04 julio 2008

Capítulo 24  El reto

(Tiempo aproximado de lectura: 11 minutos)


La semana transcurrió con una falsa normalidad en la que ambos nos desenvolvíamos intentando ver quien aguantaba más, quien se rendía antes; No me creía su versión sobre su plan con Ángela pero me molestaba que una tercera persona estuviera involucrada de alguna manera en nuestra prueba. Carmen por su parte aparentaba que mi silencio no le afectaba; estaba convencido de que ella esperaba otra reacción por mi parte y yo no estaba dispuesto a dársela. Tras la primera sorpresa cuando desveló aquella supuesta trama no había dudado en ningún momento de que se trataba de una treta para poner en evidencia mis inseguridades.

Día a día me fue poniendo al corriente sobre los planes del nuevo departamento que iba a dirigir, sus comentarios iban impregnados de una cierta ambigüedad calculada que yo interpretaba como una artimaña para hacerme pensar que Roberto estaba intentando algo, ante lo cual mantenía una actitud displicente que Carmen ignoraba, ninguno de los dos estábamos dispuestos a ceder y el juego, además de morboso, se había convertido en una especie de competición entre ambos. Yo, por mi parte, evité hacer la más mínima alusión a su falsa salida con Ángela.

No obstante, había algo que me inquietaba y excitaba simultáneamente, Carmen había pasado de mantener una actitud pasiva ante mis insistentes insinuaciones sobre el sexo compartido a adoptar un rol diferente, ahora era ella la que creaba situaciones en las que la ambigüedad generaba más tensión que cualquier declaración explícita que, sin duda, me habría llevado al terreno de la fantasía; La ambigüedad, el decir sin decirlo todo, la insinuación velada, el gesto descuidado… hacían más efecto, mucho más, que el erotismo explicito que habíamos usado hasta entonces en nuestras fantasías compartidas.

"Mañana por la noche se cumple el plazo" – Estábamos cenando cuando rompí el silencio con esta frase, me miró largamente sin responder nada. -"¿Algún plan en concreto?" – Sonrió al descubrir en mi insistencia la debilidad de mi aparente aplomo.

"Hablar, salir de la cancha, dejar de competir, volver a ser nosotros mismos y comparar" – dijo con una preciosa sonrisa en su boca, su expresión de sosegada calma me dio a entender que, al igual que yo, estaba deseando acabar con aquello.

"¿Comparar? Creo que no te sigo"

"Yo creo que me sigues perfectamente, supongo que cuando terminemos el… ¿partido? ¿o debería decir ‘combate’?"

"Dejémoslo en partido" – dije sonriendo.

"Bien, pues cuando dejemos el partido, podremos relajarnos un poquito, rebobinar la película de estas dos semanas y valorar lo que tenemos" – Tenía la impresión cada vez más firme de que Carmen estaba cansada de mantener este juego y me alegró porque yo sentía eso mismo: deseaba volver a nuestra vida, no me gustaban las incógnitas que se habían creado estos días. Echaba de menos la transparencia que siempre hay entre nosotros y aunque se tratase de un juego, me generaba una molesta desazón.

"Perfecto, ¿después del gimnasio?" – Carmen asintió con la cabeza. Continuamos cenando en silencio.

24 junio 2008

Capítulo 23  Las dudas

(Tiempo aproximado de lectura: 21 minutos)


¿Dónde estaba yo mientras se consumaba esta transición en mi esposa?

Yo estaba en otra onda, ofuscado por mis deseos; desconcertado por mis inesperadas reacciones ante la prueba a la que suponía que Carmen me sometía, era incapaz de ver con claridad lo que le sucedía a mi mujer.

Desde aquella noche, tras su primera reunión con Carlos, perdí mi capacidad para sintonizar con sus estados de ánimo y con sus emociones y todo lo filtré desde la perspectiva de una competición en la que veía a Carmen como la maquiavélica autora de una conspiración cuyo objetivo era demostrarme mi incapacidad para asumir una infidelidad consentida.

Aquel día en el que, por primera vez en nuestro matrimonio, Carmen se había sentido sola, sin mi ayuda, marcó un punto de inflexión en nuestra relación; mi ausencia en esos momentos críticos, mi insistencia en analizarlo todo desde el prisma del juego erótico hicieron que Carmen tuviera que afrontar en soledad decisiones que, si me hubiera tenido a su lado, habría resuelto de otra manera.

Mi comportamiento en esos primeros días le ofreció también la excusa perfecta para no afrontar ante mí su dilema; Temía ver en mis ojos el reproche por su claudicación y le serví en bandeja la oportunidad de moldear lo que le estaba sucediendo y vendérmelo como si fuera mitad fantasía, mitad juego. Sus comentarios del día a día y también sus omisiones eran interpretados por mí de acuerdo al sentido de la prueba que estaba en juego, lo cual le permitía no decir sin sentirse culpable y decir sin sentirse humillada.

