12 abril 2009

Capítulo 41   La resaca

(Tiempo aproximado de lectura: 32 minutos)


Estrenamos el fin de semana envueltos en una borrachera de felicidad y romanticismo adolescente, durante todo el día nos comportamos como dos chiquillos que acabaran de enamorarse. Tras ducharnos desayunamos en la cocina mirándonos a los ojos y rompiendo a reír sin motivo aparente, no hacían falta las palabras, ambos sabíamos en lo que estaba pensando el otro.


Almorzamos en un restaurante del centro, comiéndonos con los ojos, uniendo nuestras manos cada vez que había ocasión; intentábamos no hablar de ello pero era inevitable que cuando nuestras miradas se hacían demasiado intensas, uno de los dos rompiera el silencio.


- “Me vas a desgastar de tanto mirarme” – dijo ella coqueta.

- “Es que me parece un sueño estar ante una mujer tan… increíble” – bajó los ojos intentando encajar mis palabras – “aun me cuesta creer que hace apenas veinticuatro horas tu…” – me detuve, no sabía cómo expresar lo que sentía, su mirada me interrogó, yo no encontraba las palabras adecuadas y ella no dudó en acudir en mi ayuda.

- “¿Yo qué? ¿estuviera follando con otro?”


Su apuesta por provocarme me hizo sonreír satisfecho, no había indicios de pudor en su conducta, no había signos de censura ni arrepentimiento.


- “Eso es, aun me parece mentira que hayas follado con Carlos” – Carmen me miró intensamente, su cuerpo reaccionaba y me adelantaba lo que sus palabras estaban preparándose a decir.

- “Pues ha sido real cariño, no te imaginas lo real que ha sido”  su voz sonó sensual, coqueta, explícitamente sugerente. Jugaba conmigo con total libertad.

- “Me gusta”

- “¿El qué?”

- “Que seas así”

- “¿Y cómo soy?”

- “Me gusta que seas tan puta” – sonrió de una manera lasciva, su mirada se volvió sucia.

- “¿Si? Te gusta verme follar ¿es eso, verdad?


17 marzo 2009

Capítulo 40  El día después (2)

(Tiempo aproximado de lectura: 49 minutos)


Cerró los ojos mientras intentaba que su respiración volviera a la normalidad, se sabía observada por Carlos que acostado a su lado no dejaba de mirarla en silencio. Le resultaba tan deliciosamente agradable esa mirada casi reverencial con la que recorría su cuerpo… era como una caricia, sus ojos aun mantenían la misma expresión de sorpresa de la primera vez y no podía por menos que sentirse profundamente halagada por esa mirada que siempre la descubría como un tesoro. 


Esa sensación era quizás lo que más intensidad le daba a aquella aventura: Entregarse por primera vez, mostrarse desnuda por primera vez,  ver el asombro en los ojos de un hombre por primera vez.  La relación con Carlos le había devuelto a un tiempo único, a un instante irrepetible en el que la joven aun virgen se presenta ante el varón, ignorante del poder que su cuerpo tiene sobre el hombre, sorprendida ante el fulminante efecto que su desnudez causa en él.


De su coño brotó un reguero de semen que descendió entre sus nalgas, no se movió, estaba tan relajada, tan absorta en esos pensamientos…



 Abrió los ojos y se encontró el rostro de Carlos sonriéndola; se sentía más descansada aunque le dolía ligeramente la cabeza a causa del intenso y seco calor del aire acondicionado; una uña rozó su ingle siguiendo la línea producida por su muslo flexionado y su piel se erizó instantáneamente. La luz que atravesaba el ventanal dibujaba en el techo figuras irreales y Carmen se quedó mirándolas, siguiendo su curso errático mientras disfrutaba de la suave caricia que vagaba por su vientre lanzando oleadas de placer hacia su sexo y sus pezones.


La claridad que bañaba la habitación le pareció entonces diferente, demasiado intensa, el murmullo del tráfico, amortiguado por el doble cristal, contrastaba con el absoluto silencio que reinaba en la habitación, entonces sintió algo indefinido que la inquietó, aquel ruido, aquella claridad le producían una sensación discordante, el tráfico que escuchaba parecía demasiado fluido para ser... De repente surgió la alarma, de un salto se incorporó en la cama y buscó un reloj: ¡las once y cuarto!


