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11 mayo 2026

 Capítulo 209 Trigo limpio

 Tiempo estimado de lectura: dos horas doce minutos.

 

En el capítulo anterior…

 

Carmen subió al ático buscando distancia tras una conversación devastadora con su hermana que acababa de conocer la decisión de la separación. Mientras Esther se derrumbaba, Carmen presenció cómo Mario la consolaba con una ternura y cercanía excesivas: una mano en el hombro, una voz melosa, una mirada compasiva. Aquella escena encendió la certeza de que entre ellos había surgido algo que amenazaba con destruir a la familia.

 

Decidida a evitarlo a toda costa, tomó una decisión drástica y dolorosa: asumir la culpa de la ruptura para proteger el núcleo familiar. Contactó a Elvira, su primer amor, y le hizo creer que su matrimonio estaba acabado, Mario estaba destrozado y corría el riesgo de caer en brazos de Esther. Tras abrirle el camino, le pidió rescatarlo antes de que fuera demasiado tarde, suplicándole mantener aquella conversación en secreto.

 

Comunicaron la separación a la familia. La reunión fue tensa y dolorosa: el padre se derrumbó, la madre dirigió su decepción contra Carmen, reprochándole la ruptura y dando por sentado que él era la víctima. Esther se dedicó a consolar a todos, especialmente a su padre y a su cuñado. Carmen vio confirmadas sus sospechas sobre la peligrosa cercanía con su cuñado.

11 agosto 2025

 Capítulo 202 A las puertas del abismo

 Tiempo estimado de lectura: cincuenta y cinco minutos.

 

 

«Aquel que lucha con monstruos, cuide de no convertirse él mismo en un monstruo. Y si miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.»

Friedrich Nietzsche. Más allá del bien y del mal

 

 


No sé nada de Carmen. Le he dejado un sinfín de llamadas, ¿por qué no responde?

 

Estoy hecho polvo. Recuerdo vagamente que me metieron en un taxi, no sé a qué hora. He amanecido tarde, muy tarde, tirado sobre la cama con la ropa de calle y un dolor de cabeza que me martillea las sienes. Después de ducharme, la he llamado, he bajado a desayunar, he vuelto a insistir, he subido a la habitación, tenía varias llamadas perdidas, ninguna de Carmen, todas tratando de localizarme. He faltado a una reunión en la Junta. Mierda. He vuelto a llamarla; nada. Cuando ha sonado el teléfono, he respondido pensando que sería ella, pero no, era Emilio preocupado porque se han puesto en contacto con él preguntando por mí. He llamado a la Junta y me he disculpado, he conseguido que nos veamos esta tarde. He vuelto a intentar dar con ella. ¡Joder, dónde está!

 

Me he presentado en el Penta. Lo más probable es que esté cerrado, aunque sospecho que está allí con el hijoputa de Diego.

 

Voy a tener razón. La puerta está abierta, las luces, apagadas, cruzo el local escuchando mi respiración agitada sobre el profundo silencio, me dirijo al despacho, oigo voces.

 

Entro. El inconfundible olor a hierba inunda el despacho.

 

Diego está al teléfono. Se le cae la sonrisa.

 

La veo. Oh, Dios, ¿qué es esto?

29 noviembre 2024

Capítulo 193 Todo el mundo tiene algo que ocultar


Tiempo estimado de lectura: sesenta y cuatro minutos.


Mi agradecimiento a mi amigo Torco, responsable siempre de la voz y los modales de Guido.


La violencia

No era oficial, pero a una semana de la propuesta ya disponía de despacho en la planta sexta del edificio donde se ubicaba Tándem export. 

Tomás estaba yendo muy deprisa. 

Llegué a las cinco y media, treinta minutos antes de la hora fijada; le había pedido margen para ordenar las conclusiones de la reunión con las chicas y una sala donde hacerlo. Al entrar, la misma secretaria que me atendió en la primera ocasión me recibió muy amable.

—Señora Rojas, bienvenida a Tándem export, soy Carolina Merino, voy a estar a cargo de su integración en la compañía. Acompáñeme, le mostraré su despacho. 

La seguí tratando de asimilar lo que acababa de ocurrir. Carolina Merino era una fuente inagotable de información, no dejaba fisura para preguntas. Así llegamos a mi despacho, ¿eso he dicho? 

Mi supuesto despacho. 

01 noviembre 2024

Capítulo 192 La propuesta

Tiempo estimado de lectura: cincuenta y tres minutos.


