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20 junio 2024

Capítulo 188 La tempestad


Tiempo estimado de lectura: ochenta y siete minutos.


¡Silencio! Si dices otra palabra, 

te reñiré, y aun te odiaré.

¡Cómo! ¿Abogada de impostor? ¡Calla!

Porque solo has visto a él y a Calibán 

te crees que no hay otros como él. ¡Necia! 

Al lado de otros hombres, él es un Calibán, 

y a su lado, ellos son ángeles.


La tempestad. William Shakespeare 



Caza mayor 


(La mañana posterior a los atentados…)

«—La doctora Rojas me informó en detalle y acordamos que, hasta que hablase con el doctor Álvarez Atienza, se abstuviera de aparecer por aquí. 

Hubo algunos murmullos y gestos de confusión. Estaba sorprendida por el revés dado a la historia, Andrés me había sacado del foco de las críticas, todo el interés se centró en poner los medios para localizar a Ángel. Lo que ocurrió después fue algo previsible, una retirada en toda regla de los inquisidores sin mediar disculpa, tampoco la quería. Una vez solventado el primer acto, le acompañé al despacho.

—No sé cómo darte las gracias.

—Procura no dar motivos para que tenga que volver a acudir en tu auxilio.

Le sonreí, hubiera querido abrazarle, pero ni era el lugar ni el momento oportuno.

—¿Llegaste bien anoche a tu casa?

—Ah, sí. Por cierto, espero que no tengas en cuenta…

—Olvídalo.

Hubo un silencio incómodo, podríamos habernos dicho tantas cosas, sin embargo, Andrés salió por la vía más fácil, o más cobarde.

—Será mejor que salgamos y nos enteremos si hay noticias.» (1)

11 septiembre 2023


Capítulo 178  Septiembre negro

Tiempo aproximado de lectura: dos horas veintidós minutos.



Te recuerdo Amanda

La calle mojada

Corriendo a la fábrica

Donde trabajaba Manuel

La sonrisa ancha

La lluvia en el pelo

No importaba nada

Ibas a encontrarte con él

Con él, con él, con él, con él, con él

Que partió a la sierra

Que nunca hizo daño

Que partió a la sierra

Y en cinco minutos quedó destrozado

Suena la sirena

De vuelta al trabajo

Muchos no volvieron

Tampoco Manuel


Víctor Jara, 1969



Prólogo 


Creo en pocas cosas. 

No creo en Dios ni en el destino y mucho menos en el karma; por eso, cuando Emilio irrumpió en la sala de reuniones con el rostro demudado pidiendo que encendiéramos el televisor y aparecieron las imágenes de las Torres atravesadas por los aviones y las vi derrumbarse consumidas por el incendio, no pude eludir las del Palacio de la Moneda en llamas otro once de Septiembre. Escuché en mis oídos a Víctor Jara recordarle a Amanda la calle mojada y los que, como su Manuel, en cinco minutos quedaron destrozados. De mi memoria surgió el rostro del atribulado padre norteamericano en busca del hijo desaparecido en el Chile golpeado por la recién nacida dictadura. (1) Esas y otras ideas pasaron a toda velocidad por mi cabeza mientras contemplaba la tragedia en directo y vaticinaba el cataclismo que se avecinaba. 

No creo en el karma ni creo que el horror causado justifique causar otro horror, como pretendía vendernos un compañero al que hicimos callar. 

Salí al exterior, no podía seguir viendo tanta atrocidad. Traté de localizar a Carmen por todos los medios. Llamé a mi hermano; estaba en shock, como Emilio, como yo. Fernando, mi suegro, no conseguía hablar con su hija; procuré tranquilizarlo, él también temía las consecuencias que esos actos iban a provocar. Aquello lo cambiaba todo.

