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20 febrero 2019

Capítulo 118   Terapia de puta

(Tiempo aproximado de lectura: 52 minutos)


A los diez minutos se presentó puntual. Falda, blusa de media manga y sujetador. Se me escapó una sonrisa que le provocó un gesto de desagrado. Estaba tensa, permanecía de pie  al otro lado de la mesa y mantuve la tensión en la que se definían los roles, yo presidiendo el acto, ella esperando una decisión sobre lo que debía hacer.

—Siéntate.

Lo hizo frente a mí, no a un lado como era habitual. Entrelazó los dedos y miró hacia la mesa.

—Estamos a punto de acabar con la influencia que Mahmud ejerce sobre ti. Eres una golfa, conseguiste admitirlo en voz alta delante de él; esa ha sido su única aportación. 

La tenía ante mí, derrotada. 

—Ahí empezaste a perder la poca vergüenza que te quedaba.

Humillada.

—Y hoy por fin has admitido que eres una puta. Ya lo eres. ¿Es así?

Hubo un largo silencio durante el que esperé que me mirara.

—¿Es así?

Sus negros ojos, esos ojos que pueden hacer de mí lo que quieran se clavaron en los míos, pero esta vez no tenían el poder que tantas veces me ha subyugado, era la mirada de una mujer rendida.

—Sí.

04 febrero 2017

Capítulo 99 Juntando las piezas


(Tiempo aproximado de lectura: 71 minutos) 


Mullido. Es la palabra que se le viene a la cabeza para definir las sensaciones que tiene en ese momento. Refugiada en el costado de Tomás apoya la mejilla en su pecho. Está recostada, descansa el brazo en su estómago y ha subido el muslo sobre el de él. De ese modo consigue un precario equilibrio que le evita caer de vuelta a la cama.

Tomás es más grueso de lo que aparenta vestido pero es mullido, blando, de tacto suave y agradable. Tiene una capa de vello corto, seguramente se lo arregla con regularidad. Sus axilas aparecen cuidadas, exentas de antiestéticas melenas. Huele bien, no identifica la colonia que usa pero más allá percibe el aroma masculino, olor a hombre, limpio, excitante. 

Le sorprendió desde el primer instante. Los besos en el hall parecían no pedir nada más, solo caricias suaves, sensuales. Caricias expertas que buscaban agradar, excitar la piel sin buscar lo obvio, lo que la mayoría de los hombres pretenden en segundos. No, Tomás no tenía prisa, parecía estar más preocupado por dar placer, por conocer su silueta. No, definitivamente no tenía prisa por salir de aquel pequeño hall.

03 junio 2015

Capítulo 92  Cicatrices

(Tiempo aproximado de lectura: 22 minutos)


 

¿Es posible que me esté acostumbrando a vivir solo? No lo sé, lo cierto es que una nueva rutina se ha instalado en mi vida, una rutina que se ha superpuesto a la que formaba parte de mi vida anterior.

El dolor está ahí, lo percibo pero es más llevadero que los primeros días. Ahora me despierto y me cuesta menos entrar en mi nueva realidad. Me he acostumbrado a que sea la radio quien llene el silencio que me rodea. Ahora es Iñaki Gabilondo quien habla conmigo y me pone al día cada mañana mientras me afeito y me visto. Luego, en el auto, continúa acompañándome, contándome las cosas que antes ya me contaba y que más tarde comentaba con Carmen.

Supongo que estoy comenzando a cicatrizar. Quizás es demasiado pronto porque tarde o temprano tendré que afrontar decisiones, encuentros con ella que harán que la herida sangre de nuevo. Falta por informar a la familia. Ese va a ser un trance duro, hay mucho vivido en común, mucho cariño entre todas las partes y habrá que comunicarlo de la mejor manera para que el daño sea el menor posible; mis suegros, mis padres, mis sobrinas, mi cuñada. 

Míos, míos. Forman parte de mí.

No, no lo van a entender, va a ser un golpe muy duro.

