26 enero 2009

Capítulo 37   La entrega(I)

(Tiempo aproximado de lectura: 66 minutos)



- “Dime”


Había reconocido el número de Carlos al coger el móvil y lo sujeté con mi hombro mientras continuaba hurgando en los archivos del año anterior, me hallaba enfrascado en la búsqueda de un historial que no aparecía y omití los saludos de rigor.


- “Buenos días, ¿te interrumpo?, me ha dicho Carmen que te llamase para quedar luego” – me noté irritado, apenas eran las diez de la mañana y ya habían hablado, ese tipo de cosas me seguían produciendo una atávica emoción de invasión de mi territorio que no me resultaba fácil de controlar.

- “La voy a recoger a las tres y media y luego pasamos a por ti”.

- “¿Y por qué no quedamos tu y yo antes y vamos juntos a por ella? Seguro que la sorprendemos”


Dejé el archivo y me levanté, su propuesta me hacía dudar, Carmen quería mantener cierta distancia con Carlos, no quería encontrársele un día en el portal del gabinete o en la puerta de casa; cuanto menos supiera de su vida mejor, decía.


- “Voy a andar justo de tiempo, mejor lo hacemos como te he dicho” – Carlos debió intuir las verdaderas razones y evitó insistir.

- “Como quieras, os estaré esperando en la cafetería del hotel, me das un toque al móvil y salgo, para no haceros esperar.

- “Perfecto, entonces nos vemos luego…”

- “Mario… si tienes un minuto más…”

- “Por supuesto” – dije intentando adivinar que quería.

- “Verás… yo nunca he estado en… una situación así, no estoy seguro de cómo actuar delante de… los dos, es complicado”


¡Dios! ¡Yo tampoco sabía cómo actuar cuando estuviésemos los dos frente a ella!


Pero no podía descubrir mi inexperiencia ante un trío, si lo hacía quedaba en entredicho toda nuestra historia; Decidí improvisar mostrando una seguridad que no tenía pero que esperaba fuera creíble ante la evidente falta de experiencia de Carlos.


- “Déjate llevar, somos tres personas adultas…”

03 diciembre 2008

Capítulo 36  La preparación

(Tiempo aproximado de lectura: 24 minutos)


El despertador interrumpió mi breve descanso y la pereza inicial, que me hubiera tentado en otro momento a apagarlo y ganar una hora más de sueño, se disolvió instantáneamente cuando recordé que aquel era el día en el que se iba a negociar la entrega de mi esposa.


Me levanté de un salto y arrastré a Carmen a la ducha, ambos estábamos agotados por la falta de sueño y el agua fría nos ayudó a despejarnos.


Cuando nos despedimos, antes de montarnos cada uno en nuestro coche, me retuvo un momento de la mano.


- “¿Estamos haciendo lo mejor?” – me dijo preocupada.

- “¿Para nosotros? Sin duda, para Carlos por supuesto, nunca en su vida va a estar con una mujer como tú” – sonrió y me dio otro beso.

- “¿Estás seguro de lo que vas a hacer?” – insistió una vez más

- “Dime que no quieres follar con Carlos y cancelo el almuerzo”

- “¡Qué cabrón eres!”  - dijo riendo.

- “¡Dilo, venga!” – vi esa expresión traviesa en sus ojos, preludio de alguna maldad; Se acercó a mi oído.

- “Quiero saber si con la lengua es tan bueno como con los dedos” – la abracé, me volvía loco escuchar esas palabras de su boca, dejaba a un lado los miedos y se lanzaba a disfrutar excitándome.

- “¡Pero qué puta te has vuelto!” – me miró con la lujuria brillando en sus ojos.

- “Y a ti te encanta”


Aquella mañana nuestras habitualmente breves conversaciones por Messenger fueron más tórridas y mas continuas, cada vez que algo nos interrumpía nos prometíamos volver tan pronto como fuera posible; Pasamos la jornada envueltos en sexo y deseo.


A media mañana la tensión era insoportable y apenas me dejaba concentrarme en mi trabajo, las imágenes se agolpaban en mi cabeza y me llevaban al escenario donde se había comenzado a fraguar la claudicación de Carmen ante sus propios deseos y ante mis continuas presiones.


