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16 octubre 2025

 Capítulo 204 Entropía

 Tiempo estimado de lectura: setenta y ocho minutos.



Entropía: Es una medida de la magnitud del desorden, también, de la falta de comunicación.

 

La entropía mide cuán impredecible o aleatoria es una fuente de información.

 

"La verdadera Babilonia no fue la torre, sino la renuncia a escuchar. La confusión comenzó en el corazón, antes de llegar a la lengua."

 

11 julio 2024

Capítulo 189  En el ojo del huracán


Tiempo estimado de lectura: cincuenta y nueve minutos.


Tú juegas a engañarme, 

yo juego a que te creas que te creo, 

escucho tus bobadas 

acerca del amor y del deseo 

y no me importa nada, nada 


Tú juegas a tenerme, 

yo juego a que te creas que me tienes 

serena y confiada 

invento las palabras que te hieren, 

y no me importa nada. 


Tú juegas a olvidarme 

yo juego a que te creas que me importa, 

conozco la jugada 

sé manejarme en las distancias cortas 

y no me importa nada, nada 

Luz Casal 1989

20 junio 2024

Capítulo 188 La tempestad


Tiempo estimado de lectura: ochenta y siete minutos.


¡Silencio! Si dices otra palabra, 

te reñiré, y aun te odiaré.

¡Cómo! ¿Abogada de impostor? ¡Calla!

Porque solo has visto a él y a Calibán 

te crees que no hay otros como él. ¡Necia! 

Al lado de otros hombres, él es un Calibán, 

y a su lado, ellos son ángeles.


La tempestad. William Shakespeare 



Caza mayor 


(La mañana posterior a los atentados…)

«—La doctora Rojas me informó en detalle y acordamos que, hasta que hablase con el doctor Álvarez Atienza, se abstuviera de aparecer por aquí. 

Hubo algunos murmullos y gestos de confusión. Estaba sorprendida por el revés dado a la historia, Andrés me había sacado del foco de las críticas, todo el interés se centró en poner los medios para localizar a Ángel. Lo que ocurrió después fue algo previsible, una retirada en toda regla de los inquisidores sin mediar disculpa, tampoco la quería. Una vez solventado el primer acto, le acompañé al despacho.

—No sé cómo darte las gracias.

—Procura no dar motivos para que tenga que volver a acudir en tu auxilio.

Le sonreí, hubiera querido abrazarle, pero ni era el lugar ni el momento oportuno.

—¿Llegaste bien anoche a tu casa?

—Ah, sí. Por cierto, espero que no tengas en cuenta…

—Olvídalo.

Hubo un silencio incómodo, podríamos habernos dicho tantas cosas, sin embargo, Andrés salió por la vía más fácil, o más cobarde.

—Será mejor que salgamos y nos enteremos si hay noticias.» (1)

01 diciembre 2022


Capítulo 171  Lo que ocurre en la playa… (1)

Tiempo aproximado de lectura: 25 minutos.



La nuit je deviens fou, je deviens fou

Salvatore Adamo, 1965  Escuchar

(Diecinueve de Agosto, Domingo)


Me despierta una mano cubriéndome un pecho y una tensa dureza clavada en los glúteos. No estoy del todo despierta, por eso lo que siento no encuentra barrera y llega a lo más profundo de mi cerebro, esa parte animal activa la pelvis y lanza un impulso rápido y breve, la verga reacciona, empuja, golpea y el instinto primario da otra vez la respuesta; ya estoy despierta, ya estoy dispuesta. Echo mano hacia atrás y la atrapo, la envuelvo, la aprieto, crece en mis dedos, la guío, la emboco, se hunde muy dentro. Me quejo, me ahogo. Empalada respondo clavándome en la estaca hasta el fondo. Trotamos enganchados, frotamos los cuerpos allí donde nos ensartamos, danzamos pegados un ritmo sincopado. Me abre, me raja, me vierto, me inflamo, me inunda, me llena.


