Mostrando entradas con la etiqueta acoso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta acoso. Mostrar todas las entradas

08 junio 2018

Capítulo 108 Viernes de pasiones (1)

(Tiempo aproximado de lectura: 135 minutos)


“Todos los hombres tienen algún lugar, alguna aventura o alguna fotografía que son la imagen de su vida secreta.”


W. B. Yeats


Desayunamos. Carmen se ha preparado para salir a correr. La veo ensimismada dando vueltas a la cucharilla.

—Tienes mala cara.

—¿Eh? Sí, no he dormido nada bien.

Lo sé, yo tampoco. Cuando regresó a la cama fingí dormir, ella se acostó con sigilo y permaneció quieta intentando conciliar el sueño; enseguida noté que, como a mí, le resultaba imposible, no conseguía encontrar la postura, estaba intranquila aunque procuraba no molestarme. Así llegó el alba y ambos interpretamos la comedia de un amanecer cotidiano.

—Vaya.

—No sé, el caso es que me desperté muchas veces y ya de madrugada me despejé. No te enteraste cuando bajé a beber y me quedé en el salón, no quería despertarte dando vueltas; me arropé con una manta y salí al jardín, se estaba bien pero al rato me quedé fría; volví dentro me tumbé en el sofá y estuve leyendo un rato, pensando. Al final hice una locura —entornó los ojos y sonrió—, cogí el móvil y…

—Lo sé.

Me he precipitado, ha sido un impulso irrefrenable. «Justo cuando iba a descubrir al interlocutor», me reprocho.

—¿Lo sabes, cómo que lo sabes? —pregunta asombrada.

15 febrero 2015

Capítulo 90 La profecía cumplida

(Tiempo aproximado de lectura: 69 minutos)


(Domingo)


–La he negado tantas veces que ni yo mismo me lo acabo de creer, no sé cómo he sido capaz de hacer algo así, no lo entiendo.

Sentado frente a Graciela intentaba hacer un ejercicio de reflexión como el que tantas otras veces había emprendido con mis pacientes, solo que en esta ocasión el paciente era yo y necesitaba un interlocutor que me ayudase a no caer en las mismas trampas que como terapeuta no siempre resulta fácil detectar. Quizás ella podría ser capaz de interpretar ese papel. Ser la voz de alarma cuando cayese en los mismos trucos que otros antes que yo usaron para no afrontar la realidad, para no asumir los errores en los que, a pesar del dolor, el ego se refugia y se siente seguro.

–La he llegado a negar tres veces en esta semana. —Insistí.

–Como Pedro.

–¿Qué?

–Como Pedro negó a Jesús. Él  también lo hizo tres veces y no fue hasta que escuchó el canto del gallo que cayó en la cuenta. Le amaba y a pesar de ello lo negó una y otra vez. A partir de ahí reaccionó e hizo todo lo que estuvo en sus manos por recuperarle. A lo mejor tú has necesitado negarla más de una vez, rechazarla reiteradamente antes de reaccionar y ponerte en su busca.

–No sabía que fueras religiosa – Graciela sonrió.

–¿Y qué es lo que sabes de mí?

Si me hubiera dado una bofetada no me habría dolido tanto. Por su expresión supe que se había dado cuenta y evité hacerla pasar por una disculpa.

–Tienes razón. ¿Crees que ya ha cantado el gallo para mí?

08 octubre 2014

Capítulo 84 Ruleta rusa

(Tiempo aproximado de lectura: 56 minutos)


(Viernes)


Desde la mullida cama de Graciela escucho el rumor del agua en el baño. Me ha despertado el dolor de mi mano que se hace notar saliendo de una tregua que ha durado no sé cuánto, tres, cuatro horas quizás. 

Hace frío, echo en falta el calor que la calefacción central de casa, aún apagada, mantiene durante la noche y por otra parte agradezco estar arropado hasta el cuello, bajo el suave y ligero edredón que nos ha cobijado.

La luz entra a raudales a través de los visillos. Anoche no me percaté de la ausencia de persianas. Ella está duchándose y siento una débil tentación que destierro inmediatamente. No, no tenemos la suficiente confianza, no sé si rompería su intimidad. Prefiero esperar y quizás otro día ser invitado a compartir con ella ese placer.