Carmen durmió poco aquella noche tras nuestra fogosa descarga durante la que la había acribillado a preguntas sobre su reunión con Roberto y le había dado la pauta de lo que esperaba oír. Estaba nerviosa por todo lo sucedido; las expectativas profesionales que se le presentaban la tenían en una estado de intensa euforia; al mismo tiempo su preocupación se centraba en cómo controlar a Roberto; Seguía experimentando esa especie de insensibilidad que le permitía no sentirse mal por lo sucedido. Sabía perfectamente lo que significaba esa anhedonía que la invadía; básicamente, no sentir nada es preferible a sentirse mal. Había visto esa misma reacción en tantas mujeres maltratadas en tanta chica violada, en tantos niños abusados… Su situación no era comparable en magnitud pero la reacción que experimentaba era la misma.

De madrugada me desperté; por su respiración supe que no dormía, noté sus nalgas rozando las mías, siempre nos une un punto de contacto cuando estamos en la cama, pueden ser los pies, una mano que descansa en su vientre, una pierna sobre las mías…

14 junio 2008

Capítulo 22 Claudicación

(Tiempo aproximado de lectura: 23 minutos)


El lunes Carmen madrugó más de lo habitual, me despertó el sonido de la ducha; Me levanté y comencé a preparar el desayuno, al poco tiempo apareció en la cocina ya preparada para salir.

"Lo siento, tengo que llegar pronto hoy" – dijo mientras tomaba uno de los vasos de zumo de naranja y se lo bebía casi de un trago.

"¿No vas a desayunar nada mas?"

"Luego tomaré algo, a media mañana" – me dio un rápido y beso y salió de casa.

Apenas tuve tiempo de reaccionar, me pareció extraño que no me hubiese comentado nada en todo el fin de semana y, mientras terminaba mi desayuno, recordé su cambio de humor del domingo por la tarde. Imaginé que estaba preocupada con el asunto del nuevo departamento, no le di más importancia.

Carmen llegó al gabinete media hora antes de lo normal y tuvo que esperar unos diez minutos hasta que apareció Victoria, la secretaria, con las llaves. Quiso llegar antes de que ya fuese noticia su larga sobremesa con Roberto.

Se encerró en su despacho e intentó centrarse en su trabajo para calmar la tensión.

A las nueve y media apareció Julia.

"¿Qué tal el viernes?" – Carmen no logró adivinar si estaba ya al tanto.

"Fatal, una encerrona, una de las suyas"- sus palabras transmitían preocupación y abatimiento, Julia se dio cuenta de que era serio y se sentó- "A estas horas debo ser la comidilla de toda la oficina"

"No creo que sea para tanto Carmen, te fuiste a comer con él, todos sabíamos que era un tema de trabajo.

Carmen le contó lo sucedido sin entrar en detalles, la aparición del administrativo en el restaurante complicaba la situación. Julia intentó ayudar.

"No te preocupes, voy a enterarme y pondré las cosas en su sitio" – Carmen negaba con la cabeza.

"Julia, ya hemos vivido situaciones como estas otras veces y no le hemos dado ningún margen a las chicas que ha acosado Roberto, lo sabes bien".

"¿Te ha acosado" – Carmen desvió la mirada y evitó una respuesta directa, Julia no insistió

Una hora más tarde era ya inevitable que Carmen tuviera que salir de su despacho, no debía mantenerse más tiempo aislada. Recorrió el pasillo hacia el vestíbulo que sirve de distribuidor y saludó a quienes se cruzaron con ella, con el corazón encogido distinguió perfectamente las conversaciones que se silenciaban a su paso, entendió con claridad las miradas que le llegaban de las mesas… y se hizo a la idea de afrontar el mal trago y esperar que pasase.

04 junio 2008

Capítulo 21  El acoso

(Tiempo aproximado de lectura: 20 minutos)



"Carmen, ¿puedes pasarte por mi despacho, por favor?"

"Dame diez minutos, Roberto"

"Los que necesites, te espero" – su estilo, de una amabilidad estereotipada y empalagosa, le resultaba tan desagradable que no pudo evitar hacer un gesto de fastidio mientras colgaba el teléfono; Julia, sentada frente a ella no perdió ese gesto.

"¿Y ahora que quiere ese?"

"Incordiar, ya sabes, los viernes siempre se le ocurre alguna cosa destiempo, parece que se aburre"

Se demoró innecesariamente durante un cuarto de hora antes de acudir al despacho de su jefe, tenía la puerta cerrada y golpeó con los nudillos antes de abrir.

"Pasa pasa, te esperaba" – dijo Roberto levantándose y saliendo a recibirla.

