tres y media y luego pasamos a por ti”.

- “¿Y por qué no quedamos tu y yo antes y vamos juntos a por ella? Seguro que la sorprendemos”


Dejé el archivo y me levanté, su propuesta me hacía dudar, Carmen quería mantener cierta distancia con Carlos, no quería encontrársele un día en el portal del gabinete o en la puerta de casa; cuanto menos supiera de su vida mejor, decía.


- “Voy a andar justo de tiempo, mejor lo hacemos como te he dicho” – Carlos debió intuir las verdaderas razones y evitó insistir.

- “Como quieras, os estaré esperando en la cafetería del hotel, me das un toque al móvil y salgo, para no haceros esperar.

- “Perfecto, entonces nos vemos luego…”

- “Mario… si tienes un minuto más…”

- “Por supuesto” – dije intentando adivinar que quería.

- “Verás… yo nunca he estado en… una situación así, no estoy seguro de cómo actuar delante de… los dos, es complicado”


¡Dios! ¡Yo tampoco sabía cómo actuar cuando estuviésemos los dos frente a ella!


Pero no podía descubrir mi inexperiencia ante un trío, si lo hacía quedaba en entredicho toda nuestra historia; Decidí improvisar mostrando una seguridad que no tenía pero que esperaba fuera creíble ante la evidente falta de experiencia de Carlos.


- “Déjate llevar, somos tres personas adultas…”

10 septiembre 2008

31

Capítulo 31

(Tiempo aproximado de lectura: 34 minutos)


El lunes amaneció nublado y desapacible; tras apagar el despertador me volví hacia Carmen y la besé en el cuello, ella aún amodorrada se volvió buscando mi boca

- “Buenos días cielo” – se desperezó en la cama estirándose como una gata, yo recorrí con mi mano su torso en tensión donde sus pechos parecían desaparecer.

- “Buenos días amor”

Mientras nos besábamos, los recuerdos de la pasada noche se agolparon en mi mente y la incipiente erección creció incontrolable, Carmen notó mi polla clavándose en su muslo.

- “¡Cómo nos hemos despertado!” – dijo bajando una mano y apretándola con fuerza– “pero tendrá que esperar a esta noche o llegaremos tarde”

- “¿Qué me hiciste anoche?” – Carmen se detuvo y me miró con ternura.

- “¿Amarte?”

- “Me follaste” – repliqué, ella entornó los ojos y sonrió.

- “No es la primera vez”

- “Sabes a lo que me refiero”

- “¿Tanto te gustó?”

- “Fue… no sabría describirlo, fue… nuevo, distinto, nunca me había sentido así”

- “Al final va a resultar que eres un poquito maricón”

- “¿Por qué? ¿por el hecho de que me hayas dado por culo con tus dedos? Eres una mujer, no un tío” – protesté intentando asimilar el placer que me había causado que me llamase ‘maricón’.

- “No cielo, lo de menos fue que te follara el culo, pero te tenías que haber visto, fue tu actitud la que me llamó la atención”

- “¿A qué te refieres?” –  sabía lo que quería decir pero necesitaba escuchárselo.

- “Es la primera vez que te he visto dejarte llevar, abandonarte a mis manos y no hacer nada” 

- “¿Y eso me convierte en maricón?” – Carmen negó con la cabeza.

- “No cariño, eso te va a permitir vivir el sexo desde otra perspectiva” 

19 febrero 2008

Capítulo 13

(Tiempo aproximado de lectura: 33 minutos)

Mis ojos seguían clavados en la imagen que me llegaba de mi mujer en brazos de Carlos. Intenté retrasar lo que pude el momento en el que la perdería de vista hasta la siguiente vuelta, me esforcé por grabar en mi memoria cada detalle de aquella trascendental escena: sus ojos cerrados, su cabeza ligeramente ladeada ofreciendo su cuello, dando facilidades para que los labios de Carlos encendieran el intenso placer que le provoca cualquier caricia en esa zona. Sus labios entreabiertos iban perdiendo tensión desdibujando la leve sonrisa que mostraban y convirtiéndola en un rictus de placer, excitación, preocupación y entrega.