El silencio que sucede a continuación se llena de murmullos que pinto con imágenes. La supongo desnuda envuelta en una toalla. Algunos sonidos me ayudan a recrear una pierna doblada con el pie sobre una banqueta o quizás apoyado en el borde de la bañera mientras ella seca el muslo. ¿Tendrá el cabello envuelto en una toalla? A lo mejor usa un gorro de baño como…

Un agudo dolor me atraviesa el pecho. Las imágenes se han transformado, ahora es Carmen la que suplanta a Graciela y seca sus pechos con esa gracia que conozco tan bien. Se enrolla la toalla en la cintura y al sentirse observada, gira la cabeza y me mira traviesa, “¿qué me miras?”

06 junio 2014

Capítulo 75 Fundido en negro

(Tiempo aproximado de lectura: 52 minutos)

Carmen se miró el cuello por última vez en el espejo del cuarto de baño, el maquillaje disimulaba bastante bien las marcas más antiguas que ya empezaban de palidecer, todavía recordaba las miradas de Gloria cuando apareció por su casa sin haber ocultado los rastros de la batalla. Al otro lado, los dientes de Doménico se perfilaban con claridad en una zona que el cuello de la camisa no conseguía ocultar del todo y a la que tuvo que dedicarse con mayor atención.  Un repaso final a su aspecto general fue determinante para despejar las ultimas dudas: hoy tenía que pasarse por casa a recoger ropa. Iría a mediodía  para no coincidir conmigo, no se encontraba preparada para eso todavía.

Se despidió de Doménico con un beso que se convirtió en un abrazo intenso, apasionado, demasiado largo, demasiado intenso, los cuerpos tan pegados como para sentir la incipiente erección y comenzar a humedecer la braguita recién estrenada. ¡Mierda, olvidó comprar salvaslip!

02 septiembre 2008

Capítulo 30  La capitulación

(Tiempo aproximado de lectura: 59 minutos)


El amanecer nos expulsó del paraíso y nos devolvió a la realidad, Carmen salió hacia su trabajo, temiendo el encuentro con su jefe, presagiando su propia indecisión, luchando por compaginar su dignidad y su ambición.

Y yo, mientras me dirigía al gabinete, pensaba si no me habría extralimitado con mis palabras sobre Roberto, prácticamente le había aconsejado que se dejase llevar del placer que pudiera sentir cuando éste la metiese mano. Recordé algo preocupado mi respuesta a su pregunta sobre si debería dejarle ir más allá. Lo que le dije parecía una clara invitación a hacer lo que hiciera falta para no perder el ascenso.

……

- “¿Qué?” – Carmen llevaba ya un rato incómoda por las insistentes miradas de Roberto a sus piernas y se decidió a afrontar el asunto con la esperanza de que la dejara trabajar tranquila, se había sentado de lado para poder cruzarlas sin preocuparse ya que Roberto estaba al otro lado de la mesa, pero éste se las ingenió para acabar frente a ella; era como un niño, - pensó Carmen -, a veces su comportamiento rayaba lo infantil.

Prefería verlo de ese modo antes  que como un acosador, le resultaba menos difícil afrontar sus manoseos como la travesura de un chiquillo que como el abuso de un pervertido. Roberto la miró fingiendo no entenderla

- “Basta ya, no me dejas concentrarme en lo que leo”

- “¿Y yo qué culpa tengo de que tus piernas sean tan largas, tan perfectas…”

- “Ya, ya, ¿podemos seguir trabajando?” – Roberto no tenía intención de parar.

- “¿Te las has medido alguna vez?” – Carmen se quedó boquiabierta ante lo inesperado del argumento, no pudo evitar un golpe de risa que molestó visiblemente a Roberto, ella intentó suavizar el efecto de su gesto.

- “Nunca se me ha ocurrido tal cosa, eso de las medidas es mas cosa de chicos” – Carmen maldijo su tendencia a sacarle punta a todo, Roberto creyó ver en esa frase un resquicio y lo aprovechó

- “¿Quieres saber mi medida?” – su sonrisa resultaba casi sucia.