25 septiembre 2019

Capítulo 124 El despertar

(Tiempo aproximado de lectura: 59 minutos)


El tiempo no espera a nadie


Al abrir la puerta de casa me extrañó no ver luz. Las llaves de Mario estaban donde siempre, en el cuenco de madera del aparador. Encendí la lámpara del salón, dejé el bolso y la chaqueta y seguí hacia la alcoba. «¿Mario?», lancé sin ninguna esperanza de obtener respuesta. Me liberé de los tacones y volví con intención de subir al ático, el único lugar donde esperaba encontrarle. «¿Estás ahí?» pregunté a mitad de escalera. Cuando llegué al rellano lo vi en el sofá leyendo en absoluto silencio, ajeno a mí como si no me hubiese escuchado. Me apoyé en el marco de la puerta cruzada de brazos. Tras una estudiada pausa dejó el libro.

—¿Dónde estabas? 

Así, a bocajarro. No es propio de él y tomé la mejor decisión, ignorar la provocación y llevarlo a mi terreno.

—Hola cariño, ¿qué tal tu día? Bien amor, y a ti qué tal te ha ido?

Pura comedia. Mantuvo algo de la fingida dignidad con la que me había recibido pero mi pequeña pantomima lo había desarmado. Me acerqué despacio y tomé asiento buscando el contacto. Le debía haber avisado de mi retraso es cierto pero no era para tanto, ¿o sí? Me miró de reojo algo inseguro desvelando la incertidumbre que lo asediaba. Esa era la clave: Vivíamos una etapa en la que no acertaba a prever cuales eran los pasos que estaba por dar, ni en ese momento en que me detuve ahí, pegada a él como tampoco predecía hacia dónde conducía mi vida. Esa era su incertidumbre.

Pobre. Lo besé en la mejilla.

—¿Qué pasa? —protesté bajito cerca del oído dejando una húmeda caricia.

—Te he puesto varios mensajes.

—Lo siento, no he prestado atención al móvil.

No me miraba. A pesar de estar tan cerca, tan pegada a él no me miraba. Mis palabras habían sonado directas en el pómulo y las acabé con un beso. Le estaba buscando, tal vez por eso no me miraba, tal vez por eso hizo un amago para evitarme. 

—¿Tan ocupada estabas?

¿Así que me lo quería poner difícil? Me separé muy despacio.

—Sí, estaba cumpliendo una promesa que te hice. 

23 junio 2018

Capítulo 109 Viernes de pasiones (2)

(Tiempo aproximado de lectura: 60 minutos)



—¿Todo bien?

«Sí, todo bien», doy a entender mediante un gesto breve. 

Cinco minutos, el tiempo de un cigarrillo, lo que me llevó caminar pausadamente hasta el cruce que lleva al pueblo y regresar, tiempo suficiente para recuperarme. Intento no pensar, inspiro profundamente, escucho mis pasos, miro el cielo, me detengo a observar la lucha estéril de un insecto atrapado en una tela de araña. Tengo que volver.

Comenzamos.

—Cuando colgué, cuando te dije que no te iba a tolerar que me volvieses a insultar y acabé con aquella conversación me derrumbé. Hasta ese momento conservaba la esperanza de que… En fin, ya puedes suponer, me vine abajo. 

Se levantó en busca del tabaco que ha quedado olvidado en la mesa baja. Encendió un pitillo y volvió a tomar asiento.

