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10 junio 2026

 Capítulo 210 Gambito de dama

 Tiempo estimado de lectura: una hora diecinueve minutos.

 

 

«El arte de la seducción, como el arte del ajedrez, no consiste en someter al otro, sino en entregarle el primer peón para obligarle a jugar bajo tus propias reglas»

 

 

11 mayo 2026

 Capítulo 209 Trigo limpio

 Tiempo estimado de lectura: dos horas doce minutos.

 

En el capítulo anterior…

 

Carmen subió al ático buscando distancia tras una conversación devastadora con su hermana que acababa de conocer la decisión de la separación. Mientras Esther se derrumbaba, Carmen presenció cómo Mario la consolaba con una ternura y cercanía excesivas: una mano en el hombro, una voz melosa, una mirada compasiva. Aquella escena encendió la certeza de que entre ellos había surgido algo que amenazaba con destruir a la familia.

 

Decidida a evitarlo a toda costa, tomó una decisión drástica y dolorosa: asumir la culpa de la ruptura para proteger el núcleo familiar. Contactó a Elvira, su primer amor, y le hizo creer que su matrimonio estaba acabado, Mario estaba destrozado y corría el riesgo de caer en brazos de Esther. Tras abrirle el camino, le pidió rescatarlo antes de que fuera demasiado tarde, suplicándole mantener aquella conversación en secreto.

 

Comunicaron la separación a la familia. La reunión fue tensa y dolorosa: el padre se derrumbó, la madre dirigió su decepción contra Carmen, reprochándole la ruptura y dando por sentado que él era la víctima. Esther se dedicó a consolar a todos, especialmente a su padre y a su cuñado. Carmen vio confirmadas sus sospechas sobre la peligrosa cercanía con su cuñado.

04 septiembre 2025

 Capitulo 203 Sacrificio

 Tiempo estimado de lectura: cincuenta y tres minutos.

 

«El padre de Armand entonces se sentó, me tomó la mano y me dijo: 'Marguerite, soy el padre de Armand. Él te ama y tú lo amas. Pero este amor no puede durar. Tengo una hija que debe casarse, y el buen nombre de nuestra familia no puede estar manchado por este escándalo. Sé que eres una mujer de buen corazón y que te sacrificarás por el bien de mi hijo. Si lo amas, lo dejarás. Es el único camino para su salvación y la nuestra.'»

 

La dama de las Camelias. Alejandro Dumas hijo

 

23 diciembre 2022


Capítulo 172  Lo que ocurre en la playa… (2)

Tiempo aproximado de lectura: 48 minutos.


Yo quisiera saber si tu alma es igual a la de cualquier mujer

Porque a mí me atormenta en el alma

Tu frialdad

Y sueño, con gran pasión, que vives para mí

como yo vivo, niña, por ti

Tu frialdad, Triana 1980   Escuchar


(Veintiuno de Agosto, Martes de madrugada)


Me despertó el calor. Mario dormía profundamente. No lograba conciliar el sueño y abandoné la cama con cuidado. Bajé a la cocina, vacié de un trago un vaso de agua del frigorífico. Se estaba bien, mejor que en la planta de arriba. Oriné y me refresqué toda. Volví a la cocina y bebí con calma otro vaso de agua, luego entré al salón y abrí el mirador; qué noche más buena. Salí al exterior, el aire puro actuó igual que lo haría un bálsamo. 

Cómo habían cambiado las cosas, a estas horas deberíamos estar en la Sierra, sin embargo vivíamos una aventura impredecible en una villa de lujo y yo me llevaba la mejor parte, sin duda, porque Gerardo había resultado ser un amante colosal, un fuera de serie; solo de pensarlo se me erizaba la piel. Y otras cosas.

Mario lo estaba asimilando mejor de lo previsto; al primer contacto entre ellos congeniaron como si fueran a convertirse en amigos. No me confié, faltaba la prueba de fuego: los preparativos para acudir a la primera cita y ahí estuvo genial, pude irme sin el menor remordimiento. Pensaba contárselo cuando despertase, aunque debería suavizarlo, no era prudente que lo supiera todo. ¿Cómo no me lo advirtió Lorena?

«Ya podías haberme avisado, me ha dejado destrozada».

Me había precipitado, si acaso andaba despierta estaría ocupada, seguro.