- “No gracias, no tengo el más mínimo interés, venga, sigamos trabajando”

- “Veintidós centímetros” – Carmen estalló en una carcajada, era un farol propio de un adolescente en plena sobredosis hormonal y no se pudo controlar, Roberto se levantó y echó mano de la cremallera de su bragueta.

- “¿Qué haces? ¿estás loco?” – Carmen descruzó las piernas y se irguió dispuesta a levantarse si a Roberto se le ocurría seguir adelante.

- “¿Juegas al mus?” – Carmen no le seguía – “he lanzado un órdago y tú has dicho ‘lo veo’”

- “No Roberto, no he dicho nada, dejémoslo ya, y si no vamos a trabajar me voy” – dijo recogiendo los papeles de la mesa, Roberto levantó las manos en señal de rendición

- “De acuerdo, se acabó el tema, pero reconoce que te he intrigado” – Carmen renunció a seguir alimentado aquel absurdo diálogo.

- “Venga, a tu sitio” – dijo indicándole con un dedo la silla al otro lado de la mesa, le trataba como a un chiquillo malcriado y Roberto obedeció sonriendo.

- “Luego dirás que no te hago caso” – Carmen había reanudado la lectura del documento y no  se dio cuenta de que había sonreído al escuchar este último comentario, Roberto vio el gesto.

- “¿Ves como en el fondo te lo pasas bien conmigo?”

Carmen subió la vista hacia él con expresión de incredulidad y volvió a la lectura; pensó que, a pesar de todo, había conseguido crear un buen clima entre ellos en el que le resultaba más fácil controlar sus excesos o soportarlos cuando no podía disuadirle. Aquella situación le resultaba más llevadera que la confrontación permanente en la que ella asumiría el papel de víctima y él sería el abusador.

Poco antes de terminar la reunión, Roberto le anunció un almuerzo para el día siguiente con miembros de la junta del Colegio para negociar una inserción no publicitaria en la revista con motivo de la reestructuración del gabinete.

- “Ponte guapa, ya sabes”

22 julio 2008

Capítulo 27  Negociación

(Tiempo aproximado de lectura: 25 minutos)


"¿Dígame?"

"Elena, soy Mario" – El silencio que siguió a mi frase me hizo dudar de mi idea de llamarla, por un momento temí que colgara. – ", ¿te pillo en mal momento?"

"¡Hombre!, el desaparecido"

"Cierto, y no será porque no me haya acordado de ti"

"¡Quién lo diría!"

"Por eso quería llamarte, para disculparme"

"Pues te ha costado, hace dos o tres semanas que me lo dijo Carlos, pensé que te habías vuelto a olvidar"

"Nunca me he olvidado Elena, nunca"

"Es igual, no pasa nada"

"No, no es así, hubiera querido… no sé, hablar más, poder…" – Elena interrumpió mi incoherente discurso.

"¿Y Carmen? ¿qué tal sigue?"

"Bien, como siempre, muy metida en su trabajo, en sus cosas"

"¿Os seguís viendo, no?" – recordé sus sospechas y procuré ser cauto.

"Si de vez en cuando, si las circunstancias son favorables"

"Ya, claro, recuerdo que aquella noche estaba muy molesta con vosotros dos, especialmente contigo, espero no haber sido yo la causa"

"En absoluto, se sintió engañada por el asunto de las habitaciones que reservó Carlos"

"Si las cosas no se hablan pueden causar estos efectos, aquello le debió parecer una encerrona, poco menos que un picadero"

"No le gustan las mentiras"

"A mi tampoco Mario" – no quise entrar al fondo de aquella frase que por el tono en que fue dicha, parecía querer decir mucho mas.

"Sentí dejarte así, hubiera querido…"

"Déjalo, aquello ya pasó; Supongo que aclaraste las cosas con ella, ¿no?" – insistía en el tema de Carmen donde me sentía incomodo.

"Si, aunque nunca me acabó de creer del todo"

"Creo que Carlos ya le ha contado cómo fue y eso te deja libre de responsabilidad ante ella".

"¿Y ante ti?" – Elena calló un momento.

"Conmigo no tienes ninguna obligación" – pensé decirle que con Carmen tampoco pero no quería mentir tan explícitamente.

