Capítulo 24 El reto
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La semana transcurrió con una falsa normalidad en la que ambos nos desenvolvíamos intentando ver quien aguantaba más, quien se rendía antes; No me creía su versión sobre su plan con Ángela pero me molestaba que una tercera persona estuviera involucrada de alguna manera en nuestra prueba. Carmen por su parte aparentaba que mi silencio no le afectaba; estaba convencido de que ella esperaba otra reacción por mi parte y yo no estaba dispuesto a dársela. Tras la primera sorpresa cuando desveló aquella supuesta trama no había dudado en ningún momento de que se trataba de una treta para poner en evidencia mis inseguridades.
Día a día me fue poniendo al corriente sobre los planes del nuevo departamento que iba a dirigir, sus comentarios iban impregnados de una cierta ambigüedad calculada que yo interpretaba como una artimaña para hacerme pensar que Roberto estaba intentando algo, ante lo cual mantenía una actitud displicente que Carmen ignoraba, ninguno de los dos estábamos dispuestos a ceder y el juego, además de morboso, se había convertido en una especie de competición entre ambos. Yo, por mi parte, evité hacer la más mínima alusión a su falsa salida con Ángela.
No obstante, había algo que me inquietaba y excitaba simultáneamente, Carmen había pasado de mantener una actitud pasiva ante mis insistentes insinuaciones sobre el sexo compartido a adoptar un rol diferente, ahora era ella la que creaba situaciones en las que la ambigüedad generaba más tensión que cualquier declaración explícita que, sin duda, me habría llevado al terreno de la fantasía; La ambigüedad, el decir sin decirlo todo, la insinuación velada, el gesto descuidado… hacían más efecto, mucho más, que el erotismo explicito que habíamos usado hasta entonces en nuestras fantasías compartidas.
• "Mañana por la noche se cumple el plazo" – Estábamos cenando cuando rompí el silencio con esta frase, me miró largamente sin responder nada. -"¿Algún plan en concreto?" – Sonrió al descubrir en mi insistencia la debilidad de mi aparente aplomo.
• "Hablar, salir de la cancha, dejar de competir, volver a ser nosotros mismos y comparar" – dijo con una preciosa sonrisa en su boca, su expresión de sosegada calma me dio a entender que, al igual que yo, estaba deseando acabar con aquello.
• "¿Comparar? Creo que no te sigo"
• "Yo creo que me sigues perfectamente, supongo que cuando terminemos el… ¿partido? ¿o debería decir ‘combate’?"
• "Dejémoslo en partido" – dije sonriendo.
• "Bien, pues cuando dejemos el partido, podremos relajarnos un poquito, rebobinar la película de estas dos semanas y valorar lo que tenemos" – Tenía la impresión cada vez más firme de que Carmen estaba cansada de mantener este juego y me alegró porque yo sentía eso mismo: deseaba volver a nuestra vida, no me gustaban las incógnitas que se habían creado estos días. Echaba de menos la transparencia que siempre hay entre nosotros y aunque se tratase de un juego, me generaba una molesta desazón.
• "Perfecto, ¿después del gimnasio?" – Carmen asintió con la cabeza. Continuamos cenando en silencio.