03 febrero 2022

Capítulo 159  Vade retro

Tiempo aproximado de lectura: 34 minutos


El sueño tocaba a su fin, aún así no teníamos prisa por separarnos. Me preocupaba ella que tenía tres o cuatro horas de carretera por delante, pero si se lo decía le iba a molestar; casi podía escucharla: «¿Crees que no soy tan capaz como tú de conducir de noche?». Si dejaba actuar a mi instinto de sobreprotección me arriesgaba a estropear la magnífica sobremesa que siguió a un polvo bastante inusual; en cambio le propuse que hiciéramos el equipaje, eso nos dejaba libres para dar un último paseo por los alrededores. Nos aseamos y en bragas y bóxer nos pusimos a ello. No había tanto que guardar, lo tomamos con calma charlando de lo que iba a ser la vuelta a la normalidad cuando regresase a casa. Habíamos cubierto el objetivo que nos propusimos, estaba todo hablado y resuelto, no todo en realidad, había poderosas razones que me impidieron a última hora contarle mi pelea con Carlos, ya encontraría la ocasión. Le hablé de los planes de futuro que habían surgido en Sevilla y le dije que se los pensaba endosar a Emilio.

—No tengo intención de volver a pasar por esto otra vez,

—¿Ni siquiera por el aliciente de ver a Candela?

03 diciembre 2021

Capítulo 157  Cara a cara

Tiempo aproximado de lectura: 36 minutos)


Ni contigo ni sin ti

tienen mis males remedio.

Contigo porque me matas,

sin ti porque yo me muero.


(Emilio José 1976)



—Mahmud te trató de una manera que jamás le habrías permitido a nadie, es más; no creo que esté del todo fuera de tu vida.

—Ya estamos otra vez con eso, sigues sin tener base para semejante hipótesis pero insistes e insistes. Venga, cuéntamela otra vez, Sam. 

«No soporto que se burle de mí. Qué raro, tengo la sensación de haber pasado por esto antes.»

—Cuando lo conociste te manipuló con unos argumentos retorcidos y machistas, ¿cómo no te diste cuenta? Hasta consiguió que reconocieses que eres una golfa.

—¿Lo ves? Ni siquiera lo conoces y utilizas mis palabras para convertirlo en una especie de manipulador. No has entendido nada de lo que te conté porque no escuchas más allá de tus prejuicios.

—Eso es mentira.

—Mahmud es la única persona que me ha descrito sin hacerme sentir sucia ni humillada; me llamó infiel, adúltera, golfa sin escupírmelo a la cara como sueles hacer tú. Dijo que no podía calificarme de puta porque no estaba a la altura y fíjate, no me ofendió, al contrario, por fin alguien era sincero conmigo; pensé que me estaba dando una lección, con esa serenidad y esa mirada de…

—De proxeneta.

—Qué sabrás tú de proxenetas, ¿o acaso tienes que decir algo que todavía no me has contado?

—¿Y tú, me lo cuentas todo? Llevo intentando comunicar contigo varios días y no hay forma, Carmen, no hay manera; según tú, estás ocupada pero en el gabinete dicen que no apareces. No me he atrevido a llamarte al teléfono de casa, con eso te podrás hacer una idea de lo preocupado que estoy.

—¿A qué viene esto?

—No, Carmen, no sé de proxenetas pero si sé que responde al perfil.

—Me da igual, Mahmud ya es pasado, quédate tranquilo, no pienso volver a verlo, no entra en mis planes

—Pero quizás tú entras en los suyos.

Carmen dejó escapar una risa amarga. 

—¿Y eso por qué? Creo que ya dejó claro que no le importo una mierda.

—Porque una presa de tanto nivel no se deja pasar sin luchar por ella.

Elevó las cejas asombrada.

—Ahora soy una presa; ¿de quién, del proxeneta? Qué película te estás montando.

—Él mismo te sugirió que podrías llegar a ser una puta de alto nivel, ¿no es cierto?

Candela se interpuso y me lanzó una mirada obscena.

—Ahí está, tu fantasía top, tu esposa convertida en puta de lujo. ¿Y cuánto crees que podría cobrar, eh? Díselo, tú que sabes tanto ¿setenta mil, cien mil pesetas?

28 diciembre 2019



Capítulo 127 Consumación

(Tiempo aproximado de lectura: 77 minutos)


IV. La llamada


—Hola cielo, ¿qué tal vas?

—Mario soy Tomás. Carmen me ha dicho que te llame.

Eran las tres de la madrugada cuando sonó el móvil. Seguía despierto, la ansiedad no me había dado tregua. 

—¿Cómo es que tienes su teléfono?

—Me pidió que se lo guardara. Esto se va a alargar y no quiere que te preocupes.

—Pero… eso no es lo que le dijiste. ¿Qué está pasando?

Me arrepentí nada más decirlo, no quería avergonzarla. 

