Mostrando entradas con la etiqueta violencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta violencia. Mostrar todas las entradas

11 agosto 2025

 Capítulo 202 A las puertas del abismo

 Tiempo estimado de lectura: cincuenta y cinco minutos.

 

 

«Aquel que lucha con monstruos, cuide de no convertirse él mismo en un monstruo. Y si miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.»

Friedrich Nietzsche. Más allá del bien y del mal

 

 


No sé nada de Carmen. Le he dejado un sinfín de llamadas, ¿por qué no responde?

 

Estoy hecho polvo. Recuerdo vagamente que me metieron en un taxi, no sé a qué hora. He amanecido tarde, muy tarde, tirado sobre la cama con la ropa de calle y un dolor de cabeza que me martillea las sienes. Después de ducharme, la he llamado, he bajado a desayunar, he vuelto a insistir, he subido a la habitación, tenía varias llamadas perdidas, ninguna de Carmen, todas tratando de localizarme. He faltado a una reunión en la Junta. Mierda. He vuelto a llamarla; nada. Cuando ha sonado el teléfono, he respondido pensando que sería ella, pero no, era Emilio preocupado porque se han puesto en contacto con él preguntando por mí. He llamado a la Junta y me he disculpado, he conseguido que nos veamos esta tarde. He vuelto a intentar dar con ella. ¡Joder, dónde está!

 

Me he presentado en el Penta. Lo más probable es que esté cerrado, aunque sospecho que está allí con el hijoputa de Diego.

 

Voy a tener razón. La puerta está abierta, las luces, apagadas, cruzo el local escuchando mi respiración agitada sobre el profundo silencio, me dirijo al despacho, oigo voces.

 

Entro. El inconfundible olor a hierba inunda el despacho.

 

Diego está al teléfono. Se le cae la sonrisa.

 

La veo. Oh, Dios, ¿qué es esto?

24 abril 2025

Capítulo 198  Vía Láctea (y 2)

Tiempo estimado de lectura: sesenta y seis minutos.  (sin citas)


«Hoy, como ayer, como entonces, mi piel es un campo sembrado por otros que germina al contacto de la brisa que mueve tus manos.»

Ella, 2025



No logré dormir, estaba enfadada, triste, defraudada y sobre todo, preocupada, si le daba por aparecer me pondría en una situación muy difícil, ¿qué pensaría Andrés de mí si se enteraba de lo que había hecho para Diego? Yo, convertida en la puta de un vulgar barman venido a más por traficar con mujeres, qué vergüenza.

Andrés notó los efectos de haber pasado la noche en vela, lo achaqué a una mala digestión. La mañana transcurrió según lo planeado, pasé por el despacho del jefe de departamento encargado de los eventos, iba dispuesta a todo con tal de conseguir que el seminario volviera a estar incluido en la planificación de los actos del mes, mi sutil manera de ofrecer a la vista “mis encantos“ junto a una buena argumentación surtió efecto. A la salida, Andrés me esperaba, ambas reuniones habían dado sus frutos y decidimos celebrarlo a lo grande.

—Te voy a llevar a comer a Santillana, conozco un sitio que te va a encantar.

No llegué a preguntarle nada, desde lo alto de la ancha escalera de piedra, lo vi.

—Qué cara te vendes, chiquilla. —dijo cuando terminamos de descender, nos miró a ambos y le ofreció la mano a Andrés—. Diego, un amigo de Carmen.

—Andrés Arjona es el presidente del gabinete. ¿Qué haces aquí?

—Voy de camino a Bilbao —contestó soltando el apretón de manos—, me dijo tu marido que estabas aquí.

Hubo un incómodo silencio que Andrés resolvió.

—Os dejaré que os pongáis al día. Recuerda, a las cinco tenemos otra reunión.

—Te la devolveré a tiempo. ¿Nos vamos?

Me sacó del recinto cogida del brazo sin darme ocasión a reaccionar. Cuando estuve segura de que Andrés estaba lejos, le increpé.

—¿Se puede saber qué haces aquí?

—Reclamar lo que es mío, morena, no puedes torearme como si fuera un pringao de esos que te follas a diario.

—Haz el favor de bajar la voz.

Me dejé llevar con tal de alejarme de allí donde nos podían escuchar.

—¿Te contó Mario mi propuesta?

—No puedes presentarte así, de improviso y trastocar mis planes.

—Contesta, joder, ¿te lo contó?

29 noviembre 2024

Capítulo 193 Todo el mundo tiene algo que ocultar


Tiempo estimado de lectura: sesenta y cuatro minutos.


Mi agradecimiento a mi amigo Torco, responsable siempre de la voz y los modales de Guido.


La violencia

No era oficial, pero a una semana de la propuesta ya disponía de despacho en la planta sexta del edificio donde se ubicaba Tándem export. 

