Capítulo 41 La resaca
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Estrenamos el fin de semana envueltos en una borrachera de felicidad y romanticismo adolescente, durante todo el día nos comportamos como dos chiquillos que acabaran de enamorarse. Tras ducharnos desayunamos en la cocina mirándonos a los ojos y rompiendo a reír sin motivo aparente, no hacían falta las palabras, ambos sabíamos en lo que estaba pensando el otro.
Almorzamos en un restaurante del centro, comiéndonos con los ojos, uniendo nuestras manos cada vez que había ocasión; intentábamos no hablar de ello pero era inevitable que cuando nuestras miradas se hacían demasiado intensas, uno de los dos rompiera el silencio.
- “Me vas a desgastar de tanto mirarme” – dijo ella coqueta.
- “Es que me parece un sueño estar ante una mujer tan… increíble” – bajó los ojos intentando encajar mis palabras – “aun me cuesta creer que hace apenas veinticuatro horas tu…” – me detuve, no sabía cómo expresar lo que sentía, su mirada me interrogó, yo no encontraba las palabras adecuadas y ella no dudó en acudir en mi ayuda.
- “¿Yo qué? ¿estuviera follando con otro?”
Su apuesta por provocarme me hizo sonreír satisfecho, no había indicios de pudor en su conducta, no había signos de censura ni arrepentimiento.
- “Eso es, aun me parece mentira que hayas follado con Carlos” – Carmen me miró intensamente, su cuerpo reaccionaba y me adelantaba lo que sus palabras estaban preparándose a decir.
- “Pues ha sido real cariño, no te imaginas lo real que ha sido” su voz sonó sensual, coqueta, explícitamente sugerente. Jugaba conmigo con total libertad.
- “Me gusta”
- “¿El qué?”
- “Que seas así”
- “¿Y cómo soy?”
- “Me gusta que seas tan puta” – sonrió de una manera lasciva, su mirada se volvió sucia.
- “¿Si? Te gusta verme follar ¿es eso, verdad?