—Mira Mario: no soy yo quien ha empujado a tu mujer a que se metiera en esto, solo trato de que, ya que ha tomado esta decisión, no lo haga sola o caiga en malas manos.

Encajé la bofetada. Sí, era yo el responsable.

—Lo sé y te lo agradezco, solo quiero saber…

—Lo que tengas que saber será ella quien te lo cuente, yo ya he hecho lo que debía. Buenas noches.

—Solo dime una cosa: ¿Cuándo va a volver?

—No la esperes hasta mañana, se ha comprometido para toda la noche.

23 mayo 2019


Capítulo 121 Testimonio 

(Tiempo aproximado de lectura: 82 minutos)


Prólogo


Hace dos semanas el capítulo estaba terminado. Fue cuando lo leí, despacio, un par de veces, y sentí que una parte de nosotros no estaba presente en la historia.  Entonces me propuse enfocarlo desde otra perspectiva y para ello no vi más opción que echarlo abajo y comenzar de nuevo, como habíamos hecho con tantas facetas de nuestra vida.

He cambiado la mirada y la voz de quien lo narra. Además he añadido vivencias y puntos de vista que echaba en falta. Puede que sin pretenderlo haya sustituido una subjetividad por otra.

En definitiva: He dado testimonio.

20 febrero 2019

Capítulo 118   Terapia de puta

(Tiempo aproximado de lectura: 52 minutos)


A los diez minutos se presentó puntual. Falda, blusa de media manga y sujetador. Se me escapó una sonrisa que le provocó un gesto de desagrado. Estaba tensa, permanecía de pie  al otro lado de la mesa y mantuve la tensión en la que se definían los roles, yo presidiendo el acto, ella esperando una decisión sobre lo que debía hacer.

—Siéntate.

Lo hizo frente a mí, no a un lado como era habitual. Entrelazó los dedos y miró hacia la mesa.

—Estamos a punto de acabar con la influencia que Mahmud ejerce sobre ti. Eres una golfa, conseguiste admitirlo en voz alta delante de él; esa ha sido su única aportación. 

La tenía ante mí, derrotada. 

—Ahí empezaste a perder la poca vergüenza que te quedaba.

Humillada.

—Y hoy por fin has admitido que eres una puta. Ya lo eres. ¿Es así?

Hubo un largo silencio durante el que esperé que me mirara.

—¿Es así?

Sus negros ojos, esos ojos que pueden hacer de mí lo que quieran se clavaron en los míos, pero esta vez no tenían el poder que tantas veces me ha subyugado, era la mirada de una mujer rendida.

—Sí.

20 enero 2019

Capítulo 117   Walk on the wild side

(Tiempo aproximado de lectura: 64 minutos)


—Violación, orgía, prostitución; son los estadios que presentas en tu hipótesis; fragmentos de una confidencia que te hice en un momento de intimidad, cuando no era tan adulta como aparentaba.

Regresó al cabo de una hora y, contra su costumbre, dejó la bicicleta tirada; Ahora vengo, dijo al pasar por mi lado. Llegaba sudada, con la cara encendida; me imaginé que había estado pedaleando a buen ritmo, a pleno sol y sin casco. 

Descargando tensión. 

Bajó poco después tras darse una ducha rápida, ni siquiera perdió el tiempo secándose el pelo. Llevaba una camiseta de manga casi inexistente con tres botones sueltos que se le adhería a la piel húmeda y un pantalón de los que ya no usaba en el gimnasio; Estuve a punto de decirle que en cuanto se le pasase el sofocón de la carrera se iba a enfriar pero me contuve. No sé cómo iba a poder concentrarme, el cabello mojado le daba un aire salvaje, los pechos peleaban con el fino tejido y dejaban claro quien ganaba, los aros marcaban su perímetro alrededor de las pequeñas colinas que habían alcanzado bajo el agua helada su volumen de combate; más allá la joya que remata el ombligo pedía mi atención cada vez que la prenda se alzaba siguiendo el movimiento de sus brazos al colocarse el rebelde cabello.

La deseo como si fuera la primera vez que la viera.