—Claudia no es Irene, para mi desgracia. Aquel día aprendí a fumar. Si hubiera estado al volante posiblemente me hubiera matado pero no, estaba en manos de una mujer dominante, ególatra, con una cierta vena sádica que jugó conmigo como si fuera una muñeca. Probé tantas cosas que ni siquiera recuerdo. Follamos e hicimos cosas que prefiero olvidar. También me ayudó a olvidarte, eso se lo tengo que agradecer; no podría haber estado sola aquella noche y si ese fue el precio que tuve que pagar creo que las consecuencias de la soledad aquel día me dan más miedo que todo lo que hice y me hizo Claudia. Al final me quedé dormida de agotamiento, borracha, drogada y cuando desperté…

21 febrero 2018

Capítulo 105 Sanación

(Tiempo aproximado de lectura: 87 minutos)


—Papá, hola… si bien… aquí en la sierra… si, al final decidimos quedarnos… No, no nos apetecía este año salir… porque no… no, no pasa nada ¿qué iba a pasar?

Escucho a Carmen hablar con su padre y percibo la desconfianza que llega del otro lado de la línea. ¿Por qué hemos cambiado repentinamente los planes cuando lo habitual es que salgamos fuera en estas fechas? Si ya resultó complicado aparentar normalidad en el cumpleaños de mi suegra ahora este cambio se suma para romper con las costumbres tan arraigadas.

—Sí, está aquí ahora te lo paso ¿Y mamá, está bien?

Le he pedido que les llame, no sé desde cuando no habla con ellos y eso en esta familia no es normal.

Normalidad, algo que le debemos a la familia. No se han entrometido pero me consta que están preocupados y en algunos casos han sufrido.

Hablo con mi suegro sobre todo para darle seguridad. Estamos juntos, estamos bien. Le prometemos una visita pero no ahora, no en esta semana. Noto recelo y trato de sofocarlo. En quince días comida en nuestra casa, prometido.

Hace un sol de justicia, cualquiera diría  que estamos en verano. Ya es miércoles y para mañana esto se va a llenar. Estamos comiendo en la terraza de uno de los restaurantes de la plaza del pueblo. Son las tres de la tarde; después de hacer el amor, ducharnos y perder otra media hora bajo el agua salimos con prisas hacia el pueblo. Menos mal que a última hora se me ocurrió reservar.

Carmen luce espléndida. Un vestido veraniego, estampado en tonos rojos y verdes claros con motivos florales sobre fondo blanco anudado al cuello con escote en pico por medio muslo, sandalias planas para caminar cómoda por el empedrado del pueblo y uno de los bolsos grandes de este verano pasado que como el resto de la ropa de temporada también guarda en los armarios de aquí. Brutal. 

15 noviembre 2017

Capítulo 101 El regreso (2)

(Tiempo aproximado de lectura: 105 minutos)



Prólogo. Ten years after.


Todo comenzó aquí 


Quince de Noviembre de dos mil siete.

Conocí a Carmen el verano de 1991; Dirigía yo entonces un curso de verano en la facultad y ella era una de las alumnas recién licenciadas que se había matriculado a última hora, casi fuera de plazo, lo cual me había dado la oportunidad de conocer las razones que la traían a mi curso. Entonces tenía veintiún años y yo acababa de cumplir treinta y cuatro; Era una chica alegre, espontánea, segura de si misma o al menos lo aparentaba muy bien; hermosa, fresca, con una elegancia natural que la hacía más atractiva ante la ausencia de sofisticación y la nula intención de presumir de una figura perfecta. Alta, morena, de ojos profundos y oscuros, delgada sin perder la formas, piernas largas, espalda muy recta que, cuando llevaba su largo pelo negro recogido en un moño le daba un aire de bailarina de ballet…

Así comenzaba este diario hace hoy diez años, un diario que ni por asomo pensé que duraría lo que está durando. Un diario que inicié, como ya dije entonces, para mí y para exponer unas vivencias que quería compartir  por si encontraba, sobre todo solidaridad.

Los años me han mostrado mi ingenuidad y mi falta de profesionalidad en esto de escribir. He intentado corregir lo uno y lo otro. He procurado mantener un continuidad cuando mi tiempo me lo ha permitido y, a pesar de algunas profundas ausencias, aquí me habéis tenido durante más de cien capítulos y multitud de comentarios, algunos de ellos desafortunados que me han costado el abandono de varios lectores. Mea culpa.