La charla se fue suavizando, poco a poco comenzamos a hablar como no pudimos hacer aquella noche; evité hacer cualquier referencia a lo que había sucedido entre nosotros aunque la cercanía de su voz reavivaba en mi la excitación del recuerdo de sus besos, el erotismo que emanaba al saberla desnuda bajo su vestido accediendo a mi deseo, la calidez de su sexo, su peculiar manera de gemir en mi oído…

"Me gustaría volver a charlar contigo, si es que te apetece" – le dije poco antes de despedirnos.

"Claro, ¿Por qué no? Cuando quieras"

09 julio 2008

Capítulo 25  El retorno de Carlos

(Tiempo aproximado de lectura: 21 minutos)


"Hola Mario, ¿Qué tal?" – Carlos había reconocido mi móvil, me había costado toda la mañana hacer aquella llamada, sabía que si la hacía estaría a un paso de ponerle a Carmen en bandeja y no me sentía en absoluto tan seguro como creía estar.

"Hola Carlos ¿cómo va todo?

"Bien, como siempre, ya sabes, aquí en provincias hay menos variedad que en la capital" – bromeó.

"Ya será menos ahora me vas a decir que allí no lo tenéis todo muy bien organizado"

"Bueno, tú dirás" – hice una pausa en la que aún estuve tentado de desviar el tema de conversación y dar por zanjado algo que podía ser muy arriesgado, el órdago lanzado por Carmen no tenía por qué ser recogido por mí.

"¿Estás ahí?"

"Si, perdona ya estoy contigo, verás, llevo algún tiempo pensando… dándole vueltas a algo que me preocupa"

"Cuéntame y si te puedo ayudar…"

"Creo que si; Se trata de Elena, desde que estuvimos en Sevilla no dejo de pensar en la forma tan brusca que tuvimos de terminar aquella noche, al menos tu y yo pudimos hablar después, pero Elena… no sé, quizás ni se acuerde de aquello, posiblemente lo haya olvidado y no le de importancia pero…"

"Bueno, la verdad es que se quedó un poco… digamos, dolida, y más aún cuando no la volviste a llamar"

"De eso se trata, no tengo su teléfono y me gustaría disculparme"

"No creo que haga falta Mario, ya lo tiene superado"

"Ya, pero aún así, me gustaría"

"Y quieres que te de su número, ¿no?"

"Si, si no tienes inconveniente" – sabia que se acercaba el momento crítico.

"Por mí no pero, ya sabes, tendría que consultarlo antes con ella, supongo que lo entiendes porque te ocurrió lo mismo cuando te pedí el teléfono de Carmen" – ahí estaba, de una forma velada e indirecta me planteaba el canje.

"Por supuesto, díselo y ya me contarás"

"Por cierto, ¿Qué tal Carmen? ¿Sigues viéndola?"

"Siempre intentamos buscar algún momento para vernos"

"Claro, me extrañaría que dejases pasar una oportunidad así, es una mujer increíble"

"Lo es, desde luego que si"

Se produjo un silencio que presagiaba lo que iba a venir.

"Dime una cosa, ¿alguna vez te ha preguntado por mi?" – Noté como se me erizaba el vello de la nuca, era un momento trascendental; De lo que contestase en ese instante dependían tantas cosas…

"Hace poco me preguntó si seguía en contacto contigo, le dije que si, pero no me hizo ningún comentario más" – la suerte estaba echada.

"Vaya, es un buen síntoma" – su voz había cambiado, parecía más jovial, más alegre"

14 junio 2008

Capítulo 22 Claudicación

(Tiempo aproximado de lectura: 23 minutos)


El lunes Carmen madrugó más de lo habitual, me despertó el sonido de la ducha; Me levanté y comencé a preparar el desayuno, al poco tiempo apareció en la cocina ya preparada para salir.

"Lo siento, tengo que llegar pronto hoy" – dijo mientras tomaba uno de los vasos de zumo de naranja y se lo bebía casi de un trago.

"¿No vas a desayunar nada mas?"

"Luego tomaré algo, a media mañana" – me dio un rápido y beso y salió de casa.