04 enero 2019

Capítulo 116   Fluídos

(Tiempo aproximado de lectura: 98 minutos)


Clavo los puños y me lanzo a una carrera en la que pierdo el control de mi cuerpo. No soy yo quien da impulso a mi cintura, no puedo ser yo porque solo tengo conciencia para mirar el rostro de Carmen que se desencaja al sentirme dentro, más rápido, más intenso, más brutal. Mis caderas actúan por libre, han cogido un ritmo endiablado que no domino, yo solo tengo ojos para contemplar el desfallecimiento de mi mujer que parece sufrir con cada golpe. Si no fuera por esa agónica sonrisa que desmiente la tortura…

Un chispazo se extiende por mi espalda, siento crecer esa parte de mí que la taladra, podría estallar, va a estallar, tiemblo, tiemblo, la escucho gemir, tiemblo.

15 noviembre 2018

Capítulo 114 Quince de Noviembre, once velas

(Tiempo aproximado de lectura: 79 minutos)


Escribir un libro durante dieciocho años llega a parecerse mucho a compartir su autoría con mis yoes anteriores.

Katherine MacKinnon 

Hacia una teoría feminista del Estado



Un año más; ya son once los que llevo escribiendo este diario que, como le contaba a una buena amiga, nunca pensé que fuera a prolongarse en el tiempo.

Hago un repaso de los primeros años del diario y apenas me reconozco ni como escritor, si es que se me puede atribuir ese título, ni como arquitecto de la estructura que ha surgido de lo que quería contar. 

Era otro yo.

El tiempo transcurrido me enfrenta, como dice MacKinnon, con las diferentes personas que he ido siendo a lo largo del tiempo y que sin ninguna duda han modulado la forma en la que os he contado la historia. No hace falta recurrir a Ortega para concluir que las circunstancias además del medio y la sociedad nos moldean; las vivencias que me acompañaron mientras escribía influyeron en el tono, en los matices y en lo que dije, cómo lo dije y en lo que dejé de decir. ¿Cómo habría sido el diario si el yo que escribió en cada momento hubiera vivido otras experiencias?

23 junio 2018

Capítulo 109 Viernes de pasiones (2)

(Tiempo aproximado de lectura: 60 minutos)



—¿Todo bien?

«Sí, todo bien», doy a entender mediante un gesto breve. 

Cinco minutos, el tiempo de un cigarrillo, lo que me llevó caminar pausadamente hasta el cruce que lleva al pueblo y regresar, tiempo suficiente para recuperarme. Intento no pensar, inspiro profundamente, escucho mis pasos, miro el cielo, me detengo a observar la lucha estéril de un insecto atrapado en una tela de araña. Tengo que volver.

Comenzamos.

—Cuando colgué, cuando te dije que no te iba a tolerar que me volvieses a insultar y acabé con aquella conversación me derrumbé. Hasta ese momento conservaba la esperanza de que… En fin, ya puedes suponer, me vine abajo. 

Se levantó en busca del tabaco que ha quedado olvidado en la mesa baja. Encendió un pitillo y volvió a tomar asiento.

—Claudia no es Irene, para mi desgracia. Aquel día aprendí a fumar. Si hubiera estado al volante posiblemente me hubiera matado pero no, estaba en manos de una mujer dominante, ególatra, con una cierta vena sádica que jugó conmigo como si fuera una muñeca. Probé tantas cosas que ni siquiera recuerdo. Follamos e hicimos cosas que prefiero olvidar. También me ayudó a olvidarte, eso se lo tengo que agradecer; no podría haber estado sola aquella noche y si ese fue el precio que tuve que pagar creo que las consecuencias de la soledad aquel día me dan más miedo que todo lo que hice y me hizo Claudia. Al final me quedé dormida de agotamiento, borracha, drogada y cuando desperté…

08 junio 2018

Capítulo 108 Viernes de pasiones (1)

(Tiempo aproximado de lectura: 135 minutos)


“Todos los hombres tienen algún lugar, alguna aventura o alguna fotografía que son la imagen de su vida secreta.”


W. B. Yeats


Desayunamos. Carmen se ha preparado para salir a correr. La veo ensimismada dando vueltas a la cucharilla.

—Tienes mala cara.

—¿Eh? Sí, no he dormido nada bien.

Lo sé, yo tampoco. Cuando regresó a la cama fingí dormir, ella se acostó con sigilo y permaneció quieta intentando conciliar el sueño; enseguida noté que, como a mí, le resultaba imposible, no conseguía encontrar la postura, estaba intranquila aunque procuraba no molestarme. Así llegó el alba y ambos interpretamos la comedia de un amanecer cotidiano.