El diario siguió mostrando la evolución de una pareja, sus aciertos y sus errores. Y en el camino se llegó al desencuentro. 

La fractura se hizo patente y la publiqué este día.

15 febrero 2015

Capítulo 90 La profecía cumplida

(Tiempo aproximado de lectura: 69 minutos)


(Domingo)


–La he negado tantas veces que ni yo mismo me lo acabo de creer, no sé cómo he sido capaz de hacer algo así, no lo entiendo.

Sentado frente a Graciela intentaba hacer un ejercicio de reflexión como el que tantas otras veces había emprendido con mis pacientes, solo que en esta ocasión el paciente era yo y necesitaba un interlocutor que me ayudase a no caer en las mismas trampas que como terapeuta no siempre resulta fácil detectar. Quizás ella podría ser capaz de interpretar ese papel. Ser la voz de alarma cuando cayese en los mismos trucos que otros antes que yo usaron para no afrontar la realidad, para no asumir los errores en los que, a pesar del dolor, el ego se refugia y se siente seguro.

–La he llegado a negar tres veces en esta semana. —Insistí.

–Como Pedro.

–¿Qué?

–Como Pedro negó a Jesús. Él  también lo hizo tres veces y no fue hasta que escuchó el canto del gallo que cayó en la cuenta. Le amaba y a pesar de ello lo negó una y otra vez. A partir de ahí reaccionó e hizo todo lo que estuvo en sus manos por recuperarle. A lo mejor tú has necesitado negarla más de una vez, rechazarla reiteradamente antes de reaccionar y ponerte en su busca.

–No sabía que fueras religiosa – Graciela sonrió.

–¿Y qué es lo que sabes de mí?

Si me hubiera dado una bofetada no me habría dolido tanto. Por su expresión supe que se había dado cuenta y evité hacerla pasar por una disculpa.

–Tienes razón. ¿Crees que ya ha cantado el gallo para mí?

11 julio 2014


Capítulo 79 Decepciones, ilusiones

(Tiempo aproximado de lectura: 99 minutos)



- ¡Qué tengo que hacer para que me creas!

Sus miradas se cruzan.

- Sei la mia puttana? – Carmen le toma el rostro con las dos manos, apenas puede contener la voz

- ¡Sí, sí, soy tuya, sí, soy tu puta, soy lo que quieras que sea!

- Ya es hora de que me lo demuestres, cara.

Carmen se estremece. ¿Cómo ha podido llegar tan lejos? no sabe el alcance del compromiso que ha adquirido, su mano se desliza por la mejilla del italiano hasta su pecho.

- Doménico…

- Cállate, de momento limítate a aprender ¿sí?

- Sí.

Siente como la firme caricia en la cadera se va desplazando hacia los riñones, la tiene atrapada contra su cuerpo, no puede dejar de mirarle a los ojos.

- Esta noche te voy a despojar de tus vicios burgueses. Eres hermosa, más de lo que te imaginas, pero cometes unos fallos imperdonables, tremendas torpezas que resaltan aún más precisamente por ser tan… espectacular. 

30 junio 2014

Capítulo 78 Despertar en otra cama

(Tiempo aproximado de lectura: 52 minutos)

«No siento nada.

No sé cómo he llegado casa, sé que he debido coger el coche del parking, conducir hasta aquí, aparcar y subir a casa. Ahora estoy tirado sobre la cama, son las… cuatro de la madrugada y no siento nada.

Debería llorar, me vendría bien. Gritar ya he gritado suficiente el otro día, tampoco me apetece.

Tendremos que vender la casa, no me veo viviendo solo aquí, es demasiado grande, además los recuerdos la harían inhabitable.