22 octubre 2014

Capítulo 85 Mea culpa

(Tiempo aproximado de lectura: 49 minutos)



(Viernes mediodía)




“Jean-Marc tuvo un sueño: siente miedo por Chantal, la busca, corre por las calles y, por fin, la ve, de espaldas, mientras camina y se aleja. Corre tras ella y grita su nombre. Está ya a pocos pasos cuando ella vuelve la cabeza, y Jean-Marc, estupefacto, tiene ante sí otra cara, una cara ajena y desagradable. No obstante, no es otra persona, es Chantal, su Chantal, no le cabe la menor duda, pero su Chantal con la cara de una desconocida, y eso es atroz, insoportablemente atroz. La abraza, la estrecha entre sus brazos y le repite entre sollozos: ¡Chantal, mi pequeña Chantal, mi pequeña Chantal!, como si quisiera, al repetir esas palabras, insuflar su antiguo aspecto perdido, su identidad perdida, a aquella cara transformada.”


Milan Kundera, La identidad




Carmen conduce en silencio por la carretera de la Coruña haciendo de una manera automática la ruta hacia su casa, esa ruta que ha hecho tantas veces y hoy recorre sin ilusión, porque no va hacia su hogar. Desea llegar antes que Mario, prefiere recoger sus cosas en soledad y evitar un encuentro incómodo en el que podrían volver a saltar los desencuentros. No tiene fuerzas para discutir, está muy cansada, tan solo desea recoger algo de ropa, unos cuantos objetos personales y algunos recuerdos, estar el mínimo tiempo posible en un entorno que le duele y volver a casa de Irene.

Al enfilar la avenida que conduce al edificio en el que ha vivido tantos años se le encoge el corazón, tan solo una semana antes ese recorrido la hubiera llevado a su refugio, al confort de su hogar. Ahora la guía a un espacio ajeno en el que está de paso, en el que sabe que se va a sentir como si fuera una extraña.

17 septiembre 2014

Capítulo 83 Entre mujeres

(Tiempo aproximado de lectura: 54 minutos)


(Jueves noche)


- No sé lo que estoy haciendo Irene, no sé…

Carmen la mira a los ojos, está a punto de derrumbarse

- Mejor nos vamos de aquí

Es cierto, las miran. Será por el beso en la boca que impulsivamente le dio al llegar. Quizás su escena con Borja no pasó tan desapercibida como ella pensaba. Las miran y nota que Irene no está cómoda aunque no es mujer que se acobarde, en eso es como ella. 

Y salen del bar cogidas de la mano, sin agachar la cabeza, su altura las hace destacar entre la gente que a esas horas ya abarrota el local y les impide moverse con soltura para alcanzar la salida. 

Las miran, Carmen se siente extraña pero la sigue erguida, tan erguida como va Irene, mirando al frente, serena, con ese aire de digna indiferencia que les impide sentirse manchadas por las miradas curiosas que las catalogan. Se siente segura de la mano de su amante dejándose etiquetar como lesbiana. 

26 mayo 2014


Capítulo 74 Ausencia

(Tiempo aproximado de lectura: 12 minutos)


Durante un solo segundo, al abrir los ojos, tuve una sensación de normalidad.

Luego… la lengua, acre, desagradable; inmediatamente un pinchazo en la sien, una tremenda presión en la cabeza que me devolvió a mi miserable realidad.

Me llevé las manos a la frente, no puede ser, ¡Oh no, no puede ser verdad!

Con los brazos rodeando mi cabeza, apretando las cuencas de los ojos para no ver, para no estar en el mundo, recuerdo las ultimas imágenes de mi niña saliendo de mi vida, haciendo la maleta, dejando nuestro hogar. 

¡Qué equivocación! Me he jugado mi vida y la he perdido, porque Carmen lo es todo, lo es todo para mí; sin ella… sin ella mi vida carece de sentido.

Me incorporé de un salto. Sentado en la cama lo supe, por primera vez entendí claramente lo que supone no tener nada por delante y temerle, tener un miedo absoluto al futuro que me podía esperar sin ella. 

Y de pronto.

El vacío. El vacío existencial. Durante unos minutos mis ojos parecieron mirar más allá de la habitación, más allá de mi casa. Mi mente no producía palabras, tampoco capté sensaciones. Era el vacío más absoluto. Ni siquiera dolor, ni siquiera angustia por lo que habría de venir.