- “¿Cómo no me has despertado?” – le reprochó mientras se dirigía al baño, Carlos se sintió culpable.

- “Lo siento, estabas tan dormida que quise dejarte descansar”

02 marzo 2009

Capítulo 39  El día después (1)

(Tiempo aproximado de lectura: 19 minutos)


El radio despertador sonó lejanamente y durante un tiempo que me pareció muy largo intenté ignorarlo; Soñé que lo apagaba, me metía en la ducha y después, como cada mañana, preparaba el desayuno mientras Carmen terminaba de arreglarse, pero el ritmo machacón de la emisora me devolvió a la realidad a los pocos minutos.


Y la realidad, la abrumadora realidad que hacia totalmente diferente aquel amanecer me despejó como si hubiera metido la cabeza en agua fría. 


Miré a mi derecha, Carmen dormía profundamente vuelta hacia mí; lancé el brazo hacia la mesita de noche y palpé con cuidado de no derramar el vaso de agua hasta encontrar a ciegas el interruptor del despertador. 


Estaba hermosa, con esa cara de niña que tiene mientras duerme nadie diría que acaba de vivir su mayor aventura, se había acostado con otro hombre, hoy amanecía una mujer adúltera.


El brusco silencio tras apagar el despertador hizo el efecto contrario al que yo pretendía y alertó a Carmen, intentó abrir los ojos que por dos veces consecutivas se negaron a obedecer, por fin me miró y me lanzó una de sus más hermosas sonrisas.


- “Tengo mucho sueño” – dijo mimosa, volviendo a cerrar los ojos y refugiándose en mi hombro.


Una inmensa emoción de amor  me hizo estrecharla con mi brazo, la sorpresa que me produjo sentir como dos lagrimas brotaban de mis ojos y rodaban por  mis sienes me desconcertó; ¿era emoción? ¿Era tristeza? ¿Acaso era arrepentimiento?


Volví mi rostro hacia ella y besé su pelo. Mi niña preciosa acababa de follar con otro hombre, la había visto besarle con pasión, con auténtico deseo, había escuchado sus gemidos de placer, había vivido sus orgasmos tremendamente intensos mientras se abrazaba con fuerza al hombre que la penetraba con un vigor envidiable.


- “Vamos perezosa, se nos va a hacer tarde”

- “Me da igual” – remoloneaba juguetona, de pronto abrió los ojos, su expresión cambió y comprendí que acababa de aterrizar en la realidad.


Me miró buscando conocer mi estado de ánimo, le sonreí pero me di cuenta de que mi sonrisa transmitía toda la ambigüedad de mis sentimientos.


- “¿Cómo estás?”

- “Bien cariño, estoy bien ¿y tú, cómo estás?” – Carmen bajó la mirada y suspiró.

- “No estoy segura, aun no lo sé”

- “Supongo que te pasa como a mí, todo ha sido tan… intenso” 


Me moví para quedar de lado, frente a ella; mi brazo derecho recogía su cuello, como una almohada y mi mano izquierda se posó en su cintura que, estando de lado, marcaba con rotundidad la curva de su cadera. Mis dedos ascendieron lentamente por la ladera de aquella hermosa colina hasta alcanzar la cima, luego avancé por su muslo suave y prieto, Carmen se mantuvo en silencio y yo proseguí.


- “Lo hemos imaginado tantas veces que me resulta difícil no pensar que lo de ayer no haya sido una fantasía mas”

- “Eso me pasa a mi”

- “¿Estás contenta?” – Carmen dudó, me miró un par de veces a los ojos.

- “Sí, creo que sí, pero estoy preocupada”

05 febrero 2009

Capítulo 38  La entrega(II)

(Tiempo aproximado de lectura: 67 minutos)


Recorrimos el largo pasillo en un silencio tal que nuestra respiración se podía escuchar claramente, los tacones de Carmen resonaban en el parquet marcando un ritmo lento; detrás, los pies descalzos de Carlos parecían responder a contratiempo. 


Entramos en la alcoba que el día anterior habíamos preparado cuidadosamente; Observé que  la persiana había quedado levantada y tan solo un leve visillo cubría el cristal, era ya de noche y me inquietó que alguien pudiera vernos; Apenas tuve tiempo para pensar en ello, la tensión que vivíamos me hizo centrarme en lo que estaba sucediendo. 