Luego está la casa de la Sierra. Mis hermanos no la quieren, ya me quedé con su parte y tampoco voy a volver por allí después de esto. La venderé también. No quiero nada que me recuerde a…

Si pudiera mover aquel contacto en Friburgo… Los trabajos que tengo publicados y mi experiencia profesional seguro que me abren puertas. 

Tengo amigos en Upsala, tampoco es mal destino para volver al tipo de investigación que siempre me ha gustado; un lugar donde perderme sin los agobios de quienes buscan éxitos a corto plazo.

No puedo dormir, como siga aquí tumbado voy a acabar por ponerme nervioso y eso es lo último que necesito.» 

13 mayo 2014

Capítulo 72 Cosas que nunca debieron haberse dicho

(Tiempo aproximado de lectura: 54 minutos)


Quien esté acostumbrado a dormir en compañía me comprenderá. 

Abrí los ojos totalmente alerta, vigilante, sin rastro del sueño del que acaba de emerger. Nada me había alterado, nada me había sacado del cómodo estado en el que me encontraba, ningún ruido, ninguna molestia, tan solo una sensación de ausencia. La falta de su respiración, del calor tibio de su cuerpo, de la cercanía de sus movimientos al cambiar de postura… La cama sin ella producía un estruendoso silencio que me había arrancado del sueño. 

Las ocho de la mañana, me mostró el reloj de la mesita de noche. 

Tras orinar me lavé en el bidet; el espejo me devolvió un rostro cansado, las ojeras marcadas bajo mis ojos eran las huellas que quedaban de la batalla. Me refresqué la cara, me arreglé el pelo con los dedos y volví a la habitación, recogí las bragas que estaban tiradas en el suelo al lado de la cama, ¿qué hacían allí? Camino del cuarto de servicio recuperé las imágenes de unos cuerpos enredados, ansiosos por encontrarse, por descubrirse como si fuera la primera vez que se tocaban, dos personas haciendo el amor con infinita ternura, como si la pasión necesitase dejar paso al tacto, a las caricias. Y de pronto la repentina tensión, el desasosiego, la frustración, la pena.  

19 febrero 2014


Capítulo 67 ¿Una orgía?

(Tiempo aproximado de lectura: 35 minutos)


Llevamos un largo tiempo de descanso tumbados en la cama sin hablar, sin movernos, escuchando el sonido de la respiración de unos y otros que se ha ido acompasando a medida que los minutos pasaban. He perdido el sentido del tiempo, deben ser las tres, quizás las cuatro de la madrugada pero no tengo el más remoto punto de referencia que me permita asegurar que ese dato es correcto. Sé que debería estar cansado, sin embargo ni mi cuerpo ni mi mente muestran los signos que deberían mostrar tras todas estas horas de actividad sexual continuada. Mi brazo izquierdo cuelga de la cama y mis dedos rozan la tarima trazando círculos con las uñas. A mi lado Carmen  descansa su rostro en mi hombro. Siento el peso de su cráneo sobre mi brazo que ya ha comenzado a bloquear el flujo de sangre, el hormigueo que empecé a sentir en la mano hace un rato asciende por el brazo; todavía no es demasiado molesto pero sé que en breve me obligará a moverme aunque no la quiero despertar.

Porque está dormida.

¿Está dormida? No lo sé. Si me fío de su respiración diría que sí. Yace boca abajo, con su brazo izquierdo sobre mi pecho y el derecho doblado hacia arriba con la mano cerca de su cabeza. Postura de niña pequeña con su pierna sobre la mía que le sirve de acomodo para el muslo. ¡cuántas veces hemos amanecido así! Me gusta dejarme usar de almohadón, sin mover un músculo, escuchando su respiración tan cerquita, sintiendo como la saliva se desliza por la comisura de su boca hacia mi brazo, «¡Me has llenado el brazo de babas!» le digo luego para hacerla rabiar y nos enzarzamos en una pelea de la que inevitablemente salimos buscándonos por debajo de las sábanas.

Sí, definitivamente creo que está dormida.