La imaginaba desnudándose ante Carlos, reviví ese gesto suyo tan personal al liberarse del sujetador; los brazos echados hacia atrás soltando el broche y luego, tomando con una sola mano uno de los tirantes, arrastra la prenda que se desprende de sus pechos y los muestra altivos, firmes, erguidos, duros.

13 noviembre 2008

Capítulo 35  El regreso

(Tiempo aproximado de lectura: 27 minutos)


El blanco techo de la alcoba se convirtió en una pantalla sobre la que mi mente proyectaba las imágenes que había creado escuchando a Carmen; Eran las cuatro de la madrugada y ninguno de los dos podíamos conciliar el sueño, estábamos abrazados, con los cuerpos pegados como si la más mínima distancia entre nosotros nos estorbase. 


Me sentía… absolutamente superado por los acontecimientos, no podía acabar de creer lo que había escuchado de su boca, intentaba sin éxito salir de la conmoción que me había provocado su relato. En realidad había alcanzado mi objetivo, lo que llevaba deseando tanto tiempo y mi reacción mientras me lo contaba fue una desbordante excitación que me hizo llegar al orgasmo varias veces, tal había sido la intensidad de mis emociones.


Había imaginado cientos de veces esta escena: Yo esperando su regreso, con el corazón palpitando descontroladamente por la emoción de saberla con él y por la intriga de no poder predecir qué estaría ocurriendo; y luego, exactamente lo que había pasado: una explosión de amor y sexo mientras ella me contaba lo sucedido.


Pero no esperaba tanto, me había hecho a la idea de que Carmen sucumbiría a sus besos, a sus caricias; Aunque mis fantasías me llevaron a imaginar escenas como las que realmente habían sucedido me daba perfecta cuenta de que en realidad no estaba preparado para escuchar lo que mi esposa me acababa de contar. La realidad superaba con creces cualquiera de las hipótesis que había barajado mientras la esperaba.


Ahora, con su cuerpo pegado al mío, sintiendo su tranquila respiración en mi pecho, intentaba descubrir en mi interior cualquier rastro de dolor, celos, angustia o miedo.


Porque a pesar de la imparable excitación por la que había pasado, sentía un vacío en el pecho, un agujero profundo que me atravesaba, era algo irracional que no encajaba con mis emociones, me sentía pletórico, feliz, ilusionado por lo que estaba por venir ¿por qué entonces sentía casi físicamente ese hueco en mi?


- “Apaga la luz” – me dijo Carmen somnolienta, eché mi brazo hacia la mesilla y apagué la lámpara.

- “Buenas noches cielo, intenta descansar un poco”

- “Buenas noches, te quiero” - musitó.

19 octubre 2008

Capítulo 34  El encuentro

(Tiempo aproximado de lectura: 80 minutos)


A medida que se acercaba la fecha en la que Carmen se encontraría con Carlos empecé a notar como la seguridad que hasta entonces había demostrado ante ella y ante mí mismo comenzaba a resquebrajarse; Seguía pensando de la misma forma, me excitaba sobremanera la idea de verla entregada a otro hombre y seguía confiando ciegamente en su amor, pero visceralmente  la cercanía de aquel encuentro me producía en ocasiones una agobiante angustia ante la que nada podía hacer. Era un temor irracional que parecía inmune a todos los argumentos que hasta entonces habían bastado para alejarlo.


Luchaba contra estos miedos, intentaba tranquilizarme argumentando que era lógico que me sintiera así, iba a ser la primera vez que estuviese a solas con Carlos desde la frustrada noche sevillana; Habíamos hablado mil veces de él y mis presiones en la cama en momentos álgidos de gran carga erótica habían logrado que Carmen acabase por reconocer que le deseaba, que, -literalmente -, deseaba follar con él; Sabía que aun no estaba madura y que cuando hablaba así en realidad se movía en el terreno de la fantasía, pero las circunstancias parecían ponerse a favor de que aquella escena pudiera convertirse en realidad.