Tomás estaba yendo muy deprisa. 

Llegué a las cinco y media, treinta minutos antes de la hora fijada; le había pedido margen para ordenar las conclusiones de la reunión con las chicas y una sala donde hacerlo. Al entrar, la misma secretaria que me atendió en la primera ocasión me recibió muy amable.

—Señora Rojas, bienvenida a Tándem export, soy Carolina Merino, voy a estar a cargo de su integración en la compañía. Acompáñeme, le mostraré su despacho. 

La seguí tratando de asimilar lo que acababa de ocurrir. Carolina Merino era una fuente inagotable de información, no dejaba fisura para preguntas. Así llegamos a mi despacho, ¿eso he dicho? 

Mi supuesto despacho. 

01 noviembre 2024

Capítulo 192 La propuesta

Tiempo estimado de lectura: cincuenta y tres minutos.


Frau Bauer

Cuando reflexiono sobre lo que he hecho con mi vida en el último año y medio, pienso en mi abuela. Frau Bauer me habría escuchado, siempre lo hizo, habría dicho: keine schuld, evita la culpa. Mi abuela me inculcó que la culpa es una sentencia de cárcel auto impuesta y si no se reacciona a tiempo se convierte en cadena perpetua. 

29 octubre 2021

Capítulo 155  Reproches

(Tiempo aproximado de lectura: 32 minutos)


—Dime.

—Ya estoy fuera.

—Voy a por ti.

—No hace falta, dime dónde.

Llegué en veinte minutos a un local que ya conocía cerca de Plaza de España; me costó localizarlo, había demasiado humo y demasiada oscuridad. Rechacé el beso, estaba enfadada con él, con su mujer, con Sara y conmigo misma por haber accedido a todo; a montar la encerrona a Claudia y a interpretar el numerito de mi mamá está enferma.

—Cuéntame: quién es esa bollera.

—Si vas a empezar con esas me marcho.

—Tranquila, respira hondo, ya pasó.

—Ya pasó,  qué. Te crees muy listo.

Me robó un beso en un descuido, retiré la cara y pronuncié un «déjame» tan débil que no resultó creíble; me rodeó los hombros y lo volvió a intentar, hice ademán de evitarle pero le dejé, claro que le dejé, necesitaba consuelo y el olor de su piel a crema de afeitar y tabaco era lo menos dañino que podía chutarme; me morreó todo lo que quiso y más, se apoderó de mi culo y dejamos que el camarero se fuera sin saber qué es lo que iba a tomar.

27 septiembre 2021

Capitulo 153  Vendida


(Tiempo aproximado de lectura: 45 minutos)



—Hola, putita.

Me volví a todos lados.

—¡Estás loco! ¿cómo se te ocurre?

—Tranquila, putita, lo tengo todo controlado.

—No vuelvas a llamarme así y menos en el portal. —le amenacé.

—¿O qué? ¿se lo vas a decir al señor? Venga, sube, ya ha llegado, dile que te he llamado putita. Y cuando me mande llamar le contaré algunas cosas —le hice gestos de que se callara, pero me ignoró—: que me gustan los anillos que llevas en los pitones, o que el lunar que tienes en la teta se pone muy durito cuando te lo chupo; ¿quieres que siga?

Lo dejé con la palabra en la boca y fui hacia el ascensor.

—Espera, todavía no he terminado.

—¿Qué quieres?

—Hay un vecino que está muy interesado en ti.

—Qué dices.

—Don Jaime, el estirado del sexto, lo conoces pero como vas siempre con esos aires… Se fijó en ti desde que estuviste viviendo aquí. Me preguntó quién eras, le fui contando lo que sabía, que eres psicóloga, doctora en psicología nada menos, que no eras como las demás sino una amiga del señor Rivas y que eras su huésped porque necesitabas un lugar para aislarte y trabajar en un caso difícil. Vamos, lo que me dijo el señor. No ha parado de interesarse desde entonces aunque con el tiempo ha deducido que esa historia es una tapadera, lo mismo que piensan todos en el edificio. Y aquí viene el asunto: quiere que me encargue de conseguir tus servicios.

23 mayo 2019


Capítulo 121 Testimonio 

(Tiempo aproximado de lectura: 82 minutos)


Prólogo


Hace dos semanas el capítulo estaba terminado. Fue cuando lo leí, despacio, un par de veces, y sentí que una parte de nosotros no estaba presente en la historia.  Entonces me propuse enfocarlo desde otra perspectiva y para ello no vi más opción que echarlo abajo y comenzar de nuevo, como habíamos hecho con tantas facetas de nuestra vida.