Frau Bauer

Cuando reflexiono sobre lo que he hecho con mi vida en el último año y medio, pienso en mi abuela. Frau Bauer me habría escuchado, siempre lo hizo, habría dicho: keine schuld, evita la culpa. Mi abuela me inculcó que la culpa es una sentencia de cárcel auto impuesta y si no se reacciona a tiempo se convierte en cadena perpetua. 

17 diciembre 2023

Capítulo 180 Alquimia


 Tiempo aproximado de lectura: sesenta y ocho minutos.


En el capítulo anterior…

Dormí mal, agitada por pesadillas que me expulsaban del sueño al que luego me costaba volver. Al fin caí rendida. La mañana me devolvió a la realidad, tenía que afrontar mis actos sin más demora. En Nueva York serían las tres de la madrugada, aún contaba con cuatro horas para pensar. Después de darme una ducha preparé café y comencé a establecer un argumentario. La primera llamada sería para Ángel antes de que se enterase de mi ausencia, después hablaría con Andrés, asumiría los gastos ocasionados y le explicaría… ¿qué le iba a explicar? Ese era el paso previo, saber la razón que me había llevado a quedarme.

Estaba decidida a dimitir, el proyecto de Ángel me asqueaba, no podía decírselo, tendría que dar alguna otra razón.

¿Y Mario, para cuándo iba a dejarlo? Podía llamarle ya y contarle… ¿qué?, si ni yo misma sabía el motivo.

Renuncié a dar señales de vida, aún contaba con suficiente margen. Me recogí el pelo, busqué un sujetador deportivo, mallas por media pierna, una camiseta, zapatillas de correr y salí con intención de hacer la ruta larga de los domingos. Evité la zona escolar, pronto estaba fuera de la urbanización a buen ritmo. Correr me activa y el viento en la cara terminó de disipar cualquier duda: había tomado la decisión correcta, demasiado tarde pero bien tomada.

29 enero 2023

Capítulo 174  Lo que ocurre en la playa… (4)

Tiempo aproximado de lectura: 38 minutos.


—¿Seducir a Mageli? 

No pude reprimir el desconcierto al enterarme de la conversación con Gerardo.

—Quién ha dicho que vaya a se-du-cir a Mageli —repitió, machacando cada sílaba—, no soy tan retorcida.

Me contó la estrategia planeada para observar la conducta de su acérrima enemiga; de ese modo, con una mirada objetiva, podría saber si la sospecha de su marido era cierta o tan solo un oscuro deseo. 

—Te desprecia —objeté—, lo vas a tener difícil para acercarte a ella.

—Ya veremos; en cualquier caso habré aclarado el motivo de su aversión

La apoyé, como siempre hago. Tomé la decisión de dejarle el campo libre, allí solo sería un estorbo; además, era una buena ocasión para explorar los alrededores. A las ocho de la tarde, después de una improvisada ruta turística y sin noticias de Carmen, imaginé que le estaba yendo bien. Aparqué donde pude. Cómo me alegré de haber llevado el auto pequeño. Pensé darme un capricho: reservé mesa para las diez en uno de los mejores restaurantes y seguí deambulando por Conil.


23 mayo 2019


Capítulo 121 Testimonio 

(Tiempo aproximado de lectura: 82 minutos)


Prólogo


Hace dos semanas el capítulo estaba terminado. Fue cuando lo leí, despacio, un par de veces, y sentí que una parte de nosotros no estaba presente en la historia.  Entonces me propuse enfocarlo desde otra perspectiva y para ello no vi más opción que echarlo abajo y comenzar de nuevo, como habíamos hecho con tantas facetas de nuestra vida.

He cambiado la mirada y la voz de quien lo narra. Además he añadido vivencias y puntos de vista que echaba en falta. Puede que sin pretenderlo haya sustituido una subjetividad por otra.

En definitiva: He dado testimonio.

12 marzo 2019



Capítulo 119 Ambigüedades

(Tiempo aproximado de lectura: 79 minutos)


—Es demasiado Carmen, me temo que he llegado a un punto de saturación. Y lo intento, de verdad que lo intento pero hace un rato en la cama, no he podido más; Doménico, Irene, Carlos… ¿qué espacio queda para nosotros?

La inmensa tristeza que reflejaba al hablar la estaba rompiendo, ¿cómo decirle que lo amaba por encima de todas esas personas? ¿cómo hacerle entender si ella misma no lo entendía? Se tragó las lágrimas que estaban a punto de brotar y enfocó la crisis como estaba acostumbrada a hacer: De frente.