—Vaya.

—No sé, el caso es que me desperté muchas veces y ya de madrugada me despejé. No te enteraste cuando bajé a beber y me quedé en el salón, no quería despertarte dando vueltas; me arropé con una manta y salí al jardín, se estaba bien pero al rato me quedé fría; volví dentro me tumbé en el sofá y estuve leyendo un rato, pensando. Al final hice una locura —entornó los ojos y sonrió—, cogí el móvil y…

—Lo sé.

Me he precipitado, ha sido un impulso irrefrenable. «Justo cuando iba a descubrir al interlocutor», me reprocho.

—¿Lo sabes, cómo que lo sabes? —pregunta asombrada.

21 febrero 2018

Capítulo 105 Sanación

(Tiempo aproximado de lectura: 87 minutos)


—Papá, hola… si bien… aquí en la sierra… si, al final decidimos quedarnos… No, no nos apetecía este año salir… porque no… no, no pasa nada ¿qué iba a pasar?

Escucho a Carmen hablar con su padre y percibo la desconfianza que llega del otro lado de la línea. ¿Por qué hemos cambiado repentinamente los planes cuando lo habitual es que salgamos fuera en estas fechas? Si ya resultó complicado aparentar normalidad en el cumpleaños de mi suegra ahora este cambio se suma para romper con las costumbres tan arraigadas.

—Sí, está aquí ahora te lo paso ¿Y mamá, está bien?

Le he pedido que les llame, no sé desde cuando no habla con ellos y eso en esta familia no es normal.

Normalidad, algo que le debemos a la familia. No se han entrometido pero me consta que están preocupados y en algunos casos han sufrido.

Hablo con mi suegro sobre todo para darle seguridad. Estamos juntos, estamos bien. Le prometemos una visita pero no ahora, no en esta semana. Noto recelo y trato de sofocarlo. En quince días comida en nuestra casa, prometido.

Hace un sol de justicia, cualquiera diría  que estamos en verano. Ya es miércoles y para mañana esto se va a llenar. Estamos comiendo en la terraza de uno de los restaurantes de la plaza del pueblo. Son las tres de la tarde; después de hacer el amor, ducharnos y perder otra media hora bajo el agua salimos con prisas hacia el pueblo. Menos mal que a última hora se me ocurrió reservar.

Carmen luce espléndida. Un vestido veraniego, estampado en tonos rojos y verdes claros con motivos florales sobre fondo blanco anudado al cuello con escote en pico por medio muslo, sandalias planas para caminar cómoda por el empedrado del pueblo y uno de los bolsos grandes de este verano pasado que como el resto de la ropa de temporada también guarda en los armarios de aquí. Brutal. 

31 enero 2018

Capítulo 104 La impúdica verdad


(Tiempo aproximado de lectura: 62 minutos)



He intentado subvertir su plan pero es implacable. Tiene un orden establecido y debemos mantenerlo, dice. No entiende mi interés en remontarme hacia atrás y tampoco puedo presionar demasiado. Debo encontrar el momento para mi confesión.

Encauza la sesión. Hace un quiebro que no esperaba. Claro, es muy hábil; cada vez la respeto más como profesional. Me cede la palabra, me deja al borde de otro abismo.

Cómo me enteré de que estaba en casa de Doménico. 

Se está soltando la mampostería de la chimenea.

Hay tanto que arreglar en esta casa…

Que cómo me enteré. 

No sé si necesito volver a pasar por esto.

—¿Cómo lo supiste?

Me ha concedido tiempo. Puede que haya seguido la deriva de mis ojos, que se haya fijado en cómo he acariciado la piel gastada del sillón, cómo he mirado al techo con ojos de Serrat. Sí, la verdad es que al techo le hace falta una mano de pintura. Y en cuanto al sillón, no lo pienso tirar, lleva tanto tiempo conmigo que es más que un viejo mueble, tiene mucha historia.

Que cómo me enteré.

07 marzo 2016

Capítulo 96 Vidas paralelas

(Tiempo aproximado de lectura: 53 minutos)


—Mírate, si estás en los huesos; y esas ojeras… No lo voy a consentir, estás obsesionada.

—Solo unos días más, ya casi estoy acabando.