"Tú dirás" – Roberto le ofreció asiento con un gesto pero Carmen ya había comenzado a sentarse.

Roberto inició una disertación tediosa y recurrente sobre la evolución del gabinete en los últimos dos años, siguió luego con una exagerada alabanza de la actividad de Carmen y pasó después a exponer los planes de expansión que tenían en mente los socios. Carmen se perdía en el enrevesado discurso plagado de argumentos repetitivos y detalles sin importancia, no tenía claro por qué le contaba todo eso.

"…me gustaría que me dieras tu opinión sobre ese nuevo departamento, quisiera escuchar lo que tiene que decir una de nuestras más brillantes psicólogas" – la adulación no hizo mella en ella que continuo impasible.

"Bueno, como sabes es un área en la que llevo trabajando varios años, si quieres te puedo preparar un informe sobre lo que yo consideraría prioritario" – Roberto se incorporó del respaldo y apoyo los codos en la mesa adelantándose hacia ella.

"Quiero algo más, Carmen, quiero saber qué harías tu, cómo organizarías ese departamento si fuera tu responsabilidad"

A Carmen le pilló por sorpresa esa velada oferta, intentó que su rostro no delatara las emociones que le sobrevinieron pero la sonrisa de Roberto le indicó que no había tenido éxito.

20 mayo 2008

Capítulo 20  La prueba (2)

(Tiempo aproximado de lectura: 13 minutos)


Pasamos el fin de semana en casa, yo no podía evitar hacer alguna alusión a la prueba que me había planteado y de la que apenas tenía datos, quería saber más y Carmen parecía disfrutar frustrando mi curiosidad.

La semana transcurrió con cierta tensión flotando en el ambiente, yo no quería ceder a la presión que Carmen intentaba ejercer sobre mi y por eso evité preguntarle, aparentando un desinterés que en absoluto sentía. El viernes a media mañana sonó mi móvil en plena reunión; era Carmen y corté la llamada, ella sabía que si hacía eso la llamaría más tarde, a los pocos minutos recibí un sms que no abrí hasta media hora después, al acabar la reunión. Era de Carmen y decía así

"Como con Roberto, no me esperes para el gimnasio tq"

Roberto, uno de los socios del gabinete en el que trabajaba, el típico investigador transmutado en ejecutivo, desvinculado cada vez mas de la actividad profesional, ególatra, vanidoso, prepotente y machista, ¿qué pintaba Carmen almorzando con semejante ejemplar? Quizás algún asunto del gabinete que requería… no, no tenía sentido; Entonces caí en la cuenta: la prueba, ¿Acaso Carmen intentaba jugar la baza de los celos? No podía ser, no era tan ingenua como para pensar que caería en la trampa. Contesté escuetamente el sms.

"no cuela"

No hubo respuesta; a la una y media intenté hablar con ella pero me colgó. Esperé pero tampoco esta vez respondió; A las dos y media salí del despacho y me fui a casa.

No estaba allí, miré el contestador sin encontrar ningún mensaje; volví a leer su sms "no me esperes para el gimnasio" ¿Cuánto tiempo pensaba estar de sobremesa? Los viernes solemos ir al gimnasio sobre las seis.

Tuve que reconocer que si Carmen intentaba ponerme nervioso lo había conseguido estaba inquieto, pero intenté seguirle el juego; me dije a mi mismo que ella pretendía exactamente esto: ponerme nervioso, hacerme dudar de ella; Sonreí y me armé de toda la seguridad que encontré en mí, pero mi cuerpo denotaba tensión.

El sonido del móvil me sobresaltó, vi que era Carmen, descolgué y escogí mi tono de voz más neutro

"Hola cariño" – respondí; escuché el sonido típico de un lugar concurrido, quizás un restaurante.

"Hola cielo, recibiste mi mensaje verdad?"

"Claro, y tu recibiste el mío, no disimules"

"Llegaré un poco tarde, vete tú al gimnasio y luego te llamo" – hubo un silencio en el que intenté elegir la frase adecuada para demostrarle que no me tragaba su treta pero no tuve ocasión – "por cierto, Roberto me acaba de preguntar por el congreso de Enero, te lo paso y le cuentas, vale? Un beso" – Ni siquiera tuve tiempo de contestar aunque si lo hubiera tenido no habría sabido qué decir, enseguida escuché la voz ampulosa de Roberto, haciéndose el "amiguete", le escuché casi sin entenderle y le contesté brevemente prometiéndole más información – "se la das a tu chica, que como la tengo cerca todos los días ya me la pasará" - ¡imbécil! Este cretino pensaba que podía hablar de Carmen como "mi chica" y tratarme como si fuera un subordinado suyo solo porque ella trabajaba en su empresa.