—Tienes razón; vamos a hacer una cosa: Pongamos sobre la mesa todas la variables que nos afectan. También tenemos que valorar la influencia que va a tener Graciela, no la vamos a excluir ¿no crees? Y no podemos olvidar a Elvira, estoy convencida de que su regreso nos va a afectar de un modo u otro porque te vas a implicar en su recuperación, de eso estoy segura.

—No estamos hablando de lo mismo, mi relación con Graciela no ha tenido la… —Vaciló, parecía no encontrar las palabras adecuadas. 

—¿Qué es lo que no ha tenido? Continúa por favor, sé claro; ¿la indecencia que han tenido mis relaciones?

20 enero 2019

Capítulo 117   Walk on the wild side

(Tiempo aproximado de lectura: 64 minutos)


—Violación, orgía, prostitución; son los estadios que presentas en tu hipótesis; fragmentos de una confidencia que te hice en un momento de intimidad, cuando no era tan adulta como aparentaba.

Regresó al cabo de una hora y, contra su costumbre, dejó la bicicleta tirada; Ahora vengo, dijo al pasar por mi lado. Llegaba sudada, con la cara encendida; me imaginé que había estado pedaleando a buen ritmo, a pleno sol y sin casco. 

Descargando tensión. 

Bajó poco después tras darse una ducha rápida, ni siquiera perdió el tiempo secándose el pelo. Llevaba una camiseta de manga casi inexistente con tres botones sueltos que se le adhería a la piel húmeda y un pantalón de los que ya no usaba en el gimnasio; Estuve a punto de decirle que en cuanto se le pasase el sofocón de la carrera se iba a enfriar pero me contuve. No sé cómo iba a poder concentrarme, el cabello mojado le daba un aire salvaje, los pechos peleaban con el fino tejido y dejaban claro quien ganaba, los aros marcaban su perímetro alrededor de las pequeñas colinas que habían alcanzado bajo el agua helada su volumen de combate; más allá la joya que remata el ombligo pedía mi atención cada vez que la prenda se alzaba siguiendo el movimiento de sus brazos al colocarse el rebelde cabello.

La deseo como si fuera la primera vez que la viera.

04 enero 2019

Capítulo 116   Fluídos

(Tiempo aproximado de lectura: 98 minutos)


Clavo los puños y me lanzo a una carrera en la que pierdo el control de mi cuerpo. No soy yo quien da impulso a mi cintura, no puedo ser yo porque solo tengo conciencia para mirar el rostro de Carmen que se desencaja al sentirme dentro, más rápido, más intenso, más brutal. Mis caderas actúan por libre, han cogido un ritmo endiablado que no domino, yo solo tengo ojos para contemplar el desfallecimiento de mi mujer que parece sufrir con cada golpe. Si no fuera por esa agónica sonrisa que desmiente la tortura…

Un chispazo se extiende por mi espalda, siento crecer esa parte de mí que la taladra, podría estallar, va a estallar, tiemblo, tiemblo, la escucho gemir, tiemblo.

18 abril 2018

Capítulo 107 Sexo, mentiras y lo que pudo ser


(Tiempo aproximado de lectura: 98 minutos)



Jueves, 13:30


—Lo primero que debemos hacer al volver a Madrid son unos análisis. Tanto tú como yo hemos estado expuestos a un riesgo importante, sobre todo tú, pero no eludo mi responsabilidad. Pongo la mano en el fuego por Carlos y por Doménico, quizá por Tomás, no puedo estar nada segura del resto.

—¿Del resto? ¿Puedes ser más concreta?

Sus ojos me traspasaron.

—¿Necesitas ese dato ahora o es solo para joder?

Desvié la mirada, tenía razón, había sido una salida fuera de tono.

—Disculpa, no tiene sentido. El mayor riesgo lo he asumido yo, debería haber pensado en hacerme un control hace tiempo.

«Y tú» pensé, pero no era momento para abrir un nuevo frente.

—No solo me has puesto en riesgo a mí, piensa en Graciela o en Elvira ¿En qué estabas pensando?

En qué estaba pensando, dice. ¡En qué estábamos pensando! Ambos hemos ignorado las más mínimas normas de seguridad, esas que estamos hartos de repetir a diario. ¿Qué ha sucedido para que nos hayamos lanzado a actuar a ciegas de una forma casi suicida?

—Tema cerrado. Punto dos: La mentira es una apuesta que tiene sus costes, has dilapidado un capital que te va a costar recuperar, Mario, y eso solo se consigue con tiempo y con esfuerzo. Lo siento pero es así.