Apenas tuve tiempo de reaccionar, me pareció extraño que no me hubiese comentado nada en todo el fin de semana y, mientras terminaba mi desayuno, recordé su cambio de humor del domingo por la tarde. Imaginé que estaba preocupada con el asunto del nuevo departamento, no le di más importancia.

Carmen llegó al gabinete media hora antes de lo normal y tuvo que esperar unos diez minutos hasta que apareció Victoria, la secretaria, con las llaves. Quiso llegar antes de que ya fuese noticia su larga sobremesa con Roberto.

Se encerró en su despacho e intentó centrarse en su trabajo para calmar la tensión.

A las nueve y media apareció Julia.

"¿Qué tal el viernes?" – Carmen no logró adivinar si estaba ya al tanto.

"Fatal, una encerrona, una de las suyas"- sus palabras transmitían preocupación y abatimiento, Julia se dio cuenta de que era serio y se sentó- "A estas horas debo ser la comidilla de toda la oficina"

"No creo que sea para tanto Carmen, te fuiste a comer con él, todos sabíamos que era un tema de trabajo.

Carmen le contó lo sucedido sin entrar en detalles, la aparición del administrativo en el restaurante complicaba la situación. Julia intentó ayudar.

"No te preocupes, voy a enterarme y pondré las cosas en su sitio" – Carmen negaba con la cabeza.

"Julia, ya hemos vivido situaciones como estas otras veces y no le hemos dado ningún margen a las chicas que ha acosado Roberto, lo sabes bien".

"¿Te ha acosado" – Carmen desvió la mirada y evitó una respuesta directa, Julia no insistió

Una hora más tarde era ya inevitable que Carmen tuviera que salir de su despacho, no debía mantenerse más tiempo aislada. Recorrió el pasillo hacia el vestíbulo que sirve de distribuidor y saludó a quienes se cruzaron con ella, con el corazón encogido distinguió perfectamente las conversaciones que se silenciaban a su paso, entendió con claridad las miradas que le llegaban de las mesas… y se hizo a la idea de afrontar el mal trago y esperar que pasase.

04 junio 2008

Capítulo 21  El acoso

(Tiempo aproximado de lectura: 20 minutos)



"Carmen, ¿puedes pasarte por mi despacho, por favor?"

"Dame diez minutos, Roberto"

"Los que necesites, te espero" – su estilo, de una amabilidad estereotipada y empalagosa, le resultaba tan desagradable que no pudo evitar hacer un gesto de fastidio mientras colgaba el teléfono; Julia, sentada frente a ella no perdió ese gesto.

"¿Y ahora que quiere ese?"

"Incordiar, ya sabes, los viernes siempre se le ocurre alguna cosa destiempo, parece que se aburre"

Se demoró innecesariamente durante un cuarto de hora antes de acudir al despacho de su jefe, tenía la puerta cerrada y golpeó con los nudillos antes de abrir.

"Pasa pasa, te esperaba" – dijo Roberto levantándose y saliendo a recibirla.

"Tú dirás" – Roberto le ofreció asiento con un gesto pero Carmen ya había comenzado a sentarse.

Roberto inició una disertación tediosa y recurrente sobre la evolución del gabinete en los últimos dos años, siguió luego con una exagerada alabanza de la actividad de Carmen y pasó después a exponer los planes de expansión que tenían en mente los socios. Carmen se perdía en el enrevesado discurso plagado de argumentos repetitivos y detalles sin importancia, no tenía claro por qué le contaba todo eso.

"…me gustaría que me dieras tu opinión sobre ese nuevo departamento, quisiera escuchar lo que tiene que decir una de nuestras más brillantes psicólogas" – la adulación no hizo mella en ella que continuo impasible.

"Bueno, como sabes es un área en la que llevo trabajando varios años, si quieres te puedo preparar un informe sobre lo que yo consideraría prioritario" – Roberto se incorporó del respaldo y apoyo los codos en la mesa adelantándose hacia ella.

"Quiero algo más, Carmen, quiero saber qué harías tu, cómo organizarías ese departamento si fuera tu responsabilidad"

A Carmen le pilló por sorpresa esa velada oferta, intentó que su rostro no delatara las emociones que le sobrevinieron pero la sonrisa de Roberto le indicó que no había tenido éxito.