—Eso llevas diciendo… ¿cuánto? No Carmen, no. Te  escucho y me asustas, hablas de esa náufraga como si fuera otra persona. Te concedo una semana, después te vienes a casa o si no...

—Irene, por favor.

—No soporto verte así, no te imaginas cómo has cambiado. Tienes que parar, no sé si estás consiguiendo lo que buscas pero por  el camino a lo mejor pierdes más de lo que encuentres.

¿Es posible? Carmen percibe un brote de miedo. Quizás está tensando demasiado la cuerda sin darse cuenta. Todo tiene un límite y puede que no haya calculado la resistencia de las personas que la rodean.

—Te lo prometo, antes de Semana Santa termino con esto.

Irene la mira con escepticismo desde el cuarto de baño con el cepillo de dientes aún en la mano. Carmen observa cómo el enfado se diluye y la mirada se va transmutando desde la incredulidad hacia el deseo. No es extraño, la  imagen debe ser arrolladora; tumbada en la cama, la sábana apenas cubre sus caderas. No se mueve, se deja mirar sin hacer un solo gesto; no  pretende provocarla, sabe que no lo necesita. Esa postura inocente, con una mano tras la nuca y la otra bajo la sábana parece insinuar algo que no sucede pero que bien podría suceder. No se da cuenta pero un leve movimiento, una cadencia forma suaves ondas bajo la tela y capta la atención de esos ojos color miel.

15 febrero 2015

Capítulo 90 La profecía cumplida

(Tiempo aproximado de lectura: 69 minutos)


(Domingo)


–La he negado tantas veces que ni yo mismo me lo acabo de creer, no sé cómo he sido capaz de hacer algo así, no lo entiendo.

Sentado frente a Graciela intentaba hacer un ejercicio de reflexión como el que tantas otras veces había emprendido con mis pacientes, solo que en esta ocasión el paciente era yo y necesitaba un interlocutor que me ayudase a no caer en las mismas trampas que como terapeuta no siempre resulta fácil detectar. Quizás ella podría ser capaz de interpretar ese papel. Ser la voz de alarma cuando cayese en los mismos trucos que otros antes que yo usaron para no afrontar la realidad, para no asumir los errores en los que, a pesar del dolor, el ego se refugia y se siente seguro.

–La he llegado a negar tres veces en esta semana. —Insistí.

–Como Pedro.

–¿Qué?

–Como Pedro negó a Jesús. Él  también lo hizo tres veces y no fue hasta que escuchó el canto del gallo que cayó en la cuenta. Le amaba y a pesar de ello lo negó una y otra vez. A partir de ahí reaccionó e hizo todo lo que estuvo en sus manos por recuperarle. A lo mejor tú has necesitado negarla más de una vez, rechazarla reiteradamente antes de reaccionar y ponerte en su busca.

–No sabía que fueras religiosa – Graciela sonrió.

–¿Y qué es lo que sabes de mí?

Si me hubiera dado una bofetada no me habría dolido tanto. Por su expresión supe que se había dado cuenta y evité hacerla pasar por una disculpa.

–Tienes razón. ¿Crees que ya ha cantado el gallo para mí?

08 octubre 2014

Capítulo 84 Ruleta rusa

(Tiempo aproximado de lectura: 56 minutos)


(Viernes)


Desde la mullida cama de Graciela escucho el rumor del agua en el baño. Me ha despertado el dolor de mi mano que se hace notar saliendo de una tregua que ha durado no sé cuánto, tres, cuatro horas quizás. 

Hace frío, echo en falta el calor que la calefacción central de casa, aún apagada, mantiene durante la noche y por otra parte agradezco estar arropado hasta el cuello, bajo el suave y ligero edredón que nos ha cobijado.

La luz entra a raudales a través de los visillos. Anoche no me percaté de la ausencia de persianas. Ella está duchándose y siento una débil tentación que destierro inmediatamente. No, no tenemos la suficiente confianza, no sé si rompería su intimidad. Prefiero esperar y quizás otro día ser invitado a compartir con ella ese placer.