24 enero 2015


Capítulo 89 La confesión

(Tiempo aproximado de lectura: 50 minutos)


(Sábado)


No hubo un motivo concreto que la despertase. De una manera suave y progresiva había transitado del sueño profundo hacia un estado de duermevela en el que ahora se encontraba cómodamente instalada, un estado de absoluta relajación. El siseo del aire acondicionado la hizo consciente del silencio y la soledad que la rodeaba, poco a poco se fue percatando de los sonidos que poblaban el ambiente; el ruido lejano de una moto, el murmullo de una conversación ininteligible al otro lado de la ventana, el tic tac de un reloj que hasta ese momento  le había pasado desapercibido. 

Se volvió boca arriba, estaba tan relajada… era una sensación agradable, muy agradable que abarcaba su cuerpo por completo. Se estiró todo lo que pudo en la cama, a continuación dobló las piernas y frotó sus muslos varias veces; llevó las manos a sus hombros y recorrió sus pechos. ¡Estaba tan sensibilizada!

Suspiró profundamente. 

Placer. Si no fuera por el dolor de cabeza que le rondaba y la sequedad de boca…

Se deshizo del edredón que comenzaba a  agobiarla, estaba demasiado arropada, casi hasta el cuello y eso le recordó que antes, ¿cuándo?, estaba desnuda y se intentaba tapar, ¿por qué? Porque alguien entraba en la habitación con Claudia. Un hombre.

Se incorporó de un salto hasta quedar sentada en la cama y la brusquedad del gesto despertó un intenso latido en las sienes. Debía ser tarde porque la oscuridad era total. Buscó a tientas la lámpara de la mesita y consiguió darle al interruptor. Las ocho menos diez marcaba el reloj. La última hora que recordaba eran las seis y media, fue cuando entró ese hombre con Claudia y la vio desnuda. ¡Oh Dios!

Las imágenes comenzaron a agolparse en su machacada cabeza que palpitaba dolorosamente. “¡Vaya cuerpo!”. Recordaba poco más, un mareo intenso, un intento por cubrirse, unas manos que la tocaban, que la destapaban.

“Eres preciosa”, sonó como un eco. Esa voz desconocida se superpone con la de Mario, se confunde con ella.

Un escalofrío recorrió su espalda, algo no encajaba.

10 enero 2015


Capítulo 88 El principio del fin

(Tiempo aproximado de lectura: 21 minutos)


(Sábado)


–Es la última vez que me insultas ¿me has oído?, te lo he consentido demasiadas veces durante estos últimos días y ya no Mario, ya no, se acabó. Esta es la ultima vez que voy a escuchar un insulto de tu boca, se acabó, no tienes ningún derecho. No me vuelvas a llamar, no te vuelvas a dirigir a mí, no intentes ponerte en contacto conmigo. Ya lo has conseguido Mario, se terminó.

–¡No Carmen, espera,  escúchame, no quise…!

Mis palabras quedaron ahogadas bajo su ultimátum. Intenté hacerme escuchar porque me daba perfecta cuenta de que esta vez no iba a haber enmienda. Había agotado su paciencia, había roto los lazos que nos unían. 

Cuando colgó, sus ultimas palabras sonaron en mis oídos como una sentencia de muerte. Ya lo has conseguido Mario, se terminó.

–¡No puede ser, no puede ser!

Me volví hacia la puerta, tenía que salir de allí, me estaba ahogando. Entonces la vi con los brazos cruzados, obstruyendo mi camino. 

–¿Qué has hecho Mario?

13 junio 2014

Capítulo 76 Carmentxu


(Tiempo aproximado de lectura: 52 minutos)


- ¿Si, dígame?

- Gonzalo, soy Carmen – un disparo de placer recorre su cuerpo y alcanza su nuca, entorna los ojos, ahora siente cada poro de su piel en contacto con la ropa.

- ¡Carmen, qué agradable sorpresa! Precisamente estaba pensando en ti.

- ¡Anda mentiroso! ¿Sigue en pie esa copa que me ofreciste esta tarde?

- ¡Por supuesto! ¿Dónde estás? Paso a recogerte.