He cambiado la mirada y la voz de quien lo narra. Además he añadido vivencias y puntos de vista que echaba en falta. Puede que sin pretenderlo haya sustituido una subjetividad por otra.

En definitiva: He dado testimonio.

20 febrero 2019

Capítulo 118   Terapia de puta

(Tiempo aproximado de lectura: 52 minutos)


A los diez minutos se presentó puntual. Falda, blusa de media manga y sujetador. Se me escapó una sonrisa que le provocó un gesto de desagrado. Estaba tensa, permanecía de pie  al otro lado de la mesa y mantuve la tensión en la que se definían los roles, yo presidiendo el acto, ella esperando una decisión sobre lo que debía hacer.

—Siéntate.

Lo hizo frente a mí, no a un lado como era habitual. Entrelazó los dedos y miró hacia la mesa.

—Estamos a punto de acabar con la influencia que Mahmud ejerce sobre ti. Eres una golfa, conseguiste admitirlo en voz alta delante de él; esa ha sido su única aportación. 

La tenía ante mí, derrotada. 

—Ahí empezaste a perder la poca vergüenza que te quedaba.

Humillada.

—Y hoy por fin has admitido que eres una puta. Ya lo eres. ¿Es así?

Hubo un largo silencio durante el que esperé que me mirara.

—¿Es así?

Sus negros ojos, esos ojos que pueden hacer de mí lo que quieran se clavaron en los míos, pero esta vez no tenían el poder que tantas veces me ha subyugado, era la mirada de una mujer rendida.

—Sí.

20 enero 2019

Capítulo 117   Walk on the wild side

(Tiempo aproximado de lectura: 64 minutos)


—Violación, orgía, prostitución; son los estadios que presentas en tu hipótesis; fragmentos de una confidencia que te hice en un momento de intimidad, cuando no era tan adulta como aparentaba.

Regresó al cabo de una hora y, contra su costumbre, dejó la bicicleta tirada; Ahora vengo, dijo al pasar por mi lado. Llegaba sudada, con la cara encendida; me imaginé que había estado pedaleando a buen ritmo, a pleno sol y sin casco. 

Descargando tensión. 

Bajó poco después tras darse una ducha rápida, ni siquiera perdió el tiempo secándose el pelo. Llevaba una camiseta de manga casi inexistente con tres botones sueltos que se le adhería a la piel húmeda y un pantalón de los que ya no usaba en el gimnasio; Estuve a punto de decirle que en cuanto se le pasase el sofocón de la carrera se iba a enfriar pero me contuve. No sé cómo iba a poder concentrarme, el cabello mojado le daba un aire salvaje, los pechos peleaban con el fino tejido y dejaban claro quien ganaba, los aros marcaban su perímetro alrededor de las pequeñas colinas que habían alcanzado bajo el agua helada su volumen de combate; más allá la joya que remata el ombligo pedía mi atención cada vez que la prenda se alzaba siguiendo el movimiento de sus brazos al colocarse el rebelde cabello.

La deseo como si fuera la primera vez que la viera.

18 abril 2018

Capítulo 107 Sexo, mentiras y lo que pudo ser


(Tiempo aproximado de lectura: 98 minutos)



Jueves, 13:30


—Lo primero que debemos hacer al volver a Madrid son unos análisis. Tanto tú como yo hemos estado expuestos a un riesgo importante, sobre todo tú, pero no eludo mi responsabilidad. Pongo la mano en el fuego por Carlos y por Doménico, quizá por Tomás, no puedo estar nada segura del resto.

—¿Del resto? ¿Puedes ser más concreta?

Sus ojos me traspasaron.

—¿Necesitas ese dato ahora o es solo para joder?

Desvié la mirada, tenía razón, había sido una salida fuera de tono.

—Disculpa, no tiene sentido. El mayor riesgo lo he asumido yo, debería haber pensado en hacerme un control hace tiempo.

«Y tú» pensé, pero no era momento para abrir un nuevo frente.

—No solo me has puesto en riesgo a mí, piensa en Graciela o en Elvira ¿En qué estabas pensando?

En qué estaba pensando, dice. ¡En qué estábamos pensando! Ambos hemos ignorado las más mínimas normas de seguridad, esas que estamos hartos de repetir a diario. ¿Qué ha sucedido para que nos hayamos lanzado a actuar a ciegas de una forma casi suicida?

—Tema cerrado. Punto dos: La mentira es una apuesta que tiene sus costes, has dilapidado un capital que te va a costar recuperar, Mario, y eso solo se consigue con tiempo y con esfuerzo. Lo siento pero es así.

31 enero 2018

Capítulo 104 La impúdica verdad


(Tiempo aproximado de lectura: 62 minutos)



He intentado subvertir su plan pero es implacable. Tiene un orden establecido y debemos mantenerlo, dice. No entiende mi interés en remontarme hacia atrás y tampoco puedo presionar demasiado. Debo encontrar el momento para mi confesión.