Unos segundos después, dio señales de vida:

12 septiembre 2021

Capitulo 152 Malentendidos

(Tiempo aproximado de lectura: 25 minutos)


Tomás

Habíamos hablado largo y tendido, daba la sensación de sentirse solo porque cada vez me retenía más al teléfono o llamaba sin ningún motivo concreto. No, las cosas no debían de estar yendo tan bien como contaba. 

—¡Hola, qué sorpresa! —respondí con un poquito de guasa cuando apenas habían pasado quince minutos de su anterior llamada. 

—Eso es lo que quería, darte una sorpresa, pero no he podido resistirme: vuelvo a Madrid.

Me dio un vuelco el corazón.

—¿Cuándo?

—Estoy saliendo para Heathrow.

—Voy a recogerte.

—No seas loca, no te voy a poder dedicar mucho tiempo.

—Me da igual, dime tu vuelo.

Llegué a Barajas con la hora justa, menos mal que sufrió un pequeño retraso. Lo vi aparecer por la puerta entre el resto de pasajeros y tuve que contenerme para no echarme al cuello. Lo notó y se emocionó. Qué dos tontos. Aguantamos hasta que estuvimos a resguardo dentro de mi auto, entonces me volqué hacia él y lo besé sin medida.

12 mayo 2020

Capítulo 131 Sexo, mentiras y coñas marineras

(Tiempo aproximado de lectura: 45 minutos)


Miércoles, diecisiete de Mayo de dos mil


Todo fue por culpa de aquella maldita llamada. Me cambió el humor y alteró la perspectiva con la que enfoqué el resto del día. Estoy convencida de que las cosas hubiesen discurrido de otra manera de no haber sido por aquella maldita llamada. Por muchas vueltas que le di no le encontré ningún sentido. ¿A qué venía después de tanto tiempo?. Esa llamada me afectó más de lo que en un principio creí y varió el curso de los acontecimientos.

—Te ha llamado el doctor Huete, dos veces.

Ni buenos días. Paloma me recibió dándome el aviso; de pie a su lado la secretaría de Andrés y Josefina, de contabilidad, se mantenían con un café en la mano como si fueran espectadoras de un acontecimiento.

Roberto, la última persona a la que esperaba.

—¿Ha vuelto? —Qué tontería, me arrepentí nada más preguntarlo porque denotaba un interés que en absoluto sentía.

—¡Qué va!, lleva dos semanas en Nueva York y el domingo vuelve a Colorado.

Parece que habían estado de charla mientras esperaban mi llegada, seguro que le habían puesto al corriente de mi accidentada trayectoria. No hice ningún otro comentario y seguí hacia el despacho.

—¿Si vuelve a llamar te lo paso? —Me volví y la fulminé.

—A ver, piensa.

Ya dentro cerré la puerta y traté de rebajar la ansiedad, ¿qué podía querer Roberto a estas alturas?, lo aparté y me dediqué a inspirar y espirar con calma mientras miraba por la ventana. Poco después el teléfono desbarató ese amago de relajación.

—Te paso al doctor Köhler.

Atendí a mi colega de Berna con el que manteníamos un proyecto de colaboración muy estrecho. Nada más colgar tuve otra entrada de Paloma.

—Te ha vuelto a llamar el doctor Huete, dice que es muy urgente.

—Pásamelo en cuanto llame.

Debía de serlo para estar llamando a las…, hice un cálculo rápido, allí debían de ser las tres y media de la madrugada. ¿Qué estaba ocurriendo? No tuve tiempo de seguir con mis  especulaciones. 

—Te paso a Huete.

Me acodé en la mesa. Respiré, respiré.

—¿Qué quieres?

—Yo también me alegro de oírte. ¿Cuánto hace: cinco, seis meses?

—Dime, qué quieres.

Capítulo 130 Dueña de mis actos

(Tiempo aproximado de lectura: 52 minutos)



I'm looking through you, where did you go 

I thought I knew you, what did I know

You don't look different, but you have changed 

I'm looking through you, you're not the same 


Lennon & McCartney 1965


El puente de San Isidro transcurrió de una manera muy diferente a lo que debía haber sido. No hicimos planes, ¿para qué si en el aire estaba la duda?. Doménico no apareció, sin embargo su presencia se notaba como si estuviera entre nosotros.

Entre nosotros, marcando límites, haciendo que fuera difícil establecer un diálogo.