- No hace falta, podemos quedar en algún sitio

26 abril 2013

Capítulo 55 Violación

(Tiempo aproximado de lectura: 16 minutos)


Carmen se había sumergido en un estado casi febril donde la realidad y los recuerdos se mezclaban como en las pesadillas, sin ser capaz de discernir entre lo que percibía y lo que su cerebro le enviaba desde las zonas mas profundas. Realidad e irrealidad crearon un clima en el que apenas podía distinguir una de otra y en el que pasaba con suma facilidad del “aquí-y-ahora” a otro tiempo y lugar que parecía ya vivido y al mismo tiempo le era desconocido.

Sus emociones seguían la misma pauta errática. Excitación hasta lo obsceno, miedo, rechazo, humillación y placer se turnaban para hacerla sentir una furcia encelada o una mujer ultrajada. Por momentos me reconocía en el hombre que la intentaba desnudar y otras me transformaba en alguien sin rostro, alguien a quien no conseguía identificar y que la estaba forzando de una manera que creía haber vivido ya.

Me desnudé precipitadamente frente a ella lanzando la ropa al suelo. Me sentía poderoso, absolutamente libre de hacer  lo que me apeteciese. La veía tan indefensa, tan frágil, incapaz de poder detenerme si yo no quería hacerlo… 

Hinqué una rodilla en la cama, entre sus piernas, mi mano derecha presionó con firmeza en su hombro hasta que quedó tendida. Se dejaba hacer sin casi oponer resistencia.

Alcé sus piernas y las sujeté apoyando las manos en la cama haciendo que  descansaran en mis brazos los cuales actuaban como barreras que le impedían proteger su sexo. Al inclinarme hacia ella sus riñones se arquearon dándome mas acceso a su coño. Comencé a mover mi cintura para tantear su pubis con mi polla buscando el camino y, de un solo golpe, me enterré en ella. Su cuerpo se tensó y un rictus de dolor cruzó su rostro; a pesar de la copiosa humedad que me envolvía, la penetración había sido demasiado ruda.

07 abril 2013

Capítulo 54 Disociación

(Tiempo aproximado de lectura: 19 minutos)


Dualidad


Amanecía y la pálida luz que comenzaba a diluir la oscuridad de la alcoba nos encontraba despiertos, cara a cara,  con la mirada clavada en el otro. Mi mano derecha descansando en el hueco de su cintura, su mano derecha rodeando mi agotado pene, el dedo pulgar extendido hasta rozar mi vientre acariciando a veces el vello como si de un impulso nervioso espontáneo se tratase; los demás dedos cobijaban al otrora orgulloso guerrero y lo apretaban con suavidad, sin ritmo determinado, con silencios y pausas anárquicas.

Y los ojos abiertos.

Nuestra mirada era un puente tendido sobre la almohada. ¿Se transmite el pensamiento? El científico dice NO. El hombre desnudo,  enfrentado a la mujer mas bella, mas puta, mas adorable a la que acaba de follar, joder, hacer el amor y con la que ha compartido las confidencias mas descarnadas, las confesiones mas libres y con la que ha roto todo los pactos y firmado cumplir las mayores profanaciones  dice  SI.

-        “No vas a conseguir de mi mucho más que eso” – dije cuando mi polla alcanzó un estado de grosor interesante pero no como para endurecerse lo suficiente, la noche había sido intensa y lo que en otro momento habría bastado para lograr una potente erección apenas podía mantener el volumen alcanzado.

-        “¿Quién te dice que quiero algo más que esto?”

Estaba relajada, inmóvil, de espaldas a la ventana. Su cabello revuelto esparcido por la almohada dejaba algún mechón pegado en su frente por el sudor. Dejé que mi mano acariciara la curva de su cadera y apreté levemente su nalga, mi polla dio un salto.

-        “¿No decías que estaba muerta?” – sonrió al sentirlo en su mano

-        “Sabes que tu culo me puede”

Arrastró su cara unos centímetros por la almohada, los suficientes para unir sus labios a mi boca. Abandoné su nalga y busqué su pecho. Mi dedo pulgar jugó con su pezón. Se estremeció.

-        “Me duele”

-        “Te mordí, lo siento, déjame ver”

29 noviembre 2007

Capítulo 2b  La pregunta

(Tiempo aproximado de lectura: 7 minutos)


Los días siguientes atravesé por tantos estados de animo, tan encontrados y opuestos, que me tenían confundido: la vergüenza, la rabia, el deseo, la sensatez y el compromiso de olvidar lo sucedido se sucedían unos a los otros, pero cada noche al acostarnos y verla desnuda a mi lado volvía a ver los ojos de aquellos hombres clavados en mi mujer y me excitaba como nunca, tanto que Carmen lo notó y mas de una vez me preguntó, feliz, que era lo que me pasaba.