Encauza la sesión. Hace un quiebro que no esperaba. Claro, es muy hábil; cada vez la respeto más como profesional. Me cede la palabra, me deja al borde de otro abismo.

Cómo me enteré de que estaba en casa de Doménico. 

Se está soltando la mampostería de la chimenea.

Hay tanto que arreglar en esta casa…

Que cómo me enteré. 

No sé si necesito volver a pasar por esto.

—¿Cómo lo supiste?

Me ha concedido tiempo. Puede que haya seguido la deriva de mis ojos, que se haya fijado en cómo he acariciado la piel gastada del sillón, cómo he mirado al techo con ojos de Serrat. Sí, la verdad es que al techo le hace falta una mano de pintura. Y en cuanto al sillón, no lo pienso tirar, lleva tanto tiempo conmigo que es más que un viejo mueble, tiene mucha historia.

Que cómo me enteré.

08 octubre 2014

Capítulo 84 Ruleta rusa

(Tiempo aproximado de lectura: 56 minutos)


(Viernes)


Desde la mullida cama de Graciela escucho el rumor del agua en el baño. Me ha despertado el dolor de mi mano que se hace notar saliendo de una tregua que ha durado no sé cuánto, tres, cuatro horas quizás. 

Hace frío, echo en falta el calor que la calefacción central de casa, aún apagada, mantiene durante la noche y por otra parte agradezco estar arropado hasta el cuello, bajo el suave y ligero edredón que nos ha cobijado.

La luz entra a raudales a través de los visillos. Anoche no me percaté de la ausencia de persianas. Ella está duchándose y siento una débil tentación que destierro inmediatamente. No, no tenemos la suficiente confianza, no sé si rompería su intimidad. Prefiero esperar y quizás otro día ser invitado a compartir con ella ese placer.

El silencio que sucede a continuación se llena de murmullos que pinto con imágenes. La supongo desnuda envuelta en una toalla. Algunos sonidos me ayudan a recrear una pierna doblada con el pie sobre una banqueta o quizás apoyado en el borde de la bañera mientras ella seca el muslo. ¿Tendrá el cabello envuelto en una toalla? A lo mejor usa un gorro de baño como…

Un agudo dolor me atraviesa el pecho. Las imágenes se han transformado, ahora es Carmen la que suplanta a Graciela y seca sus pechos con esa gracia que conozco tan bien. Se enrolla la toalla en la cintura y al sentirse observada, gira la cabeza y me mira traviesa, “¿qué me miras?”

07 abril 2013

Capítulo 54 Disociación

(Tiempo aproximado de lectura: 19 minutos)


Dualidad


Amanecía y la pálida luz que comenzaba a diluir la oscuridad de la alcoba nos encontraba despiertos, cara a cara,  con la mirada clavada en el otro. Mi mano derecha descansando en el hueco de su cintura, su mano derecha rodeando mi agotado pene, el dedo pulgar extendido hasta rozar mi vientre acariciando a veces el vello como si de un impulso nervioso espontáneo se tratase; los demás dedos cobijaban al otrora orgulloso guerrero y lo apretaban con suavidad, sin ritmo determinado, con silencios y pausas anárquicas.

Y los ojos abiertos.

Nuestra mirada era un puente tendido sobre la almohada. ¿Se transmite el pensamiento? El científico dice NO. El hombre desnudo,  enfrentado a la mujer mas bella, mas puta, mas adorable a la que acaba de follar, joder, hacer el amor y con la que ha compartido las confidencias mas descarnadas, las confesiones mas libres y con la que ha roto todo los pactos y firmado cumplir las mayores profanaciones  dice  SI.

-        “No vas a conseguir de mi mucho más que eso” – dije cuando mi polla alcanzó un estado de grosor interesante pero no como para endurecerse lo suficiente, la noche había sido intensa y lo que en otro momento habría bastado para lograr una potente erección apenas podía mantener el volumen alcanzado.

-        “¿Quién te dice que quiero algo más que esto?”

Estaba relajada, inmóvil, de espaldas a la ventana. Su cabello revuelto esparcido por la almohada dejaba algún mechón pegado en su frente por el sudor. Dejé que mi mano acariciara la curva de su cadera y apreté levemente su nalga, mi polla dio un salto.

-        “¿No decías que estaba muerta?” – sonrió al sentirlo en su mano

-        “Sabes que tu culo me puede”

Arrastró su cara unos centímetros por la almohada, los suficientes para unir sus labios a mi boca. Abandoné su nalga y busqué su pecho. Mi dedo pulgar jugó con su pezón. Se estremeció.

-        “Me duele”

-        “Te mordí, lo siento, déjame ver”