El silencio que sucede a continuación se llena de murmullos que pinto con imágenes. La supongo desnuda envuelta en una toalla. Algunos sonidos me ayudan a recrear una pierna doblada con el pie sobre una banqueta o quizás apoyado en el borde de la bañera mientras ella seca el muslo. ¿Tendrá el cabello envuelto en una toalla? A lo mejor usa un gorro de baño como…

Un agudo dolor me atraviesa el pecho. Las imágenes se han transformado, ahora es Carmen la que suplanta a Graciela y seca sus pechos con esa gracia que conozco tan bien. Se enrolla la toalla en la cintura y al sentirse observada, gira la cabeza y me mira traviesa, “¿qué me miras?”

20 agosto 2014

Capítulo 81 Cristales rotos

(Tiempo aproximado de lectura: 36 minutos)



(jueves)


- ¡Chica estás que lo tiras!

Carmen dejó el bolso en el sillón de su despacho y se volvió al escuchar a Julia que acababa de entrar.

- Buenos días, ¿y eso, a qué viene?

- Mírate: si pretendías tener a todos los tíos del gabinete babeando lo vas a conseguir sin ninguna duda.

- ¡Serás boba!

Julia entró y cerró la puerta, Carmen se había desecho de la cazadora de piel vuelta y la miraba recelosa mientras su amiga la inspeccionaba detenidamente.

- Mini ajustadita, marcando culo… ¡eso, que se note que te has puesto tanga, sí señora! – Carmen se contorsionó para intentar ver el efecto indeseado – blusa ligerita… con escote de vértigo… no te  la conocía; regalo de Mario, seguro, a él estas cosas le ponen pero… ¡mira que traerla para trabajar! Y ese sujetador… podías haber elegido uno más clarito, digo yo, que combinase algo mejor con el estampado porque se te transparenta de una manera…

21 julio 2014

Capítulo 80 Sobre el dolor

(Tiempo aproximado de lectura: 29 minutos)



Miércoles


El chirrido de un cierre metálico me saca de mis pensamientos, me vuelvo y me encuentro con los ojos del dueño del bar en el que estuve anoche que me observa con recelo. Debe estar pensando ¿Qué hace éste otra vez aquí, a estas horas de la mañana medio oculto en el hueco de un escaparate?.  Soy de la opinión de que la mejor defensa es un buen ataque y me voy de frente hacia él.

- ¿Va a abrir ya? – No le gusto, es evidente

- Todavía no – capta mi incertidumbre al vuelo, de cerca le debo parecer inofensivo porque suaviza el gesto, incluso puede que recuerde la generosa propina que le dejé anoche – ande, pase.

Me siento en la misma mesa, el local está frío y huele mal, a grasa refrita una y mil veces. El dueño da las luces, enciende aparatos; no sé por qué lo hago pero cojo el móvil y otra vez como anoche finjo una llamada, hablo de negocios, “¿vas a venir? trae los contratos”, añado; digo algo sobre un atasco en el que supuestamente anda metido mi interlocutor; improviso pero no sé si parezco creíble, de todas formas el hombre se afana con su trabajo, tampoco creo que le preocupe demasiado mi coartada. 

Me ofrece el periódico del día mientras se calienta la cafetera, lo acepto, es una buena excusa para estar ocupado y disimular las miradas al portal.

Aquí estoy otra vez, haciendo guardia en este bar andrajoso, frente a la casa  de Doménico, tomando un café mediocre.

11 julio 2014


Capítulo 79 Decepciones, ilusiones

(Tiempo aproximado de lectura: 99 minutos)



- ¡Qué tengo que hacer para que me creas!

Sus miradas se cruzan.

- Sei la mia puttana? – Carmen le toma el rostro con las dos manos, apenas puede contener la voz

- ¡Sí, sí, soy tuya, sí, soy tu puta, soy lo que quieras que sea!

- Ya es hora de que me lo demuestres, cara.

Carmen se estremece. ¿Cómo ha podido llegar tan lejos? no sabe el alcance del compromiso que ha adquirido, su mano se desliza por la mejilla del italiano hasta su pecho.

- Doménico…

- Cállate, de momento limítate a aprender ¿sí?

- Sí.

Siente como la firme caricia en la cadera se va desplazando hacia los riñones, la tiene atrapada contra su cuerpo, no puede dejar de mirarle a los ojos.

- Esta noche te voy a despojar de tus vicios burgueses. Eres hermosa, más de lo que te imaginas, pero cometes unos fallos imperdonables, tremendas torpezas que resaltan aún más precisamente por ser tan… espectacular.