14 junio 2020

Capítulo 132 Soy lo que tú querías 

(Tiempo aproximado de lectura: 33 minutos)



Jueves, dieciocho de Mayo de dos mil


—Sí, dígame.

—¿Cómo estás?

—Ahora no es buen momento.

—¿Ni para un buenos días, ni un bien y tú, que tal?

Aguardé a que salieran los últimos rezagados de la sala de juntas y cerré la puerta.

—No te esperaba.

—Ya lo he notado.

—Es que tengo mucho lío.

—Sí, ya me dijiste: tu jefe; ¿sigue igual? 

—No me refería a eso pero ya que lo dices, sí; me está suponiendo un esfuerzo extra.

¿Qué estaba haciendo? No tenía por qué darle tanta información sobre mis asuntos.

—Sé lo que es, no es la primera vez que veo casos parecidos

—¿Y vosotros, cómo estáis? —dije para atajar el tema sin darme cuenta de que había incluido a su mujer.

—Bien, echándote de menos. Claudia no quería que te llamase, dice que es mejor darte tiempo; sin embargo yo necesitaba escuchar tu voz.

—Tiene razón, necesito tiempo, sabes que acabo de recuperar mi matrimonio.

—Y me alegro, aún así no puedes renunciar a los amigos. ¿O esa es la condición que habéis pactado para reconciliaros?

12 mayo 2020

Capítulo 131 Sexo, mentiras y coñas marineras

(Tiempo aproximado de lectura: 45 minutos)


Miércoles, diecisiete de Mayo de dos mil


Todo fue por culpa de aquella maldita llamada. Me cambió el humor y alteró la perspectiva con la que enfoqué el resto del día. Estoy convencida de que las cosas hubiesen discurrido de otra manera de no haber sido por aquella maldita llamada. Por muchas vueltas que le di no le encontré ningún sentido. ¿A qué venía después de tanto tiempo?. Esa llamada me afectó más de lo que en un principio creí y varió el curso de los acontecimientos.

—Te ha llamado el doctor Huete, dos veces.

Ni buenos días. Paloma me recibió dándome el aviso; de pie a su lado la secretaría de Andrés y Josefina, de contabilidad, se mantenían con un café en la mano como si fueran espectadoras de un acontecimiento.

Roberto, la última persona a la que esperaba.

—¿Ha vuelto? —Qué tontería, me arrepentí nada más preguntarlo porque denotaba un interés que en absoluto sentía.

—¡Qué va!, lleva dos semanas en Nueva York y el domingo vuelve a Colorado.

Parece que habían estado de charla mientras esperaban mi llegada, seguro que le habían puesto al corriente de mi accidentada trayectoria. No hice ningún otro comentario y seguí hacia el despacho.

—¿Si vuelve a llamar te lo paso? —Me volví y la fulminé.

—A ver, piensa.

Ya dentro cerré la puerta y traté de rebajar la ansiedad, ¿qué podía querer Roberto a estas alturas?, lo aparté y me dediqué a inspirar y espirar con calma mientras miraba por la ventana. Poco después el teléfono desbarató ese amago de relajación.

—Te paso al doctor Köhler.

Atendí a mi colega de Berna con el que manteníamos un proyecto de colaboración muy estrecho. Nada más colgar tuve otra entrada de Paloma.

—Te ha vuelto a llamar el doctor Huete, dice que es muy urgente.

—Pásamelo en cuanto llame.

Debía de serlo para estar llamando a las…, hice un cálculo rápido, allí debían de ser las tres y media de la madrugada. ¿Qué estaba ocurriendo? No tuve tiempo de seguir con mis  especulaciones. 

—Te paso a Huete.

Me acodé en la mesa. Respiré, respiré.

—¿Qué quieres?

—Yo también me alegro de oírte. ¿Cuánto hace: cinco, seis meses?

—Dime, qué quieres.

Capítulo 130 Dueña de mis actos

(Tiempo aproximado de lectura: 52 minutos)



I'm looking through you, where did you go 

I thought I knew you, what did I know

You don't look different, but you have changed 

I'm looking through you, you're not the same 


Lennon & McCartney 1965


El puente de San Isidro transcurrió de una manera muy diferente a lo que debía haber sido. No hicimos planes, ¿para qué si en el aire estaba la duda?. Doménico no apareció, sin embargo su presencia se notaba como si estuviera entre nosotros.

Entre nosotros, marcando límites, haciendo que fuera difícil establecer un diálogo.