Si al menos pudiera estar presente; La idea de no saber durante varias horas si Carmen habría cedido a sus propios deseos y a las presiones que yo mismo le había hecho me provocaba una desazón que me paralizaba, quería confiar en ella, no me cansaba de repetirme a mí mismo que no tenía intención de acostarse con Carlos, que solo era una cita para charlar y entregarse unos regalos, “tú eres el que no sabes diferenciar la fantasía de la realidad”  me había dicho en más de una ocasión; eso me debía tranquilizar, sin embargo…


Sin embargo yo sabía que aquel día habría algo más que un intercambio de regalos; Carmen me había confiado, sin ocultar su emoción,  la intención declarada de Carlos de besarla nada más verla y yo temía que no tuviera la suficiente capacidad de resistencia ante tanta ternura, si apenas le pudo contener en Sevilla donde ya estuvo a punto de dejarle alcanzar su sexo ¿cómo iba a detenerle ahora, después de tantas conversaciones intimas y tanto deseo confesado?

29 septiembre 2008

Capítulo 33  Trauma

(Tiempo aproximado de lectura: 26 minutos)


Abrió los ojos. 

Durante unos segundos intentó ubicarse pero se sentía desorientada.

Miró hacia su izquierda, no reconocía la habitación en la que se encontraba, un intenso dolor de cabeza y un zumbido en los oídos le recordó que se había pasado con las copas.

En pocos segundos se situó; estaba en una cama extraña, el calor de la calefacción no evitaba que se sintiera destemplada al estar desnuda y sin cubrir. Su cuerpo salía del letargo y comenzó a enviarle señales, notó zonas de su piel endurecida por el sudor seco,  una sensación de humedad viscosa le llegó de su coño que percibió dilatado, rezumaba un flujo espeso que mojaba el interior de sus muslos y se deslizaba pesadamente entre sus nalgas empapando la sábana que se pegaba a su piel. Una molesta irritación  en su ano convirtió su preocupación en alarma. A su lado, percibió una respiración acompasada y un penetrante olor masculino que reconoció. Sobresaltada se volvió a mirarle.

- “Buenas tardes muñeca, por fin te has despertado” – Roberto acompañó esta frase poniendo una mano sobre su vello púbico.


Carmen comenzó a recordar; La comida de empresa de Navidad, esta vez en la mesa de dirección, alejada de sus compañeros con los que otros años compartió bromas y charla y que este año le dirigían miradas inquisitivas que le hacían sentirse  el centro de todos los comentarios.  Luego la copas, las conversaciones con los socios, siempre acompañada de Roberto al que tuvo que plantar cara varias veces para que no la pusiera en evidencia delante de todos con sus mal disimulados magreos.

¿Cómo había acabado allí? No recordaba que el restaurante en el que se había celebrado la comida estuviera en un hotel, porque aquello era evidentemente la habitación de un hotel. 

Mientras intentaba reconstruir los hechos que la habían conducido a aquella situación, la mano que descansaba pesadamente sobre su pubis se desplazó hacia abajo y uno de los dedos comenzó a hundirse entre sus labios, instintivamente pensó hacer algo para evitarlo pero comprendió que ya carecía de sentido, no tenía ganas de moverse y le dejó hacer; el dedo se movía despacio, hurgando entre sus labios cerca del clítoris y apenas le molestaba. 

Como en un fogonazo las imágenes se presentaron en su mente, mezcladas, confusas, sin un orden fijo; Se acordaba de un ancho pasillo, ella iba del brazo de Roberto, intentando caminar recto y ahogando la risa etílica que le producía su inestabilidad; Luego, besos en el ascensor, besos que aceptó sin que le provocaran el rechazo de otras veces; se vio a si misma protestando por aquella mano que le había bajado el tirante del vestido y descubría su pecho izquierdo arrastrando la copa del sujetador, recordó que en aquel mismo instante, atrapada contra la pared del ascensor, decidió sorprenderle y cuando se abrieron las puertas dejó su pecho desnudo y salió al hall, la emoción del riesgo disparó su morbo, mas aun cuando escuchó a su espalda la sorpresa ante su audacia expresada en un “¡pero qué puta eres!”; El alcohol le hacía sentirse libre, completamente desinhibida, quería acabar con aquella imagen de estrecha que suponía que Roberto tenía de ella; Caminaba con su pecho desnudo guiada del brazo por el mal iluminado pasillo hacia una habitación, deteniéndose a cada tramo para dejarse besar por  Roberto que aprovechaba para manosear su pecho cada vez con más intensidad.