05 mayo 2008

Capítulo 19  La prueba (1)

(Tiempo aproximado de lectura: 13 minutos)


Nos levantamos muy tarde al día siguiente, me dolía la cabeza y tenía la boca extremadamente seca por culpa del exceso de alcohol, Carmen no estaba mucho mejor y mientras ella se daba una larga ducha fría yo recordaba lo sucedido la noche anterior con otra perspectiva.

Me asombraba que me hubiera dejado llevar de tal forma hasta actuar de una manera que, ahora, me parecía totalmente vulgar, una cosa era una insinuación velada y otra muy distinta hacer una zafia exhibición de Carmen, me sentía con suerte porque ella no hubiese descubierto mis maniobras.

Con una acusada sensación de vergüenza me duché mientras Carmen se secaba el pelo.

Bajamos a la cafetería de la piscina, era pronto para almorzar y demasiado tarde para desayunar, ninguno de los dos teníamos estómago para un gran almuerzo por lo que nos tomamos unos zumos con un sándwich compartido y nos instalamos en la piscina al refugio de una amplia sombra.

Desde que había salido del apartamento escudriñaba los ojos de todos los hombres con los que nos cruzábamos buscando una señal que identificase al mirón nocturno; Creí ver sonrisas burlonas donde no las había, identifiqué miradas insistentes y, por fin, decidí abandonar esta actitud que me estaba poniendo nervioso.

Pero no podía, me sentía abochornado conmigo mismo y temía encontrarme de frente con quien había sido testigo de mi estupidez; Peor aún: temía exponer a Carmen a las miradas de ese individuo.

Lo últimos días de estancia pasaron demasiado rápidamente y estos pensamientos no me molestaron demasiado, pero no olvidaba y cada vez que me recordaba levantando la falda de Carmen para mostrar su culo, una intensa sensación de vergüenza me sacudía.

En Septiembre me llamó Carlos, no le esperaba ya después de dos meses; cordial como siempre, tras una conversación más profesional que personal me preguntó por Carmen, no hizo ninguna intención de pedirme sus teléfono como yo temía y me anunció su viaje a Madrid para Noviembre, quedamos en vernos y tampoco esta vez aludió a Carmen, lo cual me sorprendió mucho. Varias veces estuve a punto de preguntarle por Elena pero no quise darle pie a hablar de aquellos días en Sevilla.

Volvimos a la rutina diaria.

03 mayo 2008

Capítulo 18  Lanzarote

(Tiempo aproximado de lectura: 11 minutos)


Lanzarote era para nosotros un refugio en el que desconectábamos de todo lo que nos pudiera recordar nuestro ritmo de vida durante el resto del año; Siempre dejábamos que la sensualidad traspasara los límites férreos que la sociedad impone, pero nunca habíamos llegado demasiado lejos; Aquel ambiente libre, donde nadie nos conocía, me daba la opción de proponer fantasías cada vez más atrevidas que mi esposa aceptaba tarde o temprano; Lanzarote había sido el lugar donde Carmen se habituó al top less no solo en las playas sino en las piscinas del hotel ; Más tarde Lanzarote fue el banco de pruebas donde Carmen experimentó lo que se sentía viviendo a diario sin ropa interior, caminando entre la gente, comiendo, paseando, comprando, desnuda bajo su falda y su camiseta… en fin, haciendo norma de algo absolutamente transgresor; En Lanzarote ella se desinhibía para darme placer, para concederme mis más profundos deseos; pero paulatinamente, a lo largo de dos o tres años, había dejado de ser una concesión para convertirse en su propio morbo urgiéndola a vivir con intensidad y pasión momentos de erotismo impensables en Madrid.

Aquel año yo marchaba decidido a convertir esos quince días en los más intensos que jamás habíamos vivido, debía cuidar el tempo, no forzar ni adelantarme al ritmo de Carmen, dejar que las sucesivas oleadas de sexo y excitación hicieran su trabajo hasta conseguir que entrase en mis propuestas sin sentirse obligada.

Como cada año, unos días antes de nuestra partida nos fuimos de compras: bronceadores, bikinis, camisetas, faldas… Carmen disfrutaba como una niña y yo era feliz viéndola disfrutar.

Ese año, intenté influir mas vivamente en las compras, aunque siempre buscaba el bikini más pequeño, la camiseta más ligera, la falda más corta, normalmente no forzaba demasiado. Pero esta vez estaba decidido a que su vestuario en Lanzarote fuera mucho más atrevido.

29 abril 2008

Capítulo 17 

(Tiempo aproximado de lectura: 8 minutos)


Pasaron los días, las semanas y yo no conseguía librarme de estas ideas, seguía mirando a Carmen como si de una mujer diferente se tratase, más libre, más audaz, incluso… menos mía. El hecho de que Carlos le hubiera tocado el coño era lo que más me impactaba; era un antes y un después para mí. Carmen era otra.

Por su parte Carmen también evolucionaba en su forma de recordar lo sucedido; si al principio parecía desbordada por los recuerdos, sumida a veces en un pudor que le hacía asombrarse de lo que había sido capaz de vivir, pasó luego a una fase en la que, a medida que el tiempo la alejaba de Carlos y de Sevilla se fue liberando de las censuras y prejuicios que al inicio limitaban de alguna manera el profundo placer que le provocaba compartir conmigo el recuerdo de Sevilla.