Durante unos segundos se produjo un vacío, un instante de vacilación, un momento de duda en el que faltaba alguien que diera el siguiente paso; inesperadamente fue Carmen quien rompió ese bloqueo. Cuando volvió su mirada hacia Carlos y le vio casi desnudo pareció  sorprendida, luego se llevó una mano a la boca, parecía abrumada por la inminencia del desenlace, era como si no hubiera pasado una hora desde que estuvo en la habitación del hotel en sus brazos, casi desnudo también. Aquella sensación actuó como un detonante que liberó lo que había conseguido refrenar en el hotel, se soltó de mí y se arrojó a los brazos de Carlos, sus manos recorrían con deseo desatado el cuerpo masculino, corrían por su piel hambrientas de sensaciones, él estaba tan sorprendido como yo y se dejaba hacer sin poder reaccionar. Carmen le besaba con ansia las mejillas, los ojos, la boca, el cuello, le acariciaba nerviosamente el rostro con una mano, mientras con la otra recorría su pecho, los costados, la espalda, las nalgas; su respiración agitada se asemejaba a un jadeo que iba aumentando en ritmo e intensidad.


Necesitaba ver la escena con claridad y me situé a su lado, justo en ese momento la mano que vagabundeaba por el cuerpo de Carlos  y acariciaba su vientre se deslizó ante mis ojos hacia abajo hasta recoger en la palma ahuecada el gran bulto que se marcaba en su slip, él reaccionó a ese gesto besándola con más intensidad, Carmen acariciaba su polla a través del boxer y yo no salía de mi asombro ante la insólita conducta de mi esposa. 


Carlos estaba sobrepasado, apenas podía reaccionar ante aquella mujer que dominaba la situación y dejaba poco espacio para que pudiera tomar la iniciativa, nunca había visto ese furor en Carmen, jamás, ni en sus momentos de mayor excitación se había comportado como lo estaba haciendo ahora; “como una ninfómana”, pensé, parecía una ninfómana descontrolada.

26 enero 2009

Capítulo 37   La entrega(I)

(Tiempo aproximado de lectura: 66 minutos)



- “Dime”


Había reconocido el número de Carlos al coger el móvil y lo sujeté con mi hombro mientras continuaba hurgando en los archivos del año anterior, me hallaba enfrascado en la búsqueda de un historial que no aparecía y omití los saludos de rigor.


- “Buenos días, ¿te interrumpo?, me ha dicho Carmen que te llamase para quedar luego” – me noté irritado, apenas eran las diez de la mañana y ya habían hablado, ese tipo de cosas me seguían produciendo una atávica emoción de invasión de mi territorio que no me resultaba fácil de controlar.

- “La voy a recoger a las tres y media y luego pasamos a por ti”.

- “¿Y por qué no quedamos tu y yo antes y vamos juntos a por ella? Seguro que la sorprendemos”


Dejé el archivo y me levanté, su propuesta me hacía dudar, Carmen quería mantener cierta distancia con Carlos, no quería encontrársele un día en el portal del gabinete o en la puerta de casa; cuanto menos supiera de su vida mejor, decía.


- “Voy a andar justo de tiempo, mejor lo hacemos como te he dicho” – Carlos debió intuir las verdaderas razones y evitó insistir.

- “Como quieras, os estaré esperando en la cafetería del hotel, me das un toque al móvil y salgo, para no haceros esperar.

- “Perfecto, entonces nos vemos luego…”

- “Mario… si tienes un minuto más…”

- “Por supuesto” – dije intentando adivinar que quería.

- “Verás… yo nunca he estado en… una situación así, no estoy seguro de cómo actuar delante de… los dos, es complicado”


¡Dios! ¡Yo tampoco sabía cómo actuar cuando estuviésemos los dos frente a ella!


Pero no podía descubrir mi inexperiencia ante un trío, si lo hacía quedaba en entredicho toda nuestra historia; Decidí improvisar mostrando una seguridad que no tenía pero que esperaba fuera creíble ante la evidente falta de experiencia de Carlos.


- “Déjate llevar, somos tres personas adultas…”