Teníamos tres días por delante; podían convertirse en una cárcel si no empezaba a bajar la tensión aquella mañana soleada que invitaba a escapar de casa. Ella, ignorante de mi estado de ánimo, seguía la rutina de cualquier otro sábado; si no cambiaba de actitud pronto se daría cuenta. Subí al ático y me dispuse a limpiar las jardineras que rodean el perímetro de la terraza. Cuando bajé a ducharme Carmen estaba en la terraza al teléfono, ni me vio entrar en el salón; apuré unos segundos tratando de adivinar, por los escasos gestos que hacía, con quién hablaba pero era inútil y me fui al baño comido por la duda. Cuando salí la encontré en el salón, seguía hablando, me miró y dijo:

—Mira, aquí está, díselo tú.

Me ofreció el teléfono sin darme pista alguna. Tuvo que insistir para que lo cogiera. 

Juanjo joder, era Juanjo. Respiré aliviado, ¿a quién esperaba encontrar al otro lado?. Hacían planes para ir a comer al Pardo, apenas puse inconvenientes y quedamos en Moncloa para ir todos juntos.

—¿Qué te ha pasado? estabas pálido.

Me excusé como pude y no insistió, nos quedaba un hora escasa para arreglarnos. Dediqué diez minutos a recoger el baño y para cuando entré en la alcoba ya se había desnudado y elegía qué ponerse. Sobre la cama, vestida en azules pastel, una prenda desentonaba, unas bragas color naranja, unas bragas que no podían ser de Carmen. Carmen, que seguía ajena buscando en el armario. Las cogí, se veían usadas, descoloridas por la parte inferior, En ese momento sacó del armario un vaquero y me encontró palpándolas.

10 marzo 2020

Capítulo 129 Mi vida con Luca

(Tiempo aproximado de lectura: 69 minutos)


«Así que vas en serio?» 

«A estas alturas deberías saberlo, siempre que me meto en algo voy en serio.»

«Eso ya lo sé, pensaba que con lo que ya has pasado y alguna otra experiencia más te bastaría para evaluar tu experimento.»

«Estás deseando que lo deje. Pareces el típico padre angustiado por las primeras salidas nocturnas de su hija; lo tolera, hace como que está de acuerdo pero si pudiera la mantendría en casita a buen recaudo.»

«¿Así es como me ves, cómo un padre temeroso?»

Fue lo último que nos dijimos, si le hubiera respondido nos habríamos hecho un daño innecesario; menos mal que no suelo dejarme llevar por el primer impulso. Pero se dio cuenta, es inevitable, nos conocemos demasiado bien. Hoy apenas hemos hablado durante el desayuno, qué pena. 

Me desconciertan estos cambios de humor. Si lo que sucedió el viernes hubiese sido más… convencional, suponiendo que cobrar por tener sexo se pueda definir de ese modo, anoche habría reaccionado de otra manera. Sigue afectado por lo que me hizo Javier y no lo culpo. Tenemos que volver a hablarlo.

—Vaya, me has leído el pensamiento, iba a llamarte en cuanto llegase.

—Estupendo porque tengo una noticia que darte.

—Ah, hola Tomás, buenos días; creí que eras mi marido.

—Buenos días, ya lo supuse. Tengo algo que te va a alegrar el día; te invito a desayunar.

28 diciembre 2019



Capítulo 127 Consumación

(Tiempo aproximado de lectura: 77 minutos)


IV. La llamada


—Hola cielo, ¿qué tal vas?

—Mario soy Tomás. Carmen me ha dicho que te llame.

Eran las tres de la madrugada cuando sonó el móvil. Seguía despierto, la ansiedad no me había dado tregua. 

—¿Cómo es que tienes su teléfono?

—Me pidió que se lo guardara. Esto se va a alargar y no quiere que te preocupes.

—Pero… eso no es lo que le dijiste. ¿Qué está pasando?

Me arrepentí nada más decirlo, no quería avergonzarla. 

—Mira Mario: no soy yo quien ha empujado a tu mujer a que se metiera en esto, solo trato de que, ya que ha tomado esta decisión, no lo haga sola o caiga en malas manos.

Encajé la bofetada. Sí, era yo el responsable.

—Lo sé y te lo agradezco, solo quiero saber…

—Lo que tengas que saber será ella quien te lo cuente, yo ya he hecho lo que debía. Buenas noches.

—Solo dime una cosa: ¿Cuándo va a volver?

—No la esperes hasta mañana, se ha comprometido para toda la noche.