Al principio era yo quien iniciaba el tema durante los preliminares de nuestros momentos de sexo; Carmen se resistía a entrar en el juego pero siempre acababa jugando y disfrutando de los argumentos que yo creaba mezclando la realidad vivida con mis deseos de lo que hubiera podido suceder.

Le intrigaba conocer qué es lo que yo sentía al verla con Carlos, me interrogaba y mis respuestas le provocaban un intenso placer; Mi relación con Elena era el otro asunto sobre el que buscaba detalles, tuve que superar la sombra de inseguridad y remordimiento que me producía vivirlo como una mentira pero cada detalle que le contaba la sumía en un placer de una intensidad inusitada que a su vez disparaba mi propia excitación. Nos decíamos en esos momentos cosas que, fuera de la alcoba, éramos incapaces de reconocer.

Poco antes de salir de vacaciones, una tarde de viernes, quedamos con mis cuñados para salir a cenar, estábamos a finales de Julio, una noche especialmente calurosa; Dejé a Carmen arreglándose y bajé al perro a la calle, al volver la encontré en la habitación con un tanga burdeos que le había regalado días antes. Estaba descolgando el vestido que usó la última noche en Sevilla, no se lo había puesto desde entonces y aquello me provocó una excitación morbosa, sobre todo porque se disponía a ponérselo sin sujetador, algo poco habitual tratándose de una reunión con sus hermanas y sus cuñados. Cuando lo tuvo puesto, me acerqué por detrás y la rodeé con mis brazos besándola en el cuello ante el espejo del armario.

07 abril 2008

Capítulo 16

(Tiempo aproximado de lectura: 15 minutos)


Durante la comida ambos evitamos hablar de Carlos, intentábamos aparentar una naturalidad que no sentíamos; Ninguno de los dos afrontó la conversación.

Casi en los postres Carmen abordó de nuevo el tema

"Quizás tengas razón, lo mejor será no provocar situaciones ambiguas que le hagan hacerse ilusiones, ya ha sido bastante violento cuando comenzó a insistir"

"Es lo mejor, si le damos más oportunidades podemos vernos en una situación desagradable"

Volvimos al hotel dando un paseo, la tensión se había reducido, aún así me seguía preguntado qué era en realidad lo que yo deseaba, notaba una especie de desilusión por abortar la cita de la tarde, al mismo tiempo me sentía aliviado; En ese momento tuve claro que lo mejor era evitar el encuentro, ninguno de los dos estábamos preparados para mas, ninguno de los dos sabíamos lo que queríamos.

A las cuatro y media salimos del hotel rumbo a la autovía, nos esperaba un largo viaje hasta Madrid.

Carmen echó el respaldo del asiento hacia atrás y se amodorró durante una hora, quizás buscaba aislarse un poco y evitar el tema, yo por mi parte agradecí ese tiempo de silencio en el que mi cabeza intentó hacer balance de lo sucedido en esos días; La carretera estaba poco concurrida a pesar de ser viernes y conducía cómodamente.

El sonido de mi móvil rompió ese tiempo de silencio, ya antes de cogerlo supuse que sería Carlos, se había adelantado a la llamada que tenía previsto hacerle para excusarnos.

"Sí, Carlos"

"¿Qué tal? ¿habéis terminado ya, supongo" – me mantuve en silencio un instante componiendo la mejor frase.

"En realidad hemos salido ya, te iba a llamar en cuanto parásemos" – Carlos tardó en contestar.

"Joder Mario, ¿tanta prisa tenéis? Habíamos quedado en despedirnos" – su voz sonaba dolida.

"Lo sé, pero se complicaron las cosas…" – la miré pidiendo su aprobación al tiempo que improvisaba – "… Carmen recibió una llamada y decidimos interrumpir la sobremesa" – ella se encogió de hombros al escuchar mi excusa.

"¿Algo grave?"

"No, en absoluto, pero preferimos llegar pronto a Madrid"

"En fin, lo siento mucho, me hubiera gustado despedirme de Carmen, ¿me la puedes pasar?" – se lo hice saber mediante un gesto y ella negó con fuerza; Insistí, no había excusa razonable para no hablar con él – "¿Estás ahí?"

"Si, un segundo, había perdido cobertura, te la paso" – le ofrecí el móvil a Carmen que dudo en cogerlo de mi mano, al final con un gesto de fastidio lo tomó.

23 marzo 2008

Capítulo 15

(Tiempo aproximado de lectura: 26 minutos)


Desde la cama Carmen escuchaba mis movimientos por la habitación sin moverse, sin dirigirme la palabra, se sentía enfadada con todo y con todos y yo era el objetivo más a mano para descargar su enfado.

 -"Luego hablamos" – Carmen resistió la tentación de responderme, había escuchado en silencio todos mis movimientos en la ducha, en el baño y luego al vestirme; Durante todo ese tiempo había luchado consigo misma para no levantarme el castigo que su silencio suponía para mí. Continuó callada mientras me notaba esperando en la puerta, le dolía hacerme esto pero estaba molesta conmigo, con ella, con todo el mundo.

 Cuando escuchó cerrarse la puerta de la habitación estuvo a punto de saltar de la cama y llamarme; Un nudo le atrapó la garganta, me imaginó triste y deseó no haber sido tan dura conmigo.