Teníamos tres días por delante; podían convertirse en una cárcel si no empezaba a bajar la tensión aquella mañana soleada que invitaba a escapar de casa. Ella, ignorante de mi estado de ánimo, seguía la rutina de cualquier otro sábado; si no cambiaba de actitud pronto se daría cuenta. Subí al ático y me dispuse a limpiar las jardineras que rodean el perímetro de la terraza. Cuando bajé a ducharme Carmen estaba en la terraza al teléfono, ni me vio entrar en el salón; apuré unos segundos tratando de adivinar, por los escasos gestos que hacía, con quién hablaba pero era inútil y me fui al baño comido por la duda. Cuando salí la encontré en el salón, seguía hablando, me miró y dijo:

—Mira, aquí está, díselo tú.

Me ofreció el teléfono sin darme pista alguna. Tuvo que insistir para que lo cogiera. 

Juanjo joder, era Juanjo. Respiré aliviado, ¿a quién esperaba encontrar al otro lado?. Hacían planes para ir a comer al Pardo, apenas puse inconvenientes y quedamos en Moncloa para ir todos juntos.

—¿Qué te ha pasado? estabas pálido.

Me excusé como pude y no insistió, nos quedaba un hora escasa para arreglarnos. Dediqué diez minutos a recoger el baño y para cuando entré en la alcoba ya se había desnudado y elegía qué ponerse. Sobre la cama, vestida en azules pastel, una prenda desentonaba, unas bragas color naranja, unas bragas que no podían ser de Carmen. Carmen, que seguía ajena buscando en el armario. Las cogí, se veían usadas, descoloridas por la parte inferior, En ese momento sacó del armario un vaquero y me encontró palpándolas.

01 abril 2020

Estado de Alarma

Confinados, en pareja. Intercambios de pensamientos.

(Tiempo aproximado de lectura: 7 minutos)


Treinta de marzo. Parece que nos adaptamos a vivir confinados, algo que nos hubiera parecido inverosímil apenas dos meses atrás. La humanidad protagoniza el guion perfecto de una película de terror, sin embargo el terror está ausente, confinado en alguna zona remota de la mente colectiva, agazapado, como si el ser humano le tuviera más miedo a lo que se puede desencadenar si da rienda suelta al pánico.

Siete de la mañana, llevo diez minutos de trote cochinero dando vueltas a la terraza. El aire frio me corta la cara pero resulta agradable, dentro de poco empezará a sobrarme ropa. A estas horas las ventanas del edificio de enfrente deberían estar iluminadas, sin embargo solo veo un par de ellas encendidas, el resto permanecen apagadas como si fuera domingo. Hacen mal, es importante mantener la rutina que seguimos en nuestra vida cotidiana, no podemos bajar la guardia, el virus nos puede minar la salud de muchas maneras. 

Aparece Carmen, el retumbar de mi carrera sobre el techo del dormitorio la ha debido de despertar. Viene preparada y se une a mi carrera firme, constante, adaptada al perímetro de la terraza. Cuando suena la alarma no me detengo y le doy quince minutos de gracia.

10 marzo 2020

Capítulo 129 Mi vida con Luca

(Tiempo aproximado de lectura: 69 minutos)


«Así que vas en serio?» 

«A estas alturas deberías saberlo, siempre que me meto en algo voy en serio.»

«Eso ya lo sé, pensaba que con lo que ya has pasado y alguna otra experiencia más te bastaría para evaluar tu experimento.»

«Estás deseando que lo deje. Pareces el típico padre angustiado por las primeras salidas nocturnas de su hija; lo tolera, hace como que está de acuerdo pero si pudiera la mantendría en casita a buen recaudo.»

«¿Así es como me ves, cómo un padre temeroso?»

Fue lo último que nos dijimos, si le hubiera respondido nos habríamos hecho un daño innecesario; menos mal que no suelo dejarme llevar por el primer impulso. Pero se dio cuenta, es inevitable, nos conocemos demasiado bien. Hoy apenas hemos hablado durante el desayuno, qué pena. 

Me desconciertan estos cambios de humor. Si lo que sucedió el viernes hubiese sido más… convencional, suponiendo que cobrar por tener sexo se pueda definir de ese modo, anoche habría reaccionado de otra manera. Sigue afectado por lo que me hizo Javier y no lo culpo. Tenemos que volver a hablarlo.

—Vaya, me has leído el pensamiento, iba a llamarte en cuanto llegase.

—Estupendo porque tengo una noticia que darte.

—Ah, hola Tomás, buenos días; creí que eras mi marido.

—Buenos días, ya lo supuse. Tengo algo que te va a alegrar el día; te invito a desayunar.