29 octubre 2021

Capítulo 155  Reproches

(Tiempo aproximado de lectura: 32 minutos)


—Dime.

—Ya estoy fuera.

—Voy a por ti.

—No hace falta, dime dónde.

Llegué en veinte minutos a un local que ya conocía cerca de Plaza de España; me costó localizarlo, había demasiado humo y demasiada oscuridad. Rechacé el beso, estaba enfadada con él, con su mujer, con Sara y conmigo misma por haber accedido a todo; a montar la encerrona a Claudia y a interpretar el numerito de mi mamá está enferma.

—Cuéntame: quién es esa bollera.

—Si vas a empezar con esas me marcho.

—Tranquila, respira hondo, ya pasó.

—Ya pasó,  qué. Te crees muy listo.

Me robó un beso en un descuido, retiré la cara y pronuncié un «déjame» tan débil que no resultó creíble; me rodeó los hombros y lo volvió a intentar, hice ademán de evitarle pero le dejé, claro que le dejé, necesitaba consuelo y el olor de su piel a crema de afeitar y tabaco era lo menos dañino que podía chutarme; me morreó todo lo que quiso y más, se apoderó de mi culo y dejamos que el camarero se fuera sin saber qué es lo que iba a tomar.

14 octubre 2021

Capítulo 154  La tela de araña

(Tiempo aproximado de lectura: 29 minutos)


La caja de Pandora


Debería haberme preocupado al no tener noticias de Sara, pero estaba demasiado pendiente de otras cosas; en realidad no había vuelto a pensar en las fotos hasta que un día caí en la cuenta y me pregunté cómo lo dejé pasar. Hice memoria y no conseguí recordar nada que me hubiera impedido coger el teléfono y llamarla. Veinte años después puedo hablar sobre lo que pasó para que entre mis prioridades no figurara llamar a Sara y preocuparme por un carrete repleto de fotos intimas.

Dicen que el cambio climático está provocando el deshielo del permafrost y soltará a la atmósfera ingentes cantidades de dióxido de carbono atrapado durante eones y despertará virus congelados hace milenios para los que no estamos preparados. Escribir un relato que remueve recuerdos enterrados durante décadas es algo similar: saca a la luz sucesos olvidados que nunca compartimos, hechos que quedaron por hablar y al volver a la vida recobran toda su fuerza como si el tiempo no hubiera pasado. Y tal vez, solo tal vez, son capaces de provocar efectos impredecibles. 

Abrir la caja de Pandora siempre trae consecuencias.

27 septiembre 2021

Capitulo 153  Vendida


(Tiempo aproximado de lectura: 45 minutos)



—Hola, putita.

Me volví a todos lados.

—¡Estás loco! ¿cómo se te ocurre?

—Tranquila, putita, lo tengo todo controlado.

—No vuelvas a llamarme así y menos en el portal. —le amenacé.

—¿O qué? ¿se lo vas a decir al señor? Venga, sube, ya ha llegado, dile que te he llamado putita. Y cuando me mande llamar le contaré algunas cosas —le hice gestos de que se callara, pero me ignoró—: que me gustan los anillos que llevas en los pitones, o que el lunar que tienes en la teta se pone muy durito cuando te lo chupo; ¿quieres que siga?

Lo dejé con la palabra en la boca y fui hacia el ascensor.

—Espera, todavía no he terminado.

—¿Qué quieres?

—Hay un vecino que está muy interesado en ti.

—Qué dices.

—Don Jaime, el estirado del sexto, lo conoces pero como vas siempre con esos aires… Se fijó en ti desde que estuviste viviendo aquí. Me preguntó quién eras, le fui contando lo que sabía, que eres psicóloga, doctora en psicología nada menos, que no eras como las demás sino una amiga del señor Rivas y que eras su huésped porque necesitabas un lugar para aislarte y trabajar en un caso difícil. Vamos, lo que me dijo el señor. No ha parado de interesarse desde entonces aunque con el tiempo ha deducido que esa historia es una tapadera, lo mismo que piensan todos en el edificio. Y aquí viene el asunto: quiere que me encargue de conseguir tus servicios.

12 septiembre 2021

Capitulo 152 Malentendidos

(Tiempo aproximado de lectura: 25 minutos)


Tomás

Habíamos hablado largo y tendido, daba la sensación de sentirse solo porque cada vez me retenía más al teléfono o llamaba sin ningún motivo concreto. No, las cosas no debían de estar yendo tan bien como contaba. 

—¡Hola, qué sorpresa! —respondí con un poquito de guasa cuando apenas habían pasado quince minutos de su anterior llamada. 

—Eso es lo que quería, darte una sorpresa, pero no he podido resistirme: vuelvo a Madrid.

Me dio un vuelco el corazón.

—¿Cuándo?

—Estoy saliendo para Heathrow.

—Voy a recogerte.

—No seas loca, no te voy a poder dedicar mucho tiempo.

—Me da igual, dime tu vuelo.

Llegué a Barajas con la hora justa, menos mal que sufrió un pequeño retraso. Lo vi aparecer por la puerta entre el resto de pasajeros y tuve que contenerme para no echarme al cuello. Lo notó y se emocionó. Qué dos tontos. Aguantamos hasta que estuvimos a resguardo dentro de mi auto, entonces me volqué hacia él y lo besé sin medida.

27 agosto 2021

Capitulo 151  Un ogro detrás de la puerta

(Tiempo aproximado de lectura: 33 minutos)


Guido se fue pronto, nos dimos un buen revolcón y a las cinco volvió al gimnasio. Me vino bien porque no quería tenerlo toda la tarde en casa y no sé cómo me las hubiera arreglado para hacerlo marchar. Ni siquiera lo acompañé, le escuché asearse, se vistió y me dio un beso de despedida convencido de que me había dejado agotada. Le oí cerrar la puerta y me quedé en la cama pensando en mis sentimientos, una mezcolanza de emociones desbordadas por el regreso de Mario en el que nos reencontramos tal y como éramos entonces, nos abrimos con total sinceridad y nos entregamos con el deseo fresco y renovado. Guido fue la culminación, el regalo de despedida de Mario. Sin embargo no podía obviar los silencios y las sombras que provocó una explicación vaga y retorcida. Elena, ¿qué pasó con Elena? Me dejó una sensación parecida al reflujo de las olas cuando llega la bajamar.

Me gusta acodarme en el muro a ver el cambio de la marea en las costas del norte. El mar se resiste a abandonar la playa conquistada y a veces lanza un ataque agonizante tratando de recuperar el terreno que sabe perdido. Así me sentía intentando mantener la euforia del fin de semana. Terreno perdido. Mario no estaba y yo trataba de apuntalar las emociones que cultivamos aún a costa de ocultar la amarga sensación de estar viviendo silencios ya vividos. Hablamos, escuché, quise creer para no estorbar la marea crecida. Pero ahora, en pleno declive, no pude negar lo evidente: algo no había ido bien, no conseguía dejar de pensar en el desencuentro que a duras penas logré evitar. Otra vez no, otro engaño no. Qué ocurrió con Elena, qué hablaron, lo que fuera que hubo no fue capaz de compartirlo conmigo. 

Y tenía relación con Carlos.

No iba a amargarme el resto del Domingo, preparé una bolsa de deporte y me fui a las piscinas del club, poco después estaba nadando.