Volví a mi al perderla de vista y fué solo entonces cuando me di cuenta de que mis manos acariciaban la espalda de Elena tal y como suelo hacer con Carmen mientras bailamos, nunca me había sucedido algo así, jamás bailando con amigas, con las esposas de compañeros he perdido el sentido de la realidad de esa manera; Noté el efecto del alcohol, la leve nube en la que me desenvolvía y lo achaqué a eso; Detuve mis caricias e intenté construir una excusa cuando noté el cuerpo de Elena pegado, sus muslos rozaban los míos, una y otra vez sin que ella hiciese nada por evitarlo, y sus manos en mi nuca haciendo que sus uñas marcasen surcos en mi cabello. Al notar el cambio en el movimiento de mis manos alejó su rostro del mío y me miró

18 enero 2008

Capítulo 11

(Tiempo aproximado de lectura: 31 minutos)


Media hora más tarde seguíamos sin noticias de Carlos, no habíamos vuelto a hacer ninguna alusión al tema, ambos leíamos en uno de los salones del hotel. Carmen me sacó de mi lectura cuando dijo.

"Bueno, casi mejor así, una preocupación menos" – aquel comentario aislado la delataba, oculta tras su papel de lectora concentrada bullía una mujer ansiosa por volver a sentir y temerosa de dejarse llevar. La miré y le sonreí.

"Nos organizamos por nuestra cuenta, dentro de un rato nos vamos al centro, cenamos, si te apetece vamos a bailar…" – el sonido del móvil interrumpió mi frase, vi como los ojos de Carmen brillaban, miré el numero y le hice una señal afirmativa.

"Carlos, dime"

"¿Qué hay Mario? Perdona el retraso, estuve haciendo unas llamadas y se me complicó…"

"No te preocupes, estábamos haciendo planes precisamente"

"¿Sin mi? ¿Cómo crees que iba a fallar? Bueno a lo que íbamos, tengo reservada una mesa en el mejor restaurante de Sevilla, a las afueras, luego allí mismo tenemos un sitio genial para tomar algo al aire libre, incluso si las chicas quieren podemos darnos un chapuzón, luego un baile… y lo que la noche pida, incluso he reservado dos habitaciones, comunicadas eso si ¿Qué te parece?"

"¿Eso quiere decir que te traes pareja?" – Carmen levantó la vista sorprendida.

"Traigo una amiga, si; No vamos a ser nones, estaría mal, uno de los dos se iba a aburrir un poco no crees?" – comencé a entender por donde iba Carlos.

"Si, en eso tienes razón"

"¿Os recojo a las nueve?"

"Mejor dame las señas, prefiero tener el coche a mano"

29 noviembre 2007

Capítulo 2b  La pregunta

(Tiempo aproximado de lectura: 7 minutos)


Los días siguientes atravesé por tantos estados de animo, tan encontrados y opuestos, que me tenían confundido: la vergüenza, la rabia, el deseo, la sensatez y el compromiso de olvidar lo sucedido se sucedían unos a los otros, pero cada noche al acostarnos y verla desnuda a mi lado volvía a ver los ojos de aquellos hombres clavados en mi mujer y me excitaba como nunca, tanto que Carmen lo notó y mas de una vez me preguntó, feliz, que era lo que me pasaba.

27 noviembre 2007

Capítulo 2  El aniversario 

(Tiempo aproximado de lectura: 7 minutos)



Nuestra vida en común fue fácil desde el inicio, ninguno de los dos tuvimos que afrontar grandes problemas de adaptación y en pocas semanas parecía como si llevásemos viviendo juntos toda la vida. Yo seguí en la Universidad y Carmen afrontó un par de años de master y cursos de postgrado antes de comenzar a trabajar en una clínica privada. Aquel periodo en el que yo fui el sostén económico de la pareja fue asumido por ambos como algo lógico para su consolidación profesional.

15 noviembre 2007

Capítulo 1  El inicio 

(Tiempo aproximado de lectura: 5 minutos)



Conocí a Carmen el verano de 1991; Dirigía yo entonces un curso de verano en la facultad y ella era una de las alumnas recién licenciadas que se había matriculado a última hora, casi fuera de plazo, lo cual me había dado la oportunidad de conocer las razones que la traían a mi curso. Entonces tenía veintiún años y yo acababa de cumplir treinta y cuatro; Era una chica alegre, espontánea, segura de si misma o al menos lo aparentaba muy bien; hermosa, fresca, con una elegancia natural que la hacia mas atractiva ante la ausencia de sofisticación y la nula intención de presumir de una figura perfecta. Alta, morena, de ojos profundos y oscuros, delgada sin perder la formas, piernas largas, espalda muy recta que, cuando llevaba su largo pelo negro recogido en un moño le daba un aire de bailarina de ballet… estas cosas pensaba mientras ella desgranaba ante mi los motivos por los que no quería dejar pasar la oportunidad de realizar este curso, como si en ello le fuese la vida. Su apasionamiento bien modulado por una madurez no frecuente en las chicas de su edad hizo que me tomara en serio sus argumentos y que, finalmente, hiciese una llamada a la secretaría